Yo pecador
Antes del Concilio Vaticano II, el Confiteor que se recitaba al comienzo de la Santa Misa, difería de la versión actual, haciendo más hincapié en la Iglesia triunfante representada por la Virgen María, los Apóstoles y los Santos, a algunos de los cuales se citaba expresamente, tanto en la confesión inicial como en la súplica que le seguía. El texto en su traducción castellana era el siguiente:
Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso,
a la bienaventurada siempre Virgen María,
al bienaventurado san Miguel Arcángel,
al bienaventurado san Juan Bautista,
a los santos Apóstoles Pedro y Pablo,
a todos los santos, y a vosotros, hermanos,
que pequé gravemente de pensamiento, palabra y obra;
por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa.
Por eso, ruego a Santa María siempre Virgen,
al bienaventurado san Miguel Arcángel,
al bienaventurado san Juan Bautista,
a los santos Apóstoles Pedro y Pablo,
a todos los santos, y a vosotros, hermanos,
que roguéis por mí a Dios nuestro Señor. Amén
Solía ser conocido como el «Yo pecador» por las dos primeras palabras de la traducción y, como en la actualidad, al ser recitado, los fieles se golpeaban el pecho tres veces, al pronunciar la frase: «Por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa».
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.