Isaías
Entre los escritores de la Biblia Hebrea, se le conoce como uno de los "Grandes Profetas"; es un caso sobresaliente el de "Isaías, el santo profeta... el gran profeta, el fiel a los ojos de Dios" (clus., xlviii, 23-25).
I. VIDA
El nombre Isaías significa "Yave es salvación" (Yave o Yahvéh, nota del traductor). Asume dos diferentes formas en la Biblia Hebrea: como autor en el texto del Libro de Isaías, y en otros escritos del Antiguo Testamento, por ejemplo en IV Reyes, xix, 2; II Par., xxvi, 22; xxxii, 20, 32, en ellos se lee Yeshá`yahu, y en otras colciones de los profetas como Yeshá`yah, en griego es Esaías, y en latín, generalmente se acepta como Isaias, aunque algunas ves también, como Esaias.
Con este mismo nombre se ronocen a otras cuatro personas en el Antiguo Testamento (Esd., viii, 7; viii, 19; II Esd., xi, 7; I Par., xxvi, 25); en tanto que los nombres de Jesaia (I Par., xxv, 15), y Jeseias (I Par., iii, 21; xxv, 3) pueden ser considerados más bien como variantes. Por medio del profeta mismo (i, 1; ii, 1) sabemos que fue hijo de Amos. Este nombre tiene similitudes entre el griego y el latín y se relaciona con el profeta pastor de Thue. Algunos inicialmente tomaron el nombre del profeta Amos por el padre de Isaías. En el prefacio de su trabajo "Commentary on Amos" (P.L., XXV, 989) San Jerónimo puntualiza este error.
No conocemos casi nada de la ascendencia de Isaías, pero varios pasajes de sus profías (iii, 1-17, 24; iv, 1; viii, 2; xxxi, 16) nos permite inferior que pertenía a una de las mejores familias de Jerusalén. Una tradición judía lo menciona en el Talmud (Tr. Megilla, 10b.) y lo señala como sobrino del Rey Amasias. No se tiene referencia del año de nacimiento del profeta; pero se considera que tenía alrededor de veinte años cuando dio inicio a su ministerio público.
Muy probablemente fue ciudadano o nativo de Jerusalén. Sus escritos incuestionablemente muestran signos de una gran cultura. De sus profías (vii y viii) aprendemos que se casó con una mujer a quien se refiere como "la profetisa" y que tuvo dos hijos, She`arYashub y Mahershalalhashbaz. Nada indica que se haya casado dos ves, como algunas historias llamativas tratan de hacer ver, señalando que Almah de vii, 14, fue también su esposa.
Se estima que el ministerio profético de Isaías llegó a durar cerca de medio siglo, desde el año que terminaba Ozías, Rey de Judá, posiblemente hasta los tiempos de Manasses. Se trata de un período de gran actividad profética. Israel y Judá ciertamente demostraron estar con gran nesidad de guías. Luego de la muerte de Jeroboam II, revoluciones se sucedieron a revoluciones y la parte norte del reino se había hundido rápidamente en el vasallaje a los asirios.
Las Naciones de Occidente sin embargo, se robraron de los problemas de principios del octavo siglo, y manifestaban aspiraciones de independencia. Rapidamente las tropas de Theglathfalasar III marcharon hacia Siria. Grandes tributos fueron impuestos y grandes amenazas se cernía sobre los que manifestaban reticencias con los pagos. En 725, Osee, el último rey de Samaria cayó miserablemente bajo el poder de Salmanasar IV, y tres años más tarde Samaria caía en las manos de los asirios.
Mientras tanto, el reino de Judá escasamente tenía un mejor destino. Un largo período de paz había enervado los ánimos y el joven e inexperimentado Achaz no fue un contrincante importante para los sirios e israelitas que le confrontaron. Preso de pánico, y a pesar de lo que le había dicho Isaías, resolvió apelar a Theglatfalasar. La ayuda de Asiria estuvo asegurada, pero la independencia de Judá quedó prácticamente hipotada.
A fin de explicar con mayor claridad la situación política, a la que se hacen muchas alusiones en los escritos de Isaías, se ha ropilado aquí un esquema cronológico de tal período:
745, Theglatfalasar III, rey de Siria;
Azarias (A. V. Uzziah), de Judea;
Manahem (A. V. Menahem) de Samaria; y Sua of Egipto;
740, muerte de Azarias; Joatham (A. V. Jotham), rey de Judá; captura de Arphad (A. V. Arpad) por parte de Theglatfalasar III (Is., x, 9);
738, campaña de Theglatfalasar contra Siria; captura de Calano (A. V. Calno) y Emath (A. V. Hamath); se le impone un fuerte tributo a Manahem (IV Kings, xv, 19-20); victoriosas guerras de Joatham contra los Ammonites (II Par., xxvii, 4-6);
736, a Manahem le sigue Phaceia (A. V. Pekahiah); 735, Joatham es sucedido por Achaz (IV Reyes, xvi, 1); Phaceia reemplazado por Phacee (A. V. Pekah), hijo de Remelia (A. V. Remaliah), uno de sus capitanes; Jerusalén es sitiada por Phacee en alianza con Rasin (A. V. Rezin), rey de Siria (IV Reyes xvi, 5; Is., vii, 1, 2);
734. Theglatfalasar, contestando pedido de ayuda de Achaz, marcha contra Siria e Israel, toma varias ciudades del norte y este de Israel (Reyes, xv, 29), y desapare a sus habitantes; los aliados asirios devastan la parte del territorio de Judá y Jerusalén; Phacee muerto durante una revolución en Samaria (A. V. Hoshea);
733. Expediciones fracasadas de Achaz contra Edom (II párrafo, xxviii, 17) y los filisteos (20);
732. campaña de Theglatfalasar contra Damasco; Rasin es sitiado en su capital, capturado, y asesinado; Achaz va a Damasco a pagar tributo al gobernador asirio (IV Reyes, xvi, 10-19);
727. Muerte de Achaz; ascensión Ezequías (IV Reyes, xviii, 1); en Asiria, Salmanasar IV tiene éxito con la campaña de Theglatfalasar III, campaña
726. campaña de Salmanasar contra Osee (IV Reyes, xvii, 3);
725. Osee hace alianza con Sua, rey de Egipto (IV Reyes, xvii, 4); segunda campaña de Salmanasar IV, lo que da por resultado la captura y la deportación de Osee (IV Reyes, xvii, 4); principia el sitio de Samaria;
722. Sargon tiene éxito con Salmanasar IV en Asiria; captura de Samaria por parte de Sargon;
720. derrota del ejército egipcio en Raphia por parte de Sargon;
717. Charcamis, la plaza fuerte en el Euphrates, cae en manos de Sargon (Is, x, 8);
713. enfermedad de Ezequías (IV Reyes, xx, 1-11; Es, el xxxviii); embajada de Merodach Baladan a Ezequías (IV Reyes, xx, 12-13; Es, el xxxix);
711. invasión de Palestina occidental por Sargon; sitio y captura de Azotus (A. V. Ashdod; Is, xx);
709. Sargon derrota Merodach Baladan, captura Babilonia, y asume el título del rey de Babilonia;
705. muerte de Sargon; ascenso de Sennacherib;
701. expedición de Sennacherib contra Egipto; en Elteqeh tiene este su derrota; captura de Accaron (A. V. Ekron); sitio de Lachis; Embajada de Ezequías; las condiciones colocadas por Sennacherib, son consideradas demasiado duras por el Rey de Judá; preparación para resistir a los asirios; destrucción de parte del ejército asirio; retraimiento apresurado del resto de actores (IV Reyes, xviii; Is, xxxvi, xxxvii);
698. A Ezequiel le sucede su hijo Manasses.
Las guerras del noveno siglo y de la seguridad pacífica de los tiempos que les siguieron, produjeron sus eftos en la última parte del siglo próximo. Las ciudades se fueron formando o fortaliendo; se tuvo nuevas búsquedas, aunque produce las oportunidades de la abundancia fácil, también ese escenario trajo un aumento importante de la pobreza.
El contraste entre clases se convirtió en más marcado a medida que pasaba el tiempo, y los ricos con el apoyo de los jues oprimieron a los pobres. Un estado social fundado en inequidades se condena a sí mismo. Pero como la corrupción social de Israel era mayor que Judá, se esperaba que Israel sucumbiera primero. Además, era mucho mayor su corrupción religiosa.
La adoración idólatra prevalió no sólo allí, sino que sabemos de Osee qué abusos groseros y prácticas vergonzosas se desarrollaron en Samaria y a través del reino. La religiosidad de la gente de Judá en general, pare haber sido un poco mejor.
Sabemos, sin embargo, en lo que concierne a éstos, que en la misma época de Isaías, se tenían ciertas formas de adoración idólatra, como la de Nohestan y de Moloch, probablemente también la referida a Tammur y la del "anfitrión del cielo"; ellas se realizaban abiertamente o en secreto.
Los comentaristas difieren al referirse a cuándo fue que Isaías fue llamado a su ministerio profético. Algunos piensan que una visión previa le fue revelada, vi, 1; él habría ribido comunicaciones desde el cielo. San Jerónimo en su comentario sobre este pasaje sostiene que los capítulos i al v deben ser atribuidos a los últimos años del Rey Ozías.
A partir de allí comenzaría una sería nueva, en el año de la muerte del referido monarca (740 B.C.; P.L., XXIV, 91; cf. St. Gregory Nazianzen, Orat. ix; P.G., XXXV, 820). Sin embargo es más comúnmente aceptado, que el capítulo vi se refiere al primer llamado del profeta. San Jerónimo en una carta al Papa Damasus pare aceptar este punto de vista (P. L., XXII, 371; cf. Hesychius "In Is.", P.G. XCIII, 1372), y San Juan Crisóstomo, comentando sobre Is., vi, 5, contrasta rápidamente la prontitud del profeta con las tergiversaciones de Moisés y Jeremías.
Por otra parte, debido a que no aparen profías en tiempos más tardíos que el 701 A. de C. es muy dudoso que Isaías haya podido ver el reino de Manasses; aún así una vieja y ampliamente divulgada tradición se hace o de Mishna (Tr. Yebamoth, 49b; cf. Sanhedr., 103b), y puntualiza que el profeta habría sobrevivido a los tiempos de Exequias, y que fue asesinado en la persución de Manasses (IV Reyes, xxi, 16).
Fue este príncipe quien le habría hecho convicto por el delito de blasfemia, debido a que habría dlarado: "Vi al Señor sentado en un trono" (vi, 1), una pretensión que reñiría con lo expuesto en Éxodo xxxiii, 20: "El hombre no me verá y vivirá". Fue acusado, más aún, de haber predicado la ruina de Jerusalén y de haberse referido a la ciudad santa y al pueblo judío con referencias hacia Sodoma y Gomorra. De conformidad con la "Ascensión de Isaías" el martirio del profeta consistió en haber sido aserrado.
La tradición no duda en creer estos postulados. El Targum de IV Reyes, xxi, 6, lo admite; está también preservado en dos tratados del Talmud (Yebamoth, 49b; Sanhedr., 103b); San Justino (Dial. c. Tryph., cxx), y muchos otros Padres lo han adoptado, tomándolo como incuestionables alusiones a Isaías, aquellas palabras de Heb., xi, 37, "ellos (los ancianos) fueron cortados" (cf. Tertullian, "De patient.", xiv; P.L., I, 1270; Orig., "In Is., Hom." I, 5, P.G., XIII, 223; "En Mat.", x, 18, P.G., XIII, 882; "En Mat.", Ser. 28, P.G., XIII, 1637; "Epist. ad Jul. Afr.", ix, P.G., XI, 65; San Jerónimo, "En Is.", lvii, 1, P.L., XXIV, 546-548; etc.).
Sin embargo, poca confianza se debe poner en los extraños detalles mencionados en el "De Vit. Prophet." del pseudoEpiphanius (P.G., XLIII, 397, 419). La fecha del fallimiento del profeta no se sabe. El martirologio romano conmemora a Isaías el 6 de julio. Su tumba se cree para haber estado en Paneas en el norte de Palestina, de dónde sus reliquias fueron llevadas Constantinople en A.D. 442.
La actividad literaria de Isaías es atestiguada por el libro canónico que lleva su nombre; por otra parte la alusión se hace en II el párrafo, xxvi, 22, a los "actos de Ozías primero y la sción última escrita por Isaías, el hijo de los Amos, el profeta ".
Otro fragmento del mismo libro nos informa que "el resto de los actos de Exequias y de sus relacionados, está escrito en la visión de Isaías, hijo de los Amos, el profeta", en el libro de los reyes de Judá e Israel. Tal es al menos, la lectura de la Biblia Masoretica, pero su texto aquí, si podemos juzgar de las variantes del griego y de San Jerónimo, apare como adulterado.
La mayoría de los comentaristas que creen en estos fragmentos, piensan que el escritor se refiere a los segmentos xxxvi-xxxix. Debemos finalmente mencionar la "Ascensión de Isaías", contemporáneamente atribuida al profeta, pero nunca admitida en el Canon.
II. EL LIBRO DE ISAIAS
El libro canónico de Isaías está compuesto de dos distintas colciones de discursos. Una de ellas (capítulos 1-35) es llamada algunas ves el "Primer Isaías"; la otra (capítulos 40-66) se denomina por los modernos críticos, como el "Deutero o Segundo Isaías".
Entre esas dos secciones se interpone una que tiene un rasgo más bien de historia narrativa; algunos autores como Michaelis y Hengsterberg, sostienen junto a San Jerónimo, que las profías están colocadas en orden cronológico. Otros como Vitringa y Jahn, dicen que están en orden lógico; otros finalmente, como Gesenius, Delitzsch, y Keil, piensan que el orden es parcialmente lógico y parcialmente cronológico. No menor desacuerdo prevale sobre el asunto del coltor.
Aquellos que piensan que Isaías es el autor de todas las profías contenidas en el libro, dan prominencia fija al profeta en sí mismo. Pero para los críticos que cuestionan lo genuino de algunas de las partes, la compilación fue realizada por un coltor desconocido. Es nesario, antes de tomar una posición, analizar el contenido.
Primer Isaías
En la primera colción (cc. i-xxxv) pare que el agrupamiento de los discursos se realizó de acuerdo a los diferentes temas: (1) cc. i-xii, oráculos relacionados con Judá e Israel; (2) cc. xiii-xxiii, profías concernientes de manera principal con naciones extranjeras; (3) cc. xxiv-xxvii, un apocalipsis; (4) cc. xxviii-xxxiii, discursos sobre las relaciones entre Judá y Asiria; (5) cc. xxxiv-xxxv, futuro de Edom e Israel.
Primera sción
En el primer grupo (i-xii) podemos distinguir dos subcomponentes. En el capítulo i se hace referencia a la ingratitud de Jerusalén y a su falta de fe. Se han cometido severas faltas, pero aún así el perdón puede asegurarse y con ello un verdadero cambio en la vida. Las venganzas de Judá se refieren al tiempo de la coalición sirio-efrainita (735) o a la invasión asiria (701).
En el capítulo ii se amenaza con el juicio sobre el orgullo, lo que pare ser una de las primeras advertencias del profeta. A eso sigue (iii-iv) una severa reprimenda a los gobernantes de las naciones por la injusticia contra las mujeres de Sión en función de la lujuria. La bella apología de los siervos del viñedo, es un prefacio para el anuncio de los castigos debido a los desórdenes sociales. Esto pare estar dirigido a los últimos días de Joatham, o al principio de los días de Achaz (de 736 a 735 A. de C.).
En el siguiente capítulo (vi), fhado para el año de la muerte de Ozías (740), se narra el llamado del profeta. Con vii se abre una serie de enunciados impropiamente llamados "el Libro de Emmanuel". Se compone de profías sobre la guerra sirio-efrainita, y finaliza con una descripción ( ¿independiente del contexto?) de qué país se espera tener en la persptiva de un futuro reino soberano (ix, 1-6). El capítulo ix, 4,7 en cinco estrofas anuncia que Israel se encamina a la ruina.
Estas alusiones están relacionadas con la rivalidades entre Efraín y Manasses y posiblemente con las revoluciones que siguieron a la muerte de Jeroboam II. En este caso la profía puede ser fhada entre 743-734. Mucho más tardía es la profía contra Azur (x, 5-34), más tardía que la captura de Arshad (740), Calano (738), o de Charcamis (717). La situación histórica a la que se hace referencia es la del tiempo de la invasión de Sennacherib (aproximadamente 702 o 701 A. de C.). El capítulo xi describe el feliz reino propio del rey ideal, y un himno de acción de gracias y de alabanza es con lo que se cierra esta primera división (xii).
Segunda sción
La primera referencia es hecha a Babilonia (viii, l-xiv, 23). La misma enfatiza la referencia que el profeta hace al exilio; un hecho que la hace ubicar un poco antes de 549; otros sostienen que fue escrita a la muerte de Sargon (705).
El capítulo 24-27 cuenta la historia de la derrota del ejército asirio en las montañas de Judá, y algunos puntualizan que se trata de un texto mal colocado y que era parte de la profía contra Azur (x, 5-34). La misma pertene sin duda al período de la campaña de Sennacherib. El siguiente pasaje (xiv, 28-32) fue provocado por la muerte de algunos de los filisteos: los nombres de Achaz (728), Theglatfalasar III (727), y Sargon (705) han sido sugeridos en relación con el mencionado acontimiento, lo que pare bastante probable. Los capítulos xv-xvi, "la carga de Moab" es según varios autores, algo relacionado con el reino de Jeroboam II, Rey de Israel (787-746), y su fecha es dada sólo como parte de conjeturas.
La "carga de Damasco" (xvii, 1-11) se dirigió también contra el reino de Israel, y debe ser asignada aproximadamente al año 735 A. de C. Se hace aquí una referencia también a Etiopía (prob. 702 ó 701). Luego viene la sobresaliente profía acerca de Egipto (xix), el interés de lo cual se ha reforzado con los descubrimientos rientes en Elefantina (vv. 18, 19).
Esta fecha presenta un problema, existen otras opiniones que la sitúan entre los años 720 a 672 A. de C. El siguiente segmento (xx) contra Egipto y Etiopía, se adscribe al año en el cual Ashdod fue sitiado por los asirios (711). Si se refiere a la captura de Babilonia (xxi, 1-10) en lo que se alude como "el peso o carga del desierto", es algo que no es fácil determinar. Esto se debe fundamentalmente a que durante el tiempo de Isaías, Babilonia fue sitiada y tomada dos ves (710, 703, A. de C.).
Críticos independientes se inclinan por pensar que esto se refiere a una descripción de la toma de Babilonia en el 528 A. de C. algo similar a la descripción que se tiene en referencia al cautiverio en Babilonia. Los dos profías breves, una sobre Edom (Duma; xxi, 11-12) y otra sobre Arabia (xxi, 13-17) no ofren pistas sobre cuando fueron pronunciadas. En el capítulo xxii, 1-14, se muestra una reprimenda a los habitantes de Jerusalén.
El resto del capítulo de Sobna (Shebna) es objeto de los reproches por parte del profeta, además de amenazas (aproximadamente 701 A. de C.). La sción finaliza con el anuncio de la ruina y la restauración de Tiro (xxiii).
Tercera sción
La tercera sción de la primera colción incluye los capítulos xxiv-xxviii, algunas ves denominados "el Apocalipsis de Isaías". En la primera parte (xxiv-xxvi, 29) el profeta anuncia que en un indeterminado futuro, el juicio prederá el reino de Dios (xxiv).
A partir de allí y en términos simbólicos, anuncia la alegría de los buenos y el castigo a los malos (xxv). A esto le sigue el himno de los elegidos (xxvi,1-19). En la segunda parte (xxvi, 20-xxvii) el profeta describe el juicio sobre Israel y sus vinos. Las fechas a que pueden referirse son motivo de discusión entre los críticos. Algunos lo atribuyen al 107 A. de C. otros, a fechas anteriores al 79 A. de C.
Es nesario subrayar, no obstante, que ambas ideas y el lenguaje de estos cuatro capítulos, apoyan la tradición en cuanto a atribuir este apocalipsis a Isaías. La cuarta división abre con un pronunciamiento de advertencia contra Efraín (y quizá Judá; xxviii, 1-8) escrito antes de 722 A. de C.
La situación histórica implicada en xxviii, 9-29, es una fuerte indicación de que este pasaje fue escrito aproximadamente en el 702 A. de C. A la misma fecha corresponderían xxix-xxxii, profías concernientes con la campaña de Sennacherib. Estas secciones concluyen con un himno triunfante (xxxiii) en donde el profeta se regocija con la entrega de Jerusalén (701). Los capítulos xxxi-xxxv, la última división, anuncia la devastación de Edom, y el gozo por las bendiciones de Israel.
Varios críticos sostienen que estos dos capítulos fueron escritos durante el período de cautividad del Siglo VI. Los análisis no nos permiten tener una noción incuestionable de que esta primera colción se debe al trabajo de Isaías.
Es difícil cuestionar seriamente lo genuino de estas profías, y la colción de ellas, en su conjunto, puede atribuirse a los últimos años de vida del profeta o a un tiempo inmediatamente luego. Puede ser que existan pasajes que reflejen etapas posteriores. Ellas encontrarían su ruta dentro del libro, con base en el ruento de cuestiones análogas a las de los genuinos escritos de Isaías. Es poco lo que se puede dir de xxxvii-xxxix.
Los primeros dos capítulos narran la demanda que hace Sennacherib, el rendidor de Jerusalén, y el cumplimiento de las profías de Isaías en cuanto a su entrega; xxxviii nos dice sobre la enfermedad de Ezequías, la cura, y la canción de gracias; por último, xxxix nos habla de la embajada enviada por Merodach Baladan y la respuesta del profta de Ezequías.
Segundo Isaías
La segunda colción (xl-lvi) se refiere a la restauración de Israel luego del exilio en Babilonia. Las principales líneas de división, propuestas por el jesuita Condamine, son las siguientes:
Una primera sción comprende la misión y el trabajo de Ciro; y está compuesta de cinco piezas:
(a) xl-xli: llamado de Ciro a fin de que sea instrumento de Yahvéh en la restauración de Israel;
(b) xlii, 8-xliv, 5: Israel en relación con el exilio;
(c) xliv, 6-xlvi, 12: Ciro liberará a Israel y permitirá la ronstrucción de Jerusalén;
(d) xlvii: ruina de Babilonia;
(e) xlviii: las relaciones pasadas entre Dios y su pueblo se colocan en persptiva hacia el futuro. En seguida se encuentran otro grupo de llamados, los que se han estilizados por los académicos alemanes como "EbedJahwehLieder"; esto está compuesto de xlix-lv (a lo cual se le debe agregar xlii, 1-7) junto con lx-lxii.
En esta sción podemos ver el llamado del sirviente de Yahvéh (xlix, 1-li, 16); luego la llamada gloriosa a Israel (li, 17-lii, 12); luego se describe al sirviente de Yahvéh compartiendo con su pueblo los sufrimientos y muerte (xlii, 1-7; lii, 13-15; liii, 1-12); a eso le sigue la visión de un nuevo Jerusalén (liv, 1-lv, 13, y lx, 1-lxii, 12).
El capítulo lvi, 1-8 desarrolla esta idea, la del surgimiento de los corazones, sin importar cual haya sido su condición anterior, sí pueden ser admitidos como parte del pueblo escogido de Yahvéh. En lvi, 9-lvii, el profeta carga contra la idolatría y la inmoralidad que practican los judíos, se contrasta con la piedad que ha sido observada (lvii). En lix el profeta representa al pueblo confesando sus pados, este humilde ronocimiento hace que Yahvéh tome en cuenta a aquellos que "han dejado la rebelión".
Una descripción de la dramática venganza de Dios (lxiii, 1-7) es seguida de una oración de misericordia (lxiii, 7-lxiv, 11), y el libro cierra con una escena de castigo a los malos y de felicidad para los buenos. Muchas preguntas perplejas han sido formuladas por la exegesis en relación con el "Segundo Isaías". The "EbedJahwehLieder", en particular, sugiere muchas dificultades. ¿Quién es este "Sirviente de Yahvéh"? ¿Aplica este título a la misma persona de los diez capítulos?
¿Tuvo el escritor en mente, un personaje de épocas pasadas, o uno que pertenía a su propio tiempo, o era el Mesías que debía venir, o aún estaba pensando en una persona ideal? La mayoría de los comentaristas ven en el "Sirviente de Yahvéh" a un individuo. ¿Pero es este individuo una de las más grandes figuras de Israel? No se han dado respuestas satisfactorias al respto.
Los nombres de Moisés, David, Ozías, Ezequías, Isaías, Jeremías, Josías, Zorobabel, Jhonías, y Eleazar, han sido sugeridos para ser ese personaje. La exégesis católica siempre ha puntualizado el hecho de que todas las características del "Siervo de Yahvéh" se encuentran en la persona de Nuestro Señor Jesucristo.
Es por tanto, ese el personaje al que se refiere el profeta. El "Segundo Isaías" aborda asptos más fundamentales y menos problemas importantes. Con la excepción de dos pasajes, el punto de vista de esta sción es el del Cautiverio en Babilonia. Existe una diferencia notable entre estos veintisiete capítulos y lo correspondiente al "Primer Isaías".
Más aún, las ideas teológicas de xl-lxvi muestran un didido avance sobre los asptos tratados en los primeros treinta y nueve capítulos. Si esto es verdad, quiere dir que ¿se puede concluir que xl-lxvi no son textos escritos por el mismo autor de las profías de la primera colción, y por ello no se relacionan estrictamente a la vivencia del "Segundo Isaías" en el Cautiverio de Babilonia? Tal es el aspto contencioso que mantienen varios académicos modernos no católicos.
Este no es el lugar para establer una discusión intricada acerca de este aspto. Por ello, limitaremos la situación a lo que la academia católica puntualiza en este sentido. Esto se encuentra contenido muy claramente en lo que establió la Pontificia Comisión Bíblica, el 28 de junio de 1908.
(1) Se admite la existencia de la verdadera profía;
(2) No se identifica razón por la cual "Isaías y los otros profetas, solamente establerían profías que tienen referencia en hhos que tendrían lugar casi inmediatamente, luego de un breve período" y no "asptos que serían llevados a cabo en mucho tiempo".
(3) Tampoco existe el postulado de que los profetas "deberían sólo referirse a sus contemporáneos y no a los del futuro, sino que sólo a los presentes, para que los pudieran entender".
Por tanto, no puede ser admitido que "la segunda parte del Libro de Isaías (xl-lxvi) en la cual el profeta se refiere a los que están vivos, no los judíos que son contemporáneos de Isaías, sino los judíos del Exilio en Babilonia; no es en referencia a que el autor Isaías, que había muerto mucho antes, sino que se atribuye a un profeta desconocido viviendo entre los exiliados".
En otras palabras, aunque el autor de Isaías xl-lxvi habla desde la persptiva del cautiverio en Babilonia, aún así, esto no es prueba de que él haya vivido y escrito durante ese tiempo.
(4) "El argumento filológico en cuanto a lenguaje y estilo contra el autor del Libro de Isaías, no debe ser considerado como algo de peso en cuanto a sustentar la pluralidad de autores del citado libro bíblico". Diferencias de lenguaje y estilo entre las partes del libro no pueden ser negadas, pero no sustentan la pluralidad de autores.
(5) "No existen sólidos argumentos para lo que se ha referido, aún de manera acumulativa, a fin de probar que el libro de Isaías, no debe ser atribuído solamente a la autoría de ese profeta, sino que también a dos o más autores".
III. APRIACION DEL TRABAJO DE ISAIAS
Puede no ser inútil estudiar las características prominentes del gran profeta, sin duda alguna una de las personalidades más llamativas de la historia hebrea. Sin asumir ninguna posición oficial, es priso ronocer la posición que tuvo Isaías tomando parte activa durante cuarenta años difíciles, que ocurrieron en el control de la política de su país.
Sus consejos y sus reprimendas fueron muchas ves desatendidos, pero la experiencia finalmente enseñó a Judá que las opiniones del profeta significaron siempre advertencia sobre la situación política del pueblo. Para entender la tendencia de su política es nesario rordar los principios que la animaron.
Fundamentalmente, los principios se basaron en su férrea a inamovible fe en el Dios que gobernaba el mundo, y particularmente su propia gente y las naciones que tienen contacto con El. La gente de Judá, olvidadiza con Dios, se dedicó a prácticas idólatras y a muchos desórdenes sociales; había prestado muy poca atención a las advertencias del profeta.
Una cosa lo alarmó solamente: las otras naciones hostiles que los amenazaban; pero cabe preguntar, ¿no eran la gente elegida de Dios? Él no permitiría ciertamente que su propia nación fuera destruida, como había sucedido con otros pueblos.
Se trataba de que prudentemente se tomaran las medidas a fin de evitar los peligros. Siria e Israel planeaban los ataques contra Judá y su rey; Judá y su rey acudirían a la nación poderosa del norte, y más adelante al rey de Egipto.
Isaías no se prestaría a esta política basada en persptivas de corto plazo, tratada de desarrollar por prudencia o con base en una confianza religiosa falsa; no se intentaba ver más allá del momento presente. Judá estaba en condiciones terribles. Sólo Dios podía salvarla; pero la primera condición colocada para la manifestación de su poder, debía basarse en una seria reforma moral y social.
Los sirios, efrainitas, asirios, y el resto de los pueblos, eran el instrumento del juicio de Dios. El fin era el derrocamiento de los padores. Yavé no permitiría que se destruyera totalmente a su pueblo; El guardará su convenio. Pero es inútil esperar que solamente con buenos deseos se pueda escapar de los peligros.
La fe de Isaías se mantuvo siempre firme con base en estos designios de Dios. Primero proclamó este mensaje al principio del reinado de Achaz. El rey y sus consejeros no vieron ninguna salvación para Judá excepto mediante la promoción de una alianza, que resultaría en un vasallaje con Asiria. A ello, el profeta se opuso con todo lo que tuvo a su alcance.
Con un claro sentido de previsión, Isaías percibió claramente que el peligro no provenía de la tribu de Efraín. Lo que ocurrió ciertamente fue que la intervención de Asiria en los asuntos de Palestina implicó un derrocamiento completo del equilibrio del poder a lo largo de la costa mediterránea.
Por otra parte, el profeta no manifestó ninguna duda en que tarde o temprano se desarrollaría un conflicto entre los imperios rivales del Eufrates y el Nilo; para ese entonces, se tendría un verdadero enjambre de problemas sobre Judá.
Para Isaías era visible la persptiva que tomarían los acontimientos: el curso que tomaba la política de Judá era como el vuelo de "aves tontas" que se lanzaban de cabeza en la red que las capturaría. El consejo de Isaías no fue tomado en cuenta y una por una, las consuencias que él había previsto se fueron cumpliendo.
Él continuó proclamando sus profías sobre los sucesos que se desencadenaban. Con cada nuevo acontimiento de importancia dio una lción no solamente a Judá, sino también a las naciones vinas. Damasco ha caído; como castillo de naipes, y los juerguistas de Samaria ven la ruina de su ciudad.
Los ricos y poderosos se jactan de su abundancia y posición aparentemente invulnerable; su condena no ha sido dretada sino provocada, y su caída asombraría al mundo. Asiria misma, cebada con el hecho de estropear a las naciones vinas, Asiria "que es la venganza de Dios"; ella también tendrá su destino providencial, también tendría su resultado.
Dios ha dretado así la condenación de todas las naciones para la realización de sus propósitos y el establimiento de un Israel nuevo, limpio de los infieles. Los políticos de Judá, hacia el final del reinado de Ezequías habían planeado una alianza con el rey de Egipto, a fin de estar contra Asiria y habían encubierto cuidadosamente su propósito para que no lo conociera el profeta.
Cuando Isaías se enteró de las preparaciones que se realizaban para la rebelión, ya era demasiado tarde para deshacer lo que se había desarrollado. Pero él podría dar por lo menos desahogo a su cólera (véase Is, xxx), y sabemos ambas versiones tanto en la Biblia como en el Sennacherib de la campaña de 701; cómo el ejército asirio conminó a egipcios en Altaku (Elteqeh de Jos., xix, 44), Accaron capturado, y se tuvo venganza contra Judá; Jerusalén fue salvada, únicamente mediante el pago de un enorme rescate.
Lo que había anunciado Isaías, no obstante, aún no se había completado. El ejército asirio se retiró; pero Sennacherib, considerando la inseguridad que estaba presente, a pesar de ser una ciudad fortificada, hizo exigir la capital de Ezequías; de manera inmediata. El monarca no dio una respuesta dirta, pero hizo una oferta humilde, enviando a Isaías a interceder por la ciudad.
El profeta llegó a tener un mensaje tranquilizador. Pero el plazo para la capital de Judá era corto. Pronto, una embajada asiria llegó con una carta del rey mediante la cual se imponía un ultimátum.
La ciudad era presa del pánico y se sabía que un hombre había del cual Sennacherib no había prestado atención; era mediante él que se daría respuesta al ultimátum de los orgullosos asirios: "La virgen, del desdeñado Sión y
Isidoro de Sevilla, San
Nació en Cartagena, España, alrededor del año 560; y murió el 4 de Abril del 636.
Fue hijo de Severino y Teodora. Su hermano mayor Leandro fue su predesor inmediato en la Sede Metropolitana de Sevilla; mientras que su hermano menor San Fulgencio presidió el Obispado de Astigi. Su hermana Florentina fue una religiosa, de la que se dice que gobernó sobre cuarenta conventos y un millar de religiosas.
Ribió su educación elemental en la escuela Catedralicia de Sevilla. En esta institución, la primera de este género en España, el trivium y el cuatrivium eran enseñados por un cuerpo de docentes conformado por hombres muy cultos, entre los cuales estaba el arzobispo, Leander. Isidoro se aplicó con tal diligencia al estudio que en breve lapso de tiempo llegó a dominar el Latín, el Griego y el Hebreo. Permane como una cuestión abierta, incluso en nuestros días, la de si Isidoro abrazó o no la vida monástica. La verdad es que aunque el mismo pudo no haberse afiliado nunca a ninguna orden religiosa, las tuvo en altísima estima. Desde su elevación al episcopado se constituyó así mismo en prottor de los monjes. En el 619 pronunció un anatema contra cualquier lesiástico que de cualquier manera molestase a los monasterios.
A la muerte de Leander, Isidoro lo sucedió en la Sede de Sevilla. Su largo ministerio en esta Sede coincidió con un periodo de desintegración y transición. Las antiguas instituciones y los estudios clásicos de la época del Imperio Romano iban desapariendo aceleradamente Una nueva civilización se iba gestando en España a partir de la combinación de los variados elementos raciales aportados por los diversos pobladores. Durante casi dos siglos los Godos habían estado en pleno control de España y sus maneras bárbaras y su desprio por el estudio amenazaban grandemente con retardar el desarrollo de la civilización. Dándose cuenta de que tanto el bienestar espiritual como el material de la nación dependían de la completa asimilación de los diversos elementos, San Isidoro se asignó a sí mismo la tarea de unificar en una homogénea nación a los variados pueblos que componían el Reino Hipano-Gótico. Con esta finalidad hizo uso de todos los rursos que le ofrían tanto la religión como la educación. Sus esfuerzos fueron seguidos de un completo suceso. El Arrianismo, que había hado profundas raíces entre los Visigodos, fue erradicado, y la moderna herejía de los Acéfalos fue completamente sofocada desde sus inicios; ademaás, la disciplina religiosa fue fortificada por doquier.
A semejanza de Leander, participó activamente en los Concilios de Toledo y Sevilla. Con toda justicia se puede dir que en una gran medida fue debido al iluminado gobierno de estos dos ilustres hermanos que la legislación Visigoda, emanada de estos concilios, según los historiadores, ejerció una importante influencia en los orígenes del gobierno representativo. Isidoro presidió el Segundo Concilio de Sevilla, comenzado el 13 de Noviembre del 619 bajo el reinado de Sisebut. Pero fue el Cuarto Concilio Nacional de Toledo el que le proporcionó la oportunidad de prestarle uno de los más grandes servicios a su jurisdicción. En este concilio, iniciado el 5 de Diciembre del 633, todos los obispos de España, estando presente San Isidoro, a pesar de su avanzada edad, le encomendaron la presidencia de las deliberaciones, y fue el proponente de muchas nuevas legislaciones. Fue en este Concilio y por su influencia, que un dreto fue promulgado ordenando a todos los obispos establer seminarios en las Catedrales de sus Ciudades según los parámetros de la escuela ya existente en Sevilla.
En su propia jurisdicción desplegó todos los rursos de la educación para contrarrestar la naciente influencia del barbarismo Gótico. Este fue el avivamiento espiritual que animó el movimiento educativo del cual Sevilla fue el centro. Tanto el estudio del Griego y del Hebreo como el de las artes liberales, fue prescrito. El interés por el derecho y la medicina fue también estimulado. Por la autoridad del cuarto concilio esta política educativa fue hecha obligatoria para todos los obispos del reino. Tiempo atrás los Árabes habían despertado el aprio por la filosofía Griega, habían introducido a Aristóteles en su provincia.
Fue el primer escritor Cristiano en emprender la tarea de compilar para sus correligionarios una suma del conocimiento universal. Esta Enciclopedia compendió toda la ciencia, tanto la antigua como la moderna. En ella muchos fragmentos de los conocimientos clásicos fueron preservados y esto impidió que se perdieran irreparablemente. La fama de este trabajo le dio un nuevo ímpetu a los escritos enciclopédicos, los cuales dieron abundantes frutos en las subsiguientes centurias de la Edad Media. Su estilo, aunque simple y lúcido, no puede ser considerado como clásico. Revela muchas de las imperfciones puliares a todas las épocas de transición. Particularmente revela una desarrollada influencia Visigoda. Arévalo cuenta en todas los escritos de Isidoro 1640 palabras en Español.
Isidoro fue el último de los antiguos Filósofos Cristianos, y el último de los grandes Padres Latinos. Fue indudablemente el hombre más sabio de su época y ejerció una profunda influencia en la vida educativa Medieval. Su contemporáneo y hermano, Braulio, Obispo de Zaragoza, lo consideró como al hombre escogido por Dios para salvar al pueblo Español de la marea bárbara que amenazaba con inundar el comienzo de la civilización española. El Octavo Concilio de Toledo (653) registró su admiración por su carácter en estos luminosos términos: "El extraordinario doctor, el último ornamento de la Iglesia Católica, el hombre más sabio de los últimos tiempos, el siempre nombrado con reverencia, Isidoro". Este tributo fue ronocido por el Dimoquinto Concilio de Toledo, acaido en el 688.
Como escritor, Isidoro fue prolífico y versátil en grado extraordinario. Sus voluminosos escritos pueden ser en verdad considerados como el primer capítulo de la literatura Española. No, sin embargo, como un original e independiente escritor, sino como un infatigable compilador de todos los conocimientos existentes, esta literatura es mucho lo que le debe a él.
La más importante y en mucho la más conocida de todas sus obras son las "Etymologiae" u "Origines", como también es conocida. Esta obra toma su nombre de la materia que constituye uno de sus libros. Fue escrita poco antes de su muerte, en la plena madurez de su pasmosa erudición, a petición de su hermano Braulio, Obispo de Zaragoza. Se trata de un inmenso depósito en el que es almacenado, sistematizado, y condensado, todo el conocimiento de su tiempo. A lo largo de una gran parte del Medioevo fue el texto más usado en las instituciones educativas. Tan altamente fue este mirado como un depositario de las enseñanzas clásicas que en una gran medida, reemplazo el uso de los trabajos individuales de los clásicos mismos. Ni siquiera el Renacimiento parió disminuir la alta estima en la que era tenido, y de acuerdo con Arévalo, fue impreso diez ves entre 1470 y 1529. Además de las numerosas reimpresiones, la popularidad de las "Etymologiae" dio origen a muchas imitaciones inferiores. Esto proporciona abundante evidencia de que el autor poseyó un grande conocimiento íntimo de los poetas Griegos y Latinos. Entre todos, cita ciento cincuenta y cuatro autores entre Cristianos y paganos. Muchos de ellos los había leído en los textos originales y otros los consultó en las compilaciones en uso. En cuanto al estilo este trabajo enciclopédico es conciso y claro y en cuanto a su orden, admirable. Braulio, a quien Isidoro lo envió para su corrción, y a quien lo dedicó, lo divide en veinte libros.
Los primeros tres de estos libros presentan el trivium y el quadrivium. Todo el primer libro es dedicaco a la gramática, incluída la métrica. Imitando el ejemplo de Casiodoro y Boio preservó la tradición lógica de la escuela reservando el segundo libro para la retórica y la dialéctica.
El libro cuarto trata de la medicina y las bibliotas;
El libro quinto, del derecho y la cronología;
El sexto libro, de los libros eclesiásticos y los oficios;
El séptimo libro, de Dios y de las jerarquías celestes y terrestres;
El octavo libro de la Iglesia y de las stas y de las más modernas numera no menos que sesenta y ocho;
El libro noveno habla del lenguaje, los pueblos, los reinos y los títulos oficiales;
El libro décimo de las etimologías;
El libro once, del hombre;
El libro doce, de las bestias y los pájaros;
El libro tre, del mundo y sus partes;
El libro catorce de la geografía física;
El libro quince, de los edificios públicos y de las avenidas;
El libro dieseis, de las piedras y los metales;
El libro diisiete, de la agricultura;
El libro diiocho, de la terminología de la guerra, la jurisprudencia, y los juegos públicos;
El libro diinueve, de los buques, las casas y los vestidos;
El libro veinte, de las proviciones, los utensilios domésticos y agrícolas y los mobiliarios.
En el libro segundo, tratando de la dialéctica y la retórica, Isidoro debe mucho a las traducciones del Griego de Boio. Caelius Aurelianus contribuye generosamente en aquella parte del cuarto libro que trata de la medicina. Lactancio es el autor más extensamente citado en el libro once, que trata sobre el hombre. El doce, tre y catorce libros se basan abundantemente en los escritos de Plinio y Solinus; mientras que el perdido libro "Prata" de Suetonio pare haber inspirado el plan general de la "Etymologiae" al igual que muchos de sus detalles.
Similar en su carácter general a las "Etymologiae" es un trabjo titulado "Libri duo differentiarum". Los dos libros de los cuales este se compone se titulan resptivamente, "De differentiis verborum" y "De differentiis rerum". El primero es un diccionario de sinóninmos que trata de la diferencia entre palabras con una considerable erudición, y no poca ingenuidad; el último es una exposición de ideas teológicas y ascéticas, tratando en particular acerca de la Trinidad y de la naturaleza humano-divina de Cristo. Probablemente fue inspirado por un trabajo similar de Cato como suplemento a los primeros dos libros de las "Etymologiae".
El "Synonyma", o, como este es llamado a causa de su puliar desarrollo, "Liber lamentationum", es en alguna maenera ilustrativo del primer libro de "Differentyae". Este es pensado en la forma de un diálogo entre el Hombre y la Razón. El peso general del diálogo es que el Hombre lamenta la condición a la que ha sido reducido por el pado, y la Razón lo conforta con el conocimiento de cómo puede él pese a todo alcanzar la felicidad eterna, la segunda parte de este trabajo consite en una disertación acerca del vicio y de la virtud. El "De natura rerum", manual de física elemental, fue compuesto a petición del Rey Sisebut, a quien es dedicado. Trata acerca de astronomía, geografía, y otras cosas. Es uno de los más conocidos libros de Isidoro y gozó de una amplia popularidad durante la Edad Media. La autenticidad del "De ordine creaturarum" ha sido cuestionada por muchos críticos, bien que aparentemente sin una buena razón. Arévalo sin dudar lo atribuye a Isidoro. Está dividido en varias questiones espirituales y físicas, tales como la Trinidad, las consuencias del pado, el océano, los cielos y los cuerpos celestiales.
La materia histórica y biográfica es tratada en tres importantes trabajos. De estos el primero, "Chronicon", es una crónica universal. En el prefacio Isidoro agrade y ronoce su deuda con Julio africano, con San Jerónimo y a través de este con Eusebio; y con Victor de Tunnuna.
La "Historia de regibus Gothorum, Wandalorum y Suevorum" trata acerca de los reyes Góticos cuyas conquistas y gobierno influenciaron pronfundamente la civilización española. La historia de los Vándalos y de los Suevos es tratada en dos cortos apendices. Este trabajo es tenido como el de mayor autoridad en relación con la historia Gótica en el oeste. Contiene el interesante dato de que los Godos descienden de Gog y Magog. Como otros trabajos históricos de Isidoro, este se basa anteriores trabajos históricos, de los cuales es un compendio. Ha llegado a nosotros en dos rensiones, una de las cuales termina con la muerte de Sisebut (621), y la otra continua con los cinco años del reinado de Swintila, su sucesor.
De viris illustribus" es un trabajo de biografía Cristiana y constituye uno de los más importantes capítulos de la literature patrológica. Al número de ilustres escritores mencionados allí Braulio agregó el nombre del mismo Isidoro. Un corto apéndice con una lista de teólogos Españoles fue añadida por un discípulo de Braulio, Ildefonso de Toledo. Es una continuación del trabjo de Gennadius, un sacerdote Semipelagiano de Marsella, que escribió entre el 467 y el 480. Esta obra de Gennadius fue a su vez una continuación del trabajo de San Jerónimo.
Entre los escritos de Sagrada Escritura y Teología de San Isidoro los siguientes son espialmente dignos de mención:
De ortu et obitu patrum qui en Scriptura laudibus efferuntur" es una obra que trata de las más notables personalidades de las Escrituras. Contiene más de un pasaje que a la luz de los modernos estudios es ingenuo o fantástico. La cuestión de la autenticidad ha sido planteada aunque completamente sin razón con respto a esta obra.
Allegoriae quaedam Sacrae Scripturae" trata del alegorico significado que se le asigna a los más conspicuos caracteres bíblicos. En total son doscientos quince personalidades del antiguo y del nuevo testamento que son en ella tratados.
Liber numerorum qui in Sanctis Scripturis occurrunt" es una curiosa disetación sobre el significado místicos de los números en las Escrituras.
In libros Veteris et Novi Testamenti prooemia", como su nombre lo indica es una introducción general a las Escrituras, con una espial introducción para algunos libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.
secretorum expositiones sacramentorum, seu quaestiones in Vetus Testamentum" es una traducción mística de los libros del Antiguo Testamentyo Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuterononio, Josué, Jues, Reyes, Esdras y los Macabeos. Está basado en los escritos de los primeros padres de la Iglesia.
De fide catholica ex Veteri et Novo Testamento, contra Judaeos" es uno de los más conocidos y más meritorios trabajos de Isidoro. De carácter apologético-polémico, dedicado a Florentina, su hermana, a cuya petición se dice corresponder su escritura. Su popularidad fue infinita en la Edad Media, y fue traducida a muchas lenguas vernáculas de esta época. Trata de las profías Mesiánicas, del paso de la Antigua Ley, y de la Revelación Cristiana. La primera parte habla de la Segunda Persona de la Trinidad, y su regreso al final de los tiempos. La segunda parte es presenta la increencia de los Judios, del llamado a los Gentiles, y de la superación del Sabbath. En su conjunto es una apelación a los judíos para que acepten el Cristianismo.
Sententiarum libri tres" es un compendio de teología dogmática y moral. Gregorio el Grande y San Agustín son los que más contribuyen en su contenido. Los atributos divinos, la creación, el mal, y otros varios asptos son tratados en el primer libro. El segundo tiene un variado carácter mientras que el tercero trata de las órdenes eclesiásticas, del juicio y del castigo de Dios. Se cree que este libro influenció grandemente a Pedro Lombardo en sus famosas "Book of Sentences",
De clesiasticis officiis" se divide en dos libros, "De origine officiorum" y "De origine ministrorum". En el primero Isidoro trta del culto Divino y particularmente de la liturgia Española antigua. Contiene además una lúcida explicaciónde la Santa Eucaristía. El segundo trata de la jerarquía de la Iglesia y de los varios estados de vida. En este mucha interesante información puede ser cencontrada con relación al desarrollo de la música en general y de sus adaptaciones al las nesidades del Ritual.
Regula monachorum" es un modo de vida preirscrito a los monjes, y además trata de una manera general acerca del estado monástico. El escritor dá abundantes pruebas de la democracia Cristiana en la vida religiosa por cuanto permite el acceso a todo hombre a cualquiera nivel y estado de vida. Ni siquiera los esclavos fueron excluídos. "Dios", dice, "no ha hecho diferencia entre el alma del esclavo y aquella del libre". Insiste en que en el monasteriotodos son iguales a los ojos de Dios y de la Iglesia.
La primera edición de las obras de Isidoro fue publicada por Michael Somnius (París, 1580). Otra edición completa está basada en los manuscritos de Gomez, con notas de Perez y Grial (Madrid, 1599). Basada casi completamente sobre la edición de Madrid es aqulla publicada por Du Breul (París, 1601; Cologne, 1617). La última edición de las obras de Isidoro, la cual es considerada como la mejor,es la de Arévalo (7 volúmenes, Roma, 1797-1803). Se encuentra en P. L., LXXXI-LXXXIV. La "De natura rerum" fue editada por G. Bker (Berlin, 1857). Th. Mommsen editó los escritos históricos de san Isidoro ("Mon. Germ. Hist.: Auct. antiquiss.", Berlin, 1894). Coste produjo una taducción alemana de la "Historia de regibus Gothorum, Wandalorum et Suevorum" (Leipzig, 1887).
JOHN B. O’CONNOR
Traducido por José Octavio Lara, Pbro. Parroquia Nuestro Señor de los Cristales
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.