Nínive
El cazador y constructor de ciudades Nimrod aparece en Gen 10:11 como el padre de Nínive. El texto podría apuntar a un rey fundador de ciudades, cuya imagen se convirtió en una deidad dominadora de los dragones; y el dragón es el Tigris. Nínive se alzaba en la ribera oriental del Tigris medio.
En el ciclo de las historias bíblicas, Nínive apareció hacia el año 1350 a.C., al ser conquistada por los asirios; bajo los mismos la ciudad se llamó Ninua o Nina (tal vez con la significación de “vivienda”); Nin(i)ve es la transcripción hebrea.
El rey asirio Sanherib o Senaquerib (705-681 a.C.), sucesor del destructor de Samaría, hizo de Nínive su residencia preferida y la adornó con construcciones suntuosas. En su período de esplendor, desde aproximadamente el 700 a.C., la capital debió de ocupar una extensión Deu 6:25 km2.
Las excavaciones han sacado a la luz en la biblioteca del rey asirio Assurbanipal (668-625 a.C.) un material de incalculable valor para el estudio comparativo de la Biblia. En 25 000 tablillas de arcilla nos han llegado cartas y contratos del rey, léxicos, gramáticas, textos, de oraciones, sentencias oraculares, descripciones astronómicas y astrológicas, exposiciones geográficas, códigos y textos literarios. En dicha biblioteca se encontró también la Epopeya de Gilgamés y un texto babilónico sobre la creación.
El año 612 a.C. Nínive fue conquistada por los medos y los babilonios.
En el libro profético de Jonás, Nínive es la ciudad en que Jonás ha de predicar. En el caso de ser ese personaje el mismo que el profeta Jonás del rey israelita del norte, Yeroboam II (783-743 a.C.), Jonás habría sido enviado (¿por Yeroboam II?) a una Nínive que todavía no era la capital preferida de los asirios, cosa que sólo lo fue después de la destrucción de Samaría. De ahí que la relación Jonás-Nínive habría que verla así:
El Jonás histórico fue enviado a Asiría, tal vez a Kalah, al sur de Nínive, con un cometido político. Como el rey no residía en Nínive, Jonás no se encaminó allí. Cuando se escribió el libro de Jonás, al tiempo de la cautividad de Babilonia, como un libro con intenciones misioneras, como libro del anuncio de la vocación de los gentiles, se le relacionó con el Jonás histórico (es decir, “paloma,” el que mora en la casa) y, en la narración, se le envió a Nínive. Pero el narrador no se preocupó ni de la relación histórica correcta de Nínive y el profeta, ni de la Nínive histórica en sí. Para el narrador Nínive había pasado a ser el símbolo de la ciudad deslumbrante e impía y el exponente del gentilismo alejado de Dios, que pese a todo ha de confiar en la misericordia divina.
Según Tob 1:10, en Nínive vivió también el anciano Tobit.
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