ARQUEOLOGIA
La arqueología es el estudio científico de los materiales remanentes que han dejado los hombres de épocas pasadas. La mayoría de los países modernos han emprendido un estudio de su pasado remoto excavando ciudades antiguas, tumbas, etcétera, por lo cual actualmente hay un vasto cúmulo de acontecimientos en cuanto al hombre antiguo alrededor del mundo. Hay muchas ramas de la ciencia de la arqueología. La “arqueología bíblica” se interesa por la comprensión de la historia, vida, costumbres y literatura de los israelitas y los pueblos circunvecinos que influyeron en el antiguo Israel. Por lo tanto, un valioso material está disponible del antiguo *Egipto, *Moab, *Edom, *Amón, Siria, *Canaán, *Asiria, *Babilonia, *Persia, Grecia y el mundo romano. Cualquier descubrimiento de estas tierras que arroje luz sobre la historia, la religión, las costumbres o la literatura bíblicas entra en la esfera de la arqueología bíblica.
I. Fuentes de Información. La arqueología obtiene su información de los materiales remanentes dejados por los hombres en épocas pasadas. Hay dos categorías amplias: los documentos escritos que fueron inscritos en piedra, barro, metal, papiros, pergaminos, madera, etc., y los documentos no escritos que abarcan toda clase de remanentes-edificios de varias clases, fortificaciones, esculturas, vasos caseros, herramientas, ornamentos personales, monedas, armas, vestuario, piezas de arte, comida, huesos humanos y de animales, etcétera. Estos se encuentran en asociación con edificios que han sido parcial o totalmente cubiertos o en tumbas o fosas.
Numerosos edificios están aún más o menos expuestos a la intemperie, entre los cuales pueden notarse las *Pirámides y los templos de Egipto, el Partenón y otros edificios de la *Acrópolis en Atenas, la gran torre *ziggurat en *Ur de los caldeos, y varios templos romanos, *acueductos, caminos y murallas, los cuales pueden verse en muchas regiones. En estos casos, cualquier inscripción, obras de arte o los rasgos arquitectónicos generales están disponibles para estudio con poca o ninguna excavación.
En algunos casos, los edificios remanentes están parcialmente cubiertos por la sedimentación acumulada de los siglos, la cual se amontona alrededor de las porciones bajas. Esta tiene que quitarse antes que toda la estructura sea visible. Algunos de los edificios mencionados se encuentran en esas condiciones.
Otros remanentes están completamente cubiertos y necesian ser expuestos a la vista por la destreza del excavador. Por ejemplo, en el curso de los siglos sucedió que algunas veces una ciudad desierta que yacía al pie de la montaña o promontorio era gradualmente cubierta por los aluviones producidos por las lluvias. Los edificios del antiguo mercado en Atenas y el Foro de Roma fueron cubiertos de esta manera. En algunos casos, ciudades desiertas fueron cubiertas por la arena o el polvo levantado por el viento, como fue el caso de las antiguas colonias en Arabia y Egipto. Ocasionalmente, una ciudad fue cubierta por cenizas volcánicas, como sucedió con Pompeya y Herculano, las que fueron destruidas por la erupción del Vesubio en el año 79 d. de J.C.
Probablemente la más significativa de todas las ruinas cubiertas es la llamada “tell”, la cual está compuesta de los restos de varias ciudades que yacen una sobre la otra. En el mundo antiguo, cuando una ciudad amurallada era quemada, abatida por los carneros salvajes o destruida por un terremoto o cualquier otro medio, los nuevos pobladores que la reconstruían no removían las ruinas ni los fundamentos de la ciudad anterior. Algunos de los materiales mejor conservados eran usados nuevamente, pero los restos de la ciudad anterior eran nivelados y una nueva ciudad era construida sobre las ruinas de la anterior. De este modo, varios metros de ruinas de las ciudades anteriores eran sellados dejando para la posteridad el patrón de edificios y calles así como una gran variedad de artículos comunes de uso diario.
La mayoría de las ciudades importantes de la antigua Palestina entran en esa categoría -Betel, Jericó, Ai, Samaria, Jerusalén, Meguido, Bet-sán, Bet semes, Debir, Gezer, Hazor y otras. En algunos casos puede haber diez, doce o aun veinte estratos de ciudades destruidas, cada uno de los cuales revela su propia historia. Es la tarea del arqueólogo cavar a través de las capas sucesivas de cada ocupación y descifrar el relato de siglos de historia. En algunas áreas, estos promontorios pueden variar desde un poco más de 2 hasta 8 hectáreas.
Las tumbas de varias clases proveen una fuente valiosa de información ya sean las tumbas espectaculares de los reyes, tales como las tumbas reales en Ur de los caldeos o las tumbas del faraón Tutankamón por una parte, o ya sean las pequeñas tumbas de los ciudadanos corrientes. El cementerio se encuentra en la vecindad de antiguas ciudades. Una de las tareas del arqueólogo es buscar alrededor en las colinas y campos circundantes hasta encontrar el antiguo cementerio. En el caso de un tell con varios niveles de ocupación puede haber varios cementerios o, en algunos casos, varias áreas dentro del mismo cementerio. Mientras que la cerámica frecuentemente se rompe en el tell, se han encontrado piezas completas en las tumbas junto con otros utensilios los cuales, a causa de su valor, hubieran sido saqueados de la ciudad después de su destrucción.
II. Método de Excavación. Un sitio generalmente es escogido por un propósito particular. Algunas veces puede requerirse más información en cuanto a la secuencia de eventos en una región en particular. O tal vez se requieren más detalles en cuanto a una nación en particular, tal como la de los asirios. Si el sitio está claramente identificado, se excava a fin de descubrir la historia arqueológica de este sitio en particular.
Donde la identificación es posible por referencias de registros escritos, el arqueólogo se preocupa por comparar sus descubrimientos arqueológicos con el registro escrito. Algunas veces el nombre de un sitio se aclara ya que los registros escritos que exhiben el nombre de éste surgen a luz durante la excavación (por ejemplo *Gabaón).
Normalmente los permisos para excavar deben conseguirse de la autoridad gubernamental correspondiente, y el sitio particular debe ser comprado o arrendado de sus dueños. Una vez que todas las formalidades se completan la excavación puede iniciarse.
La excavación en montículos se inicia con un sondeo preliminar del promontorio y con una división en áreas cuadradas pequeñas de unos 5 por 5 mts Cada área es entonces excavada estratificadamente, esto es, cada capa de ruinas debe considerarse como una unidad. Normalmente se corta una trinchera a través del área a una profundidad de algunas décimas de metro. Observando las capas en los lados de la trinchera se determina la naturaleza del área. Esta trinchera tentativa, entonces, sirve como la clave para el resto del área, la cual se excava capa por capa. Todos los objetos de cada capa deben juntarse y guardarse en cestas separadas. Cuando aparecen paredes, el excavador empieza a buscar los pisos ya que los objetos que se encuentren sobre el piso pertenecen a su período final de ocupación, mientras que aquellos debajo del piso pertenecen a un período anterior.
Una vez que un área razonable de un período dado ha sido excavada hasta el piso y todos los objetos pequeños se han coleccionado, se elaboran los planes agrimensores y el lugar como un todo es fotografiado. Sólo entonces se desmantelan las paredes y el piso a fin de proceder al siguiente nivel. En cada etapa se guardan registros detallados ya que la arqueología es, básicamente, destrucción. Una vez que el área ha sido excavada no puede ser restaurada nuevamente.
Normalmente, sólo se excavan áreas limitadas de un montículo grande, aunque frecuentemente varias de éstas se excavan en diferentes puntos de montículo y se penetran a fondo a fin de permitir comparaciones entre los varios estratos revelados en las diferentes áreas. Generalmente es necesario regresar a cierto montículo por varias temporadas antes que aparezca un cuadro aceptablemente claro.
La búsqueda de las tumbas de cada etapa normalmente se hace al mismo tiempo que se emprende la excavación del promontorio. Los cementerios raras veces están marcados y son difíciles de encontrar; pero una vez que se descubren su excavación no es tan compleja como la excavación del montículo. La dificultad mayor yace en el hecho de que el espacio es generalmente muy confinado. Pero los objetos en las tumbas están generalmente intactos, aunque objetos frágiles como los de madera o hueso tienen que ser tratados químicamente antes de ser removidos.
Al proceder a la excavación se acumula una cantidad considerable de información, incluyendo fotografías, bocetos, planos de agrimensor y un gran número de objetos de cerámica, madera, piedra, hueso, etc., todos los cuales son marcados para definir su origen exacto. Es en base a estos datos que el arqueólogo compila el informe final para su publicación oficial.
III. Períodos Arqueológicos. En el curso de miles de años, grandes cambios han tenido lugar en la estructura de los edificios, en la forma y decoración de la cerámica y piezas de arte, en la forma y naturaleza de las armas, en el estilo de escritura, etc. Los arqueólogos distinguen varios períodos de tiempo durante los cuales había una uniformidad razonable de cultura en un área particular. El cambio en cultura puede haberse debido a las invasiones por otros pueblos o a una época de invención o a alguna otra causa.
En Palestina los períodos comúnmente reconocidos son los siguientes:
Mesolítica (Natufiana) ca. 8000-6000 a. de J.C.
Pre-Cerámica Neolítica ca. 6000-5000 a. de J.C.
Cerámica Neolítica ca. 5000-4000 a. de J.C.
Calcolítica ca. 4000-3200 a. de J.C.
Bronce Inferior (BI)
Bl I ca. 3200-2800 a. de J.C.
Bl II ca. 2800-2600 a. de J.C.
Bl III ca. 2600-2300 a. de J.C.
Bl IV (o B III) ca. 2300-2100 a. de J.C.
Bronce Intermedio (BIN)
BIN I (o BI-BIN Intermedio) ca. 2100-1900 a. de J.C.
BIN IIa ca. 1900-1700 a. de J.C.
BIN IIb ca. 1700-1600 a. de J.C.
BIN IIc ca. 1600-1550 a. de J.C.
Bronce Superior (BS)
BS I ca. 1500-1400 a. de J.C.
BS IIa ca. 1400-1300 a. de J.C.
BS IIb ca. 1300-1200 a. de J.C.
Hierro I ca. 1200-900 a. de J.C.
Hierro II ca. 900-600 a. de J.C.
Hierro III ca. 600-300 a. de J.C.
Helénico ca. 300-63 a. de J.C.
Romano ca. 63 a. de J.C.-323 d. de J.C.
Bizantino ca. 323-636 d. de J.C.
Islámico ca. 636 d. de J.C.-presente
Los métodos usados para precisar estos períodos son varios. La existencia de amplios períodos de estabilidad cultural es fácilmente reconocible en los diversos estratos de los montículos. La comparación entre muchos montículos diferentes en un área establece estas amplias eras culturalmente estables, de tal modo que los objetos pueden ser colocados antes o después de una relativa secuencia. Para una fecha más exacta el excavador depende de muchas líneas de evidencia. Muy a menudo las referencias literarias en la Biblia o en textos extrabíblicos hacen posible fechar un evento. Así, la caída de Samaria en el 721 a. de J.C. se fija por la historia externa de modo que una de las destrucciones de Samaria se puede fechar en el 721 a. de J.C.
Algunas veces aparecen inscripciones en las excavaciones que se refieren a reyes o a eventos que pueden ser fechados. Las monedas, también, ofrecen evidencia para fechar, particularmente para los períodos posteriores al 500 a. de J.C. Una vez que hay evidencia clara para fechar un nivel en particular, los objetos como la cerámica, la joyería, la arquitectura, etc., que aparecen en ese nivel son asociados con la misma edad general. Después, los objetos similares encontrados en otras partes proveen la clave para fechar el ambiente en el cual ocurrieron. En años más recientes los físicos han provisto al arqueólogo con el método de fechar usando el radiocarbono, método que es de más alto valor para los períodos más antiguos, ya que los períodos posteriores pueden ser fechados por otros medios. Finalmente, una comparación con la información obtenida de territorios que están próximos geográficamente con el país estudiado permiten al arqueólogo alcanzar un grado razonable de seguridad en relación con las fechas de varios períodos culturales de su propia área. Al mismo tiempo, él es capaz de poner una fecha aproximada a una amplia variedad de objetos de uso diario-cerámica, herramientas, ornamentos, etc., así como a los rasgos arquitectónicos. Con un conocimiento como éste es capaz de conducir investigaciones preliminares de la superficie a fin de determinar el período aproximado de ocupación de los sitios que no han sido excavados. Este procedimiento ha resultado especialmente útil en la Transjordania y en el *Neguev donde Nelson Glueck ha visitado miles de sitios antiguos en el curso de varios años. De las piezas de cerámica rota (tiestos) que yacen esparcidas en los promontories en estas áreas, él ha podido señalar una historia cultural general del área sin excavarla.
IV. Exploración y Excavación en Tierras Bíblicas. Durante el siglo XIX el interés en los sitios bíblicos creció en todo el Cercano Oriente. En Palestina, propiamente, tanto como en la Transjordania, Siria, Turquía, Iraq, Persia y Egipto, los turistas se propusieron ver muchas de las ciudades antiguas mencionadas en la Biblia. Para conveniencia, será hecha una referencia breve a tres áreas de exploración y excavación.
A. Exploración y Excavación en Palestina. En 1838, Edward Robinson y Eli Smith emprendieron la primera exploración seria de la superficie de Palestina y fueron capaces de identificar varias ciudades bíblicas. En 1850-51 y en 1863, F. de Saulcy exploró y excavó varios lugares. En 1865 se estableció el Fondo de Exploración Palestino y se realizó un significativo trabajo por Charles Warren, Charles Wilson, Charles Clermont-Ganneau, C. R. Conder y otros.
En 1890, Flinders Petrie tuvo la idea de que la cerámica podía ser usada para establecer fechas. El pudo mostrar, por su excavación en *Tell el Hesy, que los estratos separados en el montículo tenían su propia cerámica caracteríóstica. F. J. Bliss confirmó el punto de vista de Petrie en los años subsiguientes. En el período entre 1890 y 1914 una buena cantidad de trabajo pionero pudo realizarse. Se llevaron a cabo excavaciones notables por R. A. S. Macalister en *Gezer y en otros cuatro sitios en el área de la antigua Filistea; por E. Sellin en *Taanac y *Siquem; por G. Schumacher en *Meguido; por Sellin y C. Watzinger en *Jericó y por G. A. Reisner en *Samaria. Este último desarrolló nuevas técnicas como el cuidadoso reconocimiento, los registros fidedignos, la atención a los detalles arquitectónicos, etcétera, en cada estrato.
Grandes avances se hicieron entre las dos guerras mundiales, de 1920 a 1939. Las técnicas mejoraron, y la cronología de la cerámica fue establecida de una manera notablemente precisa por W. F. Albright por su trabajo en *Tell el-Ful en 1922, y *Tell Beit Mirsim (1926-32). Algunas de las otras excavaciones importantes de este período fueron las de W. F. Bade en *Tell en-Nasbe (1926-35), E. Grant en *Bet-semes (1928-33), J. Garstang en *Jericó (1929-36), J. W. Crowfoot, Miss K. Kenyon y E. L. Sukenik en *Samaria (1931-35), J. L. Starkey en *Laquis (1932-38), C. S. Fisher, Alan Rowe y G. M. Fitzgerald en *Bet-sán (1921-33), C. S. Fisher, P. L. O. Guy y Gordon Loud en *Meguido (1925-39) y Nelson Glueck en Tell el Kheleifeh (*Ezión Geber) (1937-40). Numerosas excavaciones menores se condujeron durante el mismo período entre las cuales se pueden mencionar las de Tell Jemmeh (posiblemente Gerar), Tell el-Far’ah (posiblemente Sharuhen), *Petra, Bet-zur, Tell Abu Hawan (posiblemente Salmonah), Et-Tell (*Ai), *Betel, Khirbet et Tannur. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial muchas excavaciones significativas se han llevado a efecto. Uno de los descubrimientos arqueológicos más sorprendentes es el asociado con las cuevas y los antiguos edificios en y alrededor del Qumrán donde, desde 1948, los ahora famosos *Rollos del mar Muerto han salido a luz. Desde 1950 la antigua *Cesarea ha estado bajo excavación. Durante 1950-51 una parte del *Jericó romano en Tulul Abu el-Alayiq fue desenterrado. En 1951 se inició una serie de campañas en *Dibón en la Transjordania. En 1952 Kathleen Kenyon inició nuevamente la excavación en Jericó y ha continuado allí por varias temporadas con resultados sorprendentes. Desde 1953, J. P. Free ha estado trabajando en *Dotán y desde 1956 G. E. Wright y otros han trabajado en *Siquem. Otras excavaciones notables durante estos años son las de J. B. Pritchard en *Gabaón, Pere de Vaux en Tell el-Far’ah (probablemente Tirsa), Kathleen Kenyon en *Jerusalén, B. Mazar en Tell Qasile, Avi-Yonah, N. Avigad y otros en Masada (el palacio de Herodes), y Y. Yadin y sus colegas en Hazor en Galilea. Hay una rápida acumulación de información arqueológica de Palestina y el conocimiento de la vida bíblica y sus tiempos está siendo enriquecido cada año.
B. Exploración y Excavación en Otras Partes del Cercano Oriente. La excavación ha sido llevada a cabo en muchos sitios antiguos por todo el Cercano Oriente. Algunos de éstos como *Ur, *Babilonia, *Susa, *Nínive, Nimrod, *Harán, *Damasco y Jebeil se conocen por la Biblia. Pero muchos otros, no mencionados en el Antiguo Testamento, han producido valiosa información para el entendimiento de los tiempos bíblicos. En particular, se han encontrado documentos e inscripciones importantes en Ur, Babilonia, Nínive, Nimrod, *Alalakh (en el norte de Siria), Amarna (en Egipto), *Mari (en el río Eufrates), *Nuzi (cerca de Kirkuk en Iraq), Ras Shamra, la antigua *Ugarit (sobre la costa mediterránea en el norte de Siria) y Hattusas (en Turquia). Véase Boghazkoy. Todos estos sitios han arrojado evidencia documentada significativa acerca de la historia y la cultura de los pueblos que vivieron en estas tierras durante los años del 2000 a. de J.C. en adelante. Los registros no inscritos tales como cerámica, rasgos arquitectónicos, herramientas, armas, motivos de arte, etcétera, han sido útiles con propósitos de comparación y han permitido al arqueólogo tener un cuadro mucho más claro de la ubicación y papel de Palestina en el antiguo Cercano Oriente. Una gran cantidad de excavación se ha continuado en estas tierras la cual provee un mayor enriquecimiento del conocimiento de la vida y tiempos bíblicos.
C. Exploración y Excavación en las Tierras Clásicas. De particular significado para el entendimiento del Nuevo Testamento son las excavaciones que se han realizado en las tierras clásicas. Muchas de las ciudades conocidas por el Nuevo Testamento se han excavado en años recientes. Entre las más importantes están *Efeso, *Sardis, *Pérgamo, *Filipos, *Corinto, *Atenas y *Roma. Conocimientos fascinantes referentes a citas del libro de los Hechos han resultado de tales excavaciones. Pero la evidencia de las inscripciones y documentos en la forma de monedas, papiros, inscripciones de monumentos, etc., de cualquiera de las tierras clásicas probablemente arrojan luz sobre el idioma, ley y religión de la edad clásica y así suplementan el trasfondo de la era del Nuevo Testamento. En realidad, la erudición del Nuevo Testamento probablemente ha ganado tanto por los descubrimientos arqueológicos como por los estudios del Antiguo Testamento.
V. La Arqueología y la Biblia. La contribución de la arqueología al entendimiento de la Biblia es considerable. No se exagera al decir que el entendimiento de la Biblia se ha revolucionado por los descubrimientos de la moderna arqueología. Hoy es posible estudiar la historia y cultura bíblicas en base al trasfondo contemporáneo de una manera que no era posible antes de la era moderna del descubrimiento arqueológico. La siguiente discusión tiene la intención de indicar algunas de las áreas principales en las cuales la arqueología ha contribuido al entendimiento tanto del Antiguo como del Nuevo Testamentos.
En primer lugar, el descubrimiento arqueológico ha llenado, con considerables detalles, el trasfondo total no sólo para la vida de Palestina en los tiempos bíblicos sino también la vida en Egipto, Siria, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma. Numerosas alusiones a costumbres locales son ahora entendidas claramente. Así, las narraciones acerca de los patriarcas y de José ahora se sabe que contienen una variedad considerable de referencias a prácticas que eran corrientes en Mesopotamia y Egipto durante el segundo milenio a. de J.C. Asuntos tales como la ley, costumbres sociales, prácticas religiosas e ideas teológicas se han conservado en documentos que han venido a luz en docenas de sitios antiguos por todo el Cercano Oriente. A manera de ilustración se puede hacer referencia a las costumbres que eran corrientes en Nuzi, al norte de Mesopotamia, durante el segundo milenio a. de J.C. con relación a la herencia. Un hombre que no tenía hijos podía adoptar a uno de sus esclavos como heredero. Podía, sin embargo, adoptar un familiar o tomar una esposa extra con la esperanza de que naciera un hijo de tal unión. Si un hijo legítimo nacía después, este hijo llegaba a ser el verdadero heredero, aunque los otros individuos recibirían alguna parte de la herencia. Los relatos patriarcales de Abraham y Eliezer (Gn. 15:2-4), Labán y Jacob (Gn. 29-31), Abraham y Agar (Gn. 16:1-5) y Abraham e Isaac (Gn. 21:1-12) toman un nuevo significado con este trasfondo, el cual, por supuesto, era el trasfondo que Abraham conocía muy bien.
En el campo puramente histórico, importantes eventos internacionales, a los cuales la Biblia hace referencia, son descritos en documentos extrabíblicos que se han descubierto en el curso del trabajo arqueológico. Por ejemplo, la invasión de Sisak (1 R. 14:25, 26) ocurrida ca. 918 a. de J.C., el asalto a Samaria en 722-1 a. de J.C. (2 R. 17:5, 6) y la captura de Jerusalén en 587 a. de J.C. (2 R. 24) están bien confirmados en los registros no bíblicos y están descritos desde otro punto de vista.
A veces, documentos extrabíblicos mencionan eventos importantes que no están mencionados en la Biblia. Así, el rey Acab participó en una gran batalla contra los asirios junto con otros 11 reyes en Karkar en 853 a. de J.C.; Jehú, rey de Israel, se convirtió en vasallo de Salmanasar III de Asiria en el 842 a. de J.C.; Omri, rey de Israel, conquistó a Moab durante los años 876-869 a. de J.C. (véase Moabita, la Piedra).
Algunas veces el significado exacto de un evento bíblico sólo se aclara cuando otros documentos históricos llegan a estar disponibles.
Ahora está claro que el faraón Necao estaba en camino para ayudar a los asirios en lugar de oponérseles (2 R. 23:29) ya que la preposición hebrea en este versículo, ’al, debe traducirse “junto con” en lugar de “contra”.
Una de las contribuciones más importantes de la arqueología para el entendimiento de la Biblia está en el descubrimiento de textos en varios idiomas el antiguo Cercano Oriente tales como el heteo, cananeo, arábigo del sur, acadio, ugarítico, horeo, sumerio, egipcio, etcétera, todos los cuales brindan material comparativo para el estudio del texto del Antiguo Testamento. Ahora es posible contar con traducciones más exactas de una variedad de palabras y frases hebreas. Así, la palabra ’ed traducida “vapor” en Génesis 2:6 significa “río” en sumerio o “(dios) río” en acadio. El significado “río” se ajusta admirablemente al pasaje del Antiguo Testamento.
También, la dificultad en 1 R. 10:28 puede resolverse más fácilmente si se tiene en cuenta que había un antiguo estado Koa (QWH) en el Asia Menor. El pasaje ahora puede traducirse: “Los caballos que Salomón poseía importábalos de Egipto, de Koa; mercaderes del rey los adquirían en Koa a precio concertado” (Bover-Cantera). Otro pasaje, Pr. 26:23, ahora puede traducirse: “Baño de plata sobre olla de barro” (VP), ya que se ha descubierto que en ugarítico la palabra spsg significa “baño”. Esta clase de descubrimientos halla decenas de aplicaciones en traducciones recientes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamentos.
Es evidente que la contribución de la arqueología a los estudios bíblicos es considerable. El volumen de la evidencia que ha llegado a estar disponible ha conducido a una nueva consideración del valor histórico de los registros bíblicos. Naturalmente, no se dispone de apoyo arqueológico para cada evento bíblico. Sin embargo, se puede en verdad decir que la arqueología ha corroborado la historicidad substancial de los registros bíblicos desde la época de los patriarcas hasta la época apostólica. A pesar de esto, sin embargo, no debieran hacerse pretensiones exageradas en cuanto a los logros arqueológicos. Si éstos han compelido a los eruditos a ejercer mayor precaución en sus juicios acerca de la historicidad de los registros bíblicos, es tambíen cierto que en ocasiones han hecho más difícil, en lugar de más fácil, la interpretación de los mismos. A veces, ciertas interpretaciones anteriores han tenido que modificarse; por ejemplo, en el caso de la interpretación de Garstang de la historia de Josué a la luz de sus excavaciones en Jericó.
Pero la contribución de la arqueología al entendimiento de la Biblia está sólo comenzando. Mientras más piezas del rompecabezas salgan a luz es evidente que tienen que hacerse ajustes en los arreglos anteriores del molde. Los logros del medio siglo anterior han sido tan espectaculares que los estudiantes de la Biblia esperan con sumo interés los descubrimientos que seguirán.
BIBLIOGRAFIA: K. M. Kenyon, Beginning in Archaeology, London, 1952; Digging up Jericho, London, 1957; Archaeology in the Holy Land, London, 1960. G. E. Wright, Biblical Archaeology, London, 1957. W. F. Albright, The Archaeology of Palestine, 2nd. Ed., London, 1960; Archaeology and the Religion of Israel, Baltimore, 1956; From the Stone Age to Christianity, 2nd. Ed., New York, 1957. N. Glueck, The Other Side of the Jordan, New Haven, 1940; Rivers in the Desert, London, 1959. M. Burrows, What Mean These Stones, 1941. A. G. Barrois, Manuel d’Archéologie Bíblique, I-II, Paris, 1939, 1953. G. L. Harding, The Antiquities of Jordan, London 1959. M. Wheeler, Archeology from the Earth, London, 1956. L. H. Grollenberg, Atlas of the Bible, 1956. G. E. Wright and F. V. Filson, Westminster Historical Atlas to the Bible, 2nd. Ed., London, 1956, (Ed. en español: Atlas Histórico Westminster de la Biblia, El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1971).
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