Samaría
El año 880 a.C. el rey Omrí de Israel (reino del norte) dio a su nueva capital el nombre de Somron (”torre de guardia,” “atalaya”), que había planeado sobre un cono desierto, en el territorio occidental de la montaña de Efraím. (1Re 16:24 deriva el topónimo del nombre del dueño cananeo, Semer, al que Omrí compró el terreno). La forma griega de esa Somron es “Samaría.” El cabezo se eleva 100 m sobre la llanura circundante.
La Samaría de Omrí y de sus sucesores constaba probablemente de la ciudad palatina (2,2 ha), que se alzaba sobre la altiplanicie y tenía una muralla propia. Tal vez fue ésa en los comienzos la ciudad de Samaría: una ciudadela fortificada como residencia del rey y sede del gobierno. El palacio probablemente se construyó según modelo asirio. Una casa (¿parte del palacio?) fue decorada por el rey Ajab con láminas talladas de marfil (1Re 22:39); por lo demás, en las excavaciones de 1930-1935 se encontraron algunas de esas tablillas de marfil. En el curso de las primeras décadas de su construcción la ciudad creció monte abajo. Para esa ciudad israelita ya desarrollada cabe suponer una extensión Deu 5:5 ha.
La elección del lugar estuvo condicionada por su posición, que permitía una cómoda conexión con el sur (a través de Sikem) como con el mar y con las ciudades fenicias, con las que Omrí mantenía relaciones comerciales y conexiones políticas. También como sede del gobierno ocupaba Samaría una posición central. El rey Omrí construyó en la ciudadela un templo a Yahveh, con toda seguridad al estilo de Bet-El y Dan, y con estatuas de becerros; y Ajab, su hijo (875-854 a.C.) añadió un templo a Baal: un santuario para la reina Jezabel, que Yehú destruyó después de extirpar a la dinastía de Omrí.
Después que los asirios saquearon el reino del norte hasta el punto de que sólo quedó un Estado trunco de Efraím (733 a.C.), la capital del mismo fue Samaría. Al finalizar la guerra asiria la fortaleza de Samaría resistió casi tres años el asedio, hasta que en la primavera del 721 cayó también aquel último bastión de Israel.
La ciudad, lo mismo que el resto del país, fue poblada con colonos extranjeros; pero mientras que en el resto del territorio aquellos colonos eran por lo general campesinos, en la ciudad fue sobre todo la clase dirigente la que estaba formada por extranjeros (“el ejército de Samaría”); Samaría pasó a ser la capital de la provincia asiria “Ciudades de Samaría.”
La ciudad helenística de la época de Alejandro Magno era al menos dos veces mayor que la antigua Samaría; Alejandro había establecido en ella a gentes macedonias. Pero tras las repetidas destrucciones y reconstrucciones de los Ptolomeos, la ciudad sufrió una demolición singularmente grave con las guerras de conquista de los Macabeos (107 a.C.), sin que los Macabeos tuvieran ningún interés en su reconstrucción. Y la ciudad habría continuado en ruinas de no haberla reedificado los romanos (desde el 63 a.C.). Formando parte del reino de Herodes el Grande (37-4 a.C.), experimentó Samaría el período culminante de su existencia y civilización. La ciudad siguió creciendo y pronto ocupó un territorio de 80 ha. Fue construida con amplitud y dotada de avenidas y construcciones suntuosas. En el sitio del antiguo altar de Baal — en la acrópolis — Herodes levantó un templo a Augusto y dedicó la ciudad entera en honor del dueño de Roma, de Augusto (griego: sebastos) por lo que le dio el nombre de Sebaste. Al este del antiguo territorio de asentamiento se encuentra todavía hoy un sitio llamado Sebastiye. En los años 1930-1935 se sacaron a luz restos del foro y de una sala romana de audiencias, un teatro y un gimnasio, que dan testimonio de la Samaría concebida por los romanos. Esa política romano-pagana de Herodes en Samaría respondía de lleno a la del emperador, que con la transferencia de la ciudad a Heredes pretendía tener en cuenta la importancia de la población no judía (y hasta macedónica).
Luego que Herodes Antipas hizo decapitar a Juan Bautista, el cadáver lo enterraron en Sebaste (Samaría) los discípulos de éste. En las excavaciones, extramuros de la ciudad romano-herodiana, apareció una iglesia en honor de San Juan, cerca del actual lugar de Sebastiye, y que es un testimonio de la época bizantina. (En la gran mezquita de Damasco se veneran unas supuestas reliquias del Bautista; pero probablemente son despojos de época cristiana.).
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