Rito de la paz
Tiene una gran tradición en la Iglesia, aunque su ubicación dentro de la celebración de la Santa Misa no fue siempre la misma. Inicialmente se efectuaba al finalizar la Liturgia de la Palabra, antes del Ofertorio, y era un rito de reconciliación entre los asistentes, antes de presentar los dones en el altar.
Desde comienzos del siglo V y, especialmente, por indicación del Papa San Gregorio Magno pasó a ocupar el lugar actual, antes de la Comunión, como expresión de fraternidad entre todos.
Ha cobrado cierta relevancia tras las últimas reformas litúrgicas por la forma de realizarse. El rito se inicia con la oración del celebrante:
«Señor Jesucristo que dijiste a los apóstoles: La paz os dejo, mi paz o doy, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén».
A continuación dirige a la asamblea el anuncio: «La paz del Señor esté siempre con vosotros», al que responden los fieles: «Y con tu espíritu».
El rito culmina con el saludo fraterno que intercambian entre sí los presentes y cuya forma de realizarse puede variar de un lugar a otro. Es la novedad más importante ya que, anteriormente, cuando se efectuaba, era el diácono el que la daba utilizando el portapaz.
En cualquier caso, es importante señalar que no se trata de un saludo normal, sino de un gesto litúrgico con el que los fieles, tras la imploración por la paz y la unidad para la Iglesia y toda la familia humana, se expresan mutuamente la caridad, antes de participar de un mismo Pan.
En torno a este rito se han suscitado ciertas divergencias. Los obispos de algunas conferencias americanas han solicitado poder trasladarlo al comienzo del Ofertorio. Otros han señalado que, al ser una expresión gestual, no necesita acompañamiento musical ni, mucho menos, que su extensión sea tal que haga pasar desapercibida la fracción del Pan, un elemento fundamental de la celebración eucarística, por ser de institución divina, mientras que el rito de la paz no deja de ser un rito secundario.
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