Paso procesional
Una de las acepciones que la Real Academia Española atribuye a la palabra «paso» es la de «Efigie o grupo que representa un suceso de la pasión de Cristo, y se saca en procesión por la Semana Santa». La hace derivar del latín passus que es un sustantivo, pero también el participio perfecto del verbo patior, -eris, pati, passus sum, que significa «sufrir», por lo que algunos autores sostienen que el nombre procede del verbo y no del sustantivo.
Pero, al margen de la etimología lo que es evidente es que hace referencia directa a esas imágenes o escenas que desfilan en la Semana Santa. Con mucha frecuencia esa denominación se extiende a todo el conjunto formado por las imágenes y la estructura sobre la que se disponen para su transporte.
Se trata de una creación eminentemente española, surgida al amparo del Concilio de Trento que, como los retablos, tenían como fin la instrucción catequética de los fieles. Su forma original era mucho más sencilla que la actual, limitándose a una plataforma de madera, sobre la que se colocaban las imágenes, dotada de unas prolongaciones en sus extremos para permitir ser llevada a hombros.
La devoción de los fieles y la influencia del barroco hicieron que se elaboraran imágenes de gran calidad y que los pasos fueran creciendo en tamaño y complejidad hasta llegar la forma actual.
Un paso tiene una estructura de madera, llamada parihuela, sobre la que se coloca la plataforma en la que se disponen las imágenes. Las trabajaderas son las vigas de madera que se apoyan sobre los hombros o la nuca de los costaleros (según sean longitudinales o transversales). Dispone de unas patas o zancos en sus esquinas para que el paso pueda apoyarse en el suelo en determinados momentos. Estos zancos van unidos por unos travesaños que reciben el nombre de zambrana. Para facilitar la aireación de la parte baja del paso y el trabajo de los costaleros, lleva en torno suyo unos respiraderos calados. La parte superior del paso es la canastilla, ricamente decorada con diversos elementos como las maniguetas, realizadas en metal o madera dorada, así como cartelas en las que se representan escenas de la Pasión. La parte inferior va cubierta por un faldón de tela, generalmente terciopelo, sujeta mediante un baquetón o visera. Un elemento imprescindible es el llamador metálico, situado en la parte delantera, que utiliza el capataz para ordenar a los costaleros levantar o descansar el paso.
Todo el conjunto suele estar profusamente adornado con flores e iluminado con cirios en candeleros, a cuyo conjunto se le da el nombre genérico de candelabro.
Lógicamente la descripción anterior corresponde a los grandes pasos propios de ciudades de gran tradición. El paso más grande de España es el de la Santa Cena de Alicante que mide 11,5 metros de largo por 5,5 metros de anchura. Sus 3.000 kilos de peso requieren de más de 220 personas para llevarlo. El mayor del mundo cristiano es el de Jesús Nazareno de la Justicia del templo del Calvario, de la ciudad de Guatemala, que mide 25 metros de largo, aunque bastan 150 hombres para transportarlo.
En otras localidades españolas los pasos son de mucho menor tamaño y han sido dotados de ruedas, reservando el privilegio de portar a hombros a las imágenes más veneradas. En estos casos, para los momentos de descanso acompañaban al paso unas personas que llevaban unas piezas de madera en forma de horquilla en las que apoyaban las varas utilizadas para llevarlo.
A los pasos procesionales se les conoce también con el nombre de tronos, aunque está denominación está asociada a las imágenes de la Virgen.
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