Martin Lutero
Líder de la gran revolución religiosa del s. XVI en Alemania; nació en Eisleben el 10 de noviembre de 1483 y murió en Eisleben el 18 de febrero de 1546.
Su padre, Hans, era un minero áspero, duro, de carácter irascible que en opinión de muchos de sus biógrafos hubo de huir de Mohra, lugar de su familia, por una expresión de rabia incontenida, una herencia congénita que transmitió a su hijo mayor, para escapar de la pena u oprobio de homicidio. Esto, aunque expuesto por primera vez por Wicelius, un convertido del luteranismo, ha sido admitido en la tradición e historia protestante. Melanchton dice de su madre Margaret Ziegler que destacaba por su "modestia, temor de Dios y devota de la oración" (Corpus Reformatorum", Halle 1834).
La vida en su hogar se caracterizó por una extrema simplicidad y severidad inflexible, de manera que las alegrías de la niñez le fueron prácticamente desconocidas. Su padre le golpeó una vez de forma tan inmisericorde que huyó de casa y estaba tan "amargado contra él que tuvo que ganarme para él de nuevo". Su madre "por una simple nuez me golpeó hasta que corrió la sangre y por este rigor y severidad de la vida en su compañía me llevó a huir a un monasterio y hacerme monje". La misma crueldad experimentó en sus primeros días de escuela cuando, una mañana, fue castigado no menos de quince ves. Resulta difícil ronstruir su infancia por la escasez de datos. De la escuela en Mansfeld, a donde sus padres habían vuelto, no hay nada que contar. Asistió a la escuela de latín en la que se enseñaban los Diez Mandamientos, "La Fe de los Niños", la Oración del Señor y la gramática latina de Donato, que aprendió rápidamente. A los 14 años (1497) entró en una escuela en Magdeburgo donde, en palabras de su primer biógrafo, "como muchos niños de padres acomodados, cantaba y mendigaba el pan" --panem propter Deum (Mathesius op. cit.). Con 15 años lo encontramos en Eisenach y a los 18 (1501) entró en la universidad de Erfurt para estudiar a petición de su padre. En 1502 ribió el grado de Bachiller en Filosofía, quedando el número tre entre cincuenta y siete candidatos.
En el día de la Epifanía de 1505 se le promovió al grado de maestro , quedando el segundo entre 17 candadatos. Sin duda cursó sus estudios filosóficos con Jodocus Trutvetter von Eisenach, entonces rtor de la universidad y con Bartholomaus Arnoldi von Usingen. El primero era el Doctor Erfordiense que no tuvo rival en Alemania de su tiempo. Lutero se dirigió a él en una carta (1518) no sólo como "el primer teólogo y filósofo" sino también como el primero de los dialécticos de su tiempo. Usingen era un fraile agustino, que sólo cedía en sabiduría ante Trutvetter, pero que le superaba en productividad literaria. Aunque el tono de la universidad, espialmente entre los estudiantes, era pronunciada y entusiásticamente humanista y aunque Erfurt lideraba el movimiento en Alemania y se suponía que sus tendencias teológicas eran "modernas", sin embargo "de ninguna manera mostró falta de respeto por el sistema (escolástico) dominante"(ibid.). El mismo Lutero a pesar de conocer a algunos de los más activos espíritus del humanismo no pare que se dejara influir mucho por él, viviendo en la periferia del movimiento sin hacer méritos para entrar en su círculo "poético".
La repentina e inesperada entrada de Lutero en el monasterio agustiniano de Erfurt ocurrió el 17 de julio de 1505. Los motivos que le llevaron a dar este paso fueron varios, conflictivos y tema de considerable debate. El mismo alega, como se ha dicho arriba que la brutalidad en la vida del hogar y en de la escuela le llevó al monasterio. Hausrath, su biógrafo y uno de los estudiosos espialistas en Lutero, se inclina sin reservas por esta creencia. "la casa de Mansfeld más que atraerle, le repelía", (Beard, "Martin Luther and the Germ. Ref.", London, 1889, 146), y respto a la cuestión ¿Por qué entró Lutero en el monasterio?", la respuesta que el mismo Lutero da es la más satisfactoria" ( Hausrath, "Luthers Leben" I, Berlin, 1904, 2, 22). Lutero , en una carta a su padre explicando su defción de la antigua iglesia, escribe : "Cuando estaba aterrorizado y abrumado por el miedo de una muerte inmediata hice un voto involuntario y forzado". Se han dado varias explicaciones a este episodio. Melancthon lo atribuye a una profunda melancolía que llegó a un punto crucial "cuando perdió uno de sus camaradas en un accidente mortal" (Corp. Ref., VI, 156). Cochlaeus, oponente de Lutero, relata que "en una ocasión estaba tan asustado en el campo, en medio de una tormenta o sintió tanta angustia por la muerte de un compañero que murió en una tormenta, que en breve tiempo, para asombro de muchas personas pidió la admisión a la Orden de S. Agustín. Mathesius, su primer biógrafo, lo atribuye " a la fatal muerte de un compañero alcanzado por un rayo en una tormenta" (op.cit.), Skendorf , tras cuidadosa investigación, siguiendo a Bavarus (Beyer), un discípulo de Lutero, da nombre al fallido amigo de Lutero: Alexius, y atribuye su muerte a un rayo (Skendorf, "Ausfuhrliche Historie des Lutherthums", Leipzig, 1714,51). D’Aubigné cambia el nombre de Alexius por Alexis y dice que fue asesinado en Erfurt. (D’Aubigné, "History of the Reformation", New York, s.d., I, 166). Oerger ("Vom jungen Luther", Erfurt, 1899, 27-41) ha probado la existencia de este amigo, llamado Alexius o Alexis, pero su muerte por rayo o asesinato, pura leyenda carente de toda verificación histórica. Kostlin-Kawerau (I, 45) relata que volviendo de su "casa en Mansfeld fue sorprendido por una terrible tormenta con una alarmante aparato eléctrico de rayos y truenos. Aterrorizado, grita: "Socorro, Santa Ana, seré monje". "La historia interior del cambio es más difícil de narrar. No tenemos evidencia contemporánea en la que apoyarnos; mientras que los ruerdos del mismo Lutero, de los que dependemos principalmente, están coloreados por sus últimas experiencias y sentimientos"(Beard, op.cit., 146).
Sobre la vida monástica de Lutero tenemos poca información auténtica, está basada en sus propias expresiones y sus mismos biógrafos admiten que son muy exageradas, con fruencia contradictorias y en general llevan a la confusión. Así, la supuesta costumbre por la que se le obligó a cambiar el nombre ribido en su bautismo, Martín, por el nombre monástico de Agustín, un proceder que denuncia como malvado y sacrílego, no existía en la Orden Agustiniana. Su descubrimiento accidental de la Biblia en la bibliota del monasterio de Erfurt "un libro que no había visto en su vida" o la afirmación de Lutero de que "nunca había visto una Biblia hasta que tuvo 20 años" o la aún más enfática afirmación de que Carlstadio al ribir el doctorado "no había visto hasta entonces ninguna Biblia y sólo yo leía la Biblia en el monasterio de Erfurt", todas ellas tomadas en el sentido literal no sólo son contrarias a hhos demostrables sino que han perpetuado una equivocación y es muy difícil entender cómo ha perdurado durante tanto tiempo. La regla de S. Agustín da espial importancia a que en la formación, el novicio " lea la Escritura asiduamente, la oiga con devoción y la aprenda con fervor (Constitutiones Ordinis Fratr. Eremit. Sti. Augustini", Rome, 1551, cap. xvii).Los estudios bíblicos florían por entonces en la universidad, de manera que su historiador afirma que "es asombroso encontrar tan gran número de comentarios bíblicos, lo que nos fuerza a concluir que hay un estudio activo de la Sagrada escritura" (Kampschulte, op.cit., I, 22). Escritores protestantes de reputación han abandonado totalmente esa leyenda. Hay que hacer mención de que caren de base las denuncias acumuladas contra el maestro de novicios de Lutero - por encomendarle los oficios más bajos y por tratarle con una indignidad ultrajante - por parte de Mathesius, Ratzeberger, y Jurgens, y que fueron copiadas con docilidad exenta de crítica por sus transcriptores. Estos escritores "evidentemente se dejan llevar por rumores y siguen las historias legendarias que se desarrollaron sobre la persona del reformador" (Oerger, op.cit., 80). El maestro de novicios de nombre desconocido de quien hasta el mismo Lutero dice que era "un hombre excelente y sin duda aún bajo la condenada capucha, un verdadero cristiano", debió ser "un digno representante de su orden"(Oerger, op.cit.).
Lutero fue ordenado sacerdote en 1507. La fecha es incierta. Un extraño resumen, que ha circulado durante tres siglos, coloca la fecha de la ordenación y la de la primera misa en el mismo día dos de mayo, lo que es una coincidencia imposible. Kostlin que lo repitió (Luther’s Leben, I, 1883, 63) suprime la fecha en su última edición. Oerger la fija en el 27 de febrero, lo que deja un intervalo sin predente de dos meses entre la ordenación y la primera misa. ¿Pudo quizá ser que pospusiera la celebración de su primera misa por cuestión de los escrúpulos que jugaron una parte importante en el último período de su vida monástica?
No hay razón para dudar de que hasta entonces la carrera monástica de Lutero era ejemplar, tranquila y feliz: su corazón en reposo, su mente tranquila y su alma en paz. Las disquisiciones metafísicas, las disertaciones sicológicas, los altibajos pietísticos sobre sus conflictos interiores, sus luchas teológicas, su ascetismo torturado, su irritación por las condiciones monásticas no pueden tener otro valor que el académico o quizás el psicopático. Caren de datos verificables. Desafortunadamente el mismo Lutero apenas puede ser tomado como un seguro guía en su auto-revelación. Más aún, Deniflé ha puesto fin al debate con sus impresionantes evidencias, investigaciones exhaustivas, conocimiento total y maestría sin rival en el conocimiento del monasticismo, escolasticismo y misticismo. "Lo que Adolf Hausrath ha hecho en un ensayo para la parte Protestante, fue acentuado y confirmado por el penetrante trabajo de Deniflé. El joven Lutero de su autorevelación es ahistórico: no fue un agustino descontento, quejoso de la vida monástica, perpetuamente torturado por su conciencia, ayunador, rezador, mortificado y demacrado. No, él era feliz en el monasterio, encontró allí la paz, y a todo ello volvió la espalda más tarde.(Kohler, op.cit., 68-69).
Durante el invierno de 1508-09 fue enviado a la universidad de Wittemberg, que estaba en sus comienzos (fundada el 2 de julio de 1502) y tenía 156 estudiantes. El lugar era bastante insignificante, con 356 propiedades taxables y acreditada como la ciudad más llena de borrachos de la provincia más bebedora (Sajonia) . Mientras enseñaba filosofía y dialéctica, continuaba con el estudio de la teología. El 9 de marzo de 1509, siendo deán Staupitz, consiguió el bachillerato bíblico en el curso de teología, un paso nesario para alcanzar el doctorado. Ese mismo año fue llamado a Erfurt.
En 1511 - algunos creen que en 1510 - ocurrió su viaje a Roma que duró unos cinco meses, uno de los cuales lo pasó en la Ciudad Eterna. Este viaje jugó una parte muy importante en sus primeras biografías y aún hoy es importante en la investigación de la Reforma. Sin embargo aún no ha sido satisfactoriamente aclarado. Mathesius le hace ir desde Wittemberg por asuntos del monasterio; Melanchton lo atribuye a unas "disputas monásticas; Cochlaeus, que es seguido en general por los investigadores católicos, lo hace aparer como representante delegado de siete monasterios agustinianos aliados contra algunas innovaciones de Staupitz, pero que abandonó a su cliente y se pasó su causa. Los protestantes dicen que fue enviado a Roma como abogado de Staupitz. El mismo Lutero dice que fue una romería para cumplir un voto de confesión general en la ciudad eterna. El resultado del viaje, como el motivo del mismo, aun permane rodeado de misterio. ¿Qué efto produjo su visita a Roma en su vida espiritual o en su pensamiento teológico? ¿Acaso esta visita "tornó en aversión su reverencia hacia Roma"? ¿Encontró " un pozo de iniquidad, sacerdotes infieles, y cortesanos papales, hombres de vidas desvergonzadas"? (Lindsay, "Luther and the German Reformation", New York, 1900). "Regresó de Roma tan fuerte en su fe como a la ida. En cierto sentido su estancia en Roma fortalió sus convicciones religiosas"(Hausrath, op.cit., 98), "En sus cartas de esos años nunca menciona su estancia en Roma: ni en su conferencia con el cardenal Cayetano ni en sus disputas con el Dr, k, ni sus cartas al papa León, ni en sus tremendamente amplias invtivas y acusaciones contra todo lo romano, ni en su "Dirigido a la Nobleza de la Nación Alemana", ni una sola vez ni por equivocación se menciona que hubiera estado en Roma.
Así pues toda la evidencia nos lleva a sostener que cuando el más furioso asaltante que Roma ha tenido nunca describía desde la distancia de diez años los incidentes de un viaje a Roma través de Italia, los pocos puntos de luz en su descripción son más dignos de confianza que "sus negras y sombrías exhalaciones " (Bayne, "Martin Luther", I, 234). Toda su experiencia romana tal como la expresó en su vida posterior es un asunto no cerrado. "Podemos realmente cuestionar la importancia dada a comentarios que en gran medida datan de los últimos años de su vida, cuando ya era un hombre distinto. Mucho de lo que resalta como experiencia personal es manifiestamente el producto de un explicable autoengaño. (Hausrath, op.cit., 79). Uno de los incidentes de la misión romana, durante un tiempo considerado como un punto crucial de su carrera, de manera que dio un carácter inspiracional a la doctrina central de la Reforma, y que aún se detalla por sus biógrafos, es la supuesta experiencia mientras subía la Scala Sancta. Mientras subía de rodillas, un pensamiento cruzó como un relámpago por su cabeza: "Los justos vivirán por la fe". E inmediatamente dejó de subir abandonando esa pía costumbre. La anécdota se apoya en una frase autógrafa de su hijo Pablo en una Biblia que ahora está en la bibliota de Rodolstadt. En ella asegura que su padre le contó el incidente. Hay que calibrar el valor histórico con la consideración de que son ruerdos personales de un muchacho inmaduro (nacido en 1533) escritos veinte años después del suceso al que ni su padre ni sus primeros biógrafos, ni su compañero de mesa, ante el que se dice que se realizó la confidencia, aluden a ello aunque podía considerarse de importancia capital. "Es fácil ver aquí la tendencia a fhar la actitud (teológica) del Reformador retrocediendo a los días de su fe monástica (Hausrath, op.cit., 48).
Habiendo salido airoso y con éxito evidente, agradando a ambas partes, Lutero volvió a Wittemberg en 1512 siendo nombrado subprior. Las promociones académicas siguieron a buen ritmo. El 4 de octubre alcanzó la licenciatura y el 19 de octubre, siendo deán Carlstadio - sucesivamente amigo, rival y enemigo - fue admitido al doctorado; tenía 30 años.
El 22 de octubre fue formalmente admitido al claustro de la facultad de teología y en 1513 ribió el encargo de enseñar Biblia. Su posterior nombramiento en 1515 como vicario del distrito le hizo ser el representante del vicario general de Turingia y Sajonia. Su obligaciones eran muy variadas y su vida muy ocupada. Le quedaba poco tiempo para los proytos inteltuales y la criente irregularidad en el cumplimiento de sus deberes religiosos no podía ser algo bueno para su futuro. El mismo nos dice que nesitaba dos Secretarios o cancilleres, escribía cartas todo el día, predicaba en la mesa, también en monasterio y en las iglesias parroquiales, era superintendente de estudios, y como vicario de la orden tenía tanto que hacer como once priores; daba clases sobre los Salmos y S. Pablo, además de preocuparse por los rursos onómicos del monasterio de 22 sacerdotes, 12 jóvenes, un total de 41 personas. Sus cartas manifiestan una profunda solicitud por los irresolutos, amable simpatía por los caídos; muestran profundos detalles de sentimiento religioso y un raro sentido práctico, aunque salpicadas de consejos de tendencias no ortodoxas. La plaga que aftó a Wittemberg en 1516 le encontró valientemente en su puesto y a pesar de las preocupaciones de sus amigos, no lo abandonó.
Pero ya se podían discernir cambios significativos en su vida espiritual que no auguraban nada bueno. Ya sea que entrase "en el monasterio y abandonase el mundo para huir de la desesperación (Jurgens, op.cit., I,522) y no encontrase la codiciada paz; sea que las sosphas de su padre de que la "llamada del cielo" a la vida monástica fuese "un engaño satánico", el caso es que le desataron pensamientos de duda. Si la repentina y violenta resolución era el resultado de uno de esos "tremendos letargos que le interrumpían el sistema circulatorio y hasta el pulso. (Hausrath, "Luthers Leben", I, 22), herencia de su depresiva infancia y situación crónica que le duró hasta el fin de su vida; o si estudios más profundos, para los que apenas tenía tiempo crearon dudas que no pudo resolver y le revolvieron una conciencia que no lograba la calma, es evidente que su vocación, si es que existió, corría peligro, y que el insano conflicto interior indicaba que iba soltando las antiguas amarras y que los mismos remedios adoptados para reestabler la paz de forma más eftiva, más bien le privaban de ella. Esta situación morbosa derivó en la formación de escrúpulos. A continuación se sucedieron rápidamente con criente gravedad infracciones de las reglas, rupturas de la disciplina, y prácticas ascéticas distorsionadas que, seguidas por reacciones convulsivas espasmódicas, convertían la vida en una agonía. Descuidaba la obligación solemne bajo pado mortal de ritar diariamente el oficio divino con el fin de conseguir más tiempo para el estudio, con el resultado de abandono del breviario durante semanas. Entonces Lutero, en un paroxismo de remordimientos, se encerraba en su celda y como en un acto retroactivo remediaba todo lo que había descuidado; se abstenía de toda comida y bebida, se torturaba con mortificaciones horrorosas de manera que sufría insomnios de hasta cinco semanas, lo que amenazaba con llevarle a la locura. Dejaba a un lado arbitrariamente los ejercicios ascéticos regulados y sin hacer caso a la reglas monásticas ni a los consejos de su confesor, se inventaba los suyos propios, lo que, naturalmente, le daba un carácter singular en la comunidad. Como todas las víctimas de escrúpulos no veía en si mas que maldad y corrupción. Dios era el ministro de la ira y de la venganza. Su dolor por el pado no tenía ni caridad humilde ni confianza en el perdón misericordioso de Dios y de Jesucristo. Su temor de Dios, que le perseguía como una sombra, podía ser evitado por "su propia rtitud "por la "eficacia de las obras serviles". Tal actitud mental era seguida nesariamente por un desánimo desesperanzado y un pesimismo taciturno que creaban unas condiciones en el alma en las que de hecho "odiaba a Dios y estaba enfadado con El", blasfemaba contra Dios y deploraba hasta el haber nacido. Esta anormal condición producía en él una siniestra melancolía y una depresión física, mental y espiritual que más tarde, en un largo proceso de razonamiento la atribuía a las enseñanzas de la Iglesia sobre las buenas obras, mientras él vivía todo el tiempo en oposición dirta y absoluta a sus enseñanzas doctrinales y a su disciplina.
Naturalmente este ascetismo hipocondríaco y voluntaria determinación, como suele suceder en casos de naturalezas escrupulosas mórbidas, no encontraba alivio en los sacramentos. Sus confesiones generales en Erfurt y Roma no tocaron la raíz del mal. Todo su ser estaba en una tensión aguda hasta tal punto que lamentaba que sus padres no hubieran muerto aún para conseguirles un aval de los que se facilitaban en Roma para salvarlos del Purgatorio. Estaba dispuesto a convertirse en el "más brutal asesino" por motivos religiosos, "...a matar a todos los que rehusaban sumisión al papa" (Sämmtliche Werke, XXXX, Erlangen, 284). Una condición física tan tensa y neurótica exigía una reacción y, como suele ocurrir con fruencia en casos análogos, se fue al extremo diametralmente opuesto: rhazó completa y totalmente la indebida importancia que había puesto en sus propias fuerzas en el proceso espiritual de justificación. Se convenció de que el hombre, como consuencia del pado original, estaba totalmente depravado, carente de voluntad libre y que todas sus obras, aun las dirigidas al bien, no eran otra cosa que una excrencia de su voluntad corrompida y, para Dios, verdaderos pados mortales. El hombre sólo puede ser salvado por la fe. Nuestra fe en Cristo hace que sus méritos sean nuestra posesión, nos envuelvan en una túnica de corrción que ocultan nuestra culpa y pabilidad y supla abundantemente los deftos de la rtitud humana. "Sé un pador y pa fuertemente, pero ten una fe más fuerte en Cristo, vencedor del pado, de la muerte y del mundo. No te imagines ni por un momento que esta vida es el lugar donde habita la justicia: se ha de cometer pado. Para ti debería ser suficiente ronocer al Cordero que quita los pados del mundo, el pado no puede separarte de El aunque cometas adulterio cien ves al día y cometas otros tantos asesinatos" (Enders, "Briefwhsel", III, 208).La nueva doctrina de justificación por la fe que entonces comenzaba fue desarrollándose gradualmente y fue por fin fijada por Lutero como una de las doctrinas centrales de la Cristiandad. El suceso que hizo época en Alemania y que provocó la crisis de sus dificultades espirituales, fue la publicación por León X de la Bula de las Indulgencias, una adaptación renovada de la de Julio II, con el fin de conseguir fondos para la construcción de la iglesia de San Pedro de Roma.
Alberto de Brandenburgo estaba lleno de deudas, pero no por la cuestión de su pallium, como relatan los historiadores católicos y protestantes, sino por pagar sobornos a un agente desconocido en Roma, para deshacerse de un rival, y que el arzobispado disfrutara de una variedad de oficios eclesiásticos. Por este pago, que apestaba a simonía, el papa permitiría una indemnidad, que en este caso tomaba la forma de indulgencia. Con estos innobles arreglos de los negocios con Roma, una transacción comercial indigna tanto del arzobispo como del papa, los beneficios se iban a dividir en partes iguales para ambos, además de un bono de 10.000 ducados de oro que se añadiría a la parte de Roma.
Se eligió a Juan Tetzel, un dominico con una personalidad impresionante, dotado para la oratoria popular y con la reputación de exitoso predicador de la indulgencia, como subcomisario general de la misma.
La historia presenta pocos personajes más desafortunados y patéticos que Tetzel. Entre sus contemporáneos fue la víctima del más corrosivo ridículo: se le atribuían toda clase de tonterías y expresiones blasfemas; se construye su personalidad con fábulas y mentiras, fue despriado como un saltimbanqui o un arlequín al que se negó hasta la simpatía y apoyo de sus propios aliados. Tetzel hubo de esperar al escrutinio de la crítica moderna para conseguir no sólo su rehabilitación moral sino su reputación como sólido teólogo y monje de comportamiento irreprochable. Sus sermones en Juteborg y Zerbst, ciudades vinas de Wittemberg, que atrajeron a una audiencia que después se presentaba a confesarse con Lutero y que llevaron a éste a dar el paso que había contemplado desde hacía más de un año. Algunos asptos sobre la doctrina de las indulgencias estaban aún bajo discusión en la escuela y no se niega que podía llevar a confusión a los laicos y que los predicadores al calor de del entusiasmo retórico hicieran afirmaciones exageradas o que las consideraciones financieras que las acompañaban, aunque no eran de carácter obligatorio, podían llevar a abusos y escándalos. La oposición a las indulgencias no era oposición a la doctrina, que permane la misma hasta hoy, sino a los métodos mercantiles utilizados al predicarlas, de hecho el duque Jorge de Sajonia las prohibió en su territorio y el cardenal Cisneros en España, ya en 1513.
El 31 de octubre de 1517, vigilia de Todos los Santos, Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo, que servía como tablón de anuncios de la universidad y en la que se ponían las noticias de las defensas de tesis, disputas y otras funciones académicas. El acto no fue una dlaración de guerra sino la simple invitación a una discusión académica. "Tales discusiones eran consideradas en las universidades medievales como un medio ronocido para definir y elucidar la verdad y también como una espie de gimnasia mental que era parte de la educación de los estudiantes. Se sobreentendía que un hombre no tenía por que adoptar las ideas que defendía en la arena académica y de igual manera el que aceptaba el reto de la discusión podía atacar proposiciones ortodoxas sin que su reputación de ortodoxia se viera en peligro (Beard, op. cit.). El mismo día envió al arzobispo una copia de las tesis con una carta explicatoria. Éste a su vez las envió al concilio de Aschaffenburg y a los profesores de la Universidad de Maguncia. Los cancilleres fueron de la opinión unánime de su carácter herético y debía incoarse un proceso contra el agustino de Wittemberg. Este informe fue enviado al papa, junto con una copia de las tesis. Así se verá que el primer proceso judicial contra Lutero no se debió a Tetzel. Sus armas iban a ser literarias.
Tetzel se dio cuenta del contenido revolucionario de las tesis antes que algunos de los brillantes teólogos contemporáneos. Aunque apuntaban ostensiblemente al abuso de las indulgencias, eran un ataque encubierto al sistema penitencial de la Iglesia y golpeaban el la mismísima raíz de la autoridad lesiástica. Las tesis de Lutero dan la impresión al lector de que "se han puesto juntas con alguna pripitación" en vez de mostrar " pensamiento claramente digerido y delicada intención teológica"; le " llevan un momento a la rebelión audaz y le devuelven otro a la obediencia y conformidad" (Beard, 218, 219). Las Anti-Tesis de Tetzel se defendieron parcialmente en una disputa de doctorado en Francfort del Oder (20 enero., 1518), y publicadas con otras en una lista no numerada y se las conoce comúnmente como las Ciento Seis Tesis. Pero no eran de autoría de Tetzel sino que fueron enseguida atribuidas corrtamente a Conrad Wimpina, su maestro en Leipzig. Se admite en general que este hecho significa que no hay ignorancia de la teología o poca familiaridad con el latín por parte de Tetzel, como se ha asumido generalmente, y así lo aceptan los escritores protestantes. Era simplemente una costumbre legítima en los círculos académicos, como sabemos por el mismo Melancthon.
Las tesis de Tetzel - ya que asumió toda la responsabilidad - opusieron la enseñanza tradicional de la iglesia a las innovaciones de Lutero, pero hay que admitir que a ves sancionaban de forma intransigente y hasta dogmáticamente lo que eran meras opiniones teológicas que no siempre estaban en consonancia las enseñanzas más acertadas de los teólogos.
En Wittemberg crearon mucha exptación. Un desafortunado vendedor ambulante que las ofría a la venta fue asaltado por los estudiantes y las cerca de ochocientas copias que tenía fueron quemadas públicamente en la plaza del mercado - con la desaprobación de Lutero. Se admite que el pretexto que entonces se puso y aún se repite, venganza por la quema por parte de Tetzel de las tesis de Lutero, no era corrto, aunque lo defienda el mismo Melancthon. En vez de contestar a Tetzel, Lutero trasladó la controversia de la arena académica al foro público al publicar en lengua vernácula su "Sermón de la Indulgencia y de la Gracia". En realidad era un folleto en el que se abandonaba la forma de sermón y se sostenían veinte proposiciones. Al mismo tiempo estaba preparando la defensa en latín de sus Tesis, las "Resoluciones" que fueron enviadas a su ordinario, el obispo Scultetus de Brandenburgo quien aconsejó silencio y abstención de toda publicación de momento ya que la aquiescencia expresada por Lutero era la de un verdadero monje: "Estoy listo y y prefiero obeder que hacer milagros para justificarme"
En este momento apare un nuevo motivo de discusiones: Johann k, Vicanciller de la universidad de Ingoldstadt, generalmente ronocido como uno de los teólogos más importantes de su tiempo, dotado de una memoria fenomenal y un rara habilidad dialéctica, admitida por Lutero antes de la disputa de Leipzig, se vio envuelto inocentemente en la controversia. A petición del obispo von Eyb de Eichstatt, sometió las Tesis a un estudio más detenido; selcionó diiocho de ellas como portadoras del germen de la herejía husita, como violadoras de la caridad cristiana, subvertidotas del orden de la jerarquía lesiástica y alimentadoras de la sedición. Estos "obeliscos" ("obelisco", la forma en que los antiguos editores anotaban los pasajes dudosos o espurios) fueron enviados al obispo en forma manuscrita, pasados de mano en mano entre conocidos, y sin la intención de publicarlos. Una de esas copias le llegó a Lutero y le produjo una grandísima indignación. k trató de suavizar los agitados temperamentos de Carlstadio y Lutero y con tonos corteses y urgentes les pidió que no hicieran públicas sus disputas ni en sus clases ni en la imprenta.
A pesar de que Carlstadio advirtió a Lutero, éste sacó sus "Asteriscos" (el 10 de agosto de 1518). La escaramuza llevó a la Disputa de Leipzig. Sylvester Prierias, fraile dominico como Tetzel, teólogo doméstico de la corte en Roma, en su capacidad oficial como Censor Librorum de Roma, envió a continuación su informe "In praesumtuosas M. Lutheri, Conclusiones Dialogus", en el que defendía la absoluta supremacía del papa, en términos no completamente libres de exageración, espialmente extendiendo su teoría más allá de lo debido al tratar de las indulgencias. Esto provocó la respuesta de Lutero "Responsio ad Silv. Prierietatis Dialogum". Hoogstraten, cuya inmisericorde sátira en Epistolae Obscurorum Vivorum" estaba en la memoria de todos, entró también en la refriega en defensa de las prerrogativas papales aunque Lutero se despachó con él en su "Schedam contra Hochstratanum", de una ligereza y vulgaridad tales que hasta uno de los estudiosos y más vehemente defensor de Lutero lo caracteriza apologéticamente como "a tono con el gusto mayoritario del tiempo y de las circunstancias, pero no romendable como digno de imitación " (Loscher, op.cit., II, 325).
Antes de que el "Dialogus" de Prierias llegara a Alemania, llegó una citación papal para Lutero (7 de agosto) para que se presentara en persona en Roma antes de 60 días para una audiencia. Enseguida se refugió en la excusa de que tal viaje no podía emprenderse sin poner en peligro su vida; buscó influencias para asegurarse de que se le negaría el salvoconducto para atravesar el eltorado y trató de ejercer presión sobre el eltor Federico y el Emperador Maximiliano a fin de que la audiencia y se celebrara en Alemania ante jues nombrados allí.
La universidad envió cartas a Roma y al nuncio Miltitz que sostenía la alegación de "salud enferma" y hacia votos por su ortodoxia. Su actividad literaria siguió sin disminución. Envió al papa (30 de mayo) sus "Resoluciones", que ya estaban terminadas. La carta de acompañamiento respira las más leales expresiones de confianza en la Santa Sede, pero redactada en tales términos de servilismo y excesiva adulación que se cuestiona inmediatamente su sinceridad y franqueza, a juzgar por la casi instantánea cambio de de parer que siguió. Más aún, antes de que esta carta fuera escrita su ya se había anticipado al predicar su "Sermón sobre el poder de la Excomunión" (16 de mayo) en el que se dice que la unión visible con la iglesia no se rompe por la excomunión sino sólo por el pado, lo que refuerza la sospha de falta de buena fe. El mismo ronoció el carácter incendiario del sermón.
Las influencias hicieron que se fijara la audiencia durante la Dieta de Ausgburgo que había sido convocada para constituir una alianza entre la Santa Sede, el Emperador Maximiliano, el rey Cristian de Noruega Dinamarca y Suia. En la convocatoria oficial de la Dieta no figura la causa de Lutero
Cayetano, el legado papal, y Lutero se vieron cara a cara por primera vez en Ausgburgo el 11 de octubre. Cayetano (nacido en 1470) era una "de las más notables figuras relacionadas con la Reforma desde el ponto de vista romano...un hombre de erudición y vida intachable" Weizacker): era doctor en filosofía antes de llegar a los 21 años y desde esa temprana edad ocupaba cátedras con distinción en las universidades más
Martin Waldseemuller
(ILACOMILUS)
Erudito humanista y célebre cartóghrafo, nacido en Wolfenweiler cerca de Friburgo, hacia 1475; muerto como canónigo de St-Dié en Lorena, probablemente a comienzos de 1522. La primera información auténtica referente a Waldseemüller se encuentra en el registro de matrícula de la Universidad de Friburgo, donde su nombre se inscribe el 7 de Diciembre de 1490, como "Martinus Walzenmüller de Friburgo Constantiensis Diocesis". Su padre se trasladó hacia 1475 de Wolfenweiler a Friburgo; su madre pare haber sido natural de Radolfzell en el Lago Constanza. No hay evidencia documental respto de la carrera estudiada en la universidad; está claro, sin embargo, que estudió teología, pues en 1514 fue, como clérigo de la diócesis de Constanza, candidato a una canonjía en St-Dié, y la consiguió. También está claro que empezó pronto a dedicarse a los estudios geográficos y cartográficos por la gran cartografía que establió su fama ya en 1507: el gran mapamundi y mapa mural que contenía el nombre de América, el pequeño globo que también da el nombre de América, y el texto que acompaña el mapa y el globo, la muy apriada cosmographiae introductio, que entre otras cosas da la razón del uso del nombre de América en el mapa y el globo, y contiene, como apéndice, una traducción latina de los cuatro viajes de Americo Vespucci.
El título de esta notable obra, de tanta importancia espialmente para América, es: "Cosmographiae introductio cum quibusdam geometriae ac astronomiae principiis ad eam rem nessariis. Insuper quatuor Americi Vespucii navigationes. Universalis Cosmographiae descriptio tam in solido quam plano, eis etiam insertis, quae Ptholomaeo ignota a nuperis reperta sunt". El mapamundi de 1507, titulado "Universalis cosmographia sundum Ptholomaei traditionem et Americi Vespucii aliorumque lustrationes" atrajo la misma atención en su redescubrimiento por el autor del presente artículo tal y como se publicó por primera vez. Como dlara el mismo Waldseemüller, sólo se publicaron mil ejemplares del mapa. De estas sólo un único ejemplar pare haberse conservado, y éste se encontró en la bibliota del Príncipe de Waldburg-Wolfegg-Waldsee en el castillo de Wolfegg en Würtemberg.
El mapa consta de doce secciones grabadas en madera, y se organiza en tres zonas, cada una de las cuales contiene cuatro secciones; Midiendo cada sción unos 45 x 62 centímetros hasta su extremo. El mapa, que cubre así una superficie de unos 3,5 metros cuadrados, representa la forma de la tierra en una proyción coniforme de Ptolomeo modificada, con meridianos curvos.
Produjo una impresión profunda y duradera en cartografía, al ser de un tipo enteramente nuevo y al representar la tierra con un tamaño nunca antes intentado. La conservación del único ejemplar del mapa se debe al hecho de que el famoso cartógrafo, Johannes Schöner, encuadernó las diferentes hojas con unas tapas. Tras completar la gran publicación de 1507, Waldseemüller y su amigo Matthias Ringmann (Filesius) se dedicaron a terminar la nueva edición latina de la geografía de Ptolomeo. Mientras Ringmann corregía los textos de las ediciones de Ptolomeo publicadas en Roma y Ulm por medio de un texto griego manuscrito tomado de Italia que hoy se conoce como el "Cod. Vatic. Gra. 191", Waldseemüller revisba los mapas que la acompañaban y los suplementaba con la añadidura de veinte modernos, "que pueden considerarse como el primer atlas moderno del mundo" (Nordenskiold, "Facsimile-Atlas"). En estas labores cartográficas Waldseemüller fue ayudado por el Secretario del duque René de Lorena, el canónigo Gaulthier Lud, que proporcionó los materiales nesarios para los mapas y los gastos de impresión. Waldseemüller buscó en 1511 interesar al hijo y sucesor de René, el duque Antoine, en sus trabajos cartográficos dedicándole el primer mapa mural de Europa Central, la "Carta iteneraria Europae", del que también se ha conservado un ejemplar encontrado por el Profesor Dr. von Wieser. No pare, sin embargo que Waldseemüller tuviera éxito en este esfuerzo, pues la publicación de la edición de Ptolomeo no fue, como se pretendía, a expensas de Lud, Oessler y Uebelin, ciudadanos de Estrasburgo. El nombre de Waldseemüller no se menciona en esta célebre edición de Ptolomeo de 1513, aunque pare haber tomado parte en la producción de la obra como impresor; se llama a sí mismo explícitamente en una carta escrita en esta fecha en Estrasburgo: "clerc du diocese de Constance, imprimeur, demeurant à Strassbourg" (clérigo de la diócesis de Constanza, impresor, viviendo en Estrasburgo).
Tras la terminación de la edición de Estrasburgo de Ptolomeo y después de que hubo obtenido la canonjía de St-Dié, en la que el duque Antoine tenía derecho de presentación, Waldseemüller continuó celosamente sus trabajos cartográficos en la pequeña ciudad de los Montes Vosgos. Además del mapamundi en la "Margarita Philosophica nova" (Estrasburgo, 1515), publicada por Gregorius Reisch, otro resultado de su exhaustiva investigación es la "Carta marina navigatoria"de 1516, que compite bastante bien en tamaño y valor con el gran mapamundi de 1507. Es notablemente superior al mapa de 1507 en su ornamentación artística, y hay muchos cambios importantes respto del mapa anterior. Fue ribido tan favorablemente que el célebre impresor de Estrasburgo, J. Grieniger, rurrió a Waldseemüller para preparar inscripciones en alemán para el mapa y proveerlo de un texto alemán completamente ilustrado de forma que fuera accesible a un mayor número de personas. Waldseemüller empezó enseguida a hacer las preparaciones preliminares para esta tarea, pero la muerte le impidió terminarla. Como también le impidió acabar una nueva edición de Ptolomeo que iba a ser de un tamaño más conveniente e iba a tener un texto explicativo y un gran número de ilustraciones. Ambas empresas fueron completadas por el médico Laurentius Fries; desgraciadamente, lo que produjo no igualó la obra de su predesor. Mucho de su crédito, sin embargo, se debe a la modestia con la que Fries, en la edición de Estrasburgo de Ptolomeo de 1525, rhazó ser alabado por haber simplemente reducido de forma la obra de otro a quien se debía la alabanza. Los mapas y explicaciones de Waldseemüller se conservaron casi sin cambios en las ediciones de Ptolomeo de los años 1525, 1535 y 1541, mientras que se hicieron enmiendas importantes en el texto de Ptolomeo. Waldseemüller fue indudablemente uno de los más distinguidos cartógrafos de su tiempo, y su obra produjo una notable impresión en el desarrollo de la cartografía.
D’AVESAC, Martin Hylacomylus Waltzemuller, ses ouvrages et ses collaborateurs (París, 1867); GALLOIS, Les geographes allemands de la Renaissance (París, 1890); IDEM, Americ Vespuce et les geographes de Saint-Dié in Bulletin de la societe de geographie de l’Est (Nancy, 1906); FISCHER y VON WIESER, Dié alteste Karte mit dem Namen Amerika aus dem Jahre 1507 u. die Carta Marina aus dem Jahre 1516 des M. Waldseemuller (Ilacomilus) (Innsbruck, 1903); IDEM en la introducción de la Cosmographiae Introductio de Martin Waldseemüller en Martin Waldseemüller in Facsimile, ed HERBERMANN (Nueva York, 1907); FLAMM, Die Herkunft des Cosmographen M. Waldseemuller (Walzenmuller) en Zeitschrift fur die Gesch. Des Oberrheins (Heidelberg, 1912), 42 y s.
JOS. FISCHER
Transcrito por Michael T. Barrett
Dedicado a la memoria de Martin Waldseemüller
Traducido por Francisco Vázquez
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