PERSIA
El fundador del ejército persa ascendió al trono de una pequeña provincia elamita en Anshan ca. 559 a. de J.C. Aprovechando la rebelión en el ejército medo, Ciro derrotó a Astyages, rey de los *medos y entró en su ciudad capital, *Ecbatana. En sorprendentemente corto tiempo, Ciro extendió sus límites hacia el occidente y hacia el norte. Amenazó al fabulosamente rico reino de *Lydia en Asia Menor, cuyo rey, Creso, buscó una alianza con *Nabonido de Babilonia y Amasis II de Egipto. Antes que la ayuda pudiera llegar, Ciro atacó y añadió Lydia a sus dominios. Esto trajo a Ciro en contacto con los griegos del Asia Menor. Más tarde, Persia trataría de conquistar a Grecia misma, pero por el momento Ciro regresó al oriente hacia los valles del Tigris-Eufrates y se movió en dirección a *Babilonia. Después de una serie de victorias al norte de la capital, Babilonia cayó ante los ejércitos persas en el 538 a. de J.C. No hubo pelea y Ciro fue recibido como libertador por quienes estaban descontentos con las políticas de Nabonido y Belsasar.
Ciro se propuso revertir ciertas políticas básicas de sus predecesores. A los pueblos cautivos se les permitió regresar a sus territorios y los ídolos que habían sido llevados a Babilonia fueron restaurados a sus altares locales. Ciro concedió permiso a los judíos para regresar a Jerusalén y reedificar su templo (Esd. 2:1-3.)
Bajo Cambises (530–522 a. de J.C. ), el hijo y heredero de Ciro, el poder persa alcanzó hasta Egipto. El faraón Psamtick fue derrotado en Pelusium (525 a. de J.C. ) después de lo cual Cambises saqueó la capital en Menfis. La derrota de los egipcios por Cambises marcó el fin del Egipto faraónico. Después de haber gobernado el Asia occidental, Egipto llegó a ser vasallo de los persas, griegos, romanos y sus sucesores. Después de sus victorias en Egipto, Cambises se enteró de ciertas revueltas domésticas y se apresuró a regresar a Persia para asegurar su trono. Murió en el camino, habiéndose, posiblemente, suicidado.
El período de confusión que marcó los últimos días de Cambises se terminó cuando Darío Hystaspes (522–486 a. de J.C. ) aplastó toda oposición y llegó a ser uno de los monarcas persas más fuertes. Ciro había tratado de gobernar con una política benévola; pero Darío creyó necesario ejercer poder absoluto. Su eficiente organizacido hizo de Persia un estado centralización en el cual todo poder era ejercido por el rey. Había sido el sueño de todos los reyes persas, desde Ciro, conquistar a los griegos. Darío emprendió una campaña europea subyugando a Tracia y Macedonia al norte de Grecia, con poca dificultad. El se movilizó a Grecia, pero la derrota en Maratón (490 a. de J.C. ) fue un revés mayor y le privó a Darío del premio que más buscaba. Durante el reinado de Darío se les permitió a los judíos continuar el trabajo en su templo, y en le año sexto de su reinado el segundo templo fue dedicado en Jerusalén (Esd. 6:15).
Jerjes I fue el hijo de Darío y Atossa, una hija de Ciro. En los primeros días de su reinado (486–465 a. de J.C. ) él aplacó una rebelión en Egipto, después de la cual se preparó para la invasión de Grecia. La campaña tuvo un buen comienzo. Los bravos espartanos fueron derrotados en la batalla de Termópilas (480 a. de J.C. ) y Atenas misma fue ocupada y saqueada. En Salamis, sin embargo, los persas perdieron su flota y el curso de la batalla cambió. Jerjes entregó el comando de su ejército a un general, Mardonio, y regresó al Asia. Mardonio fue impotente para recobrar la iniciativa en la lucha contra los griegos y Jerjes fue asesinado por uno de sus propios guardias.
Artajerjes, uno de los hijos de Jerjes, le sucedió en el trono (465–423 a. de J.C. ). Durante su reinado Esdras, “el escriba”, condujo a un grupo de exiliados de regreso a Jerusalén y Nehemías, el copero del rey, consiguió permiso para ausentarse a fin de animar a los judíos a reconstruir las murallas de Jerusalén. El imperio era difícil de gobernar durante el reino de Artajerjes. El tuvo éxito en aplacar la rebelión; pero las concesiones que tuvo que hacer con los griegos indicaron una debilidad que iba a hacerse más pronunciada entre sus sucesores. La declinación en el poder persa data del reinado de Artajerjes.
Los 90 años entre la muerte de Artajerjes I y la derrota de Darío III en Isus (333 a. de J.C. ) muestran una serie de seis gobernadores persas, ninguno de los cuales fue capaz de restaurar a Persia a su antigua grandeza. La disputa dinástica más célebre del período fue la rebelión de Ciro el Joven, un príncipe persa que empleó un ejército de griegos mercenarios (“los mil”) para apoyar su causa en oposición a Artajerjes II. Ciro murió en la batalla de Cunaxa (401 a. de J.C. ). Jenofonte, uno de los “diez mil”, quien fue forzado a defender su retirada, contó la historia de sus esfuerzos durante esa retirada de Persia en la obra Anabasis. Hostigados por los persas, los mercenaIrios griegos, costearon el Tigris hasta Armenia, atravesaron las montañas y descendieron hasta las playas del mar Negro en Trebizond (Trapezus). De allí pudieron continuar su camino hasta Grecia.
Aunque hubo períodos temporales de esplendor, los últimos reyes de Persia vivieron durante tiempos de intriga, rebelión y derramamiento de sangre. En el 334 a. de J.C. , Alejandro de Macedonia invadío el Asia Menor y al año siguiente derrotó a las fuerzas persas en Issus al norte de Siria. En 331 a. de J.C. , el imperio persa llegó a su fin con la victoria de Alejandro en Gaugemala, en la Mesopotamia. El último de los reyes persas huyó a Bactria donde fue asesinado por su propio primo. Véase también ELAM, BISITUN.
BIBLIOGRAFIA: R. Ghirshman, Iran, Penguin Books, Baltimore, 1954. A. T. Olmstead, The History of the Persian Empire, University of Chicago Press, Chicago, 1948. Richard N. Frye, The Heritage of Persia, World Publishing, Cleveland, 1962.
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