Visitación de Nuestra Señora
El Evangelio de San Lucas (Lc 1, 39-56) relata la visita efectuada por la Virgen María a su prima Santa Isabel, poco después de la Anunciación en la que, como manifestación del poder de Dios, el arcángel San Gabriel le había revelado que se encontraba embarazada, a pesar de su edad.
María se puso en camino y al llegar a la casa, en cuanto Isabel oyó su saludo, el niño que llevaba en sus entrañas saltó de gozó y ella, levantando la voz exclamó «Bendita tú eres y bendito el fruto de tu vientre», frase que se ha incorporado a la oración de Avemaría.
La respuesta de la Virgen a las palabras de Fe de su prima: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?», fue ese maravilloso texto profético del Magnificat que la Iglesia canta todos los días en el oficio de Vísperas.
La fiesta litúrgica de la Visitación fue introducida por San Buenaventura en 1263 y el Papa Urbano VI le señaló el día 2 de julio dentro del Calendario Romano. Pero, tras el Concilio Vaticano II fue trasladada al 31 de mayo, no sin cierta resistencia, dada la tradición que tenía en muchos lugares.
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