Cuidado de la Iglesia por los pobres
I. OBJETIVOS, HISTORIA Y ORGANIZACION
A. La preocupación por los pobres es la rama de la caridad. En un sentido estrho, la caridad significa cualquier ejercicio de piedad hacia el prójimo enraizada en el amor a Dios. Mientras una gran cantidad de personas perfilan como objetos de caridad, la clase principal es aquella constituida por el pobre. Entendemos pobre a las personas que no poseen ni pueden adquirir los medios para sobrevivir y, por lo tanto, son dependientes de la asistencia de otros. De acuerdo con el mandamiento dado por Cristo (Mat. Xxv, 40), la preocupación por los pobres es deber de todos los miembros del cuerpo Cristiano. Por las obras de cada uno, se puede promover el bienestar de la comunidad. Sin embargo, así como el éxito es logrado más rápidamente por la cooperación sistemática de muchos, encontramos desde los primeros tiempos de la Cristiandad un trabajo conjunto del ejercicio privado de la caridad, estrictamente con medidas tomadas por la Iglesia en la preocupación por el pobre. La preocupación de la Iglesia por el pobre no es por ningún motivo sustituto de los esfuerzos privados; por el contrario, su intención es ser suplemento, extensión y completación de la obra de individuos. Los moralistas modernos distinguen, de acuerdo al grado de nesidad, tres tipos de pobreza:
(1) pobreza ordinaria como aquella del obrero contratado quien vive prariamente, no tiene propiedad, pero cuyo salario es suficiente para darse una subsistencia, siendo ésta su situación social;
(2) respto a este tipo, la preocupación por el pobre se reduce a medidas preventivas para mantenerlos fuera del peligro de caer en pobreza verdadera;
(3) nesidad real o mendigos, es la condición de aquellos que no poseen ni pueden obtener suficientes medios para sobrevivir y dependen de la caridad de aquello que les falta;
(4) Nesidad extrema o destitución es un estado en el cual los medios que sostienen la vida faltan en tal forma que sin la ayuda externa, la existencia es imposible.
Los dos primeros tipos de pobreza son primeramente objeto de curación y luego de remedios preventivos. El objetivo del abastimiento lesiástico al pobre, consiste primero en proveerlo de sus nesidades inmediatas y luego la anulación de los eftos desmoralizadores de la pobreza, motivación y el fomento hacia un deseo de trabajar e independizarse y por lo tanto, el ejercicio de una influencia educativa en el alma: "El cuidado de las almas es el alma del cuidado por el pobre". Existe además, el objetivo social de promover el bienestar público y procurar que la mayor cantidad posible de personas compartan los bienes materiales e inteltuales de la civilización. De este objetivo surgen los deberes generales de la ayuda lesiástica al pobre: prevenir que aquellos que se pueden ganar la vida caigan en la pobreza, asistir con limosnas al enfermo y al pobre, elevar la condición moral y religiosa del pobre y suministrar a la vida social una bendición a la humanidad nesitada.
El cuidado al pobre incluye incluso hoy en día, un importante número de tareas que surgen de las influencias lujuriosas de las formas de producción capitalistas, el moderno sistema de intereses y usura en general, y la negligencia en los fundamentos morales de la vida social basados en el Cristianismo. La Iglesia busca lograr los objetivos y deberes de ayuda a los pobres por medio de sus obras corporales y espirituales de misericordia usualmente incluidas bajo el nombre de limosnas.
B. El objetivo lesiástico del cuidado por los pobres, determina sus relaciones con la política social y las provisiones del Estado para con los pobres. La política social y el cuidado lesiástico por el pobre tienen ambos por objeto remover las nesidades materiales, inteltuales y morales de las clases mas pobres de la comunidad. Son esencialmente distintos en tres puntos:
(1) El motivo principal de la política social es la justicia, el motivo principal de la ayuda lesiástica es la caridad Cristiana;
(2) La política social considera los grupos enteros o grandes clases de personas; la ayuda lesiástica tiene en sí misma, una preocupación por el individuo; el objeto de la primera es abolir el pauperismo, mientras que la última busca remover la pobreza individual;
(3) La política social apunta más bien a medidas profilácticas, buscando prevenir la continuación o aumento de la pobreza, mientras que la ayuda lesiástica, aunque también profiláctica, es principalmente curativa dado que alivia y en la medida de lo posible, remueve la nesidad existente.
Tanto la obra lesiástica de ayuda como la política social son indispensables para la sociedad; actúan y reaccionan una sobre la otra. La justicia sin caridad podría permitir a miles sufrir la destitución y salva pero solo a algunos. El hombre que es capaz de sostener su propia vida no nesita limosna, sino obras y salarios justos. La relación entre la provisión del Estado por el pobre y la ayuda lesiástica es la siguiente: el Estado debe, en virtud de su política social preparar el camino para el desarrollo de la ayuda voluntaria al pobre, y debe poner estas políticas en práctica contra los individuos perezosos; por otro lado la provisión por los realmente pobres es, en primer lugar, asunto de la persona privada y la Iglesia, y en segundo lugar de la comunidad, y en último lugar del Estado. Los onomistas neoliberales representados por ejemplo por Adam Smith, Richard Malthus y David Ricardo, están basados en el punto de vista de la vida de la antigua Roma, y aseguran exclusivamente para el Estado la tarea de ayudar al pobre, siendo que esta ayuda no disminuye sino aumenta la cantidad de pobreza, impone grandes gastos para el Estado e inclina a las clases mas bajas a la pereza. Por otro lado, se debe rordar que el Estado debe apoyar los inalienables derechos humanos de los vulnerables y promover el bienestar levantando a las clases nesitadas. Por lo tanto, las políticas del pauperismo no se limitan sólo al interés propio (por ejemplo, librar una guerra sobre los mendigos profesionales y toda explotación malevolente de la caridad), sino también en la preocupación privada por el pobre, espialmente hoy en día cuando la ayuda lesiástica voluntaria no es posible que satisfaga todas las demandas que exige. La Iglesia sin dudas, siempre ha enfatizado los deberes del Estado en la promoción del bienestar de la gente. La Encíclica del papa León XIII sobre el tema del hombre que trabaja (1891) asigna al Estado tareas las cuales están contempladas dentro del programa de ayuda al pobre. La parte jugada por el Estado debe, sin embargo, ser sólo subsidiaria; el rol principal debe estar regularmente cumplido por la ayuda voluntaria y la caridad al prójimo dado que en sí mismo el principio de caridad espontánea e individualismo puede ser guardado en tanto el alivio del Estado descansa en impuestos obligatorios y siempre continúa burocrático.
Por lo tanto, la Iglesia afirma su derecho innato de preocupación por los pobres junto con y en conjunto con el Estado, y condena la agitación por un Estado monopólico de ayuda al pobre como una violación al principio de justicia. El aspto político de la pobreza no pertene, sin dudas al Estado; sin embargo, en la ayuda actual al pobre, la Iglesia y la comunidad deben cooperar. Mientras las instituciones fundadas por la Iglesia deben ser administradas por las autoridades eclesiásticas, la Iglesia debe permitir el ejercicio, incluso en instituciones estatales, de su influencia educativa y moral. Una estrha cooperación entre la ayuda lesiástica al pobre, público y privado, eftivamente previene su explotación por individuos indignos.
C. La ayuda lesiástica del pobre está condenada por los Protestantes (por ejemplo, en tiempos rientes por el Dr. Uhlhorn) quien afirma que es carente de método, carente de crítica y sin organización, y consuentemente fomenta el mendicidad y ejerce una influencia dañina. A esto sólo podemos replicar: El Cristianismo desaprueba cualquier irracionalidad y por lo tanto, también un a priori, una preocupación por el pobre desorganizada y ausente de crítica. Pero la vigilancia no debe ser injuriosa o degradante con el pobre. Sin transgredir los límites de la caridad y respeto por la dignidad del hombre, el Nuevo Testamento sin discusión demanda discrión en la entrega de la limosna y condena el mendigar profesional (I Tes. Iv, 11; I Tim., v. 13 sqq.). Todo el rango de la literatura lesiástica e incluso los grandes amigos de los pobres entre los maestros de la Iglesia insisten perentoriamente en el orden y distinción al ser empleados en la ayuda al pobre, advierten contra el fomento de los mendigos perezosos y dlara que cualquiera podría por lo menos apoyar la pereza como una inmoralidad; injustamente ribida, el alivio al pobre debe ser restaurado. La ayuda lesiástica al pobre ha estado desde los primeros tiempos, muy bien organizada, una organización que ha cambiado en cada siglo para ajustarse a las cambiantes condiciones de los tiempos. No así en aquellos lugares donde la Iglesia tiene controlada la ayuda a los pobres, sino en aquellos donde el Estado u otros poderes han interferido con su administración, hay desorden y un deseo aparente de discriminación.
Los más rientes oponentes a la ayuda lesiástica al pobre son los Individualistas extremos y los Socialistas. Al negar una existencia futura, y profesando un Evolucionismo y Relativismo Extremo, sosteniendo en la esfera moral la autonomía del individuo y proclamando la lucha como rango (por ejemplo, la lucha de clases), condenan toda beneficencia como perjudicial a la dignidad del hombre y al bienestar de la comunidad. Friedrich Nietzsche, en tanto Individualista extremo, ve en la infinita competencia - una lucha de todos contra todos, lo cual nesariamente significa la caída de los débiles y los pobres - como los medios que aseguren el mayor bienestar personal posible. El Socialismo representado como por Carl Marx y Carl Kautsky, proclama la lucha del proletariado contra las clases propietarias, una lucha cuya energía es paralizada y menoscabada (afirman) por la actividad caritativa. En una crítica a las enseñanzas de Nietzsche, se debe enfatizar que el superhombre es una mera fantasía sin ningún fundamento filosófico o histórico. Incluso el hombre más fuerte es dependiente de la civilización del pasado y el presente y en la organización social. Es carente de poder contra las fuerzas de la naturaleza, contra los tesoros acumulados de la civilización contra la combinación de circunstancias adversas. Incluso el hombre con la voluntad más fuerte podría ser en los próximos momentos ser el mortal más pío ante la extrema nesidad de caridad. Si el hombre se hace a sí mismo el centro de todos sus objetos, desafía a todos los hombres a la lucha. La teoría de los derechos del más fuerte tiene su consuencia final en la reducción de la humanidad a una horda de bárbaros.
La moralidad Cristiana, por otro lado, distingue entre justo amor a sí mismo, el cual incluye amor al prójimo, y amor a sí mismo el cual combate y condena. Al apriar el valor de la teoría socialista que dlara que el cuidado por el pobre es una deshonra tanto para la sociedad como para quien ribe la limosna, debemos observar:
Incluso si estuviéramos dispuestos a otorgar que en el estado socialista del futuro todos los deftos morales y sus consuencias desaparerían (de lo cual no hay la menor prueba), las causas físicas de la pobreza estarán aún presentes. Incluso en el futuro habrán huérfanos, inválidos y ancianos vulnerables; a estas autoridades centrales no burocráticas, pero simpatizante, la caridad puede brindar suficiente ayuda. La aceptación de la limosna por parte del pobre inocente es, sin dudas, para ellos una cierta mortificación, pero en ningún caso un asunto indigno. De otro modo, sería indigno aceptar los regalos de la naturaleza y la civilización, que nosotros mismos no nos hemos ganado, y que forman una parte más amplia de nuestras posesiones materiales y espirituales. Es, sin embargo, una vergüenza y amarga injusticia reemplazar el justo salario por limosnas. Esto está muy lejos de ser el objeto Cristiano de cuidado por el pobre, y la moralidad Cristiana expresamente condena como un pado contra la justicia distributiva. Sin embargo, todas las objiones contra el cuidado lesiástico por el pobre pueden ser mas fácilmente vistas si damos un vistazo a su historia.
D. La historia del cuidado lesiástico del pobre es difícil, porque, de acuerdo con el mandamiento de Cristo (Mateo vi, 3) en su mayor parte evita la publicidad, atañe a los individuos y es en gran extensión influenciado por las instituciones sociales. Nos remitiremos a breves menciones de los fenómenos históricos más importante.
(1) La simpatía humana, como una característica natural del hombre, fue activa incluso entre los paganos quienes, sin embargo, no ronocían ninguna obligación moral de otorgar, dado que el conocimiento de un origen y destinos común y la igualdad del hombre ante Dios fue nesario. Algunas sugerencias de la doctrina Cristiana de la caridad al prójimo, se encuentran en los escritos de Cicerón, Séna, Epíteto y Marco Aurelio, pero estos escritores no tenían poder para convertir a amplios círculos hacia sentimientos más humanos. Consuentemente, en la Antigüedad, no existió un cuidado por el pobre público y general, sino aisladas sugerencias de ella. En Atenas, Pisistratus, hizo provisiones para los inválidos de guerra y ciudadanos, y su aplicación fue más tarde extendida a todos los residentes cuya dolencia los dejara imposibilitados de trabajar. Los citaros, oficiales espiales fueron también designados para prevenir el déficit de grano. Instituciones similares existieron en otros pueblos Griegos. En Roma, las pobre regulaciones en la época de Julio César, y las donaciones de grano, espialmente después de César y Augusto, deben ser consideradas como simples medidas políticas designadas para suavizar al proletariado Romano que clamaba por pan y juegos. Lo mismo podemos dir de la alimentaturia de niños, fundada por Nerva y Hadrian y perfcionada por Trajano, instituciones que preveían a los huérfanos en numerosos pueblos en Italia, apoyados por la bolsa imperial, y por las posteriores fundaciones del mismo tipo bajo supervisión estatal fundadas en Italia y en diferentes provincias. Bajo el Imperio, los colegios de artesanos estaban resueltos a proveer a sus colegas empobridos. Los esfuerzos de Julián el Apóstata, de implantar el auxilio al pobre Cristiano en tierras paganas con la asistencia de Arsatinus, alto sacerdote pagano, se encontraron con muy poco éxito.
(2) La ley de Moisés establió un auxilio a los pobres preventivo, que contiene numerosas provisiones en favor de los Judíos nesitados, y expresamente ordena la entrega de limosnas (Deut. Xv, 11) Estos preptos de la Ley fueron fuertemente inculcados por los profetas. El mandamiento Divino de caridad hacia el prójimo está expresado claramente en la Ley (Lev. Xix, 18) aunque los Judíos veían como su prójimo solo a los miembros de su raza y extranjeros que vivían en sus territorios. [Los fariseos intensificaron aún más está angosta interpretación como desprio por los gentiles y odio a los enemigos personales (mateo, v, 37; Luc., X, 33)]. Las medidas preventivas de auxilio a los pobres fueron las disiones de la Ley en relación con la división de la tierra entre las tribus y familias, la inalienabilidad de la propiedad de la tierra, el Sabat y al año Jubilar, usura, la cosha de la uva y el grano, el tercer diezmo, etc.
(3) Jesucristo comparó el amor al prójimo con el amor a Dios; proclamó como su prototipo el amor del Padre que está en los Cielos y a El mismo rlamando el amor por toda la humanidad; y enseñó los deberes de las clases propietarias hacia el pobre. Su propia vida de pobreza y nesidades y el principio, "lo que haces a uno de estos, el menor de mis hermanos, me lo haces a mi" convino a las obras de piedad una demanda del premio eterno, y a los nesidades de cualquier tipo, la esperanza de amoroso auxilio. En la doctrina y ejemplo de Jesucristo descansan los gérmenes de toda actividad caritativa de la Iglesia la cual ha aparido siempre con nuevas formas a través de los siglos Cristianos.
(4) En tiempos Apostólicos, el auxilio a los pobres estaba estrhamente contado con la Eucaristía, a través de las ofrendas y ágapes y a través de la actividad de los obispos y diáconos (Hhos, vi, 11 y sgtes.) Entre los Cristianos de Jerusalén, existía una comunidad voluntaria para el uso de bienes, aunque probablemente no era una comunidad de propiedad (Hhos, iv, 37; xii, 12) El cuidado por los pobres era tal, que nadie podía dir que estaba en nesidad (Hhos, ii, 34, 44, 45; iv, 32 y sgtes.) A través de la institución de la bolsa común, primero administrada por los Apóstoles y luego por los diáconos, el auxilio al pobre ribió carácter público. El auxilio público debía ser completado por la caridad privada (I Tim, v, 14). Los individuos privados, debían cuidar primero por los miembros de sus propias familias, negligencia la cual fue asemejada con apostasía (I Tim, v, 4,8,16), luego por los nesitados que eran miembros de su comunidad, luego por los Cristianos de otras comunidades y finalmente por los no Cristianos (Gal, vi, 10) Los Apóstoles proclamaban la alta dignidad moral en la obligación de trabajar: "Si algún hombre no trabaja, tampoco déjenlo comer" (II Tes, iii, 10); prohibida la amistad con el perezoso (op. Cit, 11) quienes son indignos de la comunidad Cristiana (6 y sgtes.); y prohibió el apoyo a los mendigos perezosos (I Tes, ii, 9; iv,11; Efesios, iv, 28; I Tim, v, 3,13). La entrega de la limosna es para las personas propietarias una obligación de la caridad piadosa; el pobre, sin embargo, no tiene rlamo de ella; deben ser modestos y agradidos (I Tim, vi, 6,8,10,17.)
(5) En tiempos sub. Apostólicos, espialmente durante las persuciones, el obispo continuaba como administrador de la propiedad de la Iglesia y dirtor del auxilio a los pobres. Sus asistentes eran diáconos y diaconizas. El trabajo de las diaconizas, al principio era solo para las viudas, pero luego también fueron para solteronas mayores (Rom. Xvi, 1; I Cor. ix,5; I Tim, v, 9). Además de asistir en los servicios Divinos y en dar instrucciones, debían visitar a los enfermos y prisioneros, cuidar a viudas pobres, etc. La provisión individual del pobre y la visita a los pobres en sus casas de acuerdo con una lista espial (matricula) fue practicada estrictamente en cada comunidad Cristiana.
Las limosnas eran otorgadas luego de un estrho examen y el abuso de la caridad por los extranjeros fue prevenido por servicio a los rién llegados a trabajar pidiéndoles cartas de romendación. Ningún mendigo perezoso podía ser mantenido. (Didache, XI, xii; Constit. Apost. II, iv; III vii 6). Se buscaba con avidez hacer independientes a los pobres asistiéndolos en su trabajo procurándoles posiciones, dándoles herramientas etc. Los huérfanos y los niños expósitos eran confiados a familias Cristianas para la adopción y educación (Const. Apost. IV, i); los niños pobres eran confiados a maestros artesanos para ser instruidos (op.cit. ii). Los rursos desde los cuales la Iglesia obtenía sus ingresos para el auxilio a los pobres eran: los excedentes de las ofrendas durante el Ofertorio de la Misa, las ofrendas en la limosna (Collta) al comienzo del servicio, las alcancías, el dinero de los primogénitos para el apoyo del clero, el diezmo (Const. Apost. VIII, xxx) el dinero que quedaba de las coltas realizadas regularmente en días feriados y también en días de nesidad espial y finalmente de contribuciones libres.
(6) Luego de la era de Constantino, quien otorgó a la Iglesia el derecho de adquirir propiedades, las posesiones lesiales crieron, gracias a los numerosos obsequios de tierra, fundaciones y los diezmos que gradualmente fueron establidos (desde el siglo sexto) también en Occidente. Las imperfciones de la legislación Romana en este respto, las incesantes guerras, los atestados pobres en la Iglesia hicieron la tarea de auxiliar a los pobres incluso más difícil. El obispo administraba la propiedad de la Iglesia, siendo asistido en la superintendencia del auxilio a los pobres por los diáconos y diaconizas y en muchos lugares por una conomi espial o por los archí presbíteros y archidiáconos. En Occidente, la división del ingreso lesiástico se hacía en cuatro partes (para el obispo, los otros clérigos, la construcción de la iglesia y el auxilio a los pobres) comenzó en el siglo cuarto. Además de la provisión para los pobres en sus hogares, la criente masa de pobreza demandó una nueva institución - el hospital. Estaba para servir a una clase espial de nesitados, y fue la complión regular de la actividad caritativa general del distrito. Tales instituciones establidas para la colta de los pobres eran: el diaconi, grandes bodegas cerca de la iglesia donde los pobres diariamente disfrutaban de alimentos en común; el henodochi, para los extranjeros; el nosocomi, para los enfermos; el orphanotrophi y el brephotrophi, para los huérfanos y los niños expósito; el gerontocomi para los ancianos. Tenía una importancia espial el hospital Basilias, erigido por San Basilio en Cesarea cerca del 369 para todo tipo de nesitados. A finales del siglo sexto, los hospitales y los hogares para pobres existieron en gran número en todas las divisiones del territorio lesiástico. Todos estaban bajo el obispo y administrados por un dirtor espiritual espial. Los enfermos eran cuidados por las diaconizas, viudas y asistentes bajo ellas (ver también HOSPITALES.)
(7) Luego de Gregorio el Grande (m. 604) quien organizó el cuidado de los pobres sobre la base de un modelo en Roma, urgió a los obispos y regidores sulares a racionalizar las obras de provisión para los nesitados, la difusión del Cristianismo en los campos y en las tribus Anglo-Sajonas y Germanas, todo lo cual llevó a una gradual extensión del sistema parroquial, el cual data desde el siglo cuarto; este movimiento fue acompañado por la descentralización del cuidado por los pobres. El obispo mantuvo la dirción del auxilio a los pobres en su ciudad y se ocupaba de las crisis espiales de nesidad en su diócesis; por otro lado, primero en la Galia y luego en círculos más amplios, las parroquias debían, de acuerdo con los dretos del Concilio de Tours (567) mantener a sus pobres bajo su propio pulio, de manera que éstos no vagaran hacia otras comunidades. Desde comienzos de la Edad Media, se fundaron nuevos centros de cuidado de los pobres en monasterios, primero de los Benedictinos, y luego de los Cistercianos, los Præmonstratensianos, etc. Estos constituían el factor principal en la prevención y la curación del auxilio a los pobres; dieron un ejemplo de obra; enseñaron a la gente incivilizada del agro, trabajos manuales y artes; instruyeron a los jóvenes; construyeron y mantuvieron hospicios para los extranjeros y hospitales para los enfermos. Un poderoso estímulo al cuidado de los pobres lesiástico y privado, fue dado por el reemplazo de las penitencias canónicas de oración, ayuno y la entrega de toda o parte de la fortuna propia a los pobres, como legados píos para el alma propia o aquella de otro.
(8) Desde los tiempos de Constantino, la legislación civil apoyó el cuidado de los pobres dando privilegios en favor de fundaciones pías, legados, hospitales, etc. El Estado también adoptó desde los tiempos de los Emperadores Graciano, Valentino II y Justiniano, medidas contra los mendigos perezosos. Los posteriores Merovingios desviaron de alguna manera propiedad de la iglesia de sus propios objetivos y desorganizaron el cuidado de los pobres. En sus capitulaciones, Carlomagno creó el estado-lesiástico, organización que proveía a los pobres y prohibió estrictamente la vagancia (806). Su organización fue reanimada por el Rey San Luis (m. 1270) quien solicitó hacer responsables a las comunidades del apoyo parroquial del auxilio a los pobres.
(9) Durante la edad Media, propiamente hablando, existió una importante distinción entre el cuidado de los pobres en la ciudad, de aquella en los campos. El sistema feudal, que fue establido en el siglo décimo, dirigió el cuidado de los empobridos sirvientes y siervos, y por lo tanto de un mayor número de pobres de los distritos campestres, al Señor feudal. Además, el párroco trabajó para los pobres de su rebaño y los monasterios y fundaciones para los extranjeros y los enfermos.
(10) La provisión para los pobres, fue espléndidamente desarrollada en las ciudades de la Edad Media. Sus administradores eran - además del clero parroquial, los monasterios y hospitales - las hermandades (q.v.), corporaciones y confraternidades. Los Hospicianos cuidaban de los enfermos, a los pobres en sus hogares y a los viajeros; las hermandades, de los enfermos y miembros empobridos de sus familias; las miserias de las hermandades, de los peregrinos y viajeros. Congregaciones religiosas espiales cuidaron a los enfermos y preparaban medicinas - por ejemplo, los Humiliati, los Jesuati, los Hermanos del Espíritu Santo, los Beguinos y Begardos y, desde el siglo tre, las órdenes mendicantes, espialmente los Franciscanos. Las oficinas de empeño (montes pietatis) establidas en Italia, y las sociedades de préstamo fueron fundadas por el obispo Giberti de Verona (1528) y servían como represión al auxilio de los pobres. Es falso asegurar que las regulaciones municipales en ayuda de los pobres fueron el fruto de la Reforma; los magistrados municipales medievales, en conjunto con el clero, ya habían hecho extensiva la provisión por los pobres, se esforzaron por detener la mendicidad a través de ordenanzas y regulaciones policiales, apoyaron a los realmente pobres y a las instituciones municipales, y fomentaron la educación de los huérfanos en tanto ello no eran entregado por las limosnas y las hermandades. En general, el cuidado por los pobres medieval de ninguna manera caría de organización; en los distritos campestres, la organización, era sin dudas, perfta; en los pueblos, el clero, los monasterios, los magistrados, las hermandades, confraternidades e individuos privados se disputaban uno con otro la entrega a los pobres con tal discriminación y adaptabilidad práctica que en tiempos normales, la provisión satisfacía toda la demanda, las calamidades extraordinarias solas, las oprimían. El espantoso crimiento de los mendigos al final de la Edad Media nació, no del fracaso del cuidado por los pobres lesiástico, sino de la relativa sobrepoblación de los países europeos civilizados y otras condiciones onómicas de la época. La falta de una administración central ejercida por el obispo, luego del modelo de los primeros Cristianos, constituyó sin dudas un defto en la organización.
(11) La Reforma destruyó los monasterios y fundaciones lesiales las cuales fueron en la mayor parte, ocupadas de objetos sulares. Las terribles guerras del siglo XVI y XVII agravaron la miseria causada por la sularización de la propiedad la cual había mantenido el cuidado por los pobres a tal extensión que la pobreza, la mendicidad, el crimen, las exigencias y la inseguridad pública crió sin control. Las pobres regulaciones en los pueblos fueron casi enteramente ineftivas, y el gobierno del Estado entró en una guerrilla con la pobreza y vagabundaza inflingiendo severos castigos y, en Inglaterra y Francia, la pena de muerte. En oposición con la tradición cristiana, los Reformistas se convirtieron en paladines del auxilio a los pobres público, administrada por la comunidad sular y el Estado y sustituido por el principio de instituciones caritativas, como el principio central. En Alemania, la sularización del auxilio a los pobres comenzó con regulaciones policiales imperiales de 1530; en Francia Francisco II extendió la obligación de la comunidad por dar y apoyó el derecho del pobre a pedir, dretado por Francisco I en Paris a todos sus territorios. No se esperaba sino la misma sularización del auxilio a los pobres en Inglaterra (1536); esta provisión fue seguida en 1575 por la institución legal de los hogares de pobres, y en 1601 por la celebrada Ley del Pobre de la Reina Isabel. Este estado continuó hasta 1834, cuando la Reforma que había sido fundada como absolutamente indispensable, fue eftiva.
(12) El Concilio de Trento, renovó los antiguos preptos en relación con las obligaciones de los obispos de entregar a los pobres, espialmente de supervisar los hospitales (Sess. VII de Ref. Cáp. XV; Ses. XXV de Ref. Cáp. Viii) y el empleo del ingreso de las prebendas eclesiásticas (Ses. XXV de Ref. Cáp.). De acuerdo con estos dretos, numerosos sínodos provinciales trabajaron para mejorar el cuidado lesiástico del pobre.
San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán (m. 1584) trabajó con espial celo y gran habilidad. Simultáneamente, surgieron espialmente para el cuidado de los pobres y enfermos y la instrucción de niños pobres, un número de nuevas ordenes y congregaciones. - Por ejemplo, la Orden de los Hermanos de la Caridad, los Clérigos Regulares de San Camilo de Lelis, los Somas quinos, la Orden de San Hipólito en Méjico, los Betlehemitas, las Hermanas hospitalarias, los Paristas. Fundamental y ejemplar fue la actividad de San Vicente de Paul (m. 1660). En 1617 fundó la Confréie de la Charité, una asociaciones de mujeres que, bajo la guía del párroco, proveían a los pobres y enfermos; en 1634 fundó la Congregación de las Hermanas de la Caridad, un instituto visitante bajo disciplina religiosa, que por siglos probó su eficiencia en el cuidado de los enfermos y abastiendo a los pobres; en su administración, combina centralización y disciplina estricta con descentralización y adaptabilidad en el auxilio del pobre.
(13) La sularización de la propiedad de la Iglesia durante la Revolución Francesa y del periodo posterior (1804) dieron un severo golpe al auxilio lesiástico al pobre. Diversos estados pasaron leyes comprehensivas para los pobres, pero en ningún caso fueron tales que hicieran la ayuda lesiástica dispensable.
(14) Desde mediados del siglo diinueve, el desarrollo de las industrias, el Crimiento de las ciudades y la libertad de emigración redujeron gran número de población a la pobreza, y gigantes gastos fueron nesarios por parte de la comunidad y el Estado. Los Estados pensaron a través de la protción legal del trabajo en la forma de seguros laborales, leyes industriales y regulaciones comerciales, prevenir la pobreza y hacer las pobres regulaciones más estrictas y perftas. La legislación obligó volver al antiguo principio Cristiano de instituciones de caridad. En Alemania y en los países vinos, el "Sistema Elberfelder", fue adoptado para el cuidado de los pobres público; este está basado en el contacto personal entre quien dá y la familia empobrida, y combina las actividades de caridad comunales y privadas. En el Sur de Alemania, Austria y Suiza, las comunidades emplearon mas que los antiguos cuerpos privados en sus hogares y orfanatos, las congregaciones religiosas . - por ejemplo, las Hermanas de la Caridad fundada por el Padre Teodocio Florentini (1844-1852) - siendo confiada con la administración interna de tales instituciones estatales. Las regulaciones concernientes a las comunidades y el establimiento del auxilio a los pobres, habían sido ampliamente inauguradas hasta hoy en día en distritos, provincias, países y estados.
(15) Además del abastimiento estatal a los pobres, el auxilio lesiástico al pobre ha desarrollado en tiempos rientes no meramente en las parroquias y ordenes religiosas, sino también en un incalculable número de instituciones de caridad. Nombraremos solamente los llamados créches, escuelas de instituciones para niños pequeños de orfanatos, débiles, los sordo mudos, los ciegos, los tullidos, niños desprotegidos, prottorados, Escuelas Dominicales, prottorados para aprendices, la Asociación Internacional para la Protción de las Niñas, la Misión del Ferrocarril, hospicios para siervos, mujeres obreras, mujeres postradas y mujeres expuestas a peligros, el abastimiento para los criminales liberados, para emigrantes y ancianos; asociaciones de mujeres de caridad (por ejemplo, las Isabelinas - y las Ludwigsvereine); las asociaciones de hombres al auxilio de los pobres incluyendo la Sociedad de San Vicente de Paul (fundada en 1833), los Círculos de Caridad estudiantil, los bufetes legales, las colonias de obreros, los movimientos de temperancia, y los
Cynewulf
Está fuera de discusión que un tal Cynewulf haya escrito ciertos poemas anglosajones que han perdurado hasta hoy día, pues el autor los rubricó con su nombre deletreado en letras rúnicas que pueden ser leídas de manera que tengan sentido en el contexto del poema. No obstante, no se sabe con certeza quién fue este Cynewulf. A pesar de enérgicas expresiones en contra, existen razones suficientes para identificarlo con Cynewulf, Obispo de Lindisfarne, aunque el Profesor A. S. Cook de Yale aboga por un cierto Cynulf, un clérigo cuya firma se adjunta a los Dretos del Concilio de Clovesho en el 803, y quien pudo haber sido un sacerdote de la Diócesis de Dunwich. De cualquier modo, se ha demostrado en forma concluyente que la razón principal del Profesor Cook para rhazar la hipótesis relacionada con el obispo, a saber, la supuesta dependencia de algunos de los poemas de Cynewulf del "De Trinitate" de Alcuino, escrito alrededor del 802, care de fundamento. (Véase C. F. Brown en Pub’s of Mod. Lang. Ass’n. of N. Am., XVIII, 308.) Dejando de lado las conjeturas, nuestro único conocimiento cierto sobre Cynewulf se deriva de lo que él nos dice de sí mismo en los cuatro pasajes rúnicos. Había ribido dones en un salón entre escenas de jarana, lo que puede significar que en su juventud había sido una suerte de cantor ambulante o juglar. Fue convertido, y desde entonces se dedicó al canto sagrado, pero ahora en la vejez todavía temía el castigo de los pados del pasado. Cuatro poemas, "Christ", "Elene", "Juliana" y "Fates of the Apostles" pueden atribuirse a Cynewulf con seguridad en virtud de las signaturas rúnicas. El "Christ", preservado en el "Libro de Éxeter", el único manuscrito que lo contiene, es una celebración de tres temas: el Advenimiento de Cristo, la Ascensión, y su Segunda Venida en el día del Juicio. Como en todos los otros poemas, el autor muestra dotes literarias del más alto orden, y evidentemente, por su conocimiento de escritores anteriores, en espial de San Gregorio, debe haber sido un hombre de considerable erudición. En el "Christ", parafrasea varias de las antífonas del Magnificat en la liturgia de Adviento, conocidas como "Antífonas ’O’" o "Antífonas Mayores", y al hacerlo, introduce pasajes de magna belleza que respiran la devoción más intensa hacia Nuestra Bienaventurada Señora (cf. II. 33-49, 71-103, etc.), y que difieren poco en sentimiento del tono de versos como los de Lydgate, seiscientos años después. El poema también encierra una notable romendación (II. 1307-1326) de la práctica de la confesión. "Juliana", también preservado hasta nosotros en el "Libro de Éxeter", es una versión poética de las Actas del martirio de Santa Juliana. El "Elene", junto con los mencionados luego, se conoció rién en 1836, al descubrirse el Libro de Vercelli, un manuscrito anglosajón en prosa y verso, que por alguna razón desconocida llegó hasta Vercelli en Italia. "Elene" es generalmente ronocido como la obra maestra de Cynewulf. Contiene una narrativa basada en leyendas latinas antiguas sobre el descubrimiento de la verdadera cruz por Santa Elena. "Fates of the Apostles" es un fragmento importante, al contar a Cynewulf, que lo firma, con el poema relacionado "Andrea" en el mismo manuscrito. Este, consuentemente, es asignado a Cynewulf por la mayoría de los entendidos, aunque Knapp, uno de sus editores (Boston, 1906), lo considera el trabajo de un imitador y posible discípulo de Cynewulf. De las obras restantes que las conjeturas atribuyen a este poeta, el hermoso "Dream of the Rod" es la más importante. Algunos versos aparentemente derivados de esta alegoría y grabados sobre la famosa Cruz de Ruthwell han suscitado gran controversia respto de la antigüedad del monumento y la autoría del poema. Otros escritos dudosos atribuidos a Cynewulf son "Guthlac", "Phoenix" y ciertas adivinanzas del "Libro de Éxeter". Es indudable que, a menos que alguna nueva evidencia salga a la luz, la paternidad literaria nunca podrá ser clarificada.
HERBERT THURSTON
Transcrito por Paul Knutsen
Traducido por Emilce S. Fékete
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