Babilonia
Babilonia, sobre el río Eufrates, es la capital incontrovertible de Mesopotamia, por cuya posesión combatieron siempre hasta los imperios no babilónicos de Mesopotamia. Su ascensión empezó con el rey Hammurabi (siglo XVIII a.C.); pero el primer soberano del imperio persa Ciro n ya no la eligió como su capital (536 a.C.), de modo que a partir de entonces no desempeñó ya un papel político.
Cuando después de su gran campaña asiática Alejandro Magno regresó a Babilonia decidió reconstruir el templo y la gran torre sagrada, que el rey persa Jerjes había destruido después de una sublevación, y pensó asimismo en convertirla en capital de su imperio griego. Pero Alejandro moría en la ciudad el año 323 a.C., por lo que la historia de Babilonia como capital terminó definitivamente.
Las excavaciones apenas han sacado nada a la luz de la Babilonia más antigua; los asirios arrasaron la ciudad hasta sus cimientos (703 a.C.); pero la Babilonia de Nebukadnezzar (605-562 a.C.) nos es hoy bastante bien conocida gracias a los esfuerzos arqueológicos. Su muralla de 18 km de larga fue la obra de fortificación más importante de la antigüedad. En la orilla oriental del Eufrates, el río rodeaba tres cuartas partes del bloque de la ciudad antigua, y en un gigantesco recodo un segundo muro cerraba la ciudad nueva del este; el cuarto o tercer “muro” era el Eufrates. En la orilla occidental del río la protegía así mismo por tres de sus lados una gruesa muralla con taludes exteriores que rodeaba el bloque de la ciudad nueva de poniente. Las puertas estaban fortificadas.
Entre el muro norte en la ribera oriental y el río se alzó pujante un barrio fortificado con tres grandes complejos de fortificaciones con obras de avanzadilla y la ciudadela. En la entrada a la fortaleza residencial de los soberanos y de la ciudad se hallaba la puerta de Istar con sus famosos relieves esmaltados sobre el fondo azul del muro.
Así mismo en la orilla oriental, adonde conducía el ancho puente central desde la ciudad nueva, se encontraba el segundo recinto sagrado de gran extensión (800 x 500 m) con la ziggurat (“torre babilónica”) y el templo de Marduk (“Esagila”). Desde el recinto sagrado una calle procesional (de 25 m de ancha) conducía hasta la puerta de Istar; era la calle más suntuosa de la ciudad, de 1 km de larga, por la que era trasladada la imagen del dios hasta el palacio real en la fiesta de Año Nuevo. Con esa visita oficial del dios se invocaban sus bendiciones sobre el gobierno del soberano.
De Babilonia partía de continuo el falseamiento religioso del culto en el templo de Jerusalén bajo el dominio de asirios y babilonios. Por Babilonia fueron oprimidos Israel y Judá; y en Babilonia vivieron los miembros de la familia real de Judá que habían sido deportados y que allí estuvieron como “huéspedes bajo vigilancia.” En la cautividad babilónica corrió peligro de perderse la fe de los deportados bajo la suntuosidad y el poder de la gran metrópoli. De ahí que Babilonia se trocara en el símbolo de los poderes hostiles a Dios, y cuándo Roma asumió esas funciones también fue designada como la nueva “Babel” (cf. 1Pe 5:13; Apo 14:8).
Puede completarse el tema con los artículos sobre la torre de Babel, los asirios y los babilonios.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.