AGRICULTURA
Aunque no podemos trazar los orígenes de la agricultura, las excavaciones en varios lugares del Cercano Oriente han indicado la transición de una cultura que recogía alimentos a una productora de alimentos, a una productora de alimentos, lo que hizo possible la vida urbana y el crecimiento de la civilización en las tierras de la fértil media luna. Un pueblo conocido como natufianos (del Wadi en Natuf en el monte Carmelo donde fueron descubiertos sus artefactos) usaba una cuchila de pedernal en una asa de hueso para cosechar el grano. Existe evidencia de que estos natufianos vivían mayormente de la caza ya que se han encontrado en sus cuevas cantidades des enormes de huesos de gacela. Las hoces podrían haber servido para recoger granos silvestres, pero algunos peritos están convencidos de que el grano era cultivado por la cutura mesolítica natufiana (ver Natufianos). El esqueleto de un perro en el nivel medio natufiano es el ejemplo más antiguo de la domesticación de animales.
Las excavaciones de Kathleen Kenyon en *Jericó indican que los natufianos también se establecieron allí y que ca. 7500 a. de J.C. sus descendientes se ocuparon de la agricultura. También las excavaciones en Jarmo, en Irak y Sialk, en Irán, han indicado evidencias de la transición de una cultura que recogía alimentos a una productora de alimentos.
Los granos, especialmente el trigo y la cebada, parecen haber sido el primer cultivo de la agricultura y continuaron siendo el producto principal de la antigua Palestina. El trigo es el más valioso, pero la cebada demora menos para crecer y, además, se cultiva en terreno más pobre. En tiempos posteriores una variedad de cultivos se plantó incluyendo lentejas, arvejas o chícharos, frijoles (porotos), cebollas y ajo.
La vida en la antigua Palestina estaba mayormente determinada por el ciclo agrícola, como lo indica el calendario *Gezer de ca. 925 a. de J.C. Durante octubre y noviembre el agricultor esperaba la lluvia “temprana” la cual suavizaba el terreno reseco y le permitía sembrar sus cultivos de invierno (trigo y cebada). Diciembre y enero son los meses de lluvias torrenciales cuando el terreno se satura y los pozos y estanques se llenan. Enero y febrero son los meses para plantar el grano de verano (mijo, ajonjolí) junto con melones y pepinos. Las lluvias “tardías” caen en marzo y abril, asegurando el grano de invierno y fertilizando la cosecha del verano. Los meses de verano, mayo a octubre, son por lo regular sin lluvia y las plantas se mantienen vivas por el denso rocío traído por el viento occidental.
La irrigación era más común en Egipto y Mesopotamia que en Palestina durante el período bíblico. Los egipcios predinásticos y sumerios del valle del bajo Eufrates construían represas y excavaban canales al principio de la edad neolítica. Los primeros códigos de leyes sumerios y babilónicos señalan un interés por los derechos de agua. El código de *Hamurabi establece: “Si un hombre ha abierto su canal para regar y lo ha dejado abierto, y el agua destruye el campo de su vecino, deberá compensar a su vecino con granos basado en lo producido en los campos vecinos” (párrafo 55).
Los primeros arados fueron simplemente horquetas o ramas torcidas de los árboles que se clavaban en el terreno a poca profundidad. Los arados de punta de cobre y bronce aparecen a principios del siglo X a. de J.C. Con la introducción del hierro, las puntas del arado se pudieron hacer más grandes y se abollaban con mayor dificultad. El arado típico era tirado por dos bueyes (véase 1 R. 19:19). No podía arar el surco, sino que escarbaba la superficie del suelo por 8 a 10 cm.
En Mesopotamia se adhería al arado un tipo primitivo de sembradora, lo que permitía que las semillas cayeran por un tubo fijado detrás de la punta del arado, pero no se conoce de tal mecanismo en Israel. Probablemente la mayoría de las semillas se esparcían a mano sobre el terreno arado y una segunda arada las cubría. El remover y nivelar la tierra (véase Is. 28:24, 25; Os. 10:11; Job 39:10) se lograba arrastrando ramas detrás del arado para emparejar el terreno sobre la semilla.
Las hoces fueron usadas para cosechar en todo el Cercano Oriente. Hoces mesopotámicas prehistóricas se hicieron con dientes de pedernal incrustados en madera. Hoces natufianas de pedernal con mangos de hueso son de las más antiguas que se conocen. Este tipo de hoz se usó hasta el siglo X a. de J.C. , cuando pequeñas cuchillas curvas de hierro reemplazaron el pedernal anterior. Un mango de madera se añadió por medio de remaches.
El segador tomaba las gavillas del grano con una mano (véase Sal. 129:7; Is. 17:5) y con la otra las cortaba junto a la espiga. Más tarde una cantidad de manojos del grano se unía y ataba con pedazos de paja. Estos se llevaban entonces a la era más cercana, ubicada al aire libre fuera de la villa. Las espigas se extendían en el piso y el grano era separado de la paja por bueyes que las pisaban y que tiraban de una rastra trilladora. Dos tipos de trillos se conocían, uno hecho de tablas lisas y el otro que corría sobre pequeñas ruedas o cilindros (véase ls. 28:27, 28). En secciones inaccesibles a la era, las mujeres golpeaban el grano de las espigas con mazos pesados de madera o varas largas llamadas mayales.
Desde mayo hasta septiembre, una fuerte brisa del Mediterráneo penetra hasta unos 322 kms. tierra adentro. Los agricultores la aprovechaban para separar el grano del tamo. Se paraban en la era y lanzaban montones de trigo trillado al aire dejando que el viento se llevara la paja, mientras que el grano siendo más pesado caía a tierra.
Después de aventar, y algunas veces de cernir en un cedazo, el grano se colocaba en jarrones de almacenamiento. Se han descubierto grandes silos para almacenar grano. Uno de Bet-semes ( ca. 900 a. de J.C. ) tenía 8 mts. de diámetro en la parte superior y aproximadamente 6 mts. de profundidad. Había sido excavado hasta alcanzar la roca en las ruinas de ciudades anteriores. Pequeños silos excavados y emplastados en el piso de una casa para uso privado también fueron comunes.
El calendario religioso judío es en gran parte paralelo al ciclo de las actividades de la agricultura que empezaban al fin del verano seco. Había temporadas de ayuno al principio del año, antes que empezaran las lluvias y épocas de regocijo y acción de gracias cuando los frutos se cosechaban.
El año nuevo en el calendario judío actual llega durante el otoño en los días de los sirocos cuando se espera la lluvia ansiosamente. En épocas anteriores, el año nuevo empezaba en la primavera, en la temporada de la Pascua, pero más tarde el calendario fue hecho para que se conformara al año agrícola que empieza en el otoño.
La fiesta bíblica de las trompetas (Lv. 23:23-25) fue adaptada para señalar el inicio del año agrícola. Diez días después los israelitas observaban el día de la expiación, un tiempo de preparación solemne después de un año de vida pasado en obediencia a las leyes de Dios. La fiesta de los tabernáculos, la cual seguía pocos días después del día de la expiación, incluía un tiempo de oración especial por lluvia. Durante los días del templo, el agua se sacaba del estanque de Siloé y se derramaba ceremoniosamente en el altar para simbolizar la necesidad de lluvia.
Generalmente, la temporada de lluvia empezaba a lo largo de la costa del Mediterráneo, poco después de la fiesta de los tabernáculos. Llegaba a la sección montañosa un poco después. Al caer la lluvia los cultivos empezaban a crecer hasta las “lluvias tardías” de abril que hacían possible su crecimiento final y aseguraban una burna cosecha. Siempre había, sin embargo, la posibilidad de un año pobre a fin de que los israelitas no dieran por sentado que Dios siempre daría abundancia de comida a su pueblo. Habí hambres frecuentes y a Israel se le recordaba que Dios estaba directamente relacionado con la provisión de alimentos.
La amenaza constante del hambre era sin duda un factor importante en la popularidad del culto cananeo de la fertillidad, durante mucho del período preexílico de la historia de Isrel. *Baal era el dios de la fertilidad y los cananeos nativos, sin duda, enseñaron as sus vecinos israelitas a usar los medios tradicionales para obtener lluvia adecada por medio de la adoración licenciosa de Baal. Los profetas y los salmistas de Isrel insistían en que era Jehová, Dios de Israel y no Baal, quien “cabalgaba sobre las nubes” y controlaba las lluvias y los vientos.
Al final del año agrícola, Israel tenía una serie de observaciones especiales. Asociado con la pascua, que conmemoraba el éxodo de Egipto, estaba la fiesta de las promicias cuando se ofrecían a Dios los primeros granos en acciíon de gracias. En la teología paulina, Cristo es tanto las “primicias” de la resurrección como la “pascua” del cordero muerto por su pueblo. Las “primicias” se consagraban al Señor y se le presentaban ceremoniosamente cada año.
Siete semanas después, al final de mayo o prinicipious de junio, se observaba la fiesta de las semanas o Pentecostés. Esta marcaba el fin de la temporada de la cosecha. Poco después de la fiesta de las semanas, llegaba la temporada seca del verano y las actividades de los agricultores se reducían.
Existen dos épocas prinicipales en Palestina—el verano seco que se extiende sin interrupción desde mediados de junio hasta mediados de septiembre y la temporada de las lluvias la cual se extiende Intermitentemente por el resto del año. Sin embargo, el frío del invierno se limita a un período de tres meses que empieza alrededor de la mitad de diciembre.
Aunque la lluvia nunca cae en los meses de verano, los vientos del Mediterráneo ayudan a moderar el calor y traen rocío a lo largo de la costa y en la falda occidental de las montañas. El rocío de la mañana es un factor importante para el bienestar de la agricultura. Sin éste el crecimiento de las uvas durante la sequía del verano sería imposible. Las Escrituras consideran al rocío como una evidencia del cuidado de Dios por su pueblo (Dt. 33:28). El hecho de que éste rápidamente se disipa por el carol del día, lo hace un símbolo apropiado de lo transitorio de las cosas (Os. 13:3).
Las brisas del verano son hasta cierto punto regulares, lo cual sorprende a los occidentales quienes están acostumbrados al constante cambio climático. El aire fresco del Mediterráneo llega a las ciudades costeras de Palestina temprano en el día. Al mediodía pasa sobre las montañas y entra al valle del Jordán. Cerca de las tres de la tarde alcanza la meseta de la Transjordania.
Los vientos no sólo refrescan a las personas sofocadas por el sol tropical, sino que también son útiles para los esfuerzos agrícolas del agricultor palestino. El proceso de aventar el grano hace aprovechar los vientos que se llevan la paja y permiten que el grano caiga en el piso de la era (véase Sal. 1).
Poco después de la puesta del sol cesa la brisa marina y un período de calma reina hast las nueve o diez de la noche. Entonces empieza a soplar una brisa del continente, aunque tiene que contrarrestar la dirección general del aire del mar y en muchas ocasiones son indistinguibles. Las noches de verano son muy calientes a lo largo de la costa, pero se necesitan cobijas en las montañas para estar confortable.
A diferencia de la regularidad de los tres meses de verano, la temporada de lluvias en Palestina no se puede predecir. Regularmente comienza en el medio de octubre pero algunas veces se ha demorado hasta el mes de enero. Una demora así puede ser muy perjudicial para los cultivos, los cuales dependen de la temporada de lluvia para su humedad períodos prolongados de sequía después de las primeras lluvias pueden también matar los cultivos tiernos.
Las primeras caídas de agua, las cuales regularmente empiezan en octubre, se conocen en la Escritura como la “lluvia temprana”. Van acompañadas por lo regular de tormentas con descargas eléctricas que resultan de la rápida elevación del aire húmedo sobre la superficie de la tierra ardiente.
El tiempo frío llega a mediados de diciembre y caen nevadas ligeras en algunas partes del país. Alrededor de una vez cada 15 años Jerusalén recibe nieve suficiente como para bloquear las carreteras. Tormentas de granizo son muy frecuentes en la llanura de la costa y pueden causar dañós considerables.
Las lluvias disminuyen en marzo y abril y hay una elevación correspondiente en la temperature. Las “lluvias tardías” por lob regular caen en abril. Se convierten en la temporada final de tormentas y la temperatura baja rápidamente. Las “lluvias tardías” hacen possible el crecimiento final de los cultivos y forman al final de la temporada un complemento para las “lluvias tempranas” del comienzo.
Entre temporadas hay períodos tradicionales que a menudo van acompañados de tormentas violentas. La navegación en el Mediterráneo es verano. El naufragio descrito en Hechos 27 fue el resultado de un viaje prolongado dentro de la peligrosa temporada de transición con sus cambios repentinos de viento.
Los vientos que producen las condiciones desérticas en toda la Palestina durante lad temporadas de transición se conocen como sirocos, del término árabe “viento oriental”. Algunas veces se les aplica el nombre “Khamsin” pero esta palabra se usa en Egipto para similares condiciones.
El siroco es un viento seco y ardiente del desierto que produce las temperatures más elevadas del año. Una bruma amarilla polvorienta llena el aire tanto que la visibilidad es fuertemente reducida y las sombras del sol son muy débiles. La sequedad intensa de la atmósfera puede causar incomodidad física aun a aquellos que pueden adaptarse a temperaturas excesivamente elevadas. Las referencias bíblicas al “viento oriental” son frecuentes. El juicio de Dios se compara con un “viento seco de las alturas del desierto … no para aventar, ni para limpiar (Jer. 4:11). Al hablar del futuro de Judá, Ezequiel pregunta: “¿No se secará del todo cuando el viento Solano la toque
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