Sábana Santa
Una de las reliquias más preciadas de la Cristiandad y objeto de las mayores polémicas es la Sabana Santa de Turín, la Sindone. Según la tradición con ella fue recubierto el cuerpo de Jesucristo al ser depositado en el Sepulcro, sobre el Santo Sudario que tapaba su rostro.
La singularidad de la reliquia es que, en ella, quedó impreso el cuerpo de una persona en negativo, de una forma para la que no se ha encontrado explicación. En torno a ella ha surgido una «ciencia», conocida como Sindología que, a través de numerosos estudios, pretende demostrar la autenticidad de la Sindone que se venera en una capilla, a ella dedicada, en la catedral de Turín.
La precisión de los detalles anatómicos de un cuerpo que había sufrido el tormento de la cruz, la circunstancia de su plasmación en negativo y datos muy precisos que han podido ser observados en la imagen, ha hecho posible la ferviente defensa que han venido desarrollando los partidarios de su autenticidad.
Aunque hay referencias muy anteriores sobre esta reliquia, la historia documentada arranca en el siglo XIV, cuando comenzó a exponerse en la iglesia de Lircy. Tras diversos avatares, fue adquirida en 1453 por el duque Luis de Saboya, siendo construida para ella una capilla en Chambéry, donde resultó dañada en el transcurso de un incendio acaecido en 1532. En 1578, Manuel Filiberto de Saboya la llevó a Turín, nueva capital del ducado y, desde 1694, se venera, como hemos dicho, en la capilla de la catedral de San Juan Bautista, proyectada a tal fin por Guarino Guarini, aunque sólo se muestra en contadas ocasiones.
Fue propiedad de la Casa de Saboya hasta 1983, cuando la donaron a la Santa Sede que, en 1988, permitió que se realizar la prueba de Carbono 14, con un pequeño fragmento de la misma. Los resultados de la misma, establecieron que la pieza fue realizada en el marco temporal comprendido entre 1260 y 1390, pero ello no convenció a sus defensores que consideraron que dichos análisis no reunieron las garantías suficientes, lo que unido a la ausencia de pigmentos que probarían el tratarse de una obra pictórica y el desconocimiento en esa época de lo que hoy llamamos un negativo, ha provocado su insistencia en continuar los estudios con nuevas pruebas que, hasta el momento, no han sido realizadas.
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