MEDICINA
I. Mesopotamia. De la biblioteca de *Asurbanipal, hay 800 tabletas que son nuesta fuente principal de información en cuanto a la medicina en el antiguo Cercano Oriente. En el código de *Hamurabi la palabra “médico” aparece junto con las primeras leyes en relación con el ejercicio de la medicina. Se establecen tanto los honorarios que se pagaban a los médicos por servicios satisfactorios como las multas que ellos debieran pagar si su administracion fuera dañina. Es digno de notarse que las regulaciones se refieren principalmente a la cirugía y que muy poco se menciona en cuanto a la practica médica. Aun en este período tan antiguo parece haber habido una distinción marcada entre los cirujanos y los médicos. Los errores médicos constituían un peligro para los médicos. “Si un médico opera a un hombre (es decir a un caballero) por una herida severa con una lanceta de bronce y causa la muerte del hombre o abre un abceso en el ojo de un hombre) con una lanceta de bronce y destruye el ojo del hombre, se le cortarán los dedos.”
En Mesopotamia, la medicina era un arte secreto y religioso, basado en la magia, la necromancia, la demonología y la adivinación. Estaba totalmente bajo el contro! del grupo sacerdotal. Se enseñaba en escuelas especiales ubicadas dentro de los templos. Había tres clases de médicos, todos ellos sacerdotes. En la medicina antigua, los médicos siempre fueron los sacerdotes, de allí que la medicina tuviera un sabor fuertemente religioso. Las tres clases de médicos eran: (1) doctores de hierbas, que corresponden a los modernos médicos internos; (2) doctores de cuchillo, que corresponden a los cirujanos modernos; y (3) doctores de encantamientos, que corresponden a los modernos psiquiatras. Estos doctores practicaban un tipo de medicina muy rudimentario y eran preparados en el templo para diagnosticar y tratar las enfermedades. La especialización era muy amplia. Había hombres especializados en la adivinación y la pronosticación, exorcistas especializados en encantamientos para alejar los malos espíritus y otros hábiles en la hechicería y el uso de drogas.
El mercado y el templo tuvieron su parte en la práctica médica. Herodoto (I. 80) relata lo siguiente: “Ellos traen sus enfermos al mercado ya que no tienen médico; entonces aquellos que pasan junto a la persona enferma hablan con ella acerca de la enfermedad, para descubrir si ellos mismos han sido afligidos por la misma enfermedad que la persona enferma o han visto a otros con esta misma enfermedad, de esta manera hablan con ella y le aconsejan usar el mismo tratamiento por el cual ellos fueron sanados de la misma enfermedad o han visto a otros ser curados. Y no se permite pasar en silencio junto a una persona enferma sin preguntar la naturaleza de su indisposición.” La importancia del templo en la vida de la Mesopotamia era fuerte. El sacerdote guiaba a todos, no sólo en los aspectos médicos y religiosos sino también en los asuntos comerciales y otros aspectos de la vida. Los sumos sacerdotes eran también responsables de las “vírgenes del templo” o “enfermeras” quienes eran una combinación de sacerdotisas, prostitutas y ayudantes de medicina que cuidaban de las necesidades tanto físicas como espirituales de los visitantes al templo.
Un estudio de su farmacopea, obtenido por medio del estudio de las tabletas cuneiformes de la biblioteca de Asurbanipal, reveló 250 substancias vegetales y 120 minerales. Vinos, grasas, aceites, miel, cera y leche eran empleados en la preparación de varias medicinas. Muchos de los agentes como áloes, anís, asafétida, belladona, cáñamo, cardamomo, casia, aceite de castor, canela, coloquíntida, coriandro, ajo, beleño, junípero, alcazuz, mandrágora, menta, mostaza, mirra, granada y amapola, se conocen hoy día por su valor terapéutico. En muchos casos, el medicamento prescrito parece de acuerdo con los procedimientos modernos, bastante razonable. La amapola se usaba para dolor y para producir sueño. La belladona se usaba como un anodino para reducir la secreción de saliva, para aliviar espasmos de la vejiga, dismenorrea, bronquitis y asma. Esto es consistente con las prácticas médicas modernas.
Pero en esta curiosa mezcla de lo excéntrico, lo bizarro y lo valioso, se encuentran otros remedios repugnantes y nauseabundos que debían ingerirse por vía bucal. Algunos de ellos son grasa de cerdo, estiércol de perro, excremento y orín humanos. Estas substancias se daban sin duda con la esperanza de que serían repugnantes a los demonios y así saldrían del cuerpo.
Una forma curiosa de diagnosis médica, ampliamente practicada en Babilonia, fue la hepatoscopia o inspección del hígado. Este y el uso de la adivinación son mencionados en Ezequiel 21:21: “Porque el rey de Babilonia se ha detenido en una encrucijada, al principio de los dos caminos, para usar de adivinación; ha sacudido las saetas, consultó a sus ídolos, miró el hígado.” La práctica era tomar una muestra de arcilla del hígado de una oveja sana y compararla con el hígado de un animal recién sacrificado. Cualquier alteración en el espécimen fresco era cuidadosamente marcada sobre el modelo de arcilla siendo estudiada posteriormente en detalles para determinar el tipo de enfermedad que afectaba al paciente. Esto, por supuesto, no tenía ningún valor práctico para el paciente quien parecía extrañamente aislado de la comparación; pero para los babilonios, el hígado, como fuente de la sangre, era considerado el asiento del alma.
Se ha afirmado que el pueblo de la antigua Mesopotamia diferenciaba sus demonios como se hace hoy en día con los gérmenes. Había un demonio para las enfermedades agotadoras, para el mal funcionamiento del hígado, para los problemas ginecológicos y cada desorden del hombre era señal de estar poseído de algún demonio. Más de 6000 demonios fueron clasificados solamente en Mesopotamia. La enfermedad no se creía ser un desorden patológico, sino ya más bien un castigo por los dioses por pecados cometidos o la posesión de demonios. El hombre enfermo era un hombre pecador que requería rituales expiatorios.
Los mesopotamios, sin embargo, nos aportaron descripciones sistemáticas de ictericia, enfermedades oculares y fiebres; nociones primitivas de contagio, una farmacopea increíblemente moderna, una codificación legal de la práctica médica (como las que se encuentran en el Código de Hamurabi) y exploraciones primitivas de prácticas quirúrgicas.
F. H. Garrison en la History of Medicine (Saunders, 4a. edición, 1929), las ha alabado. “Los asirio-babilonios se protegían a sí mismos de los fuertes rayos del sol con parasoles, de las pestes de insectos con espanta moscas, vestían tartán semítico envuelto alrededor del cuerpo a manera superpuesta, practicaban el boxeo y otros deportes masculinos, empleaban vejigas infladas como alas de agua, sabían cómo producir la cerveza y fertilizar la palma datilera, regulaban a las amas de leche, enterraban sus muertos en ataúdes en forma de zapatilla y en tumbas de forma de abanico.”
II. Egipto. En Egipto se practicó unaclase más alta de medicina y es significativo que dos de los reyes persas, Ciro y Darío, tenían médicos egipcios. La mayoría del conocimiento exacto de la medicina egipcia se ha obtenido de los papiros médicos. Cierta información se ha obtenido de los monumentos y las momias, estas últimas revelando arterioesclerosis, cálculos hepáticos, gota, artritis y otros estados patológicos contemporáneos bien conocidos. Los dos papiros más importantes son los de Ebers y de Edwin Smith. Este último es el más antiguo tratado quirúrgico en el mundo y describe 48 casos. El papiro Ebers habla de enfermedades clínicas internas mencionando las terapias tradicionales. El papiro de Edwin Smith encontrado en Luxor por la persona cuyo nombre ostenta, un egiptólogo americano, es probablemente el primer documento científico en la historia de la medicina y contiene algunos comentarios quirúrgicos sorprendentes. Allí se encuentra la palabra “cerebro” registrada por primera vez enel lenguaje humano. También se describe “erección” y “emisión seminal” que sigue a la dislocación de la nuca (un fenómeno observado ahora en hombres ejecutados en la horca). Aquí el escritor reconoció el corazón como el centro de un sistema de distribución de vasos, enfatizó la importancia del pulso y probablemente lo tomó. “Sus pulsaciones”, escribe el autor, “están en cada vaso de cada miembro”. Si el autor en realidad tomó el pulso, lo cual parece probable, es aún más sorprendente ya que esto ocurrió doce siglos antes de Hipocrates y no fue sino hasta 1628 que William Harvey escribió su De Motu Cardis, una publicación de la cual surgió la cardi ología moderna.
Este asombroso tratado quirúrgico discutía una gran variedad de fracturas, dislocaciones, heridas, tumores, úlceras y abcesos. Se empleaba la hilaza como absorbente, también tapones y torundas de lino. Yeso adhesivo fue usado para suturar la piel en las heridas. Puntos quirúrgicos son mencionados por primera vez, de acuerdo con el papiro de Edwin Smith, donde el autor escribe: “Deberás juntar su herida con puntadas.” La cauterización se recomendaba para úlceras y tumores del pecho y los entablillados se hacían de madera delgada, acolchonada con lino y moldeada a la extremidad quebrada (probablemente con yeso o goma). Las heridas infectadas recibían aplicaciones de una cocción de sauce que contenía salicina; y como astringente se usaba una solución de sulfato de cobre y sodio. Lo mismo que entre los mesopotamios algunas de las aplicaciones egipcias no eran estéticas ni higiénicas y se aplicaba frecuentemente a las heridas excrementos, grasa y miel.
Pero hubo otros papiros médicos. El papiro Kahun trataba de ginecología. El papiro Hearst contiene un formulario de un médico practicante. El papiro de Londres contiene un gran número de encantamientos mágicos, en contraste con la medicina en un tono más elevado que las otras presentaciones.
Curiosamente, en el papiro egipcio, se encuentra probablemente la descripción más antigua de medidas anticonceptivas. El papiro Kahun recomienda la inserción de un supositorio vaginal conteniendo hez de cocodrilo y miel mezclada con carbonato de sodio. El papiro de Ebers prescribe una inserción vaginal de cogollos de acacia. Estos cogollos contenían una goma arábiga que disuelta en agua formaba un ácido láctico. Muchas de las gelatinas contraceptivas, ampliamente usadas hasta el presente, contenían ácido láctico como espermaticida.
El interés macabro de los egipcios por la muerte constituye la esencia misma de su tremendo conocimiento de momificación y su consiguiente avance en conocimiento anatómico. Mientras que los mesopotamios temían a los demonios y a los malos espíritus, los egipcios temían a la muerte. La momificación en Egipto se desarrolló en un grado notable porque los egipcios creían que el Ka o alma regresaba al cuerpo después de la muerte. Por lo tanto, era de importancia para el embalsamador prevenir la putrefacción interna de un cuerpo muerto. Este concepto peculiar de la inmortalidad produjo mausoleos y tumbas magníficos, decorados y provistos con todas las comodidades para las necesidades y satisfacciones de la vida. Cada pirámide, cada tumba, era realmente un nuevo hogar levantado para los fallecidos; un templo para uno que así llegaba a ser un dios.
Su técnica de momificación y embalsamamiento, a la luz de nuestro conocimiento moderno, es de lo más auténtico y perfecto. “El cerebro se sacaba por la nariz con un gancho de hierro y la calavera se vaciaba del resto por medio de un lavaje con drogas. El abdomen era luego cortado con un cuchillo de pedernal afilado; se sacaban las vísceras; se limpiaban con vino y materiales aromáticos; se rellenaban con mirra, casia y especias y la incisión era cerrada. El cuerpo era luego empapado con cloruro de sodio o bicarbonato (natrón) por 70 días, después de los cuales se lavaba y se envolvía completamente con vendajes de lino empapados en goma. Los parientes ponían el cuerpo embalsamado en un ataúd de madera, en forma de un hombre, que se depositaba en la cámara funeral junto con 4 jarrones canopes que contenían las vísceras. Así como con los indios americanos, al espíritu que había partido se le suministraba comida, bebida y otras conveniencias designadas y había un ritual espiritual o un Libro de los Muertos que cada egipcio aprendía de memoria como una especie de libro guía para el otro mundo. ” (F. H. Garrison, History of Medicine, cuarta edición, Saunders, 1929, pág. 58).
Gracias a los papiros médicos disponibles, el hombre moderno está más familiarizado con la medicina del antiguo Egipto que con la de Mesopotamia. Aunque primitivo, el concepto egipcio de la enfermedad representó un avance sobre las teorías mesopotámicas. A diferencia del concepto mesopotámico, el de ellos no estaba basado en la función del hígado, sino que llegó a estar más cerca del concepto moderno de las funciones vitales de la respiración y la circulación. Los egipcios sabían que el hombre necesitaba dos cosas para sobrevivir: aire y comida. También sabían que el cuerpo contenía un fluido mágico, vital para el hombre; ya que su pérdida podría ser fatal, ellos relacionaron este fluido con las pulsaciones del corazón. De esta manera, el aire, la comida y la sangre llegaron a ser los tres elementos básicos de la fisiología egipcia. Aún más, la medicina egipcia estaba menos relacionada con la clase sacerdotal y la religión. Es verdad que en Egipto, la medicina mágicorreligiosa se empleaba y era la más popular ya que era la menos costosa. Aun así, coexistía con la medicina empíricorracional, empleaba drogas y dieta, pero a causa del alto costo, esta última estaba desafortunadamente limitada únicamente a la clase rica.
El ejercicio de la medicina compartido por los sacerdotes y los doctores alcanzó tan alto grado de especialización que la mayoría de los médicos llegaron a ser autoridades en una sola enfermedad. Había especialistas de los ojos, dentistas, practicantes generales, internos, médicos del templo y médicos de las tumbas, médicos para los mineros (médicos industriales), y aun ayudantes de los médicos. Esta civilización era consciente de purgas, intestinos y del ano, con médicos especializados que fueron exclusivamente “guardianes del ano real” del faraón.
Los remedios populares fueron las enemas y la técnica pudo haber sido aprendida por los egipcios al observar el Ibis, el ave sagrada del Nilo. Esta es un ave que resuelve su problema de constipación usando su largo pico como una jeringa rectal. El tratamiento estaba también basado en dieta, las plantas medicinales; aceite de castor, arena caliente y la aplicación de grasa animal (particularmente grasa de buey). La materia médica egipcia no era predecible y contenía setecientos remedios raros, que no necesariamente indican un avance especial en el arte de la terapéutica. Había el uso inteligente de ciertas drogas, bien conocidas en el día de hoy y el uso no muy inteligente de remedios de carácter grotesco. Una pomada egipcia popular para la calvicie consistía de partes iguales de grasas de león, hipopótamo, cocodrilo, ganso, serpiente e íbex. Un ungüento para los ojos consistía de una trituración de antimonio en grasa de ganso.
Puede verse, por lo tanto, que la medicina egipcia, representaba un avance sobre la medicina mesopotámica. Existía aun una fuerte influencia de carácter religioso. Había mejorado anatómicamente, fisiológicamente y posiblemente quirúrgicamente. La especialización era intensa, la terapia por medio de medicinas un poco mejor elaboradas y el legado médico egipcio influyó profundamente en la medicina griega. La medicina egipcia está estrechamente ligada al nombre de Imhotep, a quien Osier describe como “la primera figura de un médico que sobresale claramente en la antigüedad”. Este hombre que vivió poco antes del 3.000 a. de J.C. , se distinguió a sí mismo como médico, estadista, astrónomo y uno de los más grandes arquitectos de todos los tiempos. Poco se sabe de su trabajo como médico excepto que por muchos años después de su muerte, fue adorado como el dios de la medicina. Por un tiempo, los griegos lo identificaron con su propio Esculapio cuya insignia se usa por todos los médicos del día de hoy.
Moisés pasó muchos años de su vida en Egipto y fue expuesto a las prácticas médicas egipcias. Sólo podemos calcular cuánto fue influido por las leyendas, cultura, costumbres y prácticas de la vecina Mesopotamia y su larga residencia en Egipto.
III. Israel. Las fuentes principals de nuestro conocimiento de la medicina israelita son la Biblia, el Talmud y algunas referencias en la literatura apócrifa. Hay sólo unas pocas referencias a médicos en el Antiguo Testamento y es claro que el sacerdote actuaba como un policía higiénico en relación con las enfermedades contagiosas; pero no hay una sola referenda en la Biblia a sacerdotes actuando como médicos. Los médicos formaban una clase aparte y la evaluación de la literatura disponible indicaría que el aprecio por los médicos como hombres sabios y educados, había crecido a través de los siglos. Parece claro que el sacerdocio y la medicina eran dos profesiones bien separadas en Israel. El médico tenía un nombre especial en hebreo, rophe (de Rapha; sanar). Dios es el Rophe Cholim, el “que sana al enfermo”. Esto puede entenderse de la expresión bíblica Jehov
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