Feudalismo
Este término se deriva del Ario Antiguo pe’ku, de aquí el Sánscrito pacu, "castillo"; así como también del latín pus (cf. Punia); del antiguo Alto Germano fehu, fihu, "castillo", "propiedad", "dinero"; del antiguo frisón fia; antiguo sajón fehu; inglés antiguo feoh, fioh, feo, fee. Esta es una palabra indefinible para representar la evolución progresiva de la organización europea durante siete siglos. Sus raices se fundan en las condiciones sociales de los pueblos primitivos, y sus ramificaciones se extienden en el desarrollo militar, político y judicial hasta nuestros días. Aún se puede llegar más lejos dentro del limitado alcance de una definición si una licencia suficiente se aplica a su doble talante. El feudalismo (como cualquier otra disposición sistemática de fuerzas civiles y religiosas en un estado) comprende deberes y derechos, de acuerdo a si se mira desde un punto de vista local o central. (1) Considerando los deberes envueltos en él, el feudalismo puede ser definido como un sistema contractual en el que la nación es representada igualmente por el rey entregando tierras a individuos que pagan una renta y haciendo un trabajo gubernamental no solamente en forma de un servicio militar, sino además en el séquito de la corte real. Originalmente por cierto, comenzó como un sistema militar. Se hizo imitando al Imperio Romano tardío, el cual por las incursiones germánicas retribuía con concesiones de tierras a individuos en condiciones de prestar servicio militar (Palgrave, "English Commonwealth", I, 350, 495, 505), de aquí el Imperio Carolingio adoptó el mismo procedimiento. De esta forma los ataques daneses del siglo noveno fueron enfrentados por un ejército semi-profesional, mejor armado y más eficiente tácticamente que las antiguas levas germánicas. Este método de formación de una fuerza nacional en armas por concesión de tierras a individuos es perftamente normal en la historia, lo atestigua el timar, estado feudal turco (Cambridge Modern History, I, iii, 99, 1902), el estado feudal de soudée de los Reinos Latinos Orientales (Bréhier, "L’Eglise et l’Orient au moyen âge", Paris, 1907, iv, 94), y, en cierta medida, la uchelwyr galesa (Rhys y Jones, "El Pueblo Galés", Londres, 1900, vi, 205). En pleno feudalismo los gobiernos promedio eran de aficionados pagados en tierras más que de profesionales pagados en dinero. Por esto, tal como podemos ver, una de las causas de la dadencia del feudalismo fue la sustitución en cada rama de la vida civil del "vínculo por dinero" por el "vínculo por terrenos". El feudalismo, asimismo, por la relación entre los propietarios de la tierra con el trabajo gubernamental, fue una larga via hacia la solución de la dificultad siempre presente de la controversia sobre la propiedad; no, por cierto, por un verdadero sistema de nacionalización del territorio, sino inspirando a los señores a trabajar por la nación en retribución por los derechos de posesión de la propiedad de la tierra. De esta manera, gradualmente, se aproxima a, y haciendo realidad, el ideal político de Aristóteles, "Posesión privada y uso común" (Política, II, v, 1263, a). En cierta medida, po lo tanto, el feudalismo aún existe, permaniendo como la gran justificación de los terratenientes modernos dondequiera que -- como comisarios, jues de paz, etc.-- ellos hacen trabajo gubernamental no remunerado. (2) En una mirada a los derechos creados, el feudalismo puede ser definido como "un sistema gradual basado en la tenencia de la tierra en la cual cada señor juzga, cobra impuestos y dirige a la clase social que está por debajo de él" (Stubbs, "Constitutional History", Oxford, 1897, I, ix, 278). Un resultado de esto fue que, todas las ves que una Constitución de Libertades fue arrancada por la baronía de parte del rey, las más rientes siempre se las arreglan para mantener las concesiones de sus inquilinos principales similares a la concesión por sus vasallos inferiores (cf. Stubbs, "Selt Charters", Oxford, § 4, 101, &60, 304). Otra cosa seria pérdida de beneficios, puesto que, mientras el feudalismo central convertía la soberanía en propiedad de la tierra, el feudalismo local convertía la propiedad de la tierra en soberanía.
I. Orígenes
II. Causas
III. Esencia
IV. Iglesia y Feudalismo
V. Resultados
1. Resultados negativos
2. Buenos resultados
VI. Dadencia del feudalismo
I. Orígenes
Las fuentes del feudalismo surgen de la mezcla de los usos bárbaros y las leyes romanas (Maine, "Ancient Law", Londres, 1906, ix). Para explicar esta relación se debe producir la transformación que ocurre en el Imperio Romano a comienzos del siglo cuarto. Alrededor de esa fecha Diocliano reorganiza el imperio con el establimiento de una enorme burocracia, y al mismo tiempo lo incapacita con su abrumadora carga impositiva. El resultado obvio fue el abatimiento de las clases libre en esclavos, y la barbarización del Imperio. Antes del año 300 d.C. el terrateniente ausente cultivaba las tierras por medio de una familia rustica o cuadrilla de esclavos, tan de propiedad suya como sus propiedades transables, aunque otros podían labrar sus campos con trabajo asalariado. Dos causas extendieron e intensificaron este sistema de esclavitud organizada: (1) la legislación Imperial donde dos terceras partes de la riqueza de un hombre debe estar en la tierra, y de esta manera impedir la acumulación de metálico, y prevenir los intentos de ocultar riquezas y evadir los impuestos. Por esto la tierra se convirtió en el medio de intercambio más que el dinero, esto es, la tierra no era arrendada por una renta sino a cambio de un servicio. (2) La abrumadora carga de impuestos que cae sobre la tierra (tributum soli) obliga a los pequeños propietarios a colocarse a si mismos bajo su vinos ricos, que pagan los impuestos por ellos, a cambio de lo cual ellos estaban consiguientemente obligados a realizar servidumbre (obsequium) en trabajo y espies. Así estaban atados al suelo (ascripti glebae), en una dependencia no transferible. Sobre ellos el señor tenía poderes de corrción, no evidentes, de jurisdicción.
Entretanto, los esclavos mismos eran propiedad territorial, no personal. Además, la tierra pública (ager publicus) era concedida en gran parte a veteranos libres (como en Colchester, Inglaterra), parcialmente a los laeti, -- una clase semi servil de los pueblos conquistados (como los germanos en Inglaterra bajo Marco Antonio), pagando, además del tributum soli, en servicios manuales y espies (sordida munera). Igualmente en las ciudades romanas, por el mismo método, los propietarios urbanos (curiales) comenzaron a devastar a la población de artesanos (collegiati). En una palabra, la clase media desaparió; el imperio estaba dividido en dos fuerzas opuestas: una burocracia aristocrática y una población de trabajadores serviles.
Sobre el Imperio Romano así organizado se produjo la invasión germánica, y éstos bárbaros tenían también su propia organización, tosca y veleidosa aunque funcional. De acuerdo a Tacitus ("Germania"), los germanos estaban divididos en cerca de cuarenta civitates, o populi, o pueblos. Algunos de ellos, cercanos a las fronteras romanas, vivían bajo reyes, otros, más remotos, eran gobernados por asamblea popular o príncipes elegidos. Algunos de ellos podían combinarse para formar una "oposición", el único lazo en común consistía en sus ritos religiosos compartidos. El populus o civitas, por otra parte, fue una política unitaria. Esto fue dividiendo las pagi, cada pagus era aparentemente un límite jurisdiccional, probablemente reunidos en una corte sobre la cual un princeps (príncipe), elegido por asamblea popular, presidía, pero las causas eran dididas por un cuerpo de hombres libres usualmente en un número cercano al centenar. Paralelamente con el pagus, de acuerdo a Tacitus (Germania, xii), aunque en realidad probablemente una división de él, fue el vicus, una unidad agrícola. El vicus estaba ( aunque Seebohm, en "English Historical Review", de julio, 1892, 444-465 considera que no era así) representado en dos tipos (1) los dependientes de la aldea, consistente en la casa del señor y las cabañas de sus subordinados (tal vez los vestigios de los pueblos indígenas conquistados) quieres pagaban una renta en espies, cereal o ganado, (2) los poblados libres de casas dispersas, cada una con su cercado propio. Alrededor de estas aldeas se extendían grandes praderas en las que los aldeanos paastaban sus reses. Cada año un paño de tierra nueva era puesta aparte para ser arada, de ella cada aldeano tomaba una cuota proporcional a su posición oficial en la comunidad. Fue la amalgama de estos dos sistemas lo que produjo el feudalismo.
Pero aquí, prisamente según la relativa preponderancia de los sistemas Germánico y Romano en el feudalismo señorial, es que la discusión aún continúa. El asunto varía, en cierta medida, en la persptiva tomada del carácter de las invasiones germánicas. Los defensores del predominio romano desha esos movimientos como meras correrías, produciendo en cambio mucho daño material, pero que en realidad no alteraron la estirpe o las instituciones de los pueblos romanizados. Sus oponentes, no obstante, hablan de dichas incursiones mas bien como de un pueblo nómade -- de guerreros, mujeres y niños, así como ganado y esclavos, que impresionaron y moldearon indeleblemente las instituciones de los pueblos con los que se encontraban. La misma discusión se enfoca alrededor del señorío o feudo medieval, el cual se puede observar mejor en su variedad inglesa. La antigua teoría consideraba que el feudo era lo mismo que las "marcas" teutónicas, más la intrusión de un señor (Stubbs, "Constitutional History", Oxford, 1897, I, 32-71). Esto fue atacado por Fustel de Coulanges (Histoire des institutions politiques et de l’ancienne France, Paris, 1901) y por Seebohm (The English Village Community, Londres, 1883, viii, 252, 316) quien insiste en un ancestro latino de la villa romana, abogando por una evolución no de la libertad a la servidumbre, sino de la esclavitud, a través de la servidumbre, hasta la libertad. Los argumentos de la Escuela Latina pueden ser resumidos así: (1) la marca (De ahí el marqués o señor de un territorio delimitado o marca. N. del Traductor) es un fragmento de inspiración teutónica (cf. "Oxford English Dictionary" de Murray, s.v. 167, "asamblea de marcas" probablemente quiere dir "un lho de hierbas"). (2) las antiguas leyes germánicas están basadas en el supuesto de la propiedad privada. (3) analogías de Maine y otros de India y Rusia no en lo puntual. (4) los bretones romanizados, por ejemplo, en la Bretaña sudeste tenían un completo sistema señorial antes que los sajones llegaran desde la Germania. --- esto era en tanto contestado por la Escuela Teutónica (Elton, Eng. Hist. Rev., julio, 1886; Vinogradoff, "Growth of the Manor", Londres, 1905, 87, Maitland, "Domesday Book and Beyond", Cambridge, 1897, 222, 232, 327, 337): (1) el nombre "marca" no puede ser aplicado en Inglaterra a no ser que el evento existiera. (2) no se niega que existen analogías entre la villa romana y el señorío posterior, pero las analogías no nesariamente implican derivación. (3) el señorío o feudo no era sólo una unidad agrícola, sino también judicial. Si el señorío se originó en la villa romana, que estaba compuesta de una población servil, ¿cómo era posible que los demandantes en una corte fueran también los jues? ¿O esos aldeanos tenían derechos comunes sobre las tierras sobrantes de igual modo que sus señores? ¿O que la comunidad era representada en cientos de cortes por cuatro hombres y sus lacayos? (4) la evidencia de Seebohm está casi completamente diseñada en base a las posiciones de las villas y los villanos en los dominios del rey, de grandes cuerpos eclesiásticos o de hombres de iglesia. Cada aldea era ronocidamente dependiente. (5) Mucha de la evidencia proviene de fuentes contaminadas de juristas normandos y franceses que se inclinaban a ver la servidumbre como si no existiese. En conjunto, los últimos escritores sobre feudalismo, tomando un punto de vista legal, se inclinan por la Escuela Teutónica.
II. Causas
Las mismas causas que provocaron en el Imperio Romano tardío la desaparición de la clase media y los límites de confrontación entre la burocracia y la población servil, impulsaron a los latinos teutonizados y a los teutones latinizados a develar el sistema completo del feudalismo.
(1) Sistema tributario, ya sea por medio del feorm-fultum, danegelt o gabelle, se forzaba al hombre más pobre a encomendarse a sí mismo a un señor. El señor pagaba el impuesto pero exigía a cambio condiciones de servicio. El subalterno prestador de servicio asimismo sabía que tenía que "entregar sus tierras" a un señor en pago por un impuesto, dicha tierra el señor se la restituía manteniéndola en estado feudal (esto es, territorios mantenidos en el territorio feudal del señor), y esto es la semilla del feudalismo.
(2) otra, y más relevante causa, fue la concesión real de territorios. Alrededor de esto, también, los historiadores en una época se pusieron en disputa. La antigua visión era que los territorios francos eran simplemente terrenos privados, la posición autoritaria de la cual estaba basada sobre el testimonio del pueblo opuesto al "libro de propiedades", con su registro escrito de las tierras. Pero en 1830 John Allen (Ascenso y Crimiento de la Prerrogativa Real) trata de mostrar que las tierras francas en realidad eran propiedad pública, nacional, tierras deshadas o inútiles. Su teoría era que todos los libros de propiedades (escrituras de traspaso de tierras) hhos por los reyes Anglo-sajones eran simples robos del dominio público, hecho en beneficio del rey, sus favoritos, o la Iglesia. El libro de propiedades fue un instrumento lesiástico introducido por los misioneros romanos, primero usado por ese entusiasta converso, Ethelbert de Kent, aunque no se popularizó hasta el siglo noveno. Allen basó sus teorías en dos fundamentos: (a) el rey ocasionalmente inscribía tierras para si mismo, que por lo tanto no había poseído antes; (b) el consentimiento de Witan era nesario para la consión de tierras francas, las cuales, por lo tanto, eran consideradas una posesión pública. A esto, el profesor Vinogradoff (Eng. Hist. Rev., enero, 1893, 1-17) responde: (a) que el pueblo nada sabía de propiedad común, y que a fortiori, la nación entera no había tenido una idea como esa; (b) que el rey en sus encomiendas nunca habló de terram gentis sino de terram juris sui; (c) que las tierras así traspasadas siempre están expresamente descritas como habitadas, cultivadas, etc., y por lo tanto, no pueden ser descritas como tierras inapropiadas o deshadas. Finalmente, el profesor Maitland (Domesday Book and Beyond, Cambridge, 1897, 244) claramente explica lo que ocurría distinguiendo dos tipos de propiedad: onómica y política. La propiedad onómica es el derecho a compartir los beneficios agrícolas del terreno, como lo hace el terrateniente moderno, etc. La propiedad política es el derecho a beneficios judiciales por el suelo - la facultad, por consiguiente, en el sentido de gobernarlo o ejercer propiedad sobre él. Para el libro de propiedades, por lo tanto, la tierra era entregada como posesión, no onómica sino política, y los servidores demandados en las cortes de justicia, pagando peajes, etc., orientando sus multas, no a la hacienda pública, sino al amo rién incorporado, quien de esta manera poseía la soberanía y los resultados del erario. En consuencia el señor local ribía los privilegios del feorm-fultum, o el derecho de ser hospedado por una o más noches. Así, también, en Irlanda, hasta el siglo diisiete, el caudillo disfrutaba "cuño y librea" de su tribu; y en la Francia medieval este fue el droit de gête del amo. Los impuestos a la tierra en su esencia, fuentemente, ayudaron a avasallar al hombre libre. Además el rey entrega al nuevo señor los beneficios de la justicia y los derechos de peaje, haciendo, por lo tanto, que el hombre libre sea más dependiente de ese señor. Sin embargo, debe ser dlarado que el rey casi siempre retiene en sus manos los casos civiles y criminales más importantes. Siempre eran muy fácil de prever los resultados de la transferencia por el rey de los derechos sobre las tierrras francas, esto es, el abatimiento de las aldeas libres. Las etapas de este sometimiento pueden ser brevemente mostrados: (a) la iglesia o señor nominado para beneficiarse de las rentas estable un superintendente para roltar estas rentas de beneficio. De un modo u otro este superintendente se apropiaba de tierra como dominio, parcialmente en lugar de, en parte junto con, las rentas de beneficio; (b) la iglesia o el señor nominado por el libro de propiedades para obtener beneficios jurisdiccionales hace que la tenencia de las tierras por los aldeanos quede bajo pleito en sus cortes, la transferencia de los aldeanos viene a ser hecha en esa corte, donde finalmente es concebido como teniendo la validación de un regalo o donación a su rtor.
(3) Entretanto la acción del Estado extiende este sometimiento (a) por sus muchos esfuerzos en los Pactos del siglo décimo para mantener la ley y el orden en esas rústicas sociedades levantadoras de castillos. Para que el sistema se desarrollara aquellos hombres debían agruparse de tal manera que un hombre podía ser responsable por otros, espialmente el señor por sus hombres. Como un ejemplo de lo anterior se puede tomar los Pactos de los reyes Francos, tales como Childeberto y Clotario, y del rey Edgardo de Inglaterra. (Stubbs, Selt Charters, 69-74); y la más riente y famosa Ordenanza de Athelstan (Conc. Treatonlea, c. 930, ii; Stubbs, Selt Charters, Oxford, 1900, 66): "Y nosotros hemos ordenado respto a aquellos hombres sin señor de quienes no puede ser obtenida ley, a fin de que por cada ciento sean dirigidos de entre aquellos quien resida en derecho de gentes y lo elijan como señor en una asamblea popular"; (b) otra manera fue por la institución de una carga impositiva central en el siglo once -- en Inglaterra por medio del "danegelt" (tributo en dinero eftivo. N. Del Trad.), y en el extranjero por diferentes gabelas. Este era un impuesto monetario en una epoca en que otros pagos eran en gran parte hhos es espies. Por consiguiente, tal como bajo el imperio Romano tardío, el más pobre se encomendaba a un señor, quien pagaba por él. Pero demandando a cambio un pago en servicio, un tributum soli. El dependiente convertido en criado, tal como en los días de mantenimiento en Lancaster, para ser protegido por su señor, como por ejemplo en las cortes reales de justicia, y reembolsando a su amo en servicio militar y onómico, y ante incidentes feudales de propiedades, custodias, etc. (para detalles de ayudas feudales, cf. Maitland, Constitutional History, 27-30)
(4) no puede olvidarse que un ceorl (el ceorl era el "campesino libre" en la sociedad anglosajona. N. Del Trad.) o comerciante podía "prosperar" (Stubbs, Selt Charters, 65; probablemente fhado en el siglo once), así como acumular riqueza en desmedro de sus vinos, y gradualmente llegar a ser un amo en la aldea -- poseedor de una iglesia, un horno donde los aldeanos pueden hornear su pan (jus furmi), una floriente casa semi-fortificada y un escaño donde sentarse en un juicio.
(5) la última gran causa que desarrolló el feudalismo fue la guerra. Es un viejo dicho, de cerca de una docena de siglos de antigüedad, que "la guerra engendra al rey". No es menos verdadero que la guerra, no civil, sino internacional, engendra al feudalismo. Ella primero forzaba al rey a dejar de rodearse con una anticuada guardia de nobles o milicia nacional, que habían olvidado en sus pretensiones agrícolas que los movimientos rápidos son lo fundamental en las acciones militares, y por golpear con la espada al arado habían perdido el deseo de dar golpes de acero en su forma antigua. En consuencia se organizó una nueva fuerza militar, levantando un ejercito profesional. Este ejército debía ser alojado y alimentado en tiempo de paz. Como resultado a sus miembros individuales les fueron concedidas tierras y propiedades, o vivían junto al rey como su séquito personal. En alguna proporción, en vez de cada hombre vigoroso siendo individualmente ligado en persona para servir a su soberano en el campo, los señores o terratenientes estaban obligados en virtud a sus tenencias a proporcionar una cierta cantidad de guerreros, armados aduadamente, de acuerdo al rango, grado y riqueza del combatiente. En segundo lugar, esto entregaba otra razón para la encomienda, esto es, protción. El señor ahora era requerido, no para pagar un impuesto, sino para extender la esfera de su influencia tanto como para mantener una granja solitaria tanto para alejar los ataques de un enemigo, como para tener un lugar de retirada y refugio en tiempo de guerra. Esto debía tenerlo en consideración el señor, para imaginar, que el hombre protegido pueda ser identificado por ser dependiente de su alto prottor judicial, política y onómicamente. Finalmente, el propio rey se veía impulsado hasta la cúspide del sistema mismo. Los diferentes señores encomendados a si mismos a esta figura central, para ayudarlo en tiempos de crisis, y ver ellos la inutilidad de simplemente tratar de repeler a un enemigo. Ellos estaban continuamente siendo derrotados porque "comarca no ayuda a comarca" (Anglo-Saxon Chronicle, ann. 1010). Así la verdadera razón por la que el siniestro inglés Ethelred el Desprevenido (rey inglés entre el 978-1016. N. Del Trad.) aceptó a Sweyn (rey danés invasor. N. del Trad.) fue simplemente debido a que Ethelred no tenía idea de cómo centralizar y unificar la nación; justo en sentido contrario a la exitosa resistencia de París a los escandinavos hecha por sus duques, los Caballeros de la Isla de Francia, títulos reales que los Carolingios de Laon eran muy débiles para defender, y en la carencia de una guerra defensiva nacional que impidió la unificación del inmanejable Sacro Imperio Romano. Esto es eftivamente demostrado por la explosión real de un sentimiento nacional que centrado alrededor de uno de los más débiles emperadores, Federico III, en el asedio de Neuss, simplemente porque Carlos el Audaz pensó amenazar Alemania con su ataque a Colonia. Desde estas guerras, entonces, los reyes emergían, no tanto como simples líderes de sus pueblos sino como propietarios de la tierra en que sus pueblos vivían, no tanto como Reges Francorum sino como Reges Franciae, no como Duces Normannorum sino como Duces Normanniae, no como reyes de los Anglos sino como de Engla-land. (la tierra-anglo). Este cambio de la soberanía tribal a la territorial señala la existencia completa del feudalismo como una organización social en todas sus relaciones (onómica, judicial, política), sobre la base de las encomiendas y la tenencia de tierras.
III. Esencia
Estamos ahora, por lo tanto, en posición de entender exactamente qué era exactamente el feudalismo. Teniendo en mente la doble definición que dimos al comienzo, podemos, por respeto a la claridad, resumir el feudalismo en sus tres partes componentes. Esto incluye el elemento territorial, una idea de vasallaje y el privilegio de una franquicia.
(1) el elemento territorial es la cesión del vasallaje por el señor a sus hombres. En un comienzo este era probablemente en espies y ganado tanto como en terrenos. De aquí su etimología. Littré hace del Bajo Latin feudum como de orígen teutónico, y de allí se relaciona con el Antiguo Alto Germánico fihu, el Anglo-Sajón feoh (in fee: derechos de propiedad), el Alemán moderno vieh. Esto quiere dir que la palabra queda atrás en los tiempos cuando el ganado era originalmente la única forma de riqueza, pero esto llega por un proceso perftamente natural, cuando la humanidad ha pasado de una vida nómade a la fijación de un domicilio nesario para las ocupaciones pastorales, que significará riqueza en general y finalmente riqueza en tierras. El ganado, mercancías, o tierras eran entregados por el señor a sus dependientes, para ser mantenido, no en propiedad completa, sino en usufructuo, en condiciones originalmente personales pero luego en forma hereditaria. (Este proceso completo puede ser fácilmente seguido en "Studies in Anglo Saxon Institutions" de Htor Monroe Chadwick, Cambridge, 1905, ix, 308-354; x, 378-411, donde se da cuenta detallada de cómo el "thegn" (thegn o thane es una palabra anglosajona antigua para describir a un asistente, funcionario o empleado de confianza del rey. N. del Trad.), un sirviente personal del rey, progresa hasta llegar a terrateniente poseyendo un promedio de cinco paños de tierras y es responsable ante su soberano en temas de guerra y jurisdicción). La influencia de la iglesia, asimismo, en esta gradual transferencia de un vasallaje personal a uno territorial ha sido generalmente admitida. Las casas monásticas serían las primeras en ser capaces de darse la molestia (Liber Eliensis, 275) de mantener caballeros en fuga dentro de los muros de sus claustros. Los obispos, así mismo, aunque en suntuosos palacios, no podían negarse a los ruegos de los combatientes quienes estaban ligados por su linaje proporcionado por el rey a que pudieran hospedarse en otra parte que no fuera cerca de sus personas. Consuentemente, pronto desarrollaron el sistema de vasallaje territorial. De aquí la máxima legal medieval: nulle terre sans seigneur (Vinogradoff, English Society in the Eleven Century, Oxford, 1908. Ii, 39-89). Este avasallamiento del señor o terrateniente por el rey y del subordinado por el señor fue parcialmente en la naturaleza de una rompensa por servicios anteriores, parcialmente en la naturaleza de un merimiento para el futuro. En esta primitiva idea de que el amo era quien entregaba tierras a sus subordinados es la responsable de los acontimientos feudales que de otra manera aparería como tiránicos. Por ejemplo, cuando el vasallo moría, sus armas, caballo, equipo militar volvía como legado a su amo. Así, también, cuando el inquilino moría sin herederos sus propiedades eran confiscadas por el señor. Si, sin embargo, él moría con herederos, pero que por cierto estaban aún en minoría de edad, entonces esos herederos quedaban a resguardo del feudal superior, quien podía incluso disponer de una mujer tutelada en matrimonio con quien él quisiera, con el pretexto de que de otra manera podría unirse ella misma y sus tierras a un enemigo tradicional. En todo el rorrido está claro que la idea siempre presente regulando y sugiriendo en estos hhos, era prisamente el aspto territorial. Los orígenes para estos acontimientos debían remontarse a los primitivos dias cuando todas las posesiones del subalterno feudal, ya sea brazos, o mercancías, o tierras habían sido ribidas de su señor inmediato. La tierra se convierte en el lazo que unifica a la sociedad entera. La tierra ahora es el principio que rige la vida (Pollack y Maitland, History of English Law, Cambridge, 1898, I, iii, 66-78). Un hombre seguía, no al señor que él eligiese o la causa que le parezca más justa, sino al amo cuya tierra él tenía y cultivaba, motivo de concesión en los límites geográficos de sus dominios. El rey era visto como el auténtico propietario de los territorios de la nación. Por él, como representante de la nación, las baronías, feudos, derechos de caballeros, estados feudales, eran distribuidos a sus inquilinos en jefe, y éstos, a su vez, dividían su tierras para ser mantenidas a cargo por los vasallos inferiores (Vinogradoff, English Society in the Eleven Century, 42), el estatuto de Eduardo I, conocido desde su época de inicio como Quia Emptores, muestra los extremos a que esta sub-feudación era llevada (Stubbs, Selt Charters, 478). Sin embargo, tan incorporada estaba esta idea territorial en las concepciones legales de la política medieval, y pasando de epoca en epoca por los más capaces juristas de cada generación, que, muy adentrado en mediados del último siglo, no se podía encontrar a alguien que pensara que la verdadera nobleza de inglaterra podía descender, no por medio de la sangre solamente, ni siquiera por legado o herencia, sino por la mera posesión legal de ciertas tierras y viviendas. Testimonio es el caso de Nobleza Berkeley de 1861 (Anson, Law and Customs of the Constitution, Oxford, 1897, Part I, I, vi, 200-203).
(2) Feudalismo, además, implica la idea de vasallaje. Esto es en parte coexistente con, y parcialmente superpuesto a, la concepción territorial. Esto es ciertamente anterior a, y más primitivo que, la noción del vasallaje territorial. Las primeras hordas que cayeron sobre Europa se mantenían unidas por la idea de lealtad a un jefe personal. El caudillo dirigía en la guerra. Tacitus dice (Germania, vii): "Los jefes retienen el comando más por el ejemplo de su audacia y valor que por cualquier regla de disciplina o regla autocrática". Este fue el mejor, más evidente y simple método, y siempre podía prevaler en un estado de incesantes incursiones y guerras. Pero incluso cuando esos acontimentos habían pasado, el elemento personal, aunque considerablemente disminuido, no podía dejar de mantenerse. El avasallamiento territorial no terminó con la opresión, sólo cambio los medios por los cuales esa servidumbre se hacía manifiesta. El subordinado era, como siempre, el seguidor prsonal de su superior inmediato. No era simplemente un inquilino en tierras de ese señor; la tierra que mantenía era la expresión de su dependencia, la señal visible y externa de un lazo interno e invisible. Los estados feudales mostraban que todo lo que el vasallo era y tenía se lo debía a su vasallaje. En un tiempo había una tendencia entre los historiadores a hacer una distinción entre las teorías del feudalismo en el continente europeo y el introducido en Inglaterra por Guillermo I. Pero un estudio detallado de ambos demuestra su identidad (Tout, Eng. Hist. Rev., Jan., 1905, 141-143). El Juramento de Salisbury, incluye la hipótesis que actualmente es tomada como "todos los hombres dueños de tierras dan cuenta de que éstas están sobre Inglaterra" (Anglo-Saxon Chronicle, ann. 1068), nada menos que esto había sido exigido por los reyes Anglo-Sajones (Stubbs, Selt Charters, Doom of Exeter, iv, 64; I, 67 ; además comparar Vinogradoff, Growth of the Manor, Oxford, 1905, 294-306). En Alemania, por su parte, muchos de los caballeros menores dependían dirtamente del emperador, y en consuencia, aunque quedaran sometido a él o no, ellos tenían, al menos en teoría, derechos soberanos. Y en Francia, donde el vasallaje feudal era muy firme, había una corte real a la que podía apelar un subalterno de aquello que su amo, y esto tambien ocurría en los casos reales, ni nadie sino el rey podía tratar. De hecho fue tal vez Francia, antes que en cualquier otro lugar, que el espiritu centralizador de la intervención real comenzó a ocuparse él mismo de los intereses sociales, onómicos y judiciales de los individuos. Por su parte, en el otro lado, la anarquía del reinado de Stephen se diseminó por todo el territorio (Davis, Eng. Hist. Rev., Oct. 1903) mostró lo débil que era la sujesión real sobre los nobles vasallos. Además, si el feudalismo inglés era bastante diferente del vasallaje estático que causó tanto daño en el extranjero, el resultado fue más conveniente a Enrique II y sus sucesores que a la línea de reyes normandos. En paralelo el trabajo de los Angevins (una de las cuatro casas reales de Inglaterra: Angevin, Plantagenet, Lancaster y York. N. del Trad.) no fue en menor grado deshho por la pilítica de Eduardo III. Los Estatutos de Merton (1278), Mortmain (1297), Quia Emptores (1290), ponen los fundamentos, aunque estos, por supuesto, eran ajenos a esos fines, por la exageración de terrenos. Luego llegó el matrimonio de principes reales con grandes herederas; el Principe Negro obtuvo las tierras de Kent; Leonel, la dote de Ulster; Tomás de Woodstock los feudos enlazados a Eleanor Bohun. Enrique IV, antes de deponer a Ricardo II, fue "Devastador de Hereford, Lancaster y Derby", así como de Leicester y Lincoln. El resultado fue que Inglaterra, no menos que Francia, Alemania, Italia y España tenían sus vasallos feudales que ganaban ascendencia sobre la corona, lo que sólo era evitado de extenderse por su mutua envidia. En Inglaterra, además, la substitución de una féudalité apanagée, o nobleza de la sangre real, por la antigua féodalité territoriale provocó el mismo daño que se hizo en Francia; tal como la Guerra de las Rosas semejando los funestos feudos de Burgundios yArmagnacs, los horrores del Prag
Fiesta de los Tabernáculos
Una de las tres grandes fiestas del calendario litúrgico hebreo, incluso la más grande, según Filo (heorton megiste) y Josefo (heste hagiotate kai megiste). El nombre común, fiesta de los Tabernáculos - los griegos dían: skenopegia de los judíos, o sea "la instalación de la tienda" (Jn 7, 2) - era convocada para observar la costumbre, establida por la ley de Lev 23, 40, de erigir en los tejados de las casas, incluso en calles y plazas públicas, chozas de ramas y follaje en las que, todos aquellos que no estuvieran exentos de enfermedades o debilidades, estaban constreñidos a vivir durante la celebración entera. A ves se asevera que el origen de la fiesta fue similar a nuestras festividades de la "cosha hogareña".
Esta consideración naturalista, basada en la suposición que las promulgaciones religiosas de la Ley son de relativa riente data y meras ordenanzas sacerdotales, no toma en cuenta la significación que en todo momento se vinculó a la fiesta. Realmente, ese es uno de los rasgos distintivos de la esencia de las celebraciones, después moda, cosha hogareña y ofrenda de acción de gracias por las coshas del año (Deut 16, 13; Ex 23, 16); y es debido, quizás, a este rasgo espial que el carácter del evento era de júbilo o regocijo (cf. Sal 4, 7-8, en Heb; Josefo, Antig., VIII, iv, 1), y que numerosos sacrificios eran ofridos entonces (Num 29, 12-39); aún para los judíos, la fiesta de los Tabernáculos fue siempre y principalmente, en conmemoración de sus inolvidables antepasados en sus tiendas del desierto (Lev 23, 43) y en acción de gracias por la morada permanente ribida en la Tierra Prometida, y luego tras la instalación del Templo, por un lugar permanente de culto (cf. I Reyes, 8, 2; 12, 32). La fiesta comenzaba en el dimoquinto día del séptimo mes, Ethanim de Tishri (aproximadamente nuestro septiembre), y duraba siete días (Lev 23, 34-36). Cada israelita varón, según la ley, estaba obligado a ir a Jerusalén, y " quien fuera del pueblo de Israel", constreñido a vivir en las enramadas que, aunque involucrara un poco de incomodidad, al mismo tiempo contribuía mucho a la reinante alegría de la celebración. Entonces, la distinción entre ricos y pobres se flexibilizaba algo en el campamento general, de esta manera la fiesta tenía una influencia social más beneficiosa. El primer día era llevado a cabo más solemnemente y se lo consideraba como un sábado, cualquier trabajo servil estaba prohibido en ese día (Lev 23, 39; Num 29, 35); durante la octava entera se ofrían numerosos sacrificios (Num 29, 12-39) y el octavo día [titulado el más solemne de la fiesta en Juan 7, 37], también se consideraba un sábado igual al primero, signado por sacrificios espiales propios las enramadas eran derrumbadas y las personas retornaban al hogar.
Después del Exilio, la fiesta se prolongó hasta el vigésimo quinto día del mes, agregándose dos nuevos ritos al antiguo ceremonial. Cada mañana durante la celebración, un sacerdote bajaba hasta la Fuente de Siloé trayendo, en una vasija de oro, agua que derramaba sobre el altar de holocaustos, en medio de cantos de Aleluyas (Sal cxii-cxvii) y sonidos jubilosos de instrumentos musicales. Posiblemente fue la representación de esta ceremonia ( institución que pudo haber sido sugerida por Is 12, 3) que dio a Nuestro Señor la ocasión para comparar la acción del Espíritu Santo en el creyente, con una fuente de agua viva (Juan 7 37-39). El otro nuevo rasgo agregado al ritual de la fiesta fue la iluminación del estrado de las mujeres, conjuntamente con el cantar de los Salmos de Órdenes (Sal 119-133) y la representación de danzas o desfiles en los sagrados rintos. En el octavo día una procesión pasaba siete ves alrededor del altar, llevando ramas de mirto y palmeras y gritando: "¡Hosanna!" en memoria de la caída de Jericó.
Cada siete años, que es el año del perdón de las deudas, durante la fiesta de Tabernáculos, la Ley debía ser leída delante de todo el pueblo según el mandato encontrado en Deut., xxxi, 10. Pero esta norma luego fue considerada, probablemente, impracticable, entonces las autoridades judías ordenaron leer, en cada sábado, una parte de la Ley, comenzando en el siguiente sábado después de la fiesta de los Tabernáculos del perdón de deudas y terminando en el año próximo de la misma festividad, calculando así que el Pentateuco entero debía ser leído en el transcurso de siete años. Este mandato de alguna manera habría sido cumplido. Algún tiempo después, los judíos de Palestina prolongaron las secciones para cada sábado de tal modo que podía leerse la Ley entera en tres años (Talm. Babyl. Megillah, 29b). En la actualidad ( esta costumbre pare remontarse al primer siglo A. C.) los judíos tienen el Pentateuco tan dividido que lo leen en el transcurso de cada año, la primer Parashah (división) establida para el sábado después de la fiesta de los Tabernáculos, y los capítulos finales durante el último día de la fiesta de año siguiente, siendo este el día de "regocijo en la Ley."
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CHARLES L. SOUVAY
Transcrito por Scott Anthony Hibbs
Traducido por José Luis Anastasio
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