Abad laico
(abbattocomes, abbas laicus, abbas miles).
Nombre que se utilizaba para designar a un laico a quien un rey o alguien con autoridad concedía una abadía como rompensa por los servicios prestados; él estaba encargado de los bienes pertenientes a ella y tenía derecho a parte de sus ingresos. Esta funesta costumbre tenía un efto nocivo en la vida del claustro. Existió principalmente en el imperio franco del siglo VIII hasta la reforma lesiástica del siglo XI.
Carlos Martel fue el primero en conceder extensas propiedades eclesiásticas a los laicos, amigos políticos y a los guerreros que le habían ayudado en sus campañas. En un periodo anterior, los merovingios franceses habían concedido tierras de la iglesia a los laicos, o por lo menos les habían permitido su posesión y uso, aunque no la posesión. Numerosos sínodos realizados en Francia en los siglos VI y VII aprobaron dretos contra el abuso de la propiedad lesiástica. Los reyes franceses tenían el hábito de designar abades (v. abad) en los monasterios que ellos habían fundado; lo que es más, muchos monasterios, aunque no habían sido fundados por el rey, se colocaban bajo el patronazgo real para estar bajo su protción y así se convertían en posesión de la Corona. Esta costumbre de los gobernantes merovingias de disponer de la propiedad lesiástica en casos individuales, así como la de designar abades en los monasterios fundados por o pertenientes a ellos, fue tomado como predente por los reyes franceses para rompensar a los laicos con abadías, o darlas a los obispos in commendam. Durante el reinado de Carlos Martel la Iglesia fue muy perjudicada por este abuso, no solamente en sus propiedades sino también en su vida religiosa. San Bonifacio y luego Hincmar de Reims describen muy tristemente la resultante caída de la disciplina de la Iglesia; y aunque San Bonifacio intentó celosamente e incluso exitosamente reformar la Iglesia Franca, la concesión de abadías a abades sulares no fue enteramente abolida. En tiempos de Pepín se les permitió a los monjes, si la abadía pasaba a manos sulares, trasladarse a otra comunidad.
Carlomagno también dio fruentemente propiedad lesiástica, y algunas ves abadías, como posesión feudal. Es cierto que San Luis el Piadoso ayudó a San Benito de Aniane en su esfuerzo para reformar la vida monástica. Para lograr esto, fue nesario restabler la libre elección de abades y también el nombramiento de monjes intachables como jefes de las casas monásticas. Aunque el emperador Luis compartió estos principios, continuó cediendo abadías a laicos y sus hijos lo imitaron.
La importante abadía de San Riquier (Centula) en Picardy tuvo abades sulares desde la época de Carlomagno, quien se la había dado a su amigo Angilberto, poeta y amante de su hija Bertha y padre de sus dos hijos. Después de la muerte de Angilbert en 814, la abadía fue dada a otros laicos. Bajo tales influencias la Iglesia estuvo sometida al sufrimiento, fruentemente las abadías fueron escenario de mundanalidad y francachelas. Varios sínodos del siglo IX aprobaron dretos contra esta costumbre; el Sínodo de Diedenhofen (octubre de 844) dretó en su canon tercero, que las abadías no podían continuar en poder de los laicos, sino que los monjes debían ser los abades (Hefele, "Knoziliengeshchichte", 2nd ed., IV, 110). Asimismo los Sínodos de Meaux y [[París]] (845-846) se quejaron de que los monasterios poseídos por laicos habían caído en dadencia y enfatizaron los deberes del rey en este aspto (op. Cit., IV, 115). Pero las abadías continuaron siendo otorgadas a los laicos espialmente en Francia y Lorena, por ejemplo en San Evre cerca a Toul, en el reinado de Lotario I. Lotario II, sin embargo, la restablió al control lesiástico en 858, pero el mismo rey dio Donmoutier a un laico; y las Abadías de San Germán y San Martín, en la Diócesis de Toul, también fueron entregadas a abades sulares. En la Diócesis de Metz, la Abadía de Gorze estuvo mucho tiempo en poder laicos y bajo ellos entró en dadencia. Stavelot y Malmédy, de la [[Diócesis de Liege]], fueron otorgadas en el siglo XI a cierto conde llamado Raginarius, como también San Maximin cerca de Traer, al conde Adalhard, etc. (Hauck, "Kirchengeschichte Deutschland", II, 598). El Sínodo de Maguncia en 888 dretó (can. xxv) que los abades sulares debían nombrar prebostes y abades encargados de la tesorería competentes para dirigir sus monasterios.
Los concilios, sin embargo, no pudieron poner fin al mal; en el Sínodo de Trosly, en la Diócesis de Soissons en 909, se ribieron fuertes quejas (ch. iii) sobre la vida de los monjes; muchos conventos, se dijo, eran gobernados por laicos, cuyas esposas e hijos, soldados y perros, se alojaban en los rintos de los religiosos. Para mejorar estas condiciones fue nesario, dlaró el Sínodo, reinstalar a los abades y abadesas regulares; al mismo tiempo los cánones eclesiásticos y capitulares reales dlaraban a los laicos completamente exentos de autoridad en los asuntos de la iglesia (Hefele), op.cit., IV, 572-73).
Los abades laicos existieron en el siglo X y XI. Gosfred, Duque de Aquitania, fue Abad del monasterio de San Hilario de Poiters y como tal, publicó los dretos emitidos (1078) en el Sínodo de Poitiers (Hefele), op.cit., V, 116). Fue sólo a través de los llamados conflicto de investidura que la Iglesia fue liberada del dominio sular; la reforma de la vida religiosa y lesiástica traída por el Papado, puso fin a la concesión de abadías a los laicos.
THOMASSINUS, Vetus et nova clesiae disciplina circa beneficia, parte II, lib II c.12 sqq (Lyons, 1705, 586-622); Hafele, Historia de los Concilios; Digby, Ages of Faith; FOSTER, Monasterio Británico; LINGARD, Historia de Inglaterra (Dublin , 1878); D’Alton, Historia de Irlanda; STUART AND COLEMAN, Historia de la Diócesis de Armagh.
J.P. KIRSCH. Transcrita por Mario Anello.
Traducción al castellano de Luz Helena Cabrales.
Revisado y corregido por Luz M. Hernández Medina.
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