Reyes Magos
En el capítulo segundo del Evangelio de San Mateo se narra que, tras el nacimiento de Jesús en Belén de Judea, unos magos de oriente se presentaron ante el rey Herodes preguntando: «¿Dónde está el que ha nacido, el rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarle».
Herodes se inquietó y con él toda Jerusalén. Tras interrogar a los magos, quiso utilizarlos para cerciorarse de la realidad de ese nacimiento que le inquietaba. Los despidió, pidiéndoles que, si lo encontraban le informaran para ir también a adorarle.
Dice el evangelista que, al llegar a Belén, «entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre; se pusieron de rodillas y lo adoraron: abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra».
Advertidos en sueños, decidieron volver por un camino diferente, sin avisar a Herodes, que irritado, mandó asesinar a todos los niños menores de dos años, los Santos Inocentes. Para entonces, la Sagrada Familia había huido a Egipto, para poner a salvo a Jesús.
San Mateo no aporta más datos, ni el número ni sus nombres. Se estableció que eran tres porque tres fueron los regalos que ofrecieron. Pero, otras tradiciones hablaban de cuatro, y los armenios llegaron a dar nombre a doce.
Hoy los conocemos como Melchor, Gaspar y Baltasar y con esos nombres aparecen representados, por vez primera, en un mosaico del siglo VI de la iglesia de San Apolinar el Nuevo, de Rávena (Italia). Los tres son de raza blanca, como en muchas obras de arte medievales, ya que el rey negro no se introdujo hasta finales del siglo XIV. Con este cambio se pretendía simbolizar a los tres continentes: Europa, Asia y África.
Los cuerpos de los tres Reyes se veneran, en la actualidad, en la catedral de Colonia. Según la tradición, fueron bautizados por el apóstol Santo Tomás. Llegaron a ser obispos y mártires. Santa Elena, la madre del emperador Constantino, llevó sus reliquias a Constantinopla y, de allí, fueron trasladadas a Alemania en el siglo XI.
La figura de los Reyes está asociada en España a una fiesta de profundo arraigo popular. En la víspera de la Epifanía se organizan cabalgatas en muchas ciudades. Los niños esperan ilusionados el amanecer de la fiesta, a la espera de los regalos que, a imagen de los que entregaron al Niño Jesús, les serán repartidos.
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