Carlomagno
(Francés para Carolus Magnus, o Carlus Magnus ["Carlos el Grande"]; En alemán Karl der Grosse.
Nombre dado por posteriores generaciones a Carlos, Rey de los francos, primer soberano del Imperio Cristiano de Occidente; nació el 2 abril de 742; murió en Aachen (Aquisgrán), el 28 enero de 814. Nota, sin embargo, el lugar de su nacimiento (Aquisgrán o Lieja) nunca ha sido totalmente establido, mientras que la fecha tradicional ha sido luego fijada uno o más años después por rientes escritores; si seguimos a Alcuino de manera literal debió nacer en el 745. Durante la época del nacimiento de Carlos, su padre, Pipino el Breve, Mayordomo del Palacio, de la línea de Arnulfo, era, en teoría, sólo el primer súbdito de Childerico III, el último rey Merovingio de los francos; pero su modesto título implicaba un poder real, militar, civil, e incluso lesiástico, del cual la corona de Childerico era sólo un símbolo. No se sabe a ciencia cierta si Bertrada (o Berta), la madre de Carlomagno, hija de Cariberto, conde de Laon, estuvo legalmente casada con Pipino hasta algunos años después del 742 ó 745.
El curso de la vida de Carlomagno lo llevó a ser ronocido por la Santa Sede como su principal prottor y coadjutor en lo temporal, desde Constantinopla hasta por lo menos Basilea en Occidente. Este reinado, el cual se involucró bastante más que cualquier otro personaje histórico en el desarrollo orgánico, y todavía más, en la consolidación de una Europa cristiana, será esbozado en este artículo tocando los periodos en los que está naturalmente dividido. La época de Carlomagno también fue una de reforma para la Iglesia gala, y de la fundación de la Iglesia en Alemania, la cual estuvo marcada por el florimiento de la erudición, hecho que fructificó en las grandes escuelas cristianas de los siglos doce y posteriores.
Hasta la Caída de Pavía (742-774)
En el 752, cuando Carlos era sólo un niño no mayor de diez años, Pipino el Breve había apelado al Papa Zacarías para que ronociera su reinado y su título y dignidad real. Esta apelación a la Santa Sede tuvo como efto práctico, dos años después, el viaje de Esteban III por los Alpes, con el propósito no sólo de ungir con el óleo real a Pipino, sino también a su hijo Carlos y al menor llamado Carlomán. El Papa luego les dio a los francos cristianos un prepto, bajo las más graves penas espirituales, ellos nunca "debían escoger a sus reyes de alguna otra familia". La primogenitura no contaba en las leyes francas de sucesión; la monarquía era eltiva, aunque la elegibilidad se limitaba a los miembros masculinos de la familia privilegiada. De esta manera, en San Dionisio en el Sena, en el Reino de Neustria, el 28 de julio de 754, la casa de Arnulfo fue, por acto solemne del sumo pontífice, establida en el trono, el cual hasta ese momento había sido nominalmente ocupada por la casa de Merowig (Merovingia).
Carlos, ungido para ocupar el cargo real siendo aún un niño, aprendía los rudimentos del arte de la guerra mientras iba criendo, acompañando a su padre en varias campañas. Estas primeras experiencias fueron importantes, pues desarrollaron en el muchacho aquellas virtudes militares que, unidas a su extraordinaria fuerza física y a su intenso nacionalismo, lo hicieron un héroe popular de los francos mucho tiempo antes de que fuese su legítimo rey. Al cabo, en septiembre de 768, Pipino el Breve, previendo su fin, realizó la partición de sus dominios entre sus dos hijos. Pocos días después el anciano rey fallió.
Para comprender mejor los eftos del acto de la partición por la cual Carlos y Carlomán heredaron los dominios de su padre, así como la historia subsuente del reinado de Carlos, debemos señalar que esos dominios comprendían:
o Primero, Franconia (Frankreich);
o Segundo, aproximadamente unas siete dependencias autónomas, pobladas por varias razas y que obedían diferentes códigos de ley.
De estas dos divisiones, la primera se extendía, hablando a grosso modo, desde los límites de Turingia, en el Este, hasta lo que ahora es el litoral belga y normando, en el Oeste; por el Norte se extendía hasta Sajonia, incluido ambos lados del Rin desde Colonia (la antigua Colonia Agrippina) hasta el Mar del Norte; sus vinos del Sur eran los bávaros, germanos, y los burgundios. Los Estados dependientes eran: fundamentalmente la Galia Neustria (incluyendo dentro de sus fronteras a París), la cual fue, sin embargo, bien fermentada con elementos francos; al Sudoeste de Neustria, Bretaña, antes llamada Armórica, con una población británica y galorromana; al Sur de Neustria el Ducado de Aquitania, en su mayor parte, entre el Loira y el Garona, con una población galorromana; y por el Este de Aquitania, a lo largo del valle del Ródano, habitada por burgundios, un pueblo de tan variado como el de Aquitania, aunque con una gran cantidad de sangre teutónica. Estos Estados, con quizás la excepción de Bretaña, ronocían como ley el Código de Teodosio. Las dependencias alemanas del reino franco eran Turingia, en el valle del Main, Baviera y Alemania (lo que más tarde fue conocido como Suabia). Éstos últimos, al momento de la muerte de Pipino, se habían rién convertido al cristianismo, principalmente gracias a la predicación de San Bonifacio. La parte que le tocó a Carlos consistía en toda la Austrasia (la antigua Franconia), la mayor parte de Neustria, y toda la Aquitania excepto el rincón Sudeste. Como vemos, las posesiones del hermano mayor rodeaban a las del menor por ambos lados, pero por otro lado, esta distribución bajo sus resptivos gobernantes fue para evitar cualquier tipo de discordia que podría surgir del sentimiento nacional de los muchos súbditos.
A pesar de esta prudente división, Carlomán ideó un desacuerdo con su hermano. Hunaldo, antiguo duque de Aquitania, vencido por Pipino el Breve, dejó el claustro en el que había vivido como monje durante veinte años, y avivó una revuelta en la parte Occidental del ducado. Según la costumbre franca, Carlomán debía de haber ayudado a Carlos; pero el hermano menor se puso de lado de Aquitania; pero dlaró que, como sus dominios no se veían aftados por esta revuelta, no era asunto suyo. Hunaldo, sin embargo, fue vencido por Carlos, sin ninguna ayuda; fue traicionado por un sobrino con quien él había buscado refugio, enviado a Roma para responder por la violación de sus votos monacales, y por finalmente, después de abandonar nuevamente el claustro, fue apedreado hasta morir por los lombardos de Pavía. Lo que fue realmente importante para Carlos después de este episodio de Aquitania, fue el comprobar los malos sentimientos que tenía su hermano hacia él, y para evitar problemas tomó inmediatas prauciones, espialmente ganándose a los amigos a quienes juzgaba más valiosos; la primera y más importante fue su madre, Berta, la cual se había esforzado mucho y con mucha prudencia para que sus hijos hicieran la paz, pero que, llegado el momento en el que debía tomar partido por uno de ellos, no dudara en su apoyo hacia el primogénito. Carlos era un hijo aftuoso; además pare que, en general, le ayudó su gran don de gentes.
Carlomán murió poco tiempo después (4 diciembre de 771), y una cierta carta del "Monje Clodulfo", citado por Bouquet (Rueil. hist., V, 634), enumerando las grandes bendiciones por las que el rey se sentía con el deber de agrader, dice:
Tercero. Dios lo ha conservado de las supercherías de su hermano. Quinto, y no el menos importante, que Dios haya quitado a su hermano de este reino terrenal".
Carlomán no puede haber sido tan malo como los entusiastas partidarios de Carlos lo describen, pero la división de los dominios de Pipino era en sí misma un impedimento para el surgimiento de un poderoso reino franco tal como Carlos lo nesitaba para lograr la unificación del Continente cristiano. Si bien Carlomán tenía dos hijos, fruto de su unión con su esposa, Gerberga, pero la ley franca de sucesión no hacía ninguna preferencia por los hijos o por los hermanos; dejado a su propia opción, los vasallos francos, ya sea por amor a Carlos o por el temor que su nombre inspiraba, lo aceptaron con alegría como su rey. Gerberga y sus hijos huyeron a la corte Lombarda de Pavía. Mientras tanto, se empezaron a dar complicaciones en la política extranjera de Carlos, algo que hacía que su supremacía rientemente establida en casa, fuese doblemente oportuna.
Carlos, de su padre, heredó el título de "Patricius Romanus" el cual traía consigo una obligación espial de proteger los derechos temporales de la Santa Sede. El más cercano y mayor amenaza para el Patrimonio de San Pedro era el vino Desiderio (Didier), rey de los lombardos, y fue con este monarca que la viuda Berta había acordado una alianza matrimonial para su hijo mayor. El Papa tenía sólidas razones temporales para objetar este matrimonio. Es más, Carlos ya estaba, in foro conscientiae, si no por las leyes francas, casado con Himiltruda. A pesar de la protesta del Papa (PL 98,250), Carlos se casó con Deseada, la hija de Desiderio (770), tres años después la repudió y se casó con Hildegarda, la hermosa suaba. Naturalmente, Desiderio se puso furioso por este insulto, y los dominios de la Santa Sede fueron los primeros en sentir su ira.
Carlos tenía que defender sus propias fronteras contra los paganos y también proteger Roma contra los lombardos. Al norte de Austrasia queda Frisia, la cual pare haber sido de alguna manera equívoca una dependencia, y al Este de Frisia, del banco izquierdo del Ems (sobre la frontera de la actual Renania del Norte-Westfalia), por el valle del Weser y Aller, y todavía más al Este, hacia el banco izquierdo del Elba, se extendía por el país de los sajones, quienes no ronocían obediencia alguna a los reyes francos. En 772, los sajones eran una horda de paganos salvajes que no daban a los misioneros cristianos ninguna esperanza salvo el martirio; estaban en un mismo territorio, pero, normalmente, no tenían ningún tipo de organización política común, y siempre realizaban devastadoras incursiones en tierras de los francos. Pare que su idioma era muy parido al hablado por los Egberto y Etelredo de Bretaña, pero el trabajo de su primo cristiano, San Bonifacio, no había influenciado en ellos todavía; le rendían culto a los dioses del Walhalla, se unían en sacrificio solemne -a ves humano- a Irminsul (Igdrasail), el árbol sagrado que estaba en Eresburg, y todavía mataban a los misioneros cristianos cuando sus parientes de Bretaña realizaban sínodos de la Iglesia y construían catedrales. Carlos no podía aguantar sus devastadores hábitos ni su intolerancia pagana; además, era imposible hacer las paces de manera permanente con ellos, mientras vivieran según la antigua costumbre teutónica de tener sus pueblos independientes. Hizo su primera expedición a este país en julio de 772, tomó Eresburg por asalto, y quemó a Irminsul. Fue en enero de este mismo año que el Papa Esteban III murió, y Adriano I, un antagonista de Desiderio, fue elegido. El nuevo Papa fue casi de inmediato atacado por el rey de los lombardos, que se apoderó de tres pequeñas ciudades del Patrimonio de San Pedro, amenazó Ravena, y empezó a organizar un complot en la Curia. Pablo Afiarta, el chambelán pontificio, fue descubierto actuando como agente secreto de los lombardos, por lo que fue capturado y ajusticiado. El ejército lombardo marchó contra Roma, pero se acobardó ante las armas espirituales de la Iglesia. Mientras tanto, Adriano había enviado un legado a la Galia pidiendo la ayuda del Patricio.
Así, mientras Carlos descansaba en Thionville, luego de su campaña contra los sajones, se le rordó el duro y urgente trabajo que le esperaba al sur de los Alpes. La embajada de Desiderio llegó poco después que la de Adriano. Carlos no tenía ninguna duda en que la justicia estaba de parte de Adriano; además, puede que haya visto aquí su oportunidad para hacer algunas reparaciones por su repudio a la princesa lombarda. Por ello, antes de tomar armas por la Santa Sede, envió comisionados a Italia para que examinen el caso. Cuando Desiderio dlaró que la toma de las ciudades pontificias era sólo como un pago legal de una hipota, Carlos, rápidamente, se ofreció a reembolsarlo con el pago de dinero. Pero Desiderio se negó a aceptar el dinero, y cuando los comisionados de Carlos informaron en favor de Adriano, el único camino que quedaba era la guerra.
En la primavera de 773 Carlos reunió toda la fuerza militar de los francos para invadir Lombardía. Sus golpes eran lentos, pero golpeaba muy duro. No poseemos ningún dato sobre el número de sus fuerzas, pero sabemos que su ejército, en orden de hacer el descenso más rápido, cruzó los Alpes por dos pases distintos: el Montcenis y por el San Bernardo. Einhard, quien acompañó al rey por el Montcenis (la fuerza que cruzó por el San Bernardo estuvo comandada por el duque Bernardo), narra con gran emoción las maravillas y peligros del pasaje. Los invasores encontraron a Desiderio esperándolos, se atrincheró en Susa; cambiaron su flanco y pusieron al ejército Lombardo en retirada. Con todas las ciudades de las llanuras abandonadas a su destino, Desiderio reunió parte de sus fuerzas en Pavía, su amurallada capital, mientras su hijo Adalgiso, con el resto de las mismas, ocupó Verona. Carlos, habiéndose ya reunido con el duque Bernardo, tomó las desamparadas ciudades que encontraba a su paso, y luego se centró en la captura de Pavía (septiembre de 773), desde donde Otger, el fiel sirviente de Gerberga, podía ver con temblor la formación militar de sus compatriotas. Poco después Navidad, Carlos retiró del sitio una parte del ejército y lo empleó en la captura de Verona. Aquí encontró a Gerberga y sus hijos; lo que pasó con ellos la historia no lo cuenta; probablemente entraron a un monasterio.
Lo que sí relata la historia con gran elocuencia es la primera visita de Carlos a la Ciudad Eterna. Se hizo todo lo posible para darle a su entrada el mayor realce posible y a semejanza de los triunfos que se celebraban en la Roma antigua. Los jues le dieron alcance a casi 50 kilómetros de la ciudad; la milicia puso a los pies de su gran patricio el estandarte de Roma y lo aclamaron como su imperator. Carlos se olvidó de la Roma pagana y se postró a besar el umbral de los Apóstoles, y luego pasó siete días dialogando con el sucesor de Pedro. Fue, sin duda, en este momento cuando hizo grandes planes para gloria de Dios y exaltación de la Santa Iglesia Santa, los cuales, a pesar de las debilidades humanas y de la ignorancia, hizo lo que pudo por cumplir. Su coronación como sucesor de Constantino no se dio hasta después de veintiséis años, pero su consagración como principal defensor de la Iglesia católica tuvo lugar en la Pascua del año 774. Poco después (junio de 774) Pavía cayó y Desiderio fue desterrado, Adalgiso escapó hacia la corte bizantina, y Carlos, asumiendo la corona de Lombardía, le renovó a Adriano la donación de los territorios hhos por Pipino el Breve después de su derrota sobre Aistulph. (Esta donación es ahora generalmente admitida, así como el regalo original de Pipino en Kiersy en el año 752. El llamado "Privilegium Hadriani pro Carolo" concediéndole pleno derecho para nombrar al Papa e investir a todos los obispos es una falsificación).
Hasta el Bautismo de Witikind (774-785)
Los siguientes veinte años de la vida de Carlos pueden ser considerados como larga guerra. Estuvieron llenos de una serie de asombrosas marchas rápidas de extremo a extremo de un continente cruzado por montañas, pantanos y bosques, y con pocos caminos. Pare que la clave de sus muchas victorias, ganadas tanto por ascendiente moral, así como por superioridad física o mental, la podemos encontrar en la dada por el Papa Adriano I a su defensor franco. Weiss (Weltgesch., 11, 549) enumera cincuenta y tres campañas de Carlomagno; de éstas, es probable que sólo doce o catorce no fueron emprendidas con el objetivo principal o total de cumplir su misión como soldado y prottor de la Iglesia. En sus diiocho campañas contra los sajones, Carlos actuaba movido por el deseo de extinguir lo que él y su gente consideraron una forma de culto demoníaco, no menos odioso que lo que el fetichismo de África Central es para nosotros.
Mientras Carlos estuvo en Italia, los sajones, irritados por lo de Eresburg e Irminsul, se levantaron en armas, incursionaron en el país de los francos, quemando muchas iglesias; San Bonifacio en Fritzlar, siendo un hombre de piedra, derrotó sus ataques. Regresando al Norte, Carlos envió una columna de caballería al país enemigo, mientras él sostuvo un concilio del reino en Kiersy (Quercy) en septiembre de 774, en donde se didió que los sajones (westfalios, ostfalios, y los angrivarios) debían dárseles la alternativa del bautismo o la muerte. Las campañas nororientales durante los siguientes siete años tenían como objetivo una conquista tan importante, que su ejución tenía que ser realizable. El año 775 fue testigo de la primera de una serie de colonias militares francas, siguiendo el antiguo plan romano, establidas en Sigeburg, entre los westfalios. Carlos, luego, sometió, aunque de manera temporal, a los ostfalios, cuyo jefe, Hessi, habiendo aceptado el bautismo, acabó sus días en el monasterio de Fulda (véase BONIFACIO; FULDA). Luego, un campamento franco en Lübk, en el Weser, fue sorprendido por los sajones y asesinados, por lo que Carlos marchó nuevamente hacia el Oeste, derrotando una vez más a los westfalios, y ribiendo su juramento de sumisión.
Estando las cosas de esta manera (776) los asuntos de Lombardía interrumpieron la cruzada en contra de los sajones. Areghis de Benevento, yerno del derrotado Desiderio, había formado un plan con su cuñado Adalgiso, desterrado en Constantinopla, en el que éste último bajaría a Italia, apoyado por el emperador Oriental; Adriano estaba en ese momento involucrado en una riña con los tres duques lombardos, Reginaldo de Clusium, Rotgaud de Friuli, e Hildebrando de Spoleto. El arzobispo de Ravena, que se llamaba a sí mismo "primado" y " exarca de Italia", también estaba intentando fundar un principado independiente a expensas del Estado pontificio, pero fue finalmente sometido en 776, y su sucesor manifestó quedar satisfho con el título de "Vicario" o representante del Papa. La unión entre los poderes antedichos, todos hostiles al Papa y a los francos, Carlos, que estaba ocupado en Westfalia, se abstuvo de intervenir por la muerte de Constantino V Copronymus, en septiembre de 775 (véase BIZANTINO, IMPERIO). Después de vencer a Hildebrando y Reginaldo por medio de la diplomacia, Carlos descendió a Lombardía por el Paso del Brennero (primavera de 776), derrotó a Rotgaud, y dejó guarniciones y gobernadores, o condes (comites), como se les llamaba, en las ciudades ronquistadas del ducado de Friuli, regresando nuevamente a Sajonia. Allí, la guarnición franca se había visto obligada a evacuar Eresburg, y el sitio que sufrían en Sigeburg se rompió de forma tan inesperada, que dio ocasión para una leyenda de intervención angélica en favor de los cristianos. Como de costumbre, la rapidez de la reaparición del rey y el efto moral de su presencia sosegó los furores de los paganos. Carlos dividió el territorio de los sajones en distritos Misioneros. En champ de Mai, Paderborn, en 777, muchos sajones se bautizaron; pero, Witikind (Widukind), su líder y luego un héroe popular de los sajones, huyó a donde su cuñado, Sigfrido el danés.
El episodio de la invasión de España viene después, según el orden cronológico. Los sufrimientos de la venerada Iglesia ibérica, la cual estaba bajo dominación musulmana, atrajo fuertemente las simpatías del rey. En 777 fueron a Paderborn tres emires moros, enemigos del Omeya Abderrahmán, el califa de Córdoba. Estos emires le rindieron homenaje a Carlos y le propusieron invadiera el norte de España; uno de ellos, Ibn-el-Arabi, prometió reforzar a los invasores con una fuerza de beréberes de África; los otros dos prometieron ejercer su gran influencia en Barcelona y en otros lugares del norte del Ebro. Según eso, en la primavera de 778, Carlos, con una fuerza de cruzados, que hablaban muchas lenguas, y que incluso entre sus miembros contaba con un grupo de lombardos, se movió hacia los Pirineos. Su lugarteniente de confianza, el duque Bernardo, con una división, ingresó a España por la costa. El mismo Carlos marchó dirtamente a través de los pasos montañosos a Pamplona. Pero Ibn-el-Arabi, que había retirado su ejército de beréberes prematuramente, fue asesinado por un emisario de Abderrahán, y aunque Pamplona fue arrasada, y Barcelona y otras ciudades cayeron, Zaragoza resistió. Aparte del efto moral de esta campaña en los gobernantes musulmanes de España, su resultado fue insignificante, aunque la famosa emboscada en la que perió Roland, el gran paladín, en el Paso de Roncesvalles, dio al mundo medieval material para su épica más gloriosa e influyente, la "Canción de Roland".
Mucho más importantes para la posteridad fueron los eventos subsiguientes, los cuales llevaron a su fin la larga lucha con los sajones. Durante la cruzada española, Witikind regresó de su destierro, trayendo con él aliados dinamarqueses, y estaba saqueando Hesse; el valle de Rin desde Deutz a Andenach era una presa fácil para los sajones "adoradores del diablo"; los misioneros cristianos se dispersaron y escondieron. Carlos reunió sus fuerzas en Düren, en junio de 779, y atacó el campamento atrincherado de Witikind en Bocholt, luego de esta campaña, pare que ya consideró Sajonia un país casi totalmente dominado. De todos modos, los "Sajones Capitularios" (véase CAPITULARIOS) de 781, obligaron a todos los sajones a que se bauticen (y esto bajo pena de muerte) y también a pagar diezmos, tal como los francos lo hacían para apoyar a la Iglesia; además, confiscó gran cantidad de propiedades para beneficio de las misiones. Esto le dio a Witikind una última oportunidad para restaurar la independencia nacional y el paganismo; su gente, exasperada contra los francos y su Dios, ávidamente tomaron las armas. En Suntal, en el Weser, con Carlos ausente, derrotaron un ejército franco, matando a dos legados reales y cinco condes. Pero Witikind cometió el error de aliarse con un grupo que no era teutón, que vivía más allá del Saale; la rivalidad de estos dos pueblos debilitaron rápidamente sus fuerzas, y las huestes sajonas se fueron disolviendo. Acerca de lo que se conoce como la "Matanza de Verden" (783) es nesario aclarar que, los 4,500 sajones que murieron no eran prisioneros de guerra; legalmente, eran los cabillas de un grupo en rebelión, selcionados como tales de varios grupos rebeldes. Witikind logró escapar más allá del Elba. No fue hasta después de la derrota sufrida por los sajones en Detmold, y de Osnabrück, en la "Colina de la Matanza", que Witikind ronoció al Dios de Carlos como más fuerte que Odín. En el año 785 Witikind ribió el bautismo en Attigny, y Carlos fue su padrino.
Últimos Pasos hacia el Trono Imperial (785-800)
En el verano de 783 empezó un nuevo periodo en la vida de Carlos, en que empezaron a darse algunos hhos menos agradables en su vida. Fue durante este año, según algunos cronistas, que un calor sin predentes y la peste, fueron causa de la muerte de las dos reinas, Berta, la madre del rey, e Hildegarda, su segunda (o tercera) esposa. Estas dos mujeres, la primera en espial, habían ejercido una gran influencia para bien en su vida. Después de unos meses, el rey se casó con Fastrada, la hija de un conde de Austrasia. Los años subsiguientes fueron, hablando comparativamente, años de cosha después del estupendo periodo anterior, en que aró y sembró todo lo anterior; además, el carácter de Carlos era de un tipo que apare en toda su plenitud en momentos de tormentas y tensiones. Lo que iba a convertirse en el Imperio Occidental de la Edad Media, ya había sido bosquejado después del bautismo de Witikind. Desde ese día, hasta su coronación en Roma, en el año 800, su trabajo militar consistió, principalmente, en suprimir revueltas de los rién conquistados o dominar a los celosos príncipes súbditos descontentos. En tres ocasiones, durante estos quince años, los sajones se sublevaron, pero sólo para ser derrotados. Tasilo, el duque de Baviera, había sido desde el principio del reinado de Carlos, un vasallo más o menos rebelde, y Carlos hizo uso de la influencia del Papa, ejercido a través de los poderosos obispos de Freising, Salzburgo, y Regensburgo (Ratisbona), para dominarlo. En 786 una revuelta en Turingia fue sofocada con la muerte, castigos, y destierro de sus líderes. Al año siguiente, Areghis, el príncipe lombardo, habiéndose fortificado en Salerno, fue coronado como rey de los lombardos, cuando Carlos fue a donde él en Benevento, ribió su sumisión y tomó a su hijo Grinoaldo, como rehén, pero después, se enteró que Tasilo y se habían aliado clandestinamente con una conspiración de lombardos, por lo que invadió Baviera por tres flanco, con tres ejércitos de por lo menos cinco distintas nacionalidades. Una vez más, la influencia de la Santa Sede arreglo la cuestión bávara en favor de Carlos; Adriano amenazó a Tasilo con la excomunión si él persistía en su rebelión, y como los súbditos del duque se negaron a seguirlo al campo de batalla, se sometió y le rindió homenaje, a su vez, Carlos lo confirmó en su ducado (octubre de 787).
Durante esta época, el descontento nacional con Fastrada culminó en un complot, en el que Pipino el Jorobado, hijo de Carlos con Himiltruda, fue implicado, y aunque gracias a la intercesión de su padre se le perdonó la vida, Pipino pasó el resto de su vida en un monasterio. Otro hijo de Carlos (Carlomán, conocido luego como Pipino, coronado como rey de Lombardía en Roma en 781, en ocasión de una visita en Pascua hecha por el rey, en la cual también su hermano Luis fue coronado rey de Aquitania), sirvió a su padre tratando con los ávaros, unos peligrosos paganos fronterizos que, si los comparamos con los sarracenos que invadieron Septimania (793), éstos últimos no fueron más que un insignificante incidente fronterizo. Estos ávaros, probablemente de sangre mongol, ocupaban los territorios del Norte del Save y hacia el Oeste del Theiss. Tasilo les había pedido ayuda contra su señor; y después de la sumisión final del duque, Carlos invadió su país y lo conquistó hasta el Raab (791). Gracias a la captura del famoso "Anillo" de los ávaros, con sus nueve círculos concéntricos, Carlos entró en posesión de inmensas cantidades de oro y plata, parte del pillaje que estos bárbaros habían acumulado durante dos siglos. En esta campaña, el rey Pipino de Lombardía ayudó a su padre, con fuerzas traídas de Italia; las etapas posteriores de esta guerra (la cual puede ser considerada la última de las grandes guerras de Carlos) fueron realizadas por el joven rey.
Las últimas etapas por las que la historia de la carrera de Carlos llegó a su clímax, fueron gracias al exclusivo dominio espiritual de la Iglesia. Él nunca había dejado de interesarse por las deliberaciones de los sínodos, y este interés se extendía (algo que trajo fatales resultados en épocas posteriores) a discusiones de cuestiones que ahora serían consideradas dogmáticas. Carlos intervino en la disputa sobre la herejía adopcionista (véase ADOPCIONISMO; ALCUINO; FRANCFORT). Su intervención en la cuestión Iconoclasta, herejía con la que la Emperatriz-madre Irene y Tarasio, el Patriarca de Constantinopla, se habían enfrentado en el Segundo Concilio de Nicea, agradó poco a Adriano. El Sínodo de Francfort, equivocadamente informado, pero inspirados por Carlos, tomaron la disión de condenar el Concilio mencionado, aunque éste había sido aprobado por la Santa Sede (véase CAROLINE BOOKS). En el año 797 el Emperador Oriental, Constantino VI, con quien su madre, Irene, había tenido durante algún tiempo sus diferencias, fue por ella destronado, encarcelado y cegado. Fue significativo para la posición de Carlos como Emperador de facto de Occidente, que Irene enviara representantes a Aquisgrán para exponer ante Carlos su punto de vista sobre esta horrible historia. También es importante señalar que la impresión popular que generó el asesinato de Constantino, y la aversión a que el cetro imperial estuviera en manos de una mujer, también fueron responsables de lo que sucedió después. Por último, era sólo a Carlos a quien los cristianos de Oriente clamaban para que los ayudara contra el avance del peligroso califa musulmán Harum-el-Raxid. En 795 Adriano I murió (25 de diciembre), hecho que Carlos sintió profundamente, pues sentía gran estima por el pontífice, y mandó se preparara un epitafio en latín para la tumba del Papa. En 787 Carlos visitó Roma por tercera vez, por pedido del Papa y para asegurar su posición sobre el Patrimonio de Pedro.
León III, el sucesor inmediato de Adriano I, le notificó a Carlos su elección (26 de diciembre de 795) como Sumo Pontífice. El rey le envió a cambio, espléndidos regalos, a través del Abad Angilberto, a quien encargó tratar con el Papa sobre todos los asuntos concernientes al cargo real de Patricio romano. Si bien esta carta es respetuosa e incluso aftuosa, también muestra la idea de Carlos sobre la interacción de los poderes espirituales y temporales, y tampoco duda en rordarle al Papa sus graves obligaciones espirituales. El nuevo Papa, un romano, tenía enemigos en la Ciudad Eterna, los cuales extendieron informes muy perjudiciales acerca de su vida anterior. Al cabo de un tiempo (25 de abril de 799) fue atacado y dejado inconsciente. Luego de escapar a San Pedro, fue rescatado por dos de los missi del rey, quienes llegaron con un gran ejercito. El duque de Spoleto albergó al Papa fugitivo, y luego se dirigió a Paderborn, en donde estaba el rey. Carlos ribió al Vicario de Cristo con toda la reverencia debida. León regresó a Roma escoltado por los missi reales; los insurrtos, completamente asustados e incapaces de convencer a Carlos de la maldad del Papa, se rindieron, y los missi enviaron a Pascual y a Campulo, sobrinos de Adriano I y jefes de la banda contraria al Papa León, al rey, para que hiciera con ellos lo que le plazca.
Carlos no tenía prisa para solucionar este asunto. Arregló varios asuntos relacionados con la frontera más allá del Elba, con la protción de las Islas Baleares de los sarracenos, y en el norte de la Galia de los vikingos escandinavos; pasó gran parte del invierno en Aquisgrán, y estuvo en San Riquier para la Pascua. Además, aproximadamente por esta época, estuvo ocupado acompañando en el lho de muerte al reina Liutgarde, con quien se casó después de la muerte de Fastrada (794). En Tours se reunió con Alcuino, luego, convocó al ejercito franco, que se reúnan en Maguncia, y también les anunció su intención de entrar nuevamente en Roma. Entró a Italia por el Paso del Brenner, viajó por Ancona y Perugia hacia Nomentum, en donde el Papa León se encontraba, y la dos entraron juntos a Roma. Se realizó un sínodo y los cargos contra León fueron dlarados falsos. En esta ocasión, los obispos francos se dlararon así mismos desautorizados para poder realizar un juicio a la Sede Apostólica. Por propia iniciativa, León, bajo juramento, dlaró públicamente en San Pedro, que era inocente de los cargos que se le imputaban. León pidió que sus acusadores, condenados a muerte, sólo sean castigados con el destierro.
Después de Su Coronación en Roma (800-814)
Dos días después (en Navidad de 800) se dio el evento más importante en la vida de Carlos. Durante la Misa pontifical celebrada por el Papa, cuando el rey se arrodilló para rezar delante del altar mayor, bajo el cual están los cuerpos de San Pedro y San Pablo, el Papa se le acercó, y le puso en la cabeza la corona imperial, lo hizo una reverencia formal como se acostumbraba en la antigüedad, lo saludó como Emperador y Augusto, y lo ungió, mientras los romanos estallaban en grandes aclamaciones, por tres ves repitieron: "A Carlos Augusto, coronado por Dios, emperador poderoso y pacífico, larga vida y victoria" (Carolo, piisimo Augusto a Deo coronato, pacificio magno et pacificio Imperatori, vita et vicotria). Estos detalles han sido tomados de relatos contemporáneos (Vida de León III en "lib. Pont".; "Annales Laurissense majores"; Einhard, Vita Caroli; Theophanes). Si bien no todos están de acuerdo en las interpretaciones de sus relatos, no hay ninguna buena razón por dudar de la exactitud de los mismos. La dlaración de Einhard (Vita Caroli 28) que Carlos no sosphaba nada de lo
Carlomagno y la Música Litúrgica
El interés de Carlomagno por la música sacra y la preocupación que tuvo porque se propagara en forma aduada por todo su imperio, nunca ha sido igualado por ningún gobernante civil antes o después de él. Aunque el padre de Carlomagno, Pipino, tuvo un gran cuidado por la música sacra, la actividad desarrollada por Carlos fue mucho más inteligente y completa que la de su padre. Ayudado por un conocimiento técnico del asunto, Carlomagno aprió las razones por qué la Iglesia le da tanta importancia a la música en el culto además de la forma en que se interpreta. Utilizó toda su autoridad para reforzar los deseos de la Iglesia que había hecho suya. El punto clave de la legislación que elaboró sobre este asunto, así como sobre cualquier otro tema relacionado con la liturgia, estaba en conformidad con Roma. Cuenta la tradición que no solamente llevó con él miembros de su propia capilla a Roma, para que aprendieran dirtamente de las fuentes, sino también que rogó al Papa Adriano I en 774, que le dejara tener dos de los cantores papales. Uno de estos cantores papales, Teodoro, fue enviado a Metz, y el otro, Benedicto, a la schola cantorum en Soissons. Según Ekkehart IV, cronista del siglo diez del monasterio de San Gall, el mismo papa envió dos cantores más a la Corte de Carlomagno. Uno de ellos, Peter, llegó a Metz, pero Romanus, en un principio detenido en San Gall por estar enfermo, obtuvo después el permiso del emperador para quedarse en dicho lugar, y es gracias a la presencia de esos monjes romanos tanto en San Gall como en otros lugares, que poseemos los manuscritos sin los cuales no sería posible contar en la actualidad con los cantos gregorianos. El gran Carlos hizo grandes esfuerzos, aunque no del todo exitosos, para impedir que en la ciudad de Milán y en sus alrededores se continuara con los Ritos Ambrosianos y sus melodías. En el año 789 emitió un dreto para toda la clería de su imperio, insistiendo en que cada miembro aprendiera el Cantus Romanus y que el oficio fuera hecho en conformidad con las dirtrices de su padre (Pipino), quien por el bienestar de la uniformidad con Roma en toda la Iglesia (Occidental), había abolido el canto galicano. A través del sínodo que se llevó a cabo en Aachen en 803, el emperador ordenó nuevamente que, tanto los obispos como los clérigos, cantaran el oficio sicut psallit clesia Romana, y les ordenó establer scholae cantorum en lugares aduados, mientras que él daba el apoyo nesario a las que ya existían, es dir, a las que estaban en Metz, París, Soissons, Orléans, Sens, Tours, Lyons, Cambrai, y Dijon en Francia, y a las de Fulda, Reichenau, y San Gall. Tanto los hijos de los nobles del imperio como sus vasallos tenían que ser, por orden imperial, educados en gramática, música y aritmética, mientras que los niños de las escuelas públicas debían ser instruidos en música y en cómo cantar, espialmente los Salmos. Los agentes y representantes del emperador estaban en todas partes vigilando que los fieles cumplieran las órdenes que él había dado respto a la música. Carlomagno no solamente hizo que la música litúrgica floriera en su propia época a través de sus dominios, sino que sentó las bases para la cultura musical que está tan arraigada actualmente.
JOSEPH OTTEN
Transcripto por Michael C. Tinkler
Traducido por: Dr. Raúl Toledo, El Salvador
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