Líberio, Papa
Fue Pontífice desde el año 352 al 366 d.C. Según el Catálogo Liberiano, el Papa San Julio I murió el 12 de abril, y Liberio fue consagrado el 22 de mayo. Como este día no cayó domingo, probablemente el día fue el 17 de mayo. Nada se sabe sobre su vida previa excepto que era un diácono romano. De Rossi le atribuye un epitafio conservado en una copia por un peregrino del siglo VII, seguido por varios críticos, incluido Duchesne. Los principales puntos en él son que el Papa confirmó la Fe Nicena en un concilio, y murió en el exilio por la fe, a menos que lo consideremos "un mártir por exilio". Funk le atribuye el epitafio al Papa San Martín I. De Rossi, sin embargo, dlaró que ningún epigrafista podía dudar de que los versos son del siglo IV y no del VII; aún así no es fácil adaptar las líneas a Liberio. El texto apare en De Rossi, "Inscr. Christ. Urbis Romæ", etc., II, 83, 85, u Duchesne, "Liber Pontificalis", I, 209. Vea De Rossi en "Bull. Archeol. Crist." (1883), 5-62; y Von Funk en "Kirchengesch. Abhandl.", I (Paderborn, 1897), 391; Grisar en "Kirchenlex.", s.v.; Suvio, "Nuovi Studi", etc.
El tema se considerará bajo los siguientes encabezados:
Primeros Años de Pontificado
Por la muerte de Constante (enero de 350), Constancio se había convertido en el amo de todo el imperio, y estaba inclinado a unir a todos los cristianos en una forma modificada de arrianismo. Liberio, como su predesor Julio, mantuvo la absolución de San Atanasio en el Concilio de Sárdica, y convirtió las disiones del Primer Concilio de Nicea en la prueba de la ortodoxia. Después de la derrota final del usurpador Magnencio y su muerte en 353, Liberio, de acuerdo a los deseos de un gran número de obispos italianos, envió legados al emperador en Galia, suplicándole que celebrara un concilio. Constancio estaba presionando a los obispos de Galia para que condenaran a San Atanasio y reunió un número de ellos en Arles, donde estaba pasando el invierno. Los obispos de la corte, que siempre acompañaban al emperador, eran los dirigentes del concilio. Los legados papales (entre los que se encontraba Vicente de Capua, quien había sido uno de los legados papales en el Primer Concilio de Nicea) fueron tan débiles como para consentir en renunciar a la causa de Atanasio, con la condición de que todos condenaran el arrianismo. El partido de la corte aceptó el convenio, pero no llevó a cabo su parte; y los legados fueron obligados violentamente a condenar a Atanasio, sin ganar ninguna concesión para ellos. Al ribir la noticia, Liberio escribió a Hosio de Córdoba sobre su profunda pena sobre la caída de Vicente; él mismo deseaba morir, no sea que fuera imputado de haber consentido en la injusticia y la heterodoxia. Otra carta en los mismos términos fue dirigida al Papa por el obispo Eusebio de Vercelli, quien antes había pertenido al clero romano.
Antes de esto, había llegado a Roma una carta contra Atanasio, firmada por muchos obispos orientales. El emperador envió a Alejandría a un mensajero espial llamado Montano, el cual arribó allí el 22 de mayo de 353, para informar al patriarca que el emperador estaba deseoso de concederle una entrevista personal; pero Atanasio nunca había pedido esto; ronoció que se le estaba tendiendo una trampa, y no se movió. Se fue de Alejandría sólo al siguiente febrero, cuando Jorge, un arriano, fue nombrado obispo en su lugar, en medio de desgraciadas escenas de violencia. Pero ya Atanasio había eftuado un concilio en su propia defensa, pues ya había llegado a Roma a fines de mayo de 353 una carta a su favor, firmada por los setenta y cinco (u ochenta) obispos egipcios. Constancio acusó públicamente al Papa de evitar la paz y de suprimir la carta de los orientales contra Atanasio. Liberio contestó con una digna y conmovedora carta (Obsro, tranqullissime imperator), en la cual dlaró que él leyó la carta de los orientales al concilio en Roma (probablemente un concilio aniversario, el 17 de mayo de 353), pero que como la carta que llegó de Egipto venía firmada por un gran número de obispos, era imposible condenar a Atanasio; él mismo nunca había deseado ser Papa, pero él había seguido a sus predesores en todo. Él no podía hacer la paz con los orientales porque muchos de ellos se rehusaban a condenar a Arrio y estaban en comunión con Jorge de Alejandría, quien aceptaba a los sacerdotes arrianos que Alejandro había excomulgado hacía tiempo. Él se quejaba del Concilio de Arles y suplicaba que se convocara otro concilio, por medio del cual se reforzaría para el futuro la exposición de la fe que se había acordado en Nicea. La carta fue llevada al emperador en Milán por el obispo Lucifer de Cagliari (Calaris), el sacerdote Pancracio y el diácono Hilario, El Papa le pidió a San Eusebio de Vercelli que ayudara a los legados con su influencia, y luego le escribió de nuevo para darle las gracias por haberlo hecho.
De hecho, se acordó realizar un concilio en Milán, y éste se reunió allí cerca de la primavera de 355. Se persuadió a San Eusebio de que estuviese presente, y él insistió en que todo debía comenzar por la firma del dreto niceno. Los obispos de la corte se negaron. Se llamó a los militares. Constancio ordenó a los obispos cumplir su palabra y dlarar culpable a Atanasio y condenarlo. Eusebio fue desterrado, junto con Lucifer y Dionisio de Milán. Liberio le envió otra carta al emperador, y sus mensajeros, el sacerdote Eutropio y el diácono Hilario, fueron también exiliados, además el diácono fue golpeado cruelmente. El arriano Auxentio fue nombrado Obispo de Milán. El Papa escribió una carta, generalmente conocida como "Quamuis sub imagine", a los obispos exiliados, dirigiéndose a ellos como mártires, y expresando su pesar de no haber sido él el primero en sufrir para darle ejemplo a los demás; le pide sus oraciones para que él pueda ser digno de compartir el exilio de ellos.
El que éstas no eran meras palabras fue probado, no sólo por la noble actitud de protesta de Liberio durante los años anteriores, sino por su conducta posterior. Constancio no estaba satisfho con la renovada condenación de Atanasio por los obispos italianos que se habían debilitado en Milán bajo presión. El sabía que el Papa era el único lesiástico superior al obispo de Alejandría, y "luchaba con deseo ardiente", día el pagano Amiano, " para que la sentencia fuera confirmada por la más alta autoridad del obispo de la Ciudad Eterna". San Atanasio nos asegura que desde el principio los arrianos no prescindían de Liberio, pues ellos calculaban que si lo podían convencer, podrían pronto tener el control sobre todo el resto. Constancio envió a Roma al prefto de su alcoba, el eunuco Eusebio, un personaje muy poderoso, con una carta y regalos. "Obede al emperador y toma esto" fue de hecho su mensaje, dice San Atanasio, quien procede a dar extensamente la respuesta del Papa: Él no podía didir contra Atanasio, quien había sido absuelto por dos sínodos generales, y había sido despedido por la Iglesia Romana, ni podía condenar al ausente; ésa no era la tradición que había ribido de sus predesores desde San Pedro; si el emperador deseaba la paz, debía anular lo que había dretado contra Atanasio y convocar un concilio sin el emperador, ni condes, ni jues presentes, para que la Fe Nicena pudiera ser preservada; los seguidores de Arrio debían ser expulsados y su herejía debía ser anatematizada; los no ortodoxos no debían estar en el sínodo; primero se debía establer la fe, y sólo luego entonces se podrían tratar otros asuntos; que los obispos de la corte de Panonia, Ursacio y Valente, no fueran considerados pues ya una vez habían repudiado sus malas acciones, y ya no eran dignos de crédito.
El eunuco se puso furioso y se fue con sus sobornos, los cuales dejó ante la confesión de San Pedro. Liberio reprendió severamente a los guardias del lugar sagrado por no haber evitado este inaudito sacrilegio. Deshó los regalos, lo cual enfurió aún más al eunuco, el cual le escribió al emperador que ya no era asunto de simplemente hacer que Liberio condenara a Atanasio, pues él fue tan lejos como para anatematizar a los arrianos formalmente. Constancio fue convencido por sus eunucos de enviar los oficiales palatinos, notarios y condes con cartas a Leoncio, prefto de Roma, ordenando que Liberio fuera capturado ya fuera sretamente o mediante violencia, y despachado fuera de la corte.
Luego hubo una espie de persución en Roma. Los obispos, dice San Atanasio, y damas piadosas eran obligados a esconderse, los monjes no estaban seguros, se expulsaba a los extranjeros, se vigilaban los puertos y portones. "El eunuco etíope", continúa el santo, "cuando no entendía lo que leía, le creyó a Felipe; mientras que los eunucos de Constancio no le creen a Pedro cuando confiesa a Cristo, ni al Padre, cuando le revela a su Hijo." -una alusión a las dlaraciones de los Papas que al condenar el arrianismo hablaban con la voz de San Pedro y repetían su confesión, "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo", que el Padre mismo se lo había revelado al apóstol. Liberio fue arrastrado ante el emperador en Milán. Habló claramente y le pidió a Constancio que dejara de pelear contra Dios, y dlarando su disposición para ir al exilio antes de que sus enemigos tuvieran tiempo de inventar cargos contra él. Teodoreto ha conservado los minutos de una entrevista entre "el glorioso Liberio" y Constancio, que, según dice él, fueron anotados por gente buena de ese tiempo. Liberio se negó a ronocer la disión del Concilio de Tiro y a abandonar a Atanasio; se trajo contra él falsos testigos, y Ursacio y Valente habían confesado otro tanto, y pidieron perdón por el Concilio de Sárdica. Epícteto, el intruso joven obispo de Centumcellæ, se interpuso, diciendo que Liberio sólo deseaba poder jactarse ante los senadores romanos que había derrotado al emperador con sus argumentos. "Quién eres tú", añade Constancio, "para defender a Atanasio contra el mundo?" Liberio contesta: "Desde antiguo sólo se encontraron tres que resistieran al mandato del rey". El eunuco Eusebio gritó: "Estás comparando al emperador con Nabucodonosor". Liberio: "No, pero ustedes condenan a un inocente." Él demandó que todos se debían suscribir a la fórmula de Nicea, que se llamara a los exiliados y que todos los obispos se reunieran en Alejandría para darle a Atanasio un juicio justo en el acto.
Epícteto: "Pero los medios de transporte público no serán suficientes para cargar a tantos."
Liberio: "No serán nesarios, los eclesiásticos tienen suficiente dinero para enviar a sus obispos tan lejos como el mar."
Constancio: Los sínodos generales no deben ser muy numerosos; tú sólo sostienes el juicio del mundo entero. Él nos ha injuriado a todos, y a mí sobre todo; no contento con el asesinato de mi hermano mayor, él pone a Constante también contra mí. Yo apriaría una victoria contra él más que una contra Silvano o Magencio."
Liberio: "No emplees los obispos, cuyas manos son para bendir para tomar venganza de tus propios enemigos. Manda a reinstalar a los obispos y, si ellos concuerdan con la fe nicena, deja que consulten conforme a la paz del mundo, que un hombre inocente no sea condenado."
Constancio: "Yo estoy deseoso por enviarte de vuelta a Roma, si te unes a la comunión de la Iglesia. Haz la paz y firma la condenación."
Liberio: "Ya yo le dije adiós a los hermanos de Roma. Las leyes de la Iglesia son más importantes que la residencia en Roma."
El emperador le dio al Papa tres días para considerar el asunto, y luego lo desterró a Beroea en Tracia; le envió quinientas piezas de oro para sus gastos, las cuales Liberio rhazó diciendo que Constancio las nesitaba para pagarle a sus soldados. La emperatriz le envió la misma cantidad, pero el se las devolvió diciendo: "Si él no las nesita, que se las dé a Auxentio o Epícteto, que le gustan tales cosas." Eusebio el eunuco le trajo aún más dinero. "Ustedes han arruinado las Iglesias del mundo", exclamó el Papa, "y ¿vienes a traerme limosnas como si fuera un hombre condenado? Vete y primero conviértete en un cristiano."
Exilio
Cuando Liberio salió de Roma todo el clero juró que no ribirían a ningún otro obispo. Pero pronto muchos de ellos aceptaron como Papa al archidiácono Félix, cuya consagración por el obispo arriano Acacio de Cesarea había sido arreglada por Epícteto por orden del emperador. La gente de Roma ignoró al antipapa. Constancio hizo su primera visita a Roma el 1 de abril de 357, y pudo ver por sí mismo el fracaso de su nominado. Él estaba consciente de que no había justificación canónica para el exilio de Liberio y la intrusión de Félix; en otros casos él siempre había actuado de acuerdo con la disión de un concilio. También se sintió conmovido por la grandeza de la Ciudad Eterna---así lo afirma Amiano. Se sintió impresionado por las oraciones por el regreso del Papa claramente dirigidas a él por las más nobles de las damas romanas, cuyos esposos tuvieron la suficiente fortaleza para el riesgo. No hay razón para pensar que Félix fuera ronocido por ningún obispo fuera de Roma, excepto por el partido de la corte y unos pocos arrianos extremos, y la inflexible actitud de Liberio a través de la mayor parte de su destierro deben haberle causado más daño a la causa del emperador que su constancia cuando dejó Roma en paz.
No es sorprendente ver que Liberio regresó a Roma antes del 357, y que se rumoraba en el extranjero que él había firmado la condenación de San Atanasio y quizás algún credo arriano. Algunos críticos colocan su reinstalación en el 358, pero esto es imposible, pues San Atanasio nos dice que el soportó los rigores del exilio por dos años, y el "Gesta inter Liberium et Felicem episcopos", que forma el prefacio del "Liber Prum" de Faustino y Marcelino, nos dice que él regresó "al tercer año". La causa de su regreso es variamente relacionada. Teodoreto dice que las matronas romanas movieron a Constancio a restaurarlo, pero cuando fue leída su carta a Roma en el circo romano, diciendo que Liberio y Félix iban a ser los obispos mano a mano, los romanos se burlaron de ella y llenaron el aire con gritos de "Un Dios, un Cristo, un obispo". El historiador arriano Filostorgio, y también Rufino, dicen que los romanos demandaban ardientemente el regreso del Papa. Por otro lado, Sulpicio Severo da la causa como sediciones en Roma, y Sozomeno está de acuerdo. Sócrates es más priso y dlara que los romanos se levantaron contra Félix y lo expulsaron, y que el emperador fue obligado a consentir. La versión en la "Crónica" de San Jerónimo es dudosa. Él dice que un año después de que el clero había perjurado ellos mismos fueron expulsados junto con Félix, hasta (o debido a) el regreso triunfal de Liberio a la ciudad. Si leemos "hasta que" entenderemos que después del regreso de Liberio el clero perjuro regreso a su alianza. Si leemos "debido a", con el manuscrito antiguo, parería que la expulsión de Félix fue posterior a y como consuencia del regreso de Liberio. San Próspero de Aquitania pare haber entendido a Jerónimo en este último sentido. El prefacio al "Liber Prum" menciona dos expulsiones de Félix, pero no dice cuál de ellas fue previa al regreso de Liberio.
Por otro lado, el arriano Filostorgio relata que Liberio fue reinstalado sólo cuando él había consentido en firmar la segunda fórmula de [Sirmio que fue redactada después del verano de 357 por los obispos de la corte, Germinio, Ursacio y Valente; ésta rhazaba el término homoousion y homoiousios; y a ves era llamada la fórmula de Hosio", quien fue forzado a aceptarla ese mismo año, aunque San Hilario de Poitiers seguramente está equivocado al dir que su autor fue Hosio. La misma historia sobre la caída del Papa es apoyada por tres cartas atribuidas a él en los llamados "Fragmentos Históricos" ("Fragmenta ex Opere Historico" in P.L., X, 678 sqq.) de San Hilario, pero Sozomeno nos dice que esa fue una mentira propagada por el arriano Eudoxio, quien acababa de invadir la sede de Antioquía. San Jerónimo pare haberla creído, pues en su "Crónica" dice que Liberio "conquistado por el tedio del exilio y subscribiéndose a la iniquidad de la herejía volvió triunfante a Roma". El prefacio al "Liber Prum" también habla de que cedió ante la herejía. San Atanasio, escribiendo aparentemente a fines de 357, dice: "Liberio, al ser exiliado, se rindió a los dos años, y por miedo a las amenazas de muerte, firmó", es dir, la condenación de Atanasio mismo (Hist. Ar., XLI); y de nuevo: "Si él no resistió la tribulación hasta el fin, aún así permanió en el exilio durante dos años conociendo la conspiración contra mí." San Hilario, escribiendo a Constantinopla en 360, se dirige a Constancio así: "No sé si fue mayor la impiedad con que lo desterraste que con la que lo reinstalaste". (Contra Const., II).
Sozomeno cuenta una historia que no halla o en ningún otro escritor. El narra que Constancio, después de su regreso de Roma, convocó a Liberio a Sirmio (357), y allí el Papa fue obligado por los líderes semiarrianos, Basilio de Ancira, Eustacio y Eleusio, a condenar el "Homoousion"; que fue inducido a firmar la combinación de tres fórmulas: (1) la del Concilio Católico de Antioquía de 267 contra Pablo de Samosata (en el cual se dice que se rhazó el Homoousion por tener tendencias sabelianas, (2) la de la asamblea de Sirmio que condenó a Fotino en 351, y (3) el Credo del Concilio Dedicatorio de Antioquía en 341. Estas fórmulas no eran prisamente heréticas, y se dice que Liberio le había arrancado a Ursacio y Valente una confesión de que el Hijo es "en todas las cosas similar al Padre".
De aquí que la historia de Sozomeno ha sido generalmente aceptada como que da un relato moderado de la caída de Liberio, admitiéndola como un hecho, y explicando por qué tantos autores la niegan implícitamente. Pero la fecha de que poco después Constancio estuvo en Roma es imposible, pues los semiarrianos sólo se unieron a principios del 358, y su corta influencia sobre el emperador comenzó a mediados de ese año; de ahí que Duchesne y muchos otros afirman (a pesar del claro testimonio de Atanasio) que Liberio regresó sólo en 358. Aun más, Sozomeno menciona la presencia de los obispos orientales, y esto concuerda con el 357; él dice que Eudoxio diseminó el rumor de que Liberio había firmado la segunda fórmula de Sirmio, y esto cuadra con el 357 y no el tiempo de la ascendencia semiarriana. Además la fórmula de "en todas las cosas como" no era su distintivo en 358, pero les fue impuesta en el 359, después de lo cual la adoptaron, dlarando que la misma incluía su fórmula espial "igual en substancia".
Ciertamente Sozomeno está siguiendo aquí la ropilación perdida del macedonio (es dir, semiarriano) Sabino, quien sabemos que fue poco confiable en cuanto a todo lo que concierne a su sta. Simplemente pare que Sabino tenía la historia arriana ante sí, pero la consideraba, probablemente corrtamente, como una invención del partido de Eudoxio; él piensa que la verdad debió haber sido ésa, si Liberio firmó una fórmula sirmiana, fue la menos dañina de 351; si él condenó el "Homoousion" fue sólo en el sentido en el cual había sido condenado en Antioquía; él lo coloca aceptando el Credo Dedicatorio (el de los semiarrianos y todos los moderados orientales), y forzando a los obispos de la corte a aceptar la fórmula semiarriana de 359 y después. Él añade que los obispos en Sirmio le escribieron a Félix y al clero romano, pidiendo que tanto Félix como Liberio fueran aceptados como obispos. Es increíble que hombres como Basilio y su partido hubiesen hecho esto.
Últimos años de Liberio
Cuando Liberio regresó, los romanos no podían haber sabido que Liberio había caído, pues San Jerónimo (quien es tan amigo de contarnos sobre la simplicidad de su fe y la delicadeza de sus oídos piadosos) dice que él entró a Roma como un conquistador. Es muy claro que ni siquiera se suponía que él había sido conquistado por Contancio. No han ninguna señal de que nunca haya admitido su desliz. En 359 se celebraron los concilios simultáneos de Seléucida y Rimini. En este último (vea Concilio de Rimini, donde la mayoría de los obispos eran ortodoxos, la presión y demoras, y las maquinaciones sretas del partido de la corte entramparon a los obispos al error. El Papa no estaba presente ni envió a sus legados. Después del concilio, pronto se conoció su desaprobación, y después de la muerte de Constancio a fines de 361 el pudo anularlo públicamente, y didir, más que lo que didió un concilio en Alejandría bajo San Atanasio, que los obispos que habían fallado podían ser reinstalados con la condición de que probaron la sinceridad de su arrepentimiento por su celo contra los arrianos. Cerca de 366 él ribió una delegación de los semiarrianos dirigida por Eustacio; primero los trató como arrianos (lo cual el no podía haber hecho si se les hubiese unido), y les insistió a que aceptaran la fórmula de Nicea antes de poder ribirlos a la comunión; él no se daba cuenta que muchos de ellos después de tornarían inseguros sobre el tema de la Divinidad del Espíritu Santo. También sabemos por San Siricio que, después de anular el Concilio de Rimini, Liberio emitió un dreto prohibiendo el rebautismo de los bautizados por los arrianos, lo cual era practicado por los cismáticos de Lucifer de Cagliari.
Cartas Falsificadas
En los fragmentos de San Hilario de Poitiers está incluida una serie de cartas de Liberio. El Fragmento IV contiene una carta, "Studens paci", junto con un comentario muy corrupto sobre él por San Hilario. La carta ha sido usualmente considerada una falsificación desde que Cesare Baronio (2da. Ed.), y Duchesne expresaron la opinión común cuando dijeron en su "Histoire ancienne de l’Eglise" (1907) que San Hilario quería que entendiésemos que era espuria. Pero Tillemont defendió su autenticidad, y ha sido apoyada por Schiktanz y Duchesne (1908), todos escritores católicos. Hermant (citado por Pierre Coustant), seguido por Savio, creyeron que la carta fue insertada por un falsificador en lugar de una carta genuina, y él tomó las primeras palabras del comentario de San Hilario como serio y no irónico: "¿Qué en esta carta no procede de la piedad ni del temor de Dios?" En este documento Liberio es colocado como dirigiéndose a los obispos arrianos de Oriente, y dlarando que al ribir una epístola de los obispos orientales contra San Atanasio, la cual había sido enviada a su predesor Julio, él había vacilado en condenarlo pues su predesor lo había absuelto, pero que él había enviado legados a Alejandría para citarlo a Roma.
Atanasio se había negado a venir, y Liberio al ribir nuevas cartas de Oriente lo había excomulgado y estaba ahora ansioso de comunicarse con el partido arriano. Duchesne piensa que esta carta fue escrita en el exilio al comienzo de 357, y que Liberio ciertamente había enviado a un embajador (en 352-53), sugiriendo que Atanasio debía venir a Roma; ahora en su exilio el rordó que Atanasio se había excusado, y alegó que era un pretexto para condenarlo. Sin embargo, pare inconcebible que después de apoyar heroicamente a Atanasio por años, y habiendo sufrido el exilio por más de un año, en vez de condenarlo, Liberio debía motivar su presente debilidad a la desobediencia del santo sobre la cual él no había testificado resentimiento durante todo este tiempo.
Por el contrario, los comentarios de San Hilario paren llanamente implicar que la carta había sido falsificada por Fortunatio, metropolitano de Aquilea, uno de los obispos que condenaron a Atanasio y se unieron al partido de la corte en el Concilio de Milán en 355. Pare que Fortunatio trató de excusar su propia caída, pretendiendo que el Papa (que estaba todavía en Roma) le había confiado que llevara esta carta al emperador, "pero Potamio y Epícteto no creyeron que fuera genuina cuando condenaron al Papa con gozo (como dijo de ellos el Concilio de Rimini)", tampoco lo hubiesen condenado al exilio, "y Fortunatio se la envió también a muchos obispos sin obtener de ella ninguna ganancia". Y luego San Hilario procede a dlarar que Fortunatio luego se había condenado él mismo por omitir mencionar cómo Atanasio había sido absuelto en el Concilio de Sárdica después de la carta contra él enviada al Papa Julio por los orientales, y cómo le había llegado a Liberio una carta de un concilio en Alejandría y todo Egipto a favor de Atanasio, como antes a Julio. San Hilario apela a documentos que siguen, evidentemente la carta (antes mencionada) "Obsro" al emperador, en la cual Liberio testifica que el ribió la defensa de los egipcios al mismo tiempo que la acusación de los arrianos. La carta "Obsro" forma el fragmento V, y pare que en la obra original estaba inmediatamente seguida por el fragmento VI, el cual comienza con la carta de Liberio a los confesores, "Quamuis sub imagine" (probando cuan firme era en apoyar la fe), seguida por citas de cartas a un obispo de Espoleto y a Hosio, en la cual el Papa deplora la caída de Vicente de Arles. Estas cartas son incuestionablemente genuinas.
Éstas continúan en el mismo fragmento un párrafo que dlara que cuando Liberio estaba en el exilio, revocó todas estas promesas y acciones, y le escribió a los malvados prevaricadores arrianos las tres cartas que completan el fragmento. Éstas corresponden a las cartas auténticas que han predido, cada una a cada una: la primera, "Pro deifico timore" es una parodia de "Obsro"; la segunda "Quia scio uos", es una revocación de todo lo dicho en "Quamuis"; la tercera, "Non doceo", es una palinodia, dolorosa de leer, de la carta a Hosio. Las tres son claramente falsificadas, compuestas para su posición presente. Ellas defienden la autenticidad de "Studens paci", que ellos dicen que fue enviada al emperador desde Roma por manos de Fortunatio; las cartas genuinas no son discutidas, pero se muestra que Liberio cambió de opinión y escribió la "Studens paci"; que a pesar de esto fue exiliado, debido a las maquinaciones de sus enemigos, por lo cual escribió "Pro deifico timore" a los orientales, asegurándoles que no sólo había condenado a Atanasio en "Studens paci", ero que Demófilo, el obispo de Beroea (reprobado como hereje en "Obsro") le había explicado la fórmula de Sirmio de 357, y que él la había aceptado gustosamente. Esta fórmula censuraba igualmente las palabras "Homoousion" y homoiousios; había sido redactada por Geminio, Ursacio y Valente. "Quia scio nos" está dirigida prisamente a estos tres obispos de la corte y Liberio les suplica que le rueguen al emperador por su reinstalación, así como en "Quamuis" le había rogado a los tres confesores que oraran a Dios que él también fuera desterrado. "Non doceo" parodia la pena de Librerio por la caída de Vicente; es dirigida a Vicente mismo y se suplica que convoque una reunión de los obispos de Campaña y que le escribieran una carta al emperador pidiendo la reinstalación de Liberio.
En la segunda y tercera cartas hay anatemas dispersos "al prevaricador Liberio", atribuidos a San Hilario por el falsificador. El falsificador es claramente uno de los seguidores de Lucifer de Cagliari, cuya herejía consistía en negar toda la validez de los actos de los obispos que habían vacilado en el Concilio de Rimini en 359; mientras que el Papa Liberio había emitido un dreto admitiendo su reinstalación luego de su sincero arrepentimiento, y también condenaba la práctica luciferina de rebautizar a aquellos que habían sido bautizados por los obispos flojos.
Los antedichos "Fragmentos" de San Hilario han sido escrutados rientemente por Wilmart, y apare que ellos pertenían a dos libros diferentes, uno escrito en 356 como una apología cuando el santo fue enviado al exilio por el Sínodo de Béziers, y el otro escrito poco después del Concilio de Rimini para la instrucción (dice Rufino) de los obispos caídos; su título era "Liber advesus Valentem et Ursacium". Las cartas de Liberio pertenían a este último trabajo. Rufino nos dice que fue interpolada---él implica esto de la edición completa---y que Hilario fue acusado en un concilio como la razón de estas corrupciones; él las negó, pero fueron encontradas en el libro descubierto en su propia morada, y San Hilario fue excomulgado del concilio. San Jerónimo negó todo conocimiento del incidente, pero Rufino ciertamente habló con buena evidencia, y su historia cuadra exactamente con el propio relato de San Hilario sobre un concilio de diez obispos que se reunieron por su pedido urgente en Milán cerca de 364 para tratar sobre Auxentio, a quien acusaban de arriano. Este último se defendió con expresiones ambiguas, y los obispos tanto como el emperador ortodoxo Valentiniano estuvieron satisfhos; San Hilario, por el contrario, fue acusado de herejía por Auxentio, y de juntarse con San Eusebio de Vercelli para alterar la paz, y fue desterrado de la ciudad. No se menciona de qué herejía era acusado, ni sobre qué fundamentos; pero debe haber sido por luciferismo, y Rufino nos informa sobre las pruebas que se presentaron. Es interesante que los fragmentos del libro contra Valente y Ursacio contengan todavía en las cartas falsificadas de Liberio (y quizás también en una atribuida a San Eusebio) una parte de la falsa evidencia en la cual un Doctor de la Iglesia fue hado de Milán y aparentemente excomulgado.
Pare que cuando San Hilario escribió su libro "Adversus Constantium" en 360, justo antes de su regreso del exilio en Oriente, el creía que Liberio había caído y había abandonado a San Atanasio; pero sus palabras no son muy claras. De todos modos, cuando él escribió su "Adversus Valentem et Ursacium" luego de su regreso, él mostró que la carta "Studens paci" era una falsificación, añadiéndole como apéndices unas cartas nobles del Papa. Esto pare probar que los luciferinos estaban usando el "Studens paci" después del Concilio de Rimini para demostrar que el papa, quien ahora en su opinión era muy indulgente con los obispos caídos, había sido culpable él mismo antes de su exilio de una traición peor a la causa católica. En su opinión, tal caída podría anular su dignidad papal e invalidar sus actos subsiguientes. El que San Hilario se haya tomado mucho trabajo en probar que el "Studens paci" era falso hace evidente que él no creía que el Papa Liberio había caído subsiguientemente en su exilio; de lo contrario su trabajo era inútil. En consuencia San Hilario se convierte en un testigo fuerte de la inocencia de Liberio. Si San Atanasio creía en su caída, esto fue cuando él estaba escondido, e inmediatamente después del supuesto evento; él fue aparentemente engañado en el momento por los rumores difundidos por los arrianos. El autor del prefacio del "Liber Prum" de Faustino y Marcelino es un Ursiniano disfrazado de luciferino para tomar ventaja de la tolerancia concedida a esta sta, y él toma un punto de vista luciferino sobre Liberio; posiblemente él siguió la "Crónica" de San Jerónimo que pare estar siguiendo las cartas falsificadas; pues Jerónimo conocía el libro de San Hilario "Contra Valente y Ursacio", y se negó a aceptar la afirmación de Rufino de que había sido interpolado. En su relato sobre Fortunatio (De Viris Illust., XCVII) él dice que este obispo "era infame por haber tronchado la fortaleza de Liberio y haberlo inducido a firmar la herejía, y esto en su camino al exilio". Esto es increíble, pues San Atanasio dice dos ves que el Papa estuvo exiliado dos años completos. Evidentemente San Jerónimo (que era muy descuidado sobre historia) se había enterado de la historia de que Fortunatio tenía una carta de Liberio en sus manos después del concilio de Milán, y él concluye que él debió haber encontrado a Liberio cuando éste pasaba por Aquilea en su camino a Tracia; es dir, Jerónimo había leído las cartas falsificadas pero no las había entendido.
Rufino, que él mismo era de Aquilea, dijo que él no podía encontrar si Liberio cayó o no. Esto es tanto como dir que, conociendo nesariamente las afirmaciones de San Jerónimo, él no podía descubrir en qué se basaban. Él mismo no fue engañado por las falsificaciones y ciertamente no había otros fundamentos.
No falta evidencia positiva a favor de Liberio. Cerca de 432 San Próspero reeditó y continuó la "Crónica" de San Jerónimo, pero fue cuidadoso de omitir las palabras tædio victus exilii al referirse al regreso de Liberio. San Sulpicio Severo (403
Libre Pensadores
Aquellos que, abandonando los dictados de las verdades y la moral religiosa de la Revelación Cristiana, y no aceptando ninguna enseñanza dogmática en el terreno de la autoridad, basan sus creencias en los liberados hallazgos de la sola razón. Libre pensamiento del cual hicieron una profesión; es una forma exagerada, aunque un bastante lógico desarrollo, de la doctrina del juicio privado en materias religiosas. El librepensador sostiene tales principios, ya sea sobre la verdad o sobre la acción, ya que esta persuadido de que puede probarlos; y no da asentimiento a ningún otro. Es un racionalista. Pero desde que la persuasión de haber probado (o ser capaz de probar) aún las doctrinas de religión natural, varían infinitamente con el individuo, es difícil, salvo en líneas muy generales, clasificar a todos los librepensadores juntos. Esta dificultad es manifiesta en el caso de los Deistas, a quienes la apelación fue aplicada característicamente en los finales del siglo diisiete. Todos ellos estaban sin embargo de acuerdo en rehusarse a aceptar las doctrinas de un Cristianismo autorizado; y es sobre este terreno negativo que puede ser definida más claramente su posición.
Auque las palabras "Librepensador" y "Libre pensamiento" aparen por primera vez contadas con los Deistas Ingleses [Collins, "Discurso del librepensamiento ocasionado por el Ascenso y Crimiento de la Sta llamada Librepensadores" (1713) da este nombre a la tendencia deísta] "el fenómeno del libre pensamiento ha existido, en forma espífica, largo tiempo antes de que pudiera expresarse a través de escritos propagandísticos, o encontrar algún nombre genérico salvo los de Ateísmo o Infidelidad" (Robertson). Tomado en el sentido amplio con que Robertson lo usa aquí, el término parería incluir el movimiento reaccionario contra cualquier forma tradicional de doctrina a la cual se espera que el hombre deba asentir. En este sentido es posible hablar de librepensadores de Gria o de Roma o, en rigor de verdad, de cualquier cuerpo considerable que pueda imprimir su enseñanza sobre las multitudes. Indudablemente hubo en los tiempos clásicos, hasta cierto punto y en alguna medida, quienes se burlaban de los mitos oficiales de la religión de su país, o los explicaban filosóficamente minimizando su significado. Por tanto - pero en un sentido más verdadero - en la Edad Media se podía encontrar racionalistas, o librepensadores, entre los filósofos de las escuelas. Los Padres de la Iglesia habían enfrentado al paganismo con sus propias armas y argumentado contra las falsedades con la ayuda de la razón natural. Los primeros herejes fueron librepensadores en su rhazo a la autoridad reguladora de la Iglesia sobre puntos contados con sus herejías, que fruentemente elaboraban sobre líneas racionalistas; y los panteístas y otras de las escuelas criticaban y silogizaban minimizando la revelación en un estilo verdaderamente librepensador. Ambos fueron condenados en consuencia; pero el espíritu de exceso en la crítica y la confianza en la suficiencia de la razón humana son tan típicas del libre pensamiento de los tiempos medievales como el del siglo veinte.
Desde los Deístas en adelante, el libre pensamiento ha ganado sin duda terreno entre las masas. Originalmente el exceso inteltual de los eruditos y de los estudiantes, y raramente saliendo del estudio de una forma que pudiera esperarse que fuera en absoluto popular, comenzó con Annet y Chubb (ver Deísmo) a ser vulgarizado y penetrar los estratos inferiores de la sociedad. Sus profesores iniciales han sido aparentemente menos numerosos que sus adherentes. Algunos pronto se detuvieron en una posición negativa, rlamando nada más que autonomía para la ciencia o la filosofía que ellos representaban. Otros continuaron haciendo una amarga e inescrupulosa guerra contra la religión. Es evidente en las diversas ramas de la ciencia y de la crítica, así como en la filosofía, y aunque generalmente ostenta un plano científico, usa más los métodos "a priori" que los "a posteriori". Una de sus formas más peligrosas, que generalmente acaba en puro escepticismo religioso, puede ser ubicada remontándose a la distinción Kantiana entre nuómeno y fenómeno. Pero sus principales posiciones positivas son el rhazo a la profía, el milagro y la inspiración, su rhazo a toda revelación externa (incluyendo obviamente la autoridad lesiástica), y su afirmación del derecho a la libre espulación en todas las materias racionales. Luego de esto último fruentemente sigue la negación de, o la suspensión del juicio con relación a, la existencia de Dios (ateísmo y agnosticismo), y la negación de la inmortalidad del alma o de su verdadero ser susceptible de prueba, y el rhazo de la libertad de la voluntad. Entre los principales librepensadores pueden ser mencionados Voltaire, Thomas Paine (los Derechos del Hombre), Renan, Ingersoll, Strauss (Leben Jesu), Hakel, Clough, y Holyoake.
ROBERTSON, Corta Historia sobre el Librepensamiento,2d ed. (Londres,1899); WHEELER, Biog. Dict.de Librepensadoress (Londres, 1889); GERARD, Librepensamiento Moderno en Conferencias en Westiminster (Londres, 1905); MACCANN, Sularismo: infilosófica, inmoral y antisocial (Londres, 1887); FLINT, Teorías Anti-teistas (Edinburgo, 1885) PEARSON, Credo Positivo del Librepensamiento (Londres, 1888); CAIRNS, Descreimiento en el Siglo Diiocho (Edinburgo, 1882); STATHAM, Liberepensamiento y Pensamiento Verdadero (Londres 1884); SANDAY, Librepensamiento en los Trabajos de la Casa de, No. IX (1886); Las Falacias del Ateísmo explorados por un Trabajador (Londres, 1882); también bibliografía sobre el DEISMO.
FRANCIS AVELING
Transcripto por C.A. Montgomery
Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi
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