Calendario Cristiano
I. GENERALIDADES
II. FUNDAMENTOS DEL CALENDARIO CRISTIANO
A. La Pascua
B. La Natividad de Cristo
C. Días de los Santos
III. PRIMEROS CALENDARIOS
IV. FESTIVIDADES DE NUESTRA SEÑORA
V. LOS APOSTOLES Y OTROS SANTOS DEL NUEVO TESTAMENTO
VI. EL CALENDARIO MODERNO IMPUESTO POR AUTORIDAD
VII. LAS IGLESIAS DE ORIENTE
I. GENERALIDADES
Todos los pueblos civilizados, aún aquellos que están saliendo del barbarismo, mantienen cierta forma de registro sobre el paso del tiempo, y son capaces de ronocer ciertas temporadas, intervalos rurrentes de manera regular, y días de regocijo o dolor, así como ocasiones acerca de los poderes invisibles al mundo. En el antiguo Egipto, así como en Babilonia, China, Indostán, y el continente americano -entre aztas o peruanos- se pueden encontrar trazos más o menos elaborados sobre el cálculo de estaciones, lo que servía de base para el cumplimiento de actividades religiosas.
En 1897, un notable descubrimiento fue realizado en Coligni, en el departamento de Ain, Francia. Allí se encontraron fragmentos de roca en los que estaba inscrito un antiguo calendario celta. Probablemente se trata de algo de la era prristiana, aún cuando los detalles prisos de interpretación son controversiales. También Roma y Gria tenían calendarios muy desarrollados y la Fasti de Ovid, por ejemplo, contenía una detallada descripción en verso sobre las mayores celebraciones del año romano.
Lo que más nos ocupa aquí es el calendario judío que se esboza en Levíticos 23. El cómputo del tiempo para los judíos se basó primeramente en el mes lunar. El año constaba normalmente de 12 de tales meses que tenían alternativamente entre 29 y 30 días. Tal año, no obstante, tiene 354 días, lo que no concuerda de ninguna manera con el número de días del calendario solar. Más aún, la duración exacta del mes lunar no es 29 1/2 días, tal y como el arreglo antes mencionado lo sugería.
Con el fin de compensar esas irregularidades, se hicieron dos corrciones. Primero, se agregó un día al mes de Hesvan (Heshwan) o se restó del mes de Kislev (Kislew), todo ello para mantener los meses de conformidad con la luna. Segundo, ocho de cada diinueve años fueron dlarados "embolísmicos". Se asume que un mes se intercalaba cuando era nesario, a fin de evitar que el 14o. día de Nisan ocurriera muy temprano.
Ese día (Levíticos 23:5, 10) los primeros frutos de la cosha debían ser llevados ante los sacerdotes y se sacrificaba el cordero pascual. Esto hacía nesario que se retrasara la Pascua (14 de Nisan) hasta que los frutos y el cordero estuviesen listos. Además, la normativa establía que el 14 de Nisan debía caer cuando el sol pasara por el equinoccio y estuviera en la constelación de Aries (en krio tou heliou kathestotos - Josefo, Ant., I, i, 3).
En el tiempo de la destrucción de Jerusalén, en A.D. 70, se tenía evidencia de que la inserción del mes intercalado de los judíos, no seguía una normativa constante respto a principios astrológicos. Empero, el Sanedrín didió cada cierto tiempo, cuando el año debía ser embolístico o no. Sus disiones no eran influídas solamente por consideraciones astrológicas, sino que en gran medida, por el avance o retraso de la estación.
Fue difícil la creación de tal sistema y la imposibilidad de acomodarlo a la cronología juliana, adoptada en gran parte del Imperio Romano. Ello acompañó los problemas sobre la determinación de la Pascua (la controversia de la Pascua) que tuvo un papel muy importante en los primeros tiempos de la iglesia. Además de la Pascua y de la semana del pan sin levadura, la cual constituía el primer día de la Pascua, el calendario judio incluía por supuesto muchas otras festividades. La de Pentostés o de "las semanas", cincuenta días luego de la Pascua, es importante porque también encontró un lugar en la Dispensación Cristiana.
Las otras grandes celebraciones de los judíos ocurrían en el otoño, en el mes de Tishri. El Día de la Expiación cayó el 10 de Tishri y la festividad de los tabernáculos se extendió del 14 al 21, con una espie de octavo día en el 22. Pero esto no tuvo una relación dirta con el Calendario Cristiano. Lo mismo puede dirse de los festivales judíos menores, por ejemplo la Encoenia, mencionada en el Evangelio de San Juan, la que fue básicamente una institución tardía.
Debe ser indicado que como ley general en el mundo antiguo, los días santos también correspondían con feriados. En el calendario judío, además, en la semana del sabath, se observaba descanso del trabajo durante estos siete días del año. Además: el primer y último día de Azymes, la festividad de Pentostés, la Neomenia del Séptimo mes, el día del Apaciguamiento, el primer día de los Tabernáculos, y el 22 de Tishri que inmediatamente continuaba. No es de sorprenderse que este principio fuera ronocido más tarde por la iglesia cristiana. Tenía el ejemplo pagano también a su favor.
Strabo (X, 39) indica que "los griegos y los bárbaros tenían en común que acompañaban los ritos sagrados sin asistir a trabajo". Por tanto, sin buscar la derivación del sabat judío de ninguna institución babilónica, de lo que no hay garantía, notamos que la luna nueva del 7, 15, y 22 días apare como siendo observada por los babilonios como tiempo de apaciguamiento de los dioses y los desafortunados. El resultado fue que no se principiaba un nuevo trabajo en esos días y que los asuntos de importancia se suspendían. En el sistema cristiano, el día de descanso fue transferido del sabat al domingo.
Constantino establió las previsiones para que sus soldados cristianos pudieran asistir a los servicios del Domingo (Euseb., Vita Const., IV, 19, 20) también prohibió a las cortes desarrollar actividades ese día (Sozom., I, 8). Teodosio II en 425 dretó que los juegos en los circos y las representaciones teatrales fuesen también prohibidas en el día del descanso, y edictos similares fruentemente se repitieron.
En la cronología romana, en el sistema de la era de Augusto, la semana, como división de tiempo, era practicamente desconocida, aún cuando ya se conocía el calendario de los doce meses, tal y como lo conocemos ahora. Durante el Siglo I ó II, se principió a observar los períodos de siete días, aunque no inmediatamente a través de la influencia cristiana o judía.
Los arreglos realizados paren haber tenido un origen astrológico y haber llegado a Egipto desde Roma. Los siete planetas como en ese entonces se concebían -Saturno, Júpiter, Marte, el Sol, Venus, Mercurio y la Luna- se arreglaban conforme ciertos períodos (Saturno tomaba el período más largo y la Luna el más breve, en la completación de una vuelta a los cielos en sus movimientos de traslación). Se suponía que ellos presidían cada hora de manera sucesiva. Y los días fueron designados para cada planeta. Principiando con los planetas en orden, la primera hora sería la de Saturno, la segunda la de Júpiter, la séptima la de la Luna, la octaba la de Saturno y así sucesivamente.
Se continuaba de esta manera durante las veinticuatro horas, y la primera hora del segundo dia, y consuentemente el segundo día por si mismo, pertenería al Sol; y la hora cuaretinueve, y de allí que el tercer día sería de la Luna. Siguiendo con el mismo plan, la hora setentitrés y el cuarto día serían de Marte, el quinto día de Mercurio, el sexto a Júpiter, el séptimo a Venus y el octavo otra vez a Saturno. De aquí fue aparentemente que se derivaron los nombres de los días de la semana, de una derivación latina, lo que aún se mantiene (excepto para Samedi y Dimanche) en el francés y otras lenguas romances.
Estos nombres vienen del uso que se les daba de los primeros tiempos de los cristianos, y los encontramos aún en el Mártir Justino. El espial honor que se dedica a los domingos (dies solis) es acompañañdo quizá con la celebración de Navidad o con el día designado para el natalis invicti (solis). Esto pudo haber dado la impresión más tarde, de que los cristianos tenían mucho en común con los adoradores de Mitras.
FUNDAMENTOS DEL CALENDARIO CRISTIANO
A. La Pascua
El punto de partida del sistema cristiano de festividades, fue por supuesto la conmemoración de la Resurción de Cristo o Día de Pascua. El hecho de que durante mucho tiempo los judíos habían formado la vasta mayoría de los integrantes de la iglesia infante, les hacía imposible olvidar que cada Pascua celebrada por sus compatriotas, traía también el aniversario de la Redentor de la Pasión, de su Gloriosa Resurción entre los muertos.
Más aún, como todas sus vidas habían dedicado a observar un día a la semana para descansar y orar, fue inevitable que ellos quisieran modificar ese día santo en lo que sería la conmemoración del hecho que engendraba nuevas esperanzas. Probablemente al principio no se retiraron totalmente de las Sinagogas, y el domingo habría sido una prolongación de esas prácticas, más que una substitución del familiar sabath. Pero no faltaba mucho para que se observara como el primer día de la semana y ello llegara a ser distintivo de la adoración cristiana.
San Pablo (Colos., 2:16) evidentemente considera que los conversos del paganismo no estaban en la observancia de las festividades judías o del sabath, propiamente. Por otra parte, el nombre de "El Día del Señor" (dies dominica, he kuriake) se encuentra en el Apocalipsis 1:10, y ciertamente era familiar en fechas más antiguas (cf. I Cor., 16:2). Desde el principio el domingo paría ser francamente ronocido entre los cristianos como el día de la conmemoración de la resurción de Cristo (cf., Epístola de Barnabas, 15).
Es muy probable que San Lucas, influenciado por la celebración de la liturgia, escribió en los Hhos: "Y el primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan" (Hhos 20:7). Podemos inferir también que esta observancia tenía un carácter festivo, un día en el cual no se ayunaba, y cuando los fieles tenían la instrucción de orar de pié y no de rodillas.
Die dominico", dice Tertuliano, "jejunium nefas dicimus vel de geniculis adorare" (De orat. 14). De hecho esta posición de pié en la oración está también de acuerdo con lo que indica Irineo, una sitación relacionada con la Resurrción (Irineo, Frag., 7). Para un ruento completo de este primer elemento del calendario cristiano, se debe leer el artículo dedicado al DOMINGO.
La indicación de que los primeros cristianos brindaban espial honor al aniversario de la Resurrción, es más un asunto producto de la inferencia que de conocimiento positivo. Ningún escritor antes de Justino Mártir, apare mencionando la celebración, pero el hecho de que en la última mitad del Siglo II apariera la controversia acerca del tiempo de guardar la Pascua, es ya una indicación de la importancia que tenía la festividad. Además, el ayuno en preparación para ello, muy probablemente no fue de cuarenta días (cf. Funk, Kirchengeschichtliche Abhandlungen, I, 242 y siguientes) a ello se refiere constantemente la Antigua Iglesia, como una institución antigua y aún Apostólica.
En todo caso, todos nuestros datos correspondientes a la antigua liturgia, tanto en Oriente como Occidente (por ejemplo las "Constituciones Apostólicas" y los "Canones Apostólicos", los que son aún más antiguos, según Funk y Harnack) concuerdan en dar a la Pascua el sitial de honor que se mere entre las festividades del año. Es el Martirologio Romano quien lo describe, como festum festorum y solemnitas solemnitatum.
Con eso siempre y de manera natural, se ha asociado la conmemoración de los eventos de la pasión de Cristo y de la última cena el día jueves y de la crucifixión el día viernes. Muchas ves se hicieron vigilias durante la noche en las cuales se tenían candelas o velas pascuales y estas se bendían frente a las catacumbas después de largas semanas de preparación y de haber sido admitidas personas al sacramento del bautismo.
Se care de datos concernientes a los eventos de la celebración pascual tal y como ocurrieron en los primeros tiempos. Sin embargo debe tomarse que Tertuliano distingue que la palabra Pascha claramente designa no un día domingo de manera aislada sino mas bien un periodo de tiempo. El día que nosotros llamamos viernes santo originalmente tuvo una distinción entre dos términos relacionados uno que era el Pascha Anastacimo (la resurrción en el domingo de pascua y el Pascha Eustaurosimum la crucifixión pascual del viernes santo). Ambas fueron igualmente celebraciones de carácter memorable.
Con una relación muy cercana respto a la festividad de la Pascua se fueron desarrollando gradualmente, a medida que pasaba el tiempo, ciertas festividades que conocemos actualmente como movibles. Muy probablemente una de estas festividades, Pentostés, es dir el aniversario de descendimiento del Santo Espíritu sobre los apóstoles, muy probablemente llegó a tener la misma importancia que la Pascua. Además ruérdese que la Pascua estaba relacionada también con el calendario Judío y por lo tanto se establió con una relación cercana entre esta situación del calendario judío con la festividad de Pentostés. Los judíos conversos al cristianismo observaron tanto la Pascua cristiana como el pentostés cristiano, desde el principio de la iglesia.
Aunque el día de la ascensión estuvo determinado por el hecho de que ocurrió 40 días después de la Pascua y 10 después de Pentostés, esta festividad no fue sobrepuesta en ninguna de las festividades judías (Hhos 1:3). Esta situación no la encontramos testificada por ningún escritor más temprano que Eusebio (Tesol. Tasch., Migne, P.G. XXIV, 679). La situación de la cuaresma que duraba 40 días desde los primeros años del siglo IV (véanse varias cartas sobre las festividades de San Atanasio) tenía por supuesto una duración fija tanto como la pascua por si misma pero la observancia variaba según fueran las diferentes partes del mundo donde se realizaba.
En muchos lugares se entendía que la cuaresma era una temporada de cuarenta días en los cuales se hacía ayuno aunque no nesariamente ayuno todos los días pero sí quizás los días domingos, aunque el Domingo de Pascua fue la excepción. Por lo general la norma fue de que la cuaresma incluía 40 días de ayuno.
Nuevamente hubo lugares en los cuales el ayuno de la Semana Santa fue observado de una manera independiente o que era agregado a los 40 días de la cuaresma. Por lo tanto, los tiempos de principio de la cuaresma varían considerablemente. También hubo una variación considerable en cuanto a la severidad con la cual se observaba el ayuno (véase detalles en CUARESMA).
Lo que nesitamos ronocer es que se trataba de una época de penitencias la cual, en un período considerablemente más tarde, se concentraba en el domingo conocido en la septuagésima (el domingo dentro del período de 70 días antes de la pascua). Varias festividades forman parte del mismo ciclo y dependían de cuando era observado el Domingo de Pascua, estas nuevas adiciones de festividades incluían el domingo de la Santísima Trinidad, el Corpus Christi y más rientemente la festividad del Sagrado Corazón.
Hay poca duda de que también los cristianos en los primeros tiempos tuvieron la inconveniencia de este elemento movible dentro del contexto estable del calendario juliano. Pero debemos rordar que también había un elemento movible antes de la ocupación de esta fecha. Debido a que los cristianos judíos, como hemos explicado anteriormente, no habían conocido en ningún otro sistema de computo de tiempo sino aquel basado en el calendario lunar, la única forma que ellos tenían de fijar el aniversario de la resurrción de Nuestro Salvador fue refiriéndose a la pascua judía.
Sin embargo en tanto se acepta esta situación ellos también mostraron cierta independencia. Pare ser que didieron que la festividad de la resurrción tendría lugar en el primer día de la semana. El día que seguía al sabath fue esencial. Por lo tanto en lugar de determinar que el segundo día después de la pascua judía (17 Nissan) debería ser siempre contado como el aniversario de la resurrción independiente del día de la semana en el cual cayera, los apóstoles paren haber establido que sería el domingo el día que debía observarse la pascua cristiana. Este día caería dentro de los llamados días asines o días del pan sin levadura en donde ocurriera ya sea al principio, a mediados o al final de los períodos.
Este arreglo hizo que esta festividad cristiana dependiera sobre la computación del calendario judío. Cuando ocurrió la destrucción de Jerusalén, prácticamente se impuso una dispersión en el sentido de no tener mayores normas estándares de uniformidad en los judíos. Ellos probablemente llegaron a tener divergencias en las festividades y por lo tanto diferencias de opinión también ocurrieron entre los cristianos.
Es posible dir en términos de la cronología juliana cual fue el día del mes en el cual Cristo sufrió, era quizá una manera más simple para los cristianos del mundo romano celebrar su pascua como posteriormente fue celebrada la Navidad, como el día de San Pedro, dándole un aniversario fijo. Sin embargo debe notarse que esto podría haber interferido con la posición del "Día del Señor" como el memorial semanal del día de la resurrción por excelencia o Pascua, como una festividad fija. De haber sido este el caso habría caído sobre algunos días de la semana según correspondiera.
Sin embargo, aunque Tertuliano dlara sin mayores dudas que Jesús sufrió el 25 de marzo, una tradición perpetuada en muchos de los calendarios a través de la Edad Media, ubica este día de una manera incorrta. Sin embargo es prácticamente imposible en ese período llegar a establer de una manera corrta cual fue la verdadera fecha porque los judíos tenían los años llamados embolísmicos en los cuales agregaban períodos de tiempo.
Por todas las fases y las disputas que se originaron sobre todo a partir del segundo siglo, nosotros debemos de romendar al lector el artículo Controversia de la Pascua. Es suficiente aquí dir que una disión pare haber sido acordada en el Concilio de Nissea, aún cuando ha habido algunas ausencias de información para nosotros (Turner Monumenta Nicaes 152), se cree que ellos determinaron que la Pascua debía ser celebrada el primer domingo después de la primera luna llena que siguiera al equinoccio de primavera. De conformidad con esta norma que ha sido aceptada, el día más temprano del año en donde ocurriría la pascua sería en marzo 22 y el dia mas tardío el de abril 25.
B. La Natividad de Cristo
Un segundo elemento que contiene fundamentalmente las influencias del calendario cristiano y que es un poco menos primitivo o inicial que las celebraciones de la pascua es lo que se ha llamado el ciclo de la natividad. El origen y la historia de la festividad de Navidad es abordado en un articulo separado y poco es lo que cabe agregar. Debemos de tener por cierto que la festividad de la Natividad de Cristo fue observada en Roma el 25 de diciembre después del año 354.
Fue introducido por San Juan Crisóstomo en Constantinopla y definitivamente adoptado en el año 395; por otra parte la festividad de la Epifanía de 6 de enero, que en un principio también conmemoraba el nacimiento de Jesucristo, tiene una observancia parcial en Clemente de Alejandría (Strom, I,21) . Aunque un riente descubrimiento de Hipólito para este día (eis ta hogia theophaneia) esta enteramente dedicada al tema del bautismo de Cristo.
Este último hecho es primariamente un aspto de las festividades de las iglesias orientales pero la festividad de la natividad es de importancia en el calendario no solamente por la importancia de la fecha en si misma, sino por ser una de las más grandes celebraciones del año y porque varios otros días de celebración dependen de ella. Mayoritariamente no hay de manera posterior, un punto de origen de la celebración aunque la misma fue originada en un rango lesiástico muy alto. Es por lo tanto una suposición y un dato muy cuestionables de la iglesia, que el día exacto del nacimiento de Jesús fuera el 25 de diciembre, nosotros tenemos el día de la circuncisión el primero de enero al octavo día una festividad utilizada con el fin de separar a las gentes que estaban nuevamente conversas de prácticas paganas e idolatras y supersticiosas las cuales tenían lugar o estaban asociadas con el principio del año.
En los misales es fruentemente titulada la misa de este primer día Ad prohibendum ab idolis, siendo un nombre que concuerda con la designación del espíritu anteriormente dicho. En otros libros de servicios indica que este día correspondía mas bien a una festividad de la Santísima Virgen. Por otra parte, el octavo día antes de la Navidad (18 de diciembre) es mantenido como la festividad de la espera de Nuestra Señora el cual es agregado al calendario romano en el siglo XVII pero representa una vieja festividad española en relación a la virgen María. En los tiempos muy antiguos este día fue designado como de Expatatio partus.
Nuevamente, cuarenta días después de la Navidad tal y como es el caso de la circuncisión y los datos de la ley judía, nosotros tenemos el día de la presentación en el templo. Esta situación conforme el nombre griego se conocía como Hypapante (hupapante, "la reunión"). Esto fue originalmente tratado como una festividad de Nuestro Salvador más que como una festividad de su Santa Madre. Se trata en todo caso de una conmemoración del nacimiento y probablemente del bautismo de Jesús según se tiene en cuenta de las transformaciones de una festividad mariana que se mencionaba en el c.380 de la peregrinación de Sylvia la dama española Etheria, aunque en Jerusalén se mantenía la fecha 40 días después de la festividad, la cual era conocida como la Epifanía (6 de enero).
Por alguna razón acerca de la cual no tenemos una explicación aduada, la bendición solemne de las velas y una procesión fueron agregadas a esta festividad, en un período temprano. Se conoció en Inglaterra como el día de las velas y en Francia como la Chandeleur.
La Anunciación o como fue ronocido antiguamente la Concepción de Nuestro Señor pare haber sido ya tratada en el oriente en el siglo VI y de haber sido introducida en Europa Occidental casi inmediatamente después. Su relación con la Navidad es obvia y es posible tal como Duchesne y otros han sugerido, que la encarnación de Nuestro Salvador fuera asignada al 25 de marzo porque este día como lo dice el tertuliano era creído también que era el día de su pasión. Si esto es verdad, el 25 de diciembre habría sido determinado por el 25 de marzo y no a la inversa. Pero lo cierto es que la festividad de Anunciación se comenzó a considerar mucho mas tarde que el de la Navidad.
Aun más tarde en el año hay otra festividad antigua que ya era familiar en los tiempos de San Agustín (Serna, 307-308), la natividad de San Juan el Bautista. El 25 de marzo se calculó por parte de los curas, que Santa Isabel ya tenía 6 meses con el niño, por lo tanto el nacimiento debía haber ocurrido tres meses después. Eso tampoco hubiese dado base para el 24 de junio en lugar del 25 de junio; la primera de las mencionadas es la fecha observada como la del nacimiento del Bautista. De manera que este fhado presenta dificultades porque en el calendario romano tanto el 25 de marzo como el 24 de junio no correspondía a lo que se llamaba como octavo kalendas, es dir el día octavo antes de las calendas del mes siguiente.
Otra festividad es la concepción del Bautista la cual se encuentra en la iglesia griega y en ciertos calendarios Carlovingios con fecha de 24 de septiembre. Esto escasamente nesita mención. Mayormente es interesante para nosotros establer las condiciones de la festividad de la concepción de nuestra señora y para eso se ofre el artículo La Inmaculada Concepción .
C. Días de los Santos
Hay otro elemento que ha sido sustancial en la formación del calendario y es el registro de los días de nacimiento de los santos. Es de rordar que esta palabra nacimiento tiene un significado más allá que el de conmemoración (genethlios, natalis). Ya antes de la edad cristiana varios personajes reales fueron deificados después de su muerte y tenían los días de su nacimiento como observados en festivales. Sin embargo es dudoso que esos días realmente representaron con exactitud las fechas en que habían nacido en este mundo (véase Rohde, Psyche, 3d ed., 1, 235).
Por lo tanto no debemos estar sorprendidos que en un período más bien tardío los libros de la liturgia cristiana tengan frases como natalis calicis para la designación de festividades de los jueves o natalis episcopi, lo cual se refería al día de la consagración del obispo. En todo caso no hay duda de que la misma palabra muchas ves se utilizó en el periodo muy antiguo, para describir también el día en el cual un mártir había muerto.
Muchas ves se explicó que el significado del nacimiento era el hecho de que se nacía a una vida gloriosa en el cielo. Sin embargo es dudoso de que este sea exactamente el término que se dio a los mártires cristianos y que esto era lo que se tenía en mente. No obstante somos afortunados en poseer un registro contemporáneo escrito por Smyrna referente al martirologia de San Policarpo (cerca del año 145). Esto constituye un registro de las fechas judías y paganas que se anticiparon a la situación de los cristianos, y se menciona el ruperar el cuerpo de los mártires como un tesoro prioso al cual se le daba culto. A partir de ello, se iba a instituir la festividad de su nacimiento (genethlios), en su honor.
Aquí tenemos una evidencia concluyente de que los cristianos ya conmemoraban las festividades de los mártires para la primera parte del Siglo II. Probablemente por un largo tiempo estas celebraciones permanieron siendo locales. Las mismas se ubicaban en los lugares donde los mártires habían sufrido, o donde se conservaban sus restos autorizados por la Santa Sede. Sin embargo se aumentó el número de lugares en los cuales se observaban estas festividades debido a la libre movilización que se tuvo de los restos de los mártires.
Todas las iglesias que poseyeron las reliquias celebraron los "nacimientos" con algun grado de solemnidad y es por ello que podemos ver por ejemplo, a Africa tratando de obtener ronocimiento de Roma y luego contando con los honores de la iglesia. Esto pare ser en breve, la historia de la inclusión de los días de los santos en el calendario. Al principio el numero de tales días era mas bien pequeño y dependía de condiciones más bien locales, y estaban rigurosamente limitados a aquellos que habían compartido la sangre por Cristo.
Más adelante se siguieron agregando nombres de confesores y de obispos en las listas y en un primer tiempo no era muy distinguible cuando los rezos o las oraciones eran para un sirviente de Dios o para Dios mismo, no era tan claro como es hoy en día. Esta delimitación en cuanto a proceso, principió en el siglo IV y aún continúa.
III. NUESTROS PRIMEROS CALENDARIOS
En la medida en que las festividades y los días de los santos se multiplicaron era deseable tener una espie de registro que los indicara. Podemos dividir este tipo de documentos de una manera rápida en dos categorías : los calendarios y la martirologia, ambos oficialmente ronocidos por la iglesia.
Un calendario en un sentido lesiástico es simplemente una lista de las festividades que son observadas por casos particulares por iglesias, diócesis o países ordenados de acuerdo a las fechas. Un martirologia fue originalmente como su nombre lo indica, un registro de los mártires, pero llego a tener un carácter más general extendiéndose a toda clase de santos y teniendo cobertura en todas las regiones del mundo.
Las entradas que se incluían en el martirologio son independientes del hecho de que existía un culto litúrgico en un lugar espífico. Ellos tienen el mismo ordenamiento de los meses y los días que observamos en los calendarios, sin embargo hay en un solo día varios nombres de santos que pueden ser colocados y también se agregan en ocasionan datos de carácter biográfico. Es importante comprender que no podemos hacer una delimitación clara en lo que son los calendarios y la martirologia. Ellos de una manera natural corresponden a versiones de los mismos registros.
Por lo tanto el poema irlandés comúnmente conocido como "Calendar Aengus" es mas propiamente un martirologio y un número de santos asignados a cada día se mantienen independientes de si existe o no un culto litúrgico para ellos. Por otra parte encontramos algunos calendarios en los cuales los espacios en blanco han sido completados con los nombres de personas que han muerto o con nombres de conmemoraciones litúrgicas.
Basados en lo anterior es posible dir que los registros se han convertido a ves en martirologios o nrologios. Desde los tiempos antiguos una valiosa información esta preservada en lo que se llama el "Philocalian Calendar" el cual escasamente mere ser llamado por ese nombre. De hecho no es más que un libro que fue bastante común de un tal Furius Dionysius Philocalus, quien pare haber sido un cristiano interesado en toda clase de información cronológica y que pare haber compilado este libro en el año 354.
Ciertamente hay un calendario en ese volumen pero es más bien una tabla de celebraciones sulares y paganas que no contienen referencias cristianas. El valor del manuscrito de Philocalus para los académicos modernos radica en que contiene lo que se llama el Depositio Martyrum y el Depositio Episcoporum, y estos textos están junto con otras notas más bien casuales. Aprendemos de ello por tanto que un numero considerable de mártires entre los que se tiene a San Pedro y San Pablo y varios papas, tuvieron honores en Roma en sus días, asignados a mediados del siglo IV, mientras que tres mártires africanos Santos, Cipriano, Perpetua y Felicites también se encuentran en esa lista. Las únicas dos festividades fijas que se han mencionado allí son la natividad de Cristo y la fiesta de San Pedro como cabeza de la iglesia (22 de febrero).
Existe también un documento que esta asociado con el Philocalian y que aún tiene influencia en el paganismo y que es "el calendario de Polemius Sylvius" de 448. Su forma de presentación no es muy diferente de un almanaque moderno. Ahí se indican días que están relacionados con el senado y con las celebraciones en el circo y otras festividades paganas como Lupercalia y Terminalia los cuales llegaron a tener un sentido nacional como feriados en todo el imperio.
Conjuntamente con estos registros nosotros también tenemos las festividades cristianas tales como la Navidad, la Epifanía, el 22 de febrero (que extrañamente se caracteriza como de San Pedro y San Pablo; depositio Petri et Pauli) y otros cuatro o cinco días de los santos. Es curioso que estas festividades también sean acompañadas de los natalicios de Virgilio y Cicerón. Relacionado con esto también está el documento de la iglesia del norte de Africa que es comúnmente descrito como el "Calendario de Cartago" y que pertene a los años finales del siglo VI.
El mismo presenta un considerable número de mártires la mayor parte africanos, pero también incluye alguno de los famosos de Roma como por ejemplo San Sixto, San Lorenzo, San Clemente, Santa Agnes, San Gerbacio y Protasio de Milán, Santa Agata de Sicilia, San Vicente de España y San Felix de Nola en Campania. También encontramos días asignados a algunos de los apóstoles como por ejemplo San Juan el Bautista pero no así festividades de Nuestra Señora. De tiempos mas tempranos (410) data una compilación que se ha preservado en Siria de un original oriental y ariano. Fue primero publicado por un orientalista ingles William Wright y desde entonces ha sido editado por Duchesne y De Rossi en la edición del "Martirologio Hieronymianum" (Acta Sanctorum, Nov., vol. II).
Es muy importante tener en cuenta que el documento de Siria hace una referencia dirta o indirta al martirologio y que también muestra un calendario oriental formado en el siglo IV conteniendo el registro de varios mártires. Entre ellos se tienen los de Nicomedia, Antioquía y Alejandría registros también occidentales como los de Santa Perpetua y Felicitas (7 de marzo) y probable
Calendario Judío
Días
Desde tiempos muy antiguos hasta nuestros días, los Israelitas han calculado el día (yôm) de un atarder hasta el próximo atarder, o mejor dicho desde el atarder hasta la aparición de las tres estrellas que marcan el inicio del nuevo día [Cf. Lev. 23,32; V.A. II Esdras (Nehemías) 4,21; etc.] Antes del Exilio a Babilonia el tiempo entre el amaner y el atarder se dividía en "la mañana", "medio día", y "la noche" (Sal. 54,18; Hebreos 55,17) pero durante la estancia en Babilonia los Hebreos adoptaron la división en doce horas (Cf. Juan 11,9), cuya duración variaba dependiendo de la duración del día. En promedio, la primera hora correspondía a las 6 a.m.; la tercera hora a las 9 a.m.; el final de la sexta al medio día; mientras que para a la onceava el día estaba próximo a terminar. Antes de la división del día en horas, se tenía la de la noche en tres vigilias: la primera hasta la media noche; la segunda o vigilia intermedia hasta las 3 a.m.; y la tercera o vigilia matutina hasta las 6 a.m.
Semanas
Siete días consutivos forman la semana, o el segundo elemento del calendario Judío. Como en nuestro calendario lesiástico, los días de la semana Judía están numerados, no son llamados por nombre. Son llamados el primer día, el segundo día, el tercer día, así hasta llegar al séptimo, de los cuales el último es llamado "Sábado" (shábbath) un nombre igualmente usado para designar la semana en sí misma. El sexto día, nuestro Viernes, También se le conoce en el Nuevo Testamento, en los escritos de Flavio Josefo, y en los escritos Rabínicos como "la víspera del Sábado", o como "el día de la preparación", la paraskeué, un término aun utilizado por la Iglesia Latina en relación con el Viernes Santo (Cf. Marcos 15,42; Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, XVI, vi, 2; Talmud de Jerusalén, Tratado Pesahîm, cap. iv, I).
Meses
El tercer y más importante elemento en el arreglo Judío del tiempo es el mes. Los dos términos Hebreos para denominar al mes son yéráh, y hodésh, cuyo significado primitivo, "luna", "luna nueva", apunta a la dependencia del mes Judío de las fases de la luna. De hecho, los meses Hebreos siempre han sido lunares, y se extienden desde una luna nueva hasta la siguiente. El inicio del mes con la aparición de la luna nueva era-y aun lo es-de una gran importancia práctica entre los hebreos, en cuanto que el primero de cada mes se consideraba el Día de la Luna Nueva, y ciertas festividades se fijaban para el 10mo, 14to, u otros días del mes. La aparición más temprana de la luna nueva era verificada por observación dirta, y perentoriamente establida por una comisión del Sanedrín, y luego se hacia del conocimiento al resto de los Judíos, primero por medio de señales de fuego, y luego a través de mensajeros espiales. En nuestros días, y por muchos siglos, está forma primitiva de fijar el inicio del mes ha dado paso a un cálculo sistemático de su duración, y ahora el calendario Judío está construido en base a una media lunar de 29 días, 12 horas, 44 min., y 30 seg. Además de ser indicados por medio de números, el primer mes, el Segundo mes, etc., a los meses Hebreos se les ha designado a través de la historia Judía por dos conjuntos de nombres. Del conjunto antiguo-probablemente remontándose a los tiempos Cananeos-solo cuatro nombres han sobrevivido en la Biblia Hebrea. Estos son: ’Abhîbh (V.A. Ex. 13,4, 23,15; Deut. 16,1), conocido como el primer mes; Zíw (I Reyes 6,1), llamado el segundo mes; ’Ethanîm (I Reyes 8,2), llamado el séptimo mes; y Bûl (I Reyes 6,38), conocido como el octavo mes. El conjunto más riente de nombres, ciertamente de origen Babilónico, empezó a ser utilizado después del Exilio. De estos doce nombres encontrados ahora en el calendario Judío solo siete se encuentran en el texto Hebreo, pero todos los doce aparen como las divisiones principales del Megillath Ta’anith (Rollo del Ayuno), el cual en su forma original se ubica en una época anterior a la era cristiana. Estos son los doce nombres:
Nîsan (Nehemías 2,1; Ester 3,7)
’Iyyar (no se encuentra en la escritura)
Sîwan (Ester 8,9; Baruc 1,8)
Támmûz (Cf. V.A. Ezequiel 8,14)
’Abh (no se encuentra en la escritura)
’Elûl (Nehemías 6,15; I Macabeos 14,27)
Tíshrî (no se encuentra en la escritura)
Márhéshwan, o simplemente Héshwan (no se encuentra en la escritura)
Kíslew (Zacarías 7,1; Nehemías 1,1)
Tebeth (Ester 2,16)
Shebhat (Zacarías 1,7, I Macabeos 16,14)
’Adar (Esdras 6,15; Ester 8,12)
Años
Los doce meses nombrados de esta manera constituían el año ordinario (shanah), o el siguiente elemento más importante del calendario Judío. Como eran meses lunares formaron un año promedio de 354 días, en consuencia, un año más corto que el año solar en diez u once días. Esta diferencia, como puede verse fácilmente, hubiera desordenado completamente a través del tiempo, los meses en relación con las épocas del año; así el primer mes, o Nîsan, (correspondiente a finales de Marzo o inicios de Abril), en medio del cual las primeras espigas de cebada maduras debían ser presentadas a Yahvé en relación con la fiesta pascual (Ex. 12,1 ss., 13,3 ss; Lev. 23, 10-12) hubiera coincidido con la parte media del invierno; y se hubiera interferido con algunas otras fiestas dependiendo igualmente de los productos de la temporada. De aquí que rápidamente se concluyó-no se puede prisar que tan rápido-que la diferencia entre el año lunar y el año solar debía ser igualado mediante la intercalación de un mes. El año en el cual se debía realizar la intercalación se determinó, por un tiempo, mediante una disión autoritaria del Sanedrín, y a la postre fue fijada en forma permanente mediante el cálculo astronómico. En un ciclo de diinueve años, el tercero, sexto, octavo, undécimo, dimocuarto, dimoséptimo, y dimonoveno son años bisiestos con un promedio de 384 días de duración, mediante la adición de un mes posterior al duodécimo (’Adar), usualmente llamado We-’Adar (Segundo Adar) Es evidente, por lo tanto, que el año Judío ha sido por mucho tiempo, y aun lo es, un año luni-solar. El año Hebreo descrito de esta manera está constituido en armonía con los requerimientos rituales, de aquí que sea llamado el sagrado año Judío. Junto con él los judíos han tenido desde tiempos inmemorables lo que se puede llamar un año común o año civil iniciando en el mes de Tíshrî (generalmente correspondiente a parte de Septiembre y parte de Octubre), en o inmediatamente después de la luna nueva siguiente al equinoccio de otoño. El inicio del año civil Hebreo prácticamente coincide con el tiempo de la siembra en Palestina, mientras que el inicio del año sagrado corresponde a la época de la cosha en aquel mismo país.
Épocas
Aún nos queda por considerar las épocas (o eras), o el último elemento del calendario Judío. Como bien se espera en relación con un pueblo cuya historia ha sido de luces y sombras, los hebreos han adoptado varios puntos en el tiempo a partir de los cuales calcular la sucesión de los años. Sus principales épocas antiguas han sido:
1. aquella fhada a partir de la liberación de Egipto;
2. la era de los reyes, o el cálculo del tiempo desde la ascensión de los reyes Judíos al trono;
3. la época Seléucida, introducida después del Exilio a Babilonia, iniciando en 312 A.C., y usada probablemente por los judíos hasta el siglo XII.
Por siglos han empleado su método actual de conteo mediante anno mundi (A.M.) (Ver la tabla inferior para el arreglo anual de las festividades principales.)
De acuerdo al cálculo actual judío el calendario se remonta hasta la Creación del Mundo, la cual se considera que tuvo lugar 3760 años y 3 meses antes del inicio de la Era Cristiana.
Para encontrar el número del año hebreo, iniciando en el otoño de cualquier año de nuestra era común, tenemos que agregar 3761 al número de año de nuestra época. Así que el año Judío que inicia en Septiembre, 1908, es el 5669 A.M.
EL CALENDARIO JUDÍO
Mes
Hebreo
Año
Santo
Año
Civil
Año
Ordinario
Año
Bisiesto
Durante el s. XX
El primero del mes ocurre durante
Festividades
Principales
Nîsan
1
7
30 (días)
30
Marzo 13-
Abril 11
1. Luna Nueva
14. Muerte del cordero pascual
15-21. Fiesta Pascual
(Ofrimiento de las primicias de la cebada)
’Iyyar
2
8
29
29
Abril 12-
May 11
1. Luna Nueva
14. Segunda Pascua
Sîwan
3
9
30
30
Mayo 11-
Junio 9
1. Luna Nueva
6. Pentostés (Primicias de la cosha del trigo)
Támmûz
4
10
29
29
Junio 10-
Julio 9
1. Luna Nueva
7. Ayuno. Toma de Jerusalén por Tito
’Abh
5
11
30
30
Julio 9-
Julio. 7
1. Luna Nueva
7. Ayuno. Destrucción del Templo
’Elûl
6
12
29
29
Agosto 8-
Septiembre 6
1. Luna Nueva
Tíshrî
7
1
30
30
Septiembre 6-
Octubre 5
1-2. Fiesta del Año Nuevo
10. Día de la Expiación
15-21. Fiesta de los Tabernáculos. (Primicias del vino y el aceite)
Márhéshwan
(Héshwan)
8
2
29+
29+
Octubre 6-
Noviembre 4
1. Luna Nueva
Kíslew
9
3
30-
30-
Noviembre 4-
Diciembre 3
1. Luna Nueva
25. Fiesta de la Dedicación del Templo
Tebheth
10
4
29
29
Diciembre 4-
Enero 2
1. Luna Nueva
7. Ayuno. Sitio de Jerusalén
Shebbat
11
5
30
30
Enero 2-
Enero 31
1. Luna Nueva
’Âdar
12
6
29
29
Febrero 1-
Marzo 2
1. Luna Nueva
14, 15. Fiesta de Purim
[We-’Âdar]
(Inter-calado)
(Inter-
calado)
(...)
(29)
Marzo 3-
Marzo 13
1. Luna Nueva
14, 15. Fiesta de Purim
----
354
----
384
FRANCIS E. GIGOT
Trascrito por Rick McCarty
Traducido por Félix Carrera Franco
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.