MOAB, MOABITAS
El antiguo Moab era el territorio entre el mar Muerto y el desierto siro-arábigo al oriente y los residentes oriundos del imperio semita que ocuparon la region ca. 1300–600 a. de J.C. , fueron conocidos como moabitas.
I. Geografia. Las fronteras de Moab, en dos lados, estaban bien definidas y establecidas por barreras geográficas; al oeste estaba el mar Salado (mar Muerto) y la parte baja del Jordán; sobre el sur estaba el gran cañón del arroyo Zered que dividía Moab de Edom. Hacia el oriente, donde la meseta fértil se desvanecía lentamente en el desierto, una red de fortalezas limítrofes más o menos delineaba la extensión de su territorio. El profundo cañón de Arnón pareciera haber tenido un efecto similar de estabilidad para la frontera del norte y en realidad constituyó tanto el límite tradicionalmente reconocido para su tierra como una barrera detrás de la cual podían retirarse en tiempos de problemas. Sin embargo, fueron las llanuras fértiles y los altiplanos al norte que la tentaron a dejar atrás sus barreras naturales y dar rienda suelta a sus ambiciones expansionistas. Por lo tanto, sus límites en este lado fluctuaron de acuerdo con sus fortunas políticas entre el Arnón y el Wadi Minrin frente a Jericó. Aun en su extensión más grande, sin embargo, el territorio de Moab probablemente nunca excedió los 97 a 105 kms. de longitud y los 40 a 48 kms. de ancho.
La mayor parte del territorio es un altiplano de suaves ondulaciones, alcanzando un promedio de 915 mts. de altura y gradualmente elevándose en forma escalonada de norte a sur. El borde del altiplano se lanza muy precipitosamente hacia el mar Muerto en el oeste, pero las faldas casi lo hacen imperceptiblemente hacia el desierto sobre el oriente. Aquí y allí valles de lados muy escarpados hienden la porción occidental de la tierra plana en su precipitación hacia la costa del mar Muerto. De estos escarpados el más espectacular es la garganta del Arnón la cual en su máximo, alcanza kms. de profundidad y tiene como 5 kms. de ancho en sus bordes superiores. El suelo rojizo y café oscuro del altiplano es fértil, especialmente en la parte norte del territorio y la lluvia de la temporada de invierno (que promedia entre 41 y 51 cms. pero disminuye rápidamente hacia el desierto en el oriente), es normalmente suficiente para madurar el trigo y la cebada. En los veranos secos, sin embargo, la tierra es apropiada sólo para apacentar las ovejas y cabras, de suerte que a través de su historia las ovejas han sido una de las principales riquezas del país.
Dos áreas planas adyacentes a la costa del *mar Muerto, y muy diferentes en carácter al distrito del altiplano merecen una nota especial. Una está al suroriente de la península (Lisán) que se extiende dentro del mar aproximadamente a dos tercios de su costa oriental; la otra, llamada las “llanuras de Moab”, se extiende hacia el norte del mar hasta el Wadi Minrin y desde el Jordán hasta las faldas en el oriente. Cada una de estas llanuras está a sólo pocos metros del nivel del mar Muerto ( ca. 395 mts. bajo el nivel del mar) y es por lo tanto extremadamente caliente y prácticamente carente de precipitaciones. Sin embargo, cada una es atravesada por pequeños arroyos los cuales hacen posible un cultivo de irrigación. Fue en la segunda de estas áreas, las llanuras de Moab, que Israel estuvo acampado inmediatamente antes de cruzar el Jordan para entrar a Canaán.
La naturaleza geográfica y la posición de Moab hicieron posible que su mayor arteria de viajes fuera seguir la ruta de norte a sur a través del antiplano central. El curso de este “Camino Real” de la edad del hierro fue precedido por una ruta de la edad del bronce y seguido por el camino romano de Trajano. Hoy la moderna autopista es sólo una sucesora de estas tres. Las ciudades principales del territorio estaban situadas al lado o cerca de este camino. Kir Haroseth (la moderna Kerak), la capital de Moab y su fuerte principal, dominaba el alto baluarte entre el Arnón y el Zered En el populoso altiplano al norte del Arnón, Dibón, Medeba y Heshbon se encontraban las mayores colonizaciones moabitas.
II. Prehistoría. Moab fue originalmente habitada por un pueblo de estatura gigantesca llamado Refaim en la Biblia. Los moabitas los conocieron como Emim (Dt. 2:10 y sigtes.). Tales tradiciones de una raza de gigantes aborígenes fueron probablemente inspiradas en parte por las tumbas megalíticas (dolmenes) y enormes piedras paradas (menhires) del período prehistórico, las cuales se encuentran todavía, en cantidades significativas, en la región moabita. Monumentos megalíticos de esta clase se encuentran en varias partes del mundo y en donde se han conservado tradiciones acerca de ellos, inevitablemente involucran gigantes.
La ocupación sedentaria aparece en la altiplanicie moabita durante los primeros siglos del tercer milenio a. de J.C. Esta civilización, de la edad del bronce inferior, estuvo caracterizada por un número de sitios fuertemente amurallados estratégicamente escogidos por su potencial defensiva y acceso al agua y normalmente situados para proteger la ruta de las caravanas de norte a sur la que atravesó el altiplano moabita así como la totalidad de las tierras altas de la Transjordania. Esta ruta ofreció un camino a la invasión de los reyes mesopotámicos registrada en Génesis 14. A estos reyes también se les atribuye, en el relato bíblico (Gn. 14:5), la dominación de Refaim y Emim los cuales confrontaron en el curso de su invasion. La exploración y excavación han indicado que muchos sitios en Moab han sido ocupados durante la última parte de la edad del bronce inferior (inmediatamente anterior al 2000 a. de J.C. ) y dos monumentos de la region, la estela de Shihan y la estela de Balu’ah, parecen pertenecer a este mismo período.
En la parte final de la edad del bronce inferior, al terminar el tercer milenio, las áreas colonizadas de ambos lados del Jordán fueron seriamente afectadas por las incursiones de elementos seminómadas. La enorme destrucción y abandono de ciudades y pueblos alcanzó su cenit en el siglo XX y trajo la civilización de la edad inferior del bronce a su fin. Durante los primeros siglos del segundo milenio la ocupación sedentaria fue rápidamente restaurada al occidente del Jordán al radicarse los nuevos colonos, pero en la región de Moab y el resto de la Transjordania del sur, por algunos 600 años (1900–1300 a. de J.C. ) la vida nómada continuó siendo la forma de vida característica. Aunque la identidad de los recién llegados está sumergida en el misterio, algunos de sus nombres que se han conservado en registros de la época indican que eran una rama de los amorreos semíticos del noroeste quienes, en ese tiempo, estaban movilizándose a través de la fértil media luna.
En verdad, es enteramente probable que el nombre “amorreo” fuera una designación bastante amplia de varios pueblos semejantes del norte de Mesopotamia y Siria de los cuales los moabitas y los hebreos fueron los descendientes posteriores. Una idea de tal relación está contenida tal vez en el oráculo de Balaam (Nm. 24:17) en donde Moab aparece paralelo con los “hijos de Set”, quienes son posiblemente las tribus semíticas ambulantes llamadas Sutu en varios textos mesopotámicos y egipcios del segundo milenio a. de J.C.
El relato del origen de los moabitas narrado en el Antiguo Testamento (Gn. 19:30-38) no es de ninguna ayuda especial para clarificar estas primeras relaciones y no se ha podido indagar nada concerniente a ellos de la etimología de su nombre. Moab, el epónimo antepasado de los moabitas, aparece en Génesis 19:37 como el hijo de Lot y la mayor de sus dos hijas. La derivación del nombre es incierta. No se da ninguna etimología en el texto hebreo; pero una etimología popular, derivada del relato (Gn. 19:30-38), está indicada por la adición de “el dicho de mi padre”, después del nombre “Moab” en el texto de la septuaginta, versículo 37. Sólo en esta referencia el nombre Moab se relaciona con una persona. En otras partes del Antiguo Testamento y en la literatura extrabíblica, el nombre, como tal, fue usado principalmente para referirse al pueblo. Era la costumbre que si un escritor deseaba referirse a su país, usaba el nombre en conjunción con alguna designación geográfica como “tierra” o “territorio”. Por lo tanto, parecería que el uso original de la palabra Moab era para designar un pueblo y que esporádicamente después el nombre fue usado para designar el territorio, que llegó a ser considerado como su patria. Si el escritor bíblico conservó este relato como una reflexion del desdén israelita hacia los moabitas o simplemente para ofrecer su origen tradicional, en todo caso, el relato sirvió para enfatizar la relación entre los dos pueblos.
Además de su relación por medio de Lot, quien era sobrino de Abraham, tanto el idioma como las costumbres testifican que los moabitas y los hebreos provenían de un fondo semítico similar. El carácter hebreo-fenicio del vocabulario y escritura de la *piedra moabita ( ca. 830 a. de J.C. ) indican que el moabita era un dialecto de una lengua semítica del noroeste que prevalecía en Palestina y que era prácticamente idéntico con el hebreo.
III. Historia. Cerca del fin de la edad del bronce superior los varios grupos nómadas, que durante el curso de los siglos habían dominado ciertas regiones del sur de la Transjordania, empezaron a adoptar una forma de vida sedentaria y a establecer colonias permanentes. No fue sino hasta el siglo XIII a. de J.C. , por lo tanto, que el reinado organizado de Moab se levantó (al igual que los reinos vecinos de Edom, Amón y el amorreo Sion) como está indicado por las exploraciones de Glueck y apoyado por las excavaciones de Dhiban (véase Dibón). Además, la primera mención de Moab en los registros contemporáneos se encuentra en las listas topográficas egipcias de Ramesés II del siglo XIII ( ca. 1290–1224 a. de J.C. ). Así, aunque Moab era relativamente joven en la familia bíblica de naciones, no obstante, precedía a Israel, quien como grupo seminómada, tenía que pasarla en su viaje al norte a través de la Transjordania en camino hacia la tierra prometida.
Para 1300 a. de J.C. , las ciudades amuralladas de Moab y las fortificaciones de las fronteras eran demasiado poderosas como para que Israel las desafiara (Dt. 2:9; Jue. 11:15, 18; 2 Cr. 20:10). Un poco antes de la llegada de Israel a la escena, sin embargo, todo Moab al norte del Arnón fue subyugado por Sehón, el gobernador amorreo de Hesbón e incorporado a su reino (Nm. 21:26–30). Los israelitas, a su vez, desalojaron a Sehón, de la región (Dt. 2:24–36) y posteriormente la asignaron a las tribus de Rubén y Cad (Nm. 32:2–5; 34–38; Jos. 13:8–10, 15–23) quienes reconstruyeron y pusieron nuevos nombres a muchas ciudades que anteriormente eran moabitas.
Después de la conquista realizada por Sehón, Israel acampó en las llanuras de Moab al oriente del Jordán enfrente de Jericó (Nm. 22:1 y sigtes.). Cuando Israel estuvo allí, Balac, rey de Moab, buscó, sin éxito, lanzar una maldición sobre ellos por medio de Balaam, resultando en su lugar, bendiciones para Israel (Nm. 22:24). También mientras estuvieron allí, Israel llegó a estar envuelto tanto en adulterio como en idolatría con Moab y Madián (Nm. 25:1-9). De aquí Moisés ascendió al monte Nebo, contempló la tierra prometida, murió y fue sepultado en el valle al otro lado de Bet-peor. Todos estos eventos se describen como aconteciendo en la tierra de Moab (Nm. 22:1; 25:1; Dt. 34:1, 5, 6), lo que indica que ni el dominio amorreo ni el de los israelitas del antiguo territorio moabita al norte del Arnón impidieron seriamente el establecimiento de los moabitas aquí.
El dominio moabita sobre esta región fue restaurado durante el período de los “jueces” y aun extendido al otro lado del Jordán hasta incluir a Jericó (ciudad de las palmas, véase Jue. 3:12-14), lo cual produjo una opresión sobre Israel de dieciocho años. De esta opresión, Israel fue librado en conexión con el asesinato de Eglón, rey de Moab, por Aod y las fuerzas ocupantes fueron prontamente despachadas. Sin embargo, los moabitas aparentemente permanecieron en control de sus posiciones al oriente del Jordán y para el siglo XI habían absorbido virtualmente la tribu de Rubén. Sin embargo, que no todo fue enemistad entre Moab e Israel durante este período, surge de la presentación amistosa del libro de Rut.
Las relaciones moabitas-israelitas durante el período del reino unido fueron, generalmente, caracterizadas por el dominio de Israel. Aunque Saúl gozó de algunos avances contra Moab (1 S. 14:47), David les infligió severas derrotas, reduciéndolos al estado de vasallos (2 S. 8:2; 1 Cr. 18:2, 11). Esta relación fue aparentemente mantenida bajo Salomon quien también incluyó mujeres moabitas en su bien surtido harén y construyó un altar a su dios, Quemos, en las inmediaciones del templo de Jerusalén (1 R. 11:1, 7).
La disensión e incertidumbre que siguieron a la división de la monarquía israelita aparentemente permitieron a Moab reconquistar su independencia. Esta fue de corta duración, sin embargo, ya que con la llegada de Omri ( ca. 876) al trono del reino del norte, la situation política de Israel mejoró y Moab fue nuevamente reducido a un estado vasallo, teniendo que pagar a Israel un pesado tributo anual en ovejas y lanas (2 R. 3:4).
En cuanto a los eventos de la mitad del siglo IX a. de J.C. , el Antiguo Testamento está suplementado por la *piedra moabita de Dibón, la cual nos informa que los israelitas ocuparon el territorio moabita del norte del Arnón por cuarenta años después de la conquista de Omri. Moab se rebeló con éxito; sin embargo, durante el reinado de Mesa, quien se despojó del yugo de Israel, reconstruyó muchas ciudades capturadas (algunas veces empleando prisioneros israelitas) y gobernó sobre ellos desde su ciudad capital de Dibón.
Desde el punto de vista israelita la revuelta de Mesa produjo casi un desastre al hacer frente a una coalición de los reyes de Israel, Judá y Edom y fue salvada sólo por la más drástica de las medidas, el sacrificio de su hijo y heredero al trono (2 R. 3:24-27). El resultado final fue el retiro de Israel y sus aliados del territorio moabita. Después de esto, parece que bandas de merodeadores moabitas ocasionalmente invadieron Israel (2 R. 13:20 y sigte.).
La fortuna de los moabitas declinó con el aumento de la fortaleza de Israel y Judá durante la primera mitad del siglo VII a. de J.C. , pero se restableció en la segunda mitad del siglo cuando las intrigas y guerras debilitaron a sus vecinos al oeste del Jordán. La dominación asiria del área siro-palestina regresó bajo Tiglat-pileser III ( ca. 738 a. de J.C. ), quien procedió a colocar a Moab ( ca. 733 a. de J.C. ) y sus vecinos bajo tributo. Presumiblemente esta relación tributaria continuó por más de un siglo (tal vez no siempre sin beneficio) ya que los registros asirios de Senaquerib, Esar-Haddon y Asurbanipal también mencionan reyes moabitas entre sus vasallos ( ANET , págs. 281, 287, 291, 294, 298).
Un período de lucha civil en Asiria, cerca de la mitad del reinado de Asurbanipal ( ca. 650 a. de J.C. ), facilitó a las tribus árabes del desierto sirio la oportunidad de invadir y devastar a Moab y mucha de la Transjordania. Aunque Moab sobrevivió a la invasión y aun envió a un jefe árabe capturado a la capital asiria en cadenas ( ANET , pág. 198), el territorio fue probablemente suficientemente debilidado como para acelerar seriamente su caída como estado autónomo. Isaías 15, 16 y Jeremías 48 posiblemente reflejan una endecha contemporánea describiendo el destino de Moab en relación con estos eventos.
Nínive cayó en 612 a. de J.C. , y con el establecimiento de la autoridad de Babilonia sobre la porción siro-palestina del caído imperio asirio en 605 a. de J.C. , tanto Judá como Moab, rápidamente transfirieron su lealtad al nuevo señor. Tres años más tarde Judá se rebeló, pero bandas de moabitas estaban entre los leales vasallos enviados para invadir a Judá en represalia (2 R. 24:2). Una larga historia de enemistad, inhospitalidad y colaboración con los enemigos de Judá trajo tales oráculos de juicio contra Moab como los que se encuentran en Isaías 15 y 16, Sofonías 2:8–11, Jeremías 48 y Ezequiel 25:8–11.
Poco después del 597 a. de J.C. , Judá participó con Moab y otros en ciertas intrigas contra Babilonia (Jer. 27:1–11) lo cual dio como resultado la rebelión de Judá y la destrucción de Jerusalén en 587 a. de J.C. Moab no sufrió una devastation similar en esta ocasión, tal vez debido a que abandonó la causa que había ayudado a instigar. Sin embargo, su suerte no parece haberse demorado, porque Josefo (Ant. V. ix.7) conserva un relato que indica que Nabucodonosor derrotó a Moab en su 13er. año (582 a. de J.C. ), el cual corresponde al año en el cual Nebuzaradán, capitán de su guardia, deportó el tercer grupo de cautivos de Judá (Jer. 52:30). La exploración arqueológica y los registros de la excavación concuerdan con las evidencias literarias de que a comienzos del siglo VI a. de J.C. , Moab cesó de existir como nación. Después de más de setecientos años de vida nacional organizada, la tierra regresó al dominio de los nómadas.
IV. Religión. Aunque las fuentes de información sobre la religión moabita son pocas, contienen vestigios de una semejanza cercana a la religión de los canaanitas. La presencia de nombres de lugares como Bamot-baal (Nm. 22:41), Bet-baal-peor (Jos. 13:20) y Bet-baal-meón (Jos. 13:17; M.I. 30) indican la adoración del Baal canaanita o de una de sus manifestaciones locales. De la misma manera, ovejas y bueyes fueron sacrificados en altares en los lugares altos y los adoradores participaron de comidas sacrificiales (Nm. 22:40–23:2; 25:1–3; véase Ap. 2:14). Orgías sexuales que acompañaban a la adoración de Baal-peor (Nm. 25:3–6; 31:16; Jos. 22:17) indican uno de los mayores énfasis de la religión canaanita. Los figurines de fertilidad moabita que representan a la diosa madre Astarté son del mismo tipo que aquellos asociados con los cultos cananeos e indican un énfasis similar. Siendo que Astar y Astarté parecen representar los aspectos masculinos y femeninos de la misma deidad cananea, es tal vez un aspecto de este mismo énfasis de fertilidad que está reflejado por la presencia del nombre compuesto Astar-Quemos en la inscripción Mesa.
Quemos, la deidad nacional moabita, fue considerada desde la antigüedad como un dios de la guerra. Con el curso del tiempo, sin embargo, se creyó que tenía autoridad soberana sobre todos los aspectos de la vida. En la inscripción de Mesa hay referencias a él (como fue con Jehová en el Antiguo Testamento) como el que trae tanto bien como mal sobre su pueblo; él castiga y concede bendición; conquista y da en esclavitud. Su voluntad estaba mediada a su pueblo por el rey (Mesa) quien también, como los primeros reyes cananeos e israelitas (2 S. 6:18; 1 R. 8:54 y sigtes.), poseía cierta autoridad sacerdotal. Se saciaba por medio de sacrificios (2 R. 3:24–27; M. I., 11) y se honraba por la práctica del herem (“ban” o dedicación a la destrucción, M. I., 17). Casi seguramente tenía un templo en Dibón. Su nombre era un elemento común en nombres moabitas, tal como era Baal en Canaán y Jehová en Israel. Para los israelitas, sin embargo, él era solamente una abominación cuya adoración era una molestia para los moabitas (1 R. 11:7; 2 R. 23:13).
BIBLIOGRAFIA: W. F. Albright, The Biblical Period from Archaeology of Palestine, Pelican Books, Baltimore, Maryland, 1960. Denis Baly, The Geography of the Bible, Harper and Brothers, New York, 1957. H. L. Ginsburg, “Judah and the Transjordan States from 734–582 B.C.E.”, Alexander Marx Jubilee Volume, New York, 1950. Nelson Glueck, Explorations in Eastern Palestine I–IV, AASOR , Vol. XIV (1933–34); Vol. XV (1934–35); Vols. XVIII–XIX (1937–39); Vols. XXV–XXVIII (1945–49); The Other Side of the Jordan, ASSOR, New Haven, Connecticut, 1940. J. B. Pritchard ( ed. ), (2nd. Ed.), Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1955. A. H. Van Zyl, The Moabites, E. J. Brill, Leiden, 1960.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.