Transustanciación
Verdad dogmática definida por el IV Concilio de Letrán (1215) y el Concilio de Trento, reafirmada a su vez por el Concilio Vaticano II, por la que en el Sacramento de la Eucaristía el pan y el vino se transforman sustancialmente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, aunque mantengan la apariencia del pan y el vino.
El Papa San Pablo VI en su Encíclica Mysterium Fidei, de 3 de septiembre de 1965, afirmaba que para entender este modo de presencia, que supera las leyes de la naturaleza y constituye en su género el mayor de los milagros, es necesario escuchar con docilidad la voz de la Iglesia que enseña y ora. Esa voz nos asegura que Cristo no se hace presente en este sacramento sino por la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo y de toda la sustancia del vino en su sangre; conversión admirable y singular, que la Iglesia católica justamente y con propiedad llama transustanciación. Realizada la transustanciación, las especies del pan y del vino adquieren sin duda un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que ya no son el pan ordinario y la ordinaria bebida, sino el signo de una cosa sagrada, y signo de un alimento espiritual; pero ya por ello adquieren un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que contienen una nueva realidad que con razón denominamos ontológica, porque bajo dichas especies ya no existe lo que antes había, sino una cosa completamente diversa; ya que, convertida la sustancia o naturaleza del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo, no queda ya nada del pan y del vino, sino tan sólo las especies: bajo ellas Cristo todo entero está presente en su realidad física, aun corporalmente, pero no a la manera que los cuerpos están en un lugar.
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