SUSA
Susa, la capital de la antigua Susiana, tenía una orientación geográfica e históric a que difería de las otras ciudades de la antigua Persia. Estaba situada 241 kms. al norte del Golfo Pérsico en un territorio de estepas al oriente del Tigris que realmente es una continuación de la llanura del sur de la Mesopotamia. Los montes de Luristan empiezan al norte de Susa, pero la ciudad misma está situada en una cuenca baja de cascajo y arcilla que se eleva naturalmente sobre las crecientes normales; pero convenientemente situadas para la explotación de la llanura aluvial del río Karum (el Ulai bíblico, Dn. 8:2).
Las excavaciones empezaron en Susa hace más de cien años cuando William K. Loftus excavó allí en conexión con su excavación en Warka (véase Uruc). El trabajo fue primitivo juzgado por los criterios modernos, pero Loftus probó que había localizado la Susa bíblica. Sus conclusiones fueron publicadas en su libro Travels and Researches in Chaldea and Susiana (London and New York, 1857). En 1884, Marcel Dieulafoy excavó la acrópolis de Susa y envió al Louvre el friso del arquero y capitel del buey.
El gran nombre en la arqueología de Susa es el erudito francés Jacques de Morgan, quien hizo un reconocimiento arqueológico de Persia en 1889 y renunció a su posición como director de antigüedades en Egipto (1897) para encabezar la Delegation en Perse que estaba trabajando en Susa. El descubrimiento más espectacular de los primeros años en la labor de Morgan fue la estela diorita del código de *Hamurabi que fue encontrada en tres piezas en diciembre de 1901 y enero de 1902. A principios de 1902 la estela fue trasladada a París y en septiembre del mismo año el padre Víctor Scheil, un asiriólogo dominicano, publicó el texto con una transliteración y una traducción.
Roland de Mocquenem llegó a ser el arquitecto de la expedición a Susa en 1903 y tomó la dirección desde 1912 hasta 1939. En 1946, Roman Ghirshman llegó a ser su sucesor.
Las excavaciones han arrojado evidencia de que Susa fue ocupada desde ca. 4000 a. de J.C. hasta 1200 d. de J.C. Los restos de las primeras colonizaciones están alrededor de 25 mts. debajo de la cima del promontorio de la ciudadela. Hay 2 niveles arcaicos, separados por ca. 11 mts. ; cada uno teniendo un tipo distintivo de cerámica pintada. Durante la última parte del cuarto milenio a. de J.C. una villa de regular tamaño estuvo ubicada en Susa. Unas 2.000 tumbas han sido identificadas en el cementerio. En ese tiempo fueron usados utensilios de cobre, y los alfareros habían aprendido a usar el torno para fabricar la loza de cerámica.
Antes del 3000 a. de J.C. un tipo de escritura protoelámico aún no descifrado se usaba en Susa. La escritura era semi-pictográfica y aunque parece haberse originado bajo la influencia mesopotámica, fue diferente en su desarrollo. Desde Susa penetró al corazón del altiplano iraní y continuó usándose durante muchos siglos.
Para el primer cuarto del tercer milenio a. de J.C. , un pueblo conocido como *elamita ocupó las llanuras de Susiana. El conquistador semítico *Sargón de Acad parece haber conquistado a Susa ( ca. 2360 a. de J.C. ) porque su estela fue desenterrada allí. Poco después, sin embargo, los elamitas construyeron instalaciones en el centro del montículo de la acrópolis.
De Morgan descubrió la estela de victoria del nieto de Sargón, Naram-Sin, en Susa. Naram-Sin tuvo que poner fin a unas revueltas a través de su imperio y Susa estaba gobernada por uno de sus subalternos. El idioma acadio empezó a suplantar al elamita como el idioma del estado y los nombres semitas llegaron a ser comunes. La asimilación estaba incompleta, sin embargo, Un gobernador local, Puzur-Inshushinak, que había sido designado por Naram-Sin, organizó un movimiento nacionalista y pronto Elam se embarcó en su propia política de conquista. A la muerte de Naram-Sin, Puzur-Inshushinak proclamó su independencia e invadió Babilonia.
Los pueblos que vivían al norte de Susa sacaron ventaja de la debilidad de los últimos reyes de la dinastía acadia, y aproximadamente, en el 2180 a. de J.C. , los gutianos invadieron la Baja Mesopotamia. Poco más de un siglo después ( ca. 2070) los sumerios pasaron por un período de renacimiento cultural y político en lo que se conoce como la tercera dinastía de Ur. Después de casi un siglo, Ur mismo fue atacado por los elamitas y el poder elamita continuó sin barreras hasta el reinado de Hamurabi de Babilonia (1728–1686 a. de J.C. ).
Los elamitas y los babilonios a la vez fueron dominados por los casitas de las montañas de Luristan desde más o menos 1650 hasta 1175 a. de J.C. Durante el siglo XII a. de J.C. , sin embargo, Elam pasó por su edad de oro. Bajo Shilhak-Inshushinak (1165–1151 a. de J.C. ) y sus sucesores, los santuarios de Susa fueron embellecidos con los trofeos de guerra. Fue durante este tiempo cuando la estela que ostentaba el código de Hamurabi llegó hasta Susa junto con la estela de Naram Sin y una estatua del dios Marduc de Babilonia.
Con el reinado de Nabucodonosor I de Babilonia, Elam de nuevo encontró seria oposición. Nabucodonosor I gobernó al fin del segundo milenio a. de J.C. (No debe confundirse con Nabucodonosor II, el gobernador neobabilónico o caldeo que conquistó a Jerusalén en el 587 a. de J.C. ). El atacó a Elam, capturó a Susa y restauró la estatua de Marduc a su templo en Babilonia.
Alrededor del 900 a. de J.C. los medos empezaron una serie de ataques contra Elam. En rápida sucesión, los asirios y los babilonios consideraron a Susa como su presa legítima. Sargón II y Senaquerib atacaron la ciudad y Asurbanipal llegó a jactarse de que él la había destruido. En el invierno del 596 a. de J.C. , el gobernador caldeo, Nabucodonosor II, atacó a Susa (véase Jer. 50:34–38).
Cuando Ciro de Ansán empezó la serie de conquistas que llegarían a dar forma al poderoso imperio persa, la posición de Susa fue radicalmente alterada. Bajo los sucesores de Ciro, Susa compartió con Persépolis, Ecbatana y Ctesifón los honores de ser la ciudad real. Nehemías estuvo en Susa como sirviente del palacio de Artajerjes I cuando recibió el conmovedor informe concerniente a los asuntos en Jerusalén (Neh. 2:1). Fue a Susa a donde Ester fue traída en los días de Asuero (Jerjes I) y allí en el palacio persuadió al rey a que expidiese un edicto que permitiera a los judíos defenderse de los ataques de sus enemigos.
Una tradición que data de la época de Benjamín de Tudela (1170 d. de J.C. ) coloca la tumba de Daniel en una mezquita al norte de Susa. En realidad, no hay evidencia de que Daniel jamás haya visitado a Susa, pero se dice que él estuvo allí “en una vision” (Dn. 8:2). Louis Ginzberg en su Legends of the Jews (IV, 350) informa acerca de la disensión que se dice haberse desatado entre los judíos de Susa porque la tumba de Daniel estaba en el lado de la ciudad donde vivían los judíos ricos. Los ciudadanos pobres que vivían al otro lado del río deseaban compartir la buena fortuna que la tumba de Daniel les traería. Se resolvió que el ataúd de Daniel sería movilizado de un lado a otro en años alternados, ¡hasta que el rey persa tuvo el ataúd suspendido en cadenas exactamente en la mitad del puente que se extiende sobre el río!
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