Mal
Puede describirse al mal, en sentido extenso, como la suma total de la oposición existente, contra los deseos y nesidades individuales, que la experiencia muestra en el universo, de donde surgen, entre los seres humanos al menos, los sufrimientos que abundan en la vida. De esta manera el mal, desde el punto de vista del bien humano, es lo que no ha de existir. A pesar de eso, no hay parte de la vida humana en la que no se sienta su presencia y la discrepancia entre lo que es y lo que ha de ser, siempre ha requerido explicar la consideración que el género humano ha intentado dar a él y a su entorno. Para este propósito es nesario (1) definir la prisa naturaleza del principio que imparte el carácter de mal, a tan gran variedad de circunstancias y (2) determinar, hasta donde pueda ser posible, el origen, del cual surge.
Con respto a la naturaleza del mal, debe observarse que es de tres tipos: físico, moral, y metafísico. El mal físico comprende todo aquello que causa daño al hombre, lesión corporal, frustración de sus deseos naturales, impedimento del pleno desarrollo de sus poderes, sea en el orden de la naturaleza, dirtamente, o a través de las variadas condiciones sociales, bajo las que la humanidad existe naturalmente. Males físicos dirtamente debidos a la naturaleza son: la enfermedad, un accidente, la muerte, etc. La pobreza, la opresión y algunas formas de enfermedad son casos de mal, que surgen de la imperfta organización social. El padimiento mental, como la ansiedad, la desilusión, el remordimiento y la limitación de la inteligencia, que impiden a los seres humanos alcanzar la total comprensión de su medio ambiente, son formas congénitas de mal y cada una varía en carácter y grado, según la propia inclinación natural y las circunstancias sociales.
Por mal moral se entiende la desviación de la voluntad humana de las reglas del orden moral y la acción que resulta de esa desviación. Tal acción, cuando proceda exclusivamente de la ignorancia, no será clasificada como mal moral, que esta restringido propiamente a los actos de la voluntad, hacia los fines que la conciencia rhaza. La extensión de mal moral no se limita a las circunstancias de la vida en el orden natural, sino también incluye la esfera de la religión por la que el bienestar del hombre es aftado en el orden sobrenatural, y los preptos que, como dependientes finalmente de la voluntad de Dios, son las obligaciones más estrictas posibles. (ver PADO). La obligación para la acción moral en el orden natural, por otra parte, es generalmente entendida, como dependiente de razones suministradas por la religión y es por lo menos dudoso, si posible, para la obligación moral, existir del todo separada de una sanción sobrenatural.
El mal metafísico es la limitación de una o de varias partes componentes del mundo natural. A través de esta mutua limitación se impide, a la mayor parte de los objetos naturales, lograr su completa o ideal perfción, sea por constante presión de la condición física o por catástrofes inesperadas. Así, los organismos animales o vegetales son influenciados diversamente por el clima y otras causas naturales. Los animales depredadores dependen para su existencia de la destrucción de la vida. La naturaleza está sujeta a tempestades y convulsiones y su orden depende de un perpetuo sistema de dadencia y renovación, debido a la interacción de sus partes constitutivas. Si el sufrimiento de los animales se excluye, ningún dolor de cualquier tipo es causado por las limitaciones inevitables de naturaleza y solo puede llamarse mal por analogía y con un sentido bastante diferente al que se aplica al término, en la experiencia humana. Clarke, por otra parte, ha observado acertadamente (Correspondencia con Leibniz, carta II) que el desorden aparente de naturaleza, realmente, no es desorden, sino parte de un esquema definido, que cumple, prisamente, la intención del Creador, puede considerarse, por lo tanto, como una perfción relativa, en lugar de una imperfción.
Es, de hecho, sólo por transferencia a los objetos irracionales de los ideales subjetivos y aspiraciones de la inteligencia humana, que el "mal de la naturaleza" pueda llamarse mal, en cualquier sentido, excepto en uno meramente análogo. La naturaleza y el grado de dolor en los animales más inferiores son muy vagos y en la nesaria ausencia de datos es difícil dir si deben clasificarse, corrtamente, con el mal meramente formal que pertene a los objetos inanimados o con el sufrimiento de los seres humanos. Esta consideración, generalmente fue sostenida en tiempos antiguos y puede referirse, quizás, a la tendencia antropomórfica de mentes primitivas que aparen en la doctrina de la metempsicosis. Así, a menudo se ha supuesto, que el sufrimiento animal, junto con muchas de las imperfciones de naturaleza inanimada, era debido a la caída de hombre, cuyo bienestar como parte principal de la creación, estuvo limitado a las suertes del resto (ver Theoph. Antioch., Ad Autolyc., II; cf. Gen. 3, y I Cor.9). La consideración opuesta es tomada por Santo Tomás (I, Q. xcvi, a. 1,2).
Descartes supuso que los animales eran solo máquinas, sin sensación o conciencia y fue seguido estrhamente por Malebranche y los cartesianos en general. Leibniz admite la sensación en los animales, pero la considera un simple sentido perceptivo, que desprovisto de reflexión, no puede causar dolor o placer, en todo caso sostiene, el dolor y el placer de los animales es comparable en grado a aquellos, resultantes del manismo reflejo en el hombre (también ver Maher, Psicología, Supp’t. A, Londres, 1903). Es de nuevo evidente, que todo el mal es esencialmente negativo y no positivo; es dir que no consiste en la adquisición, sino en la pérdida o privación de algo nesario para la perfción. El dolor, que es la prueba o criterio del mal físico tiene algo positivo en verdad: la existencia puramente subjetiva como sensación o emoción; pero su mala cualidad, es el efto perturbador en la víctima.
Tal como comportamiento, la acción perversa de la voluntad de la que depende el mal moral, es más que una mera negación de la acción corrta, implica cuando se realiza, el elemento positivo de opción. Pero el carácter moralmente malo de la acción equivocada, no está constituido por el elemento de opción, sino por el rhazo de aquello que demanda la corrta razón. Así Orígenes (En Juan 2, 7) define al mal como stéresis; el Pseudo-Dionisio (De. Div. Nom. iv) como el no-existente; Maimonides (Dux perplex. iii, 10) como "privato boni alicujus"; Alberto Magno (adoptando la frase de San Agustín) atribuye el mal a una "aliqua causa deficiens" (Summa Theol., I, xi, 4); Schopenhauer, sostuvo que el dolor es la condición positiva y normal de la vida (el placer, su parcial y temporal ausencia), a pesar de esto, lo hizo depender del fracaso de deseo humano para obtener un cumplimiento "el deseo es, en sí mismo, dolor". Así se comprenderá que el mal no es una entidad real, es relativo.
Lo que es malo, en algunas relaciones, puede ser bueno en otras y probablemente, ninguna forma de existencia es exclusivamente mala en todas las relaciones. Por ende se ha pensado que no puede dirse que el mal, verdaderamente, existe en absoluto, es realmente nada más que un "menos bien". Pero esta opinión, pare omitir considerar la realidad de la experiencia humana. Aunque la misma causa puede dar dolor a uno y placer a otro, dolor y placer, como sensaciones o ideas, no pueden ser, sino mutuamente exclusivas. Nadie, sin embargo, ha intentado negar este hecho tan obvio y la opinión en cuestión puede entenderse, quizás, como una paradójica manera de expresar la relatividad del mal.
Hay, prácticamente, acuerdo general de autoridades sobre la naturaleza del mal. Alguna concesión debe hacerse por los variados estilos de expresión, que dependen de la correspondiente variedad de presuposiciones filosóficas. Pero en la cuestión del origen de mal ha habido y hay, una considerable diversidad de opinión. El problema es estrictamente metafísico, es dir que no puede ser aclarado por un simple análisis experimental de las condiciones reales, de las que el mal es el resultado. La pregunta que Schopenhauer ha llamado "el punctum pruriens de metafísicas", no se preocupa tanto por las variadas y detalladas manifestaciones del mal en la naturaleza, sino por la causa oculta y subyacente que ha hecho a estas manifestaciones posibles o nesarias. Es al momento evidente, que la pregunta en una región tan oscura debe ser atendida con gran dificultad y que las conclusiones alcanzadas deban, en su mayor parte, ser de un carácter tentativo y provisional. Ningún sistema filosófico ha tenido éxito, escapando de la oscuridad en la que el tema está envuelto, pero no es demasiado dir que la solución Cristiana ofre en general, menos dificultades y se aproxima, más que cualquier otro, a la perfción.
La cuestión puede formularse así. Admitiendo que el mal consiste en una cierta relación del hombre a su ambiente, o que surge de la relación de las partes componentes de la totalidad de la existencia de uno u otro, ¿cómo se llega a que, aunque los resultados de un proceso cósmico universal sean todos semejantes, esta obra universal está perpetuamente en guerra consigo misma, contradiciendo y frustrando sus propios esfuerzos en la hostilidad mutua de su progenie? Más allá, admitiendo que el mal metafísico en sí mismo pueda ser, meramente, el método de la naturaleza significando solo una redistribución continua de los elementos materiales del universo, el sufrimiento humano y la maldad todavía aparen como esencialmente opuestos al esquema general del desarrollo natural y son difícilmente ronciliables con cualquier idea o concepción de unidad o armonía en la naturaleza. ¿Para qué, entonces, el mal de la vida humana, físico y moral, es atribuido como su causa? Pero, cuando el universo es considerado como el trabajo de un Creador todo bondadoso y todopoderoso, un nuevo elemento se agrega al problema.
¿Si Dios es todo bondadoso, por qué Él causó o permitió el sufrimiento? Si Él es todopoderoso, no puede estar bajo ninguna nesidad de crearlo o permitirlo. Por otro lado, si Él está bajo alguna nesidad semejante, no puede ser todopoderoso. Además, si Dios es absolutamente bueno, y también omnipotente, ¿cómo puede permitir la existencia del mal moral? Tenemos que inquirir, de qué modo el mal ha venido a existir, y cuál es su relación espial con el Creador del universo. La solución del problema ha sido intentada a través de tres métodos diferentes.
I. Se ha sostenido que la existencia es fundamentalmente mala. Que el mal es el principio activo del universo y el bien nada más que una ilusión, una búsqueda que sirve para inducir a la raza humana a perpetuar su propia existencia (vea PESIMISMO). Éste es el dogma fundamental del Budismo (es dir) contemplar la felicidad como inalcanzable y sostener que no hay manera de escapar de la miseria sino dejando de existir de otra manera, en ese estado impersonal de Nirvana. El origen de sufrimiento, según Buddha, es "la sed por ser. "Esta fue, entre los filósofos griegos, también la visión de Hegesias el Cireneico (llamado peisithánatos, el consultor de la muerte), quién consideraba a la vida como algo insignificante y al placer como el único bien, por ser inalcanzable. Pero el temple griego no estaba naturalmente inclinado a una visión pesimista de la naturaleza y de la vida y mientras la mitología popular incluyó los asptos más oscuros de la existencia en concepciones tales como aquéllas del Destino, la venganza de las Furias, y la envidia (phthónos) de los dioses, los pensadores griegos sostuvieron, como regla, que el mal es universalmente supremo, pero puede evitarse o superarse mediante la sabiduría y la virtud. El pesimismo, como sistema metafísico, es producto de los tiempos modernos. Sus principales representantes, Schopenhauer y Von Hartmann, sostuvieron que el universo real es fundamentalmente malo y la felicidad, imposible.El origen fenomenal del universo es atribuido, por Schopenhauer, a una Voluntad transcendental que él identifica como puro ser y por Hartmann, al inconsciente que incluye la Voluntad y la Idea, la (Vorstellung) de Schopenhauer. Según Schopenhauer y Hartmann, el sufrimiento ha entrado en la existencia como propia conciencia, de la cuál es inseparable.
II. El mal ha sido atribuido a uno de los dos principios, mutuamente opuestos, resptivamente, debido a la mezcla del bien y del mal en el mundo. La relación entre los dos se representa diversamente. Los rangos de coordenación imaginados por Zoroastrismo, son debidos a la simple independencia relativa de la voluntad creadora, tal como sostiene la teología Cristiana. Zoroastro atribuyó el bien y el mal, a dos principios mutuamente hostiles (hrízai, o árchai) resptivamente llamados Ormuzd (Ahura Mazda) y Ahriman (Angra Mainyu).
Cada uno era independiente del otro pero eventualmente el bien fue victorioso con Ormuzd y Ahriman y sus malos seguidores fueron expulsados del mundo. Este dualismo mitológico pasó a la sta de los maniqueos cuyo fundador, Manes o Maniqueo, agregó un tercer principio subordinado, emanado de la fuente del bien (y correspondiendo quizás, en algún grado, al Mithras del Zoroastrismo) o "espíritu viviente" por quien se formó el presente mundo material de una mezcla del bien y del mal. Manes sostuvo que la materia era esencialmente mala y por consiguiente no podría estar en contacto dirto con Dios. Él derivó la noción, probablemente, de las stas gnósticas que, aunque difirieron entre sí, concordaron en seguir muchos puntos, generalmente, la opinión de Filo y el neoplatónico Plotino, como el mal de la materia. Ellos sostuvieron que el mundo fue formado por una emanación, el Demiurgo, un tipo de intermediario entre Dios y la materia impura. A pesar de esto, Bardesanes, y sus seguidores consideraron al mal como una resultante del uso inapropiado crear con libre albedrío.
La noción, que el mal es nesariamente inherente a la materia, independiente del Divino autor del bien y en algún sentido opuesto a Él, es común a anteriores sistemas teosóficos, a muchas concepciones puramente racionales de la filosofía griega y a otras que han avanzado, sobre este asunto, en tiempos posteriores. En la idea Pitagórica de una armonía numérica como principio constitutivo del mundo, el bien esta representado por la unidad y el mal a través de la multiplicidad (Filolao, Fragm.). Heraclito puso la "lucha", como condición esencial de la vida, contra la acción Divina. "Dios es el autor de todo lo corrto, lo bueno y lo justo pero los hombres, a ves han escogido lo bueno y a ves, lo malo" (Fragm. 61). Empédocles, además, atribuye el mal al principio "odio" (neîkos), inherente junto con su opuesto "amor" (phília) en el universo. Platón sostuvo que Dios esta "libre de culpa" (anaítios) por el mal del mundo. Su causa fue en parte por la nesaria imperfción de la existencia material creada y en parte por la acción de la voluntad humana (Timeo, xlii,; cf. Fedo. lx).
Con Aristóteles, el mal es un aspto nesario de los cambios constantes de la materia, y no tiene en sí mismo, ninguna existencia real (Metaph., ix, 9). Los estoicos concibieron al mal de un modo algo similar, como debido a una nesidad. El poder Divino inmanente armoniza al mal y al bien en un mundo cambiante. El mal moral procede de la nedad de la humanidad, no de la voluntad Divina y es dominado por un fin bueno. En el himno de Cleantes a Zeus (Ston. l., 1, p.30) puede percibirse un acercamiento a la doctrina de Leibniz, sobre la naturaleza de la maldad y de la bondad del mundo. "Nada se realiza sin vosotros en la tierra, el mar o el cielo, excepto el mal que los hombres cometen por su propia nedad. Entonces vosotros habéis unido todo el mal y todo el bien, al mismo tiempo, donde podría haber un esquema razonable y eterno de todas las cosas". En el sistema místico de khart (d. 1329), el mal, pado incluido, tiene su lugar en el esquema evolutivo por el que todos los procesos, desde y hacia Dios, contribuyen ambos, en el orden moral y en el físico, para el cumplimiento del propósito Divino.
Los monistas de khart o las tendencias panteístas paren haber oscurido, por él, muchas de las dificultades del asunto, como ha sido el caso de aquellos a quienes las mismas tendencias han llevado, subsuentemente, a una conclusión extrema.
La filosofía Cristiana, como la hebrea, atribuyen el mal moral y el físico a la acción de la voluntad, creada libre. El hombre se ha provocado asimismo el mal que sufre, transgrediendo la ley de Dios o la obediencia, de la que dependía su felicidad. El mal está en las cosas creadas, bajo el aspto de mutabilidad y posibilidad de defto, no como existiendo per se. Los errores de la humanidad confundiendo las verdaderas condiciones de su propio bienestar, han sido la causa del mal moral y físico (Dion. Areop., De Div. Nom., iv, 31; San Agustín, De Civ. Dei. xii). El mal que el hombre sufre es, sin embargo, la condición del bien que por su causa, aquel es permitido. Así, "Dios juzgó mejor, sacar el bien del mal, que no sufrir el mal existente" (San Agustín, Enchirid., xxvii). El mal, contribuye a la perfción del universo, como las sombras a la perfción de un cuadro o como la armonía a la de la música (De Civ. Dei,xi).
Además, la excelencia de las obras de Dios en la naturaleza, persiste como evidencia de la Divina sabiduría, poder y bondad por las que ningún mal puede ser causado dirtamente. (Greg. Nyss., De. opif. hom.) Así Boetio pregunta (De Consol. Phil., I, iv) ¿Quién puede ser el autor del bien, si Dios es el autor de mal? Cuando la oscuridad es nada más que la ausencia de luz y no es producida por la creación, entonces el mal es meramente falta de bondad. (San Agustín, In Gen, literalmente). San Basilio (Hexaem., Hom. ii) señala los propósitos educativos extraídos del mal y San Agustín, sostiene que el mal es permitido para castigo del malvado y juicio del bien, mostrando que tiene bajo este aspto, la naturaleza del bien y es agradable a Dios, no debido a lo que es, sino debido a de dónde es, (es dir) como una consuencia penal y justa del pado (De Civ. Dei, XI, xii, De Vera Relig. xliv). Lactancio, utiliza argumentos similares para oponerse al dilema, acerca de la omnipotencia y bondad de Dios, que pone en la boca de Epicúreo (De Ira Dei, xiii). San Anselmo (Monologium) conta al mal con la manifestación, parcial, del bien de la creación, cuya plenitud reside exclusivamente en Dios.
Los rasgos que se destacan en la explicación Cristiana más antigua del mal, como comparación con las teorías de dualísticas no cristianas son: la definida atribución a Dios de la omnipotencia absoluta y la bondad, no obstante Su permiso de la existencia de mal, la asignación de una causa moral en el pado de la humanidad y retributiva con sufrimiento y la aserción inmediata de la beneficencia del propósito de Dios permitiendo el mal, junto con la plena admisión que Él pudo haberlo escogido y Él, lo ha evitado (De Civ. Dei, xiv).
Como el permiso de Dios, del mal que Él conocía y podría prevenir, se ronciliará con Su bondad, no es tenido en cuenta plenamente. San Agustín formula la pregunta en duros términos, pero es satisfho por vía de la seguida respuesta de San Pablo, referida al despropósito de los juicios Divinos (Contra Julianum, I, 48).
Las mismas líneas generales han seguido la mayoría de los modernos intentos de considerar, en términos de Teísmo, a la existencia de mal. Descartes y Malebranche sostuvieron que el mundo es el mejor posible, para el propósito que fue creado, es dir para la manifestación de los atributos de Dios. Ha sido ajustado, al menos, para el logro de este objeto. La relación del mal con la voluntad de un Creador absolutamente benévolo, fue tratada detalladamente por Leibniz, en respuesta a Bayle que había insistido en argumentos derivados de la existencia de mal, contra aquellos de un Dios bueno y omnipotente.
Leibniz fundó sus consideraciones, principalmente, en aquéllas de San Agustín y Santo Tomás, y dedujo de allí su teoría del Optimismo (q.v.). según la cual, lo inverso es lo mejor posible. Pero el mal metafísico o complemento, está nesariamente envuelto en la constitución, porque debe ser finito y no podría estar dotado de la perfción infinita, que pertene exclusivamente a Dios. El mal moral y físico se debe a la caída de hombre, pero todo el mal es dominado por Dios para un propósito bueno. Es más, el mundo que conocemos es sólo un factor muy pequeño en el conjunto de la creación y puede suponerse que el mal que contiene, es nesario para la existencia de otras regiones desconocidas por nosotros. Voltaire en "Candide", intentó ridiculizar la idea del "mundo mejor posible". Debe admitirse que la teoría está abierta a serias objiones.
Por un lado, es escasamente consistente con la creencia en la omnipotencia Divina y por el otro, falla al considerar el permiso (o la paternidad indirta) de mal por un Dios bueno al que Bayle había percibido, espialmente, como excepción. Nosotros no podemos saber que este mundo es el mejor posible; ¿y si así fuera, puesto que incluye tanta maldad, por qué lo debió haber creado un Dios absolutamente bueno? Puede alegarse, también, que no puede haber algún grado de bondad finita que no sea susceptible de incrementarse por omnipotencia, sin caer rápidamente en la perfción infinita.
Leibniz ha sido seguido, más o menos estrhamente, por muchos que han tratado el asunto desde el punto de vista Cristiano. En su mayor parte, han dado énfasis a la evidencia, en la creación, de la sabiduría y bondad de su Autor, después del comportamiento en el Libro de Job y han estado satisfhos de salir sin descubrir la razón de la creación por Él, de un universo en que el mal, es inevitable. Semejante era la visión, de King (Ensayo sobre el Origen de Mal, Londres, 1732), quién insistió fuertemente en la doctrina del mundo mejor posible y la de Cudworth que sostuvo que el mal, aun cuando inseparable de la naturaleza de los seres imperftos, es en gran parte una cuestión de la propia imaginación u opinión de los hombres, en lugar de la realidad de cosas y por consiguiente no deben hacerse, como fundamento, acusaciones contra la Divina Providencia.
Derham, (Physico-Theología, Londres, 1712) tomando la ocasión para un examen de la excelencia de la creación, romendó una actitud de humildad y confianza hacia el creador de "este elegante, bien pensado y bien formado mundo en el que encontramos, aquí abajo, todo lo nesario para el sustento, utilidad y placer tanto del hombre como de cualquier criatura, así como algunos látigos o algunas varas, para azotarnos por nuestros pados". Sacerdotalmente, sostuvo una doctrina de absoluto determinismo. Por consiguiente atribuyó el mal, solamente, a la voluntad divina, que sin embargo, justificó por los buenos fines. El mal fue creado para, providencialmente, ayudar
( Doctrina de Nesidad Filosófica, Birmingham, 1782). Clarke, además, llama espial atención a la evidencia del método de plan creado, que da testimonio de a la benevolencia del Creador, en medio del aparente desorden físico y moral. Rosmini siguiendo estrhamente a Malebranche, señaló que la cuestión de la posibilidad de un mundo mejor, realmente no tiene ningún sentido. Cualquier mundo, creado por Dios, debe ser el mejor posible, respto a su espial propósito, separadamente del cual ninguna bondad o maldad puede predicarse de el.
Mamiani también supuso que el mal es inseparable de lo finito, pero tiende a desaparer como finito, al aproximarse a su unión final con el infinito.
III. El tercer camino para concebir la posición de mal en el esquema general de la existencia, lo constituyen aquellos sistemas monistas que consideran al mal, no más que como un modo, en el que ciertos asptos de los momentos del desarrollo de la naturaleza, son aprehendidos a través de la conciencia humana. En esta visión, no hay principio distintivo al que pueda asignarse el mal y su origen es en conjunto uno, con la naturaleza. Estos sistemas rhazan la idea espífica de la creación y la idea de Dios se excluye rigurosamente, o se identifica con un principio impersonal inmanente en el universo, o se concibe como una simple abstracción de los métodos de la naturaleza, que considerada desde el punto de vista del materialismo o del idealismo, es la única realidad.
El problema del origen del mal, se une así con el del origen del ser. El mal moral, en particular, surge del error y es gradualmente eliminado, o por lo menos minimizado, por el desarrollo del conocimiento de las condiciones del bienestar humano (Meliorismo). De esta clase, en su conjunto, fueron las doctrinas de los hilozoístas jónicos cuya noción fundamental era la indispensable unión entre la materia y la vida. Por otro lado, los eleáticos también fundamentaban el origen de todas las cosas en un ser abstracto. Los atomistas Léucipo y Demócrito, sostuvieron lo que puede llamarse, una doctrina materialista monista. Esta doctrina, sin embargo, encontró su primera y completa expresión en la filosofía de Epicúreo, que explícitamente rhazó la noción de cualquier influencia externa en la naturaleza, o del "destino", o del poder Divino. Según el epicúreo Lucrio, (De Rerum Natura, II, línea 180) la existencia de mal fue letal para la hipótesis de la creación del mundo, por Dios:
Nequaquam nobis divinitus esse creatum
Naturam mundi, quæ tanta est prædita culpa.
Giordano Bruno hizo a Dios la causa inmanente de todas las cosas, actuando por una nesidad interior y produciendo las relaciones consideradas como mal por la humanidad. Hobbes consideró a Dios como la causa corpórea primera y aplicando su teoría de gobierno civil al universo, defendió la existencia de mal por simple aserción del poder absoluto al que es debido. Teoría que no es más que otra manifestación del determinismo materialista en términos de relaciones sociales. Spinoza unió espíritu y materia en la noción de una sola substancia a la que atribuyó concepto y extensión. El error y perfción eran la consuencia nesaria del orden del universo.
El Monismo Hegeliano que reproduce muchas de las ideas de khart y es adoptado en sus rasgos principales por muchos sistemas diferentes de riente origen, dan al mal un lugar en el desdoblamiento de la Idea, en la que el origen y la realidad íntima del universo están por ser encontradas . El mal es la discordia temporal entre lo que es y lo que ha de ser. Huxley estaba satisfho al opinar que las últimas causas de las cosas son en la actualidad desconocidas y pueden ser irronocibles. El mal es para ser conocido y combatido en lo concreto y en detalle. Pero el Agnosticismo profesado y designado por Huxley, rhaza tomar en consideración cualquier pregunta acerca de las causas transcendentales y lo confina a los hhos experimentales. Hakel adelanta un materialismo dogmático en que la substancia ( es dir la materia y la fuerza) apare como la base eterna e infinita de todas las cosas. El Profesor Metchnikoff, con principios similares, coloca la causa del mal en "las desarmonías" que predominan en la naturaleza, pensando que pueden eliminarse, quizás finalmente, para la raza humana al menos, junto con el temperamento pesimista surgido de ella, por el progreso de la ciencia.
Bourdeau ha afirmado en términos expresos la futileza de buscar un origen transcendental o sobrenatural para el mal y la nesidad de confinar la consideración a causas naturales, accesibles y determinables. (Revista Filosófica, I, 1900).
El sistema rientemente construido, o el método, llamado pragmatismo, tiene mucho en común con el pesimismo, que considera al mal como parte realmente inevitable de la experiencia humana en un punto idéntico, de hecho, con la verdad y la realidad. El mundo es como nosotros lo hacemos. El mal tiende a disminuir con el crimiento de la experiencia y puede desaparer finalmente, aunque por otro lado, siempre puede permaner allí, el mínimo irreducible del mal.
El origen del mal, como el origen de todas las cosas, es inexplicable. Ninguna teoría puede ajustarse al plan del universo, simplemente, porque ninguna teoría es posible. "No podemos entender, por ninguna posibilidad, el carácter de la mente cósmica cuyo propósito es plenamente manifestado, por la extraña mezcla del bien y el mal que encontramos en este particular mundo real. La simple palabra plan, no tiene por sí misma, ninguna consuencia y nada explica". (James, Pragmatismo, Londres, 1907. Cf. Schiller, Humanismo, Londres 1907.) Nietzsche sostiene que el mal es puramente relativo y su aspto moral, por lo menos, un concepto transitorio y no fundamental. El género humano en el estado presente, es "un animal todavía no adaptado propiamente a su medio ambiente". En este modo de pensamiento el individuo cuenta nesariamente muy poco como ser y es meramente una manifestación pasajera de la fuerza cósmica. Los asptos sociales de la humanidad son los sufrimientos y limitaciones considerados, principalmente, como tendientes a su mejoramiento.
Ahora, las varias formas de Socialismo. La idea totalmente nueva concebida por Nietzsche, aunque todavía indefinida, es una forma de moralidad social y de la constitución y mutuas relaciones de clases, las llamadas religiones éticas y científicas que inculcan la moralidad, tendientes a ser, generalmente buenas. El primer ejemplo de tales religiones es la de Augusto Comte que con la base materialista del positivismo, fundó "la religión de la humanidad". Propuso sustituir un entusiasmo en favor de la humanidad como motivo para la acción corrta, por las razones de la religión sobrenatural.
En la luz de la doctrina católica, cualquier teoría que pueda sostenerse acerca de mal, debe incluir ciertos puntos que aftan la pregunta que se ha definido autorizadamente. Estos puntos son: la omnipotencia, la omnisciencia, la bondad absoluta del Creador, la libertad de la voluntad y el sufrimiento, que es la consuencia penal de la desobediencia premeditada de la ley de Dios.
Un informe completo puede reunirse de la enseñanza de Santo Tomás de Aquino quien sistematizó los principios de San Agustín y los suplementó extensamente. El mal, según Santo Tomás, es una privación, o ausencia de algo bueno y corresponde propiamente a la naturaleza del ser viviente. (I,Q xiv, a. 10; Q.,xlix a. 3; Contra Gentiles, III, ix, x). No hay ningún "summum malum" por consiguiente, o fuente positiva de mal, correspondiente al "summum bonum" que es Dios (I,Q. xlix , a. 3; C. G., III, 15; De Malo, I, 1). El mal no "ens reale" sino sólo "ens rationis" es dir que no existe como hecho objetivo, sino como concepción subjetiva. Las cosas no son malas en sí mismas, sino por causa de su relación con otras cosas o personas. Todas las realidades (entia) son en sí mismas, buenas. Si producen resultados malos, es solo incidentalmente y en consuencia la última causa de mal es fundamentalmente buena, de igual manera que los objetos en los que el mal se encuentra (I,Q. xlix; cf.I, Q. v, 3,; De Malo, I, 3). Así, el maniqueísmo dualista no tiene ningún fundamento en la razón.
El mal es triple, a saber., "malum naturæ" (mal metafísico), "culpæ" (moral), y "paenæ" (físico, la consuente retribución del "malum culpæ") (I, Q. xlviii, a. 5, 6; Q. lxiii, a. 9; De Malo, I, 4). Su existencia ayuda a la perfción del todo. El universo sería menos perfto si no incluyera al mal. De esta manera el fuego no podría existir sin la corrupción de lo que consume. El león debe matar al asno para vivir. Si no hubiera ningún hecho malo, no habría ninguna esfera para la paciencia y la justicia ( I,Q.xlviii, a. 2). Dios dijo ( en Is., 45) ser el autor del mal, en el sentido que la corrupción de los objetos materiales en la naturaleza está ordenada por Él, como medio para llevar a cabo el plan del universo. Por otro lado, el mal que existe como consuencia de la infracción a las leyes Divinas es, en el mismo sentido, debido a un designio Divino. El universo sería menos perfto si sus leyes pudieran violarse, con impunidad.
Así, el mal es en un aspto, como un contrapeso para el desorden que causa el pado y tiene la naturaleza del bien (II, Q.ii, a. 19). Pero el mal del pado (culpæ), aunque permitido por Dios, en ningún sentido es debido a Él (I, Q.xlix, a. 2). Su causa está en el abuso de la libre voluntad de ángeles y hombres (I-II, Q. lxxiii, a. 6;
Malco
(Málchos)
Es la forma griega de Malluch (como consejero) un nombre común en las lenguas semíticas y de espial interés por ser el nombre del sirviente judío a quien le cortó la oreja San Pedro. El incidente es descrito por todos los Evangelistas (Mateo 26:51; Marcos 14:47; Lucas 22:50; Juan 18:10), aunque es solamente San Juan, quien menciona el nombre del sirviente y discípulo, y solamente San Lucas menciona el milagro de curar la herida.
De conformidad con el Cuarto Evangelio, Judas acompañado por una banda de soldados y sirvientes fueron enviados por los altos sacerdotes y Fariseos, a fin de aprender a Jesús. Luego del encuentro, cuando los soldados iban a tomar cautivo a Jesús, San Pedro desenvainó su espada y cortó la oreja derha de un sirviente del supremo sacerdote. Se concluye que Malco estaba en el grupo que tenía animadversión a Jesús y que mostraría espial hostilidad. Sería difícil concebir que San Pedro le atacara sin tener razones. Cristo, al momento curó la herida y aprovhó la ocasión para dar una enseñanza de paz a sus seguidores.
Más tarde, esa noche, un sirviente familiar de Malco provocó la segunda negación de San Pedro (Juan 18:26-7). Debido a que sólo San Juan proporciona el nombre del sirviente, podríamos concluir que solamente él era el discípulo conocido por el supremo sacerdote (Juan 18:15). El silencio de los otros santos escritores respto a la identidad de Pedro, puede ser atribuido a razones de prudencia. En los tiempos en que ellos escribían, los judíos podían haber castigado al discípulo si su nombre era revelado.
JOSEPH V. MOLLOY.
Transcrito por W.G. Kofron
Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes
Con agradimientos a la iglesia de Santa María, Akron, Ohio
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