Pasión
La palabra pasión procede del latín passio y del griego pathos que significan «sufrimiento» y para el Cristianismo hace referencia a los padecidos por Jesucristo, en la ciudad de Jerusalén, desde el momento de su prendimiento en el huerto de los olivos, hasta su muerte en la Cruz, donde culminó el gran Misterio de la Redención y su misión salvífica en cumplimiento de la voluntad del Padre. Pero la Pasión tiene el epílogo de su gloriosa Resurrección en el amanecer del domingo, tal como había anunciado en diferentes momentos de su vida pública.
De los acontecimientos de la Pasión tenemos el relato de los cuatro evangelistas, constituyendo un elemento esencial del mensaje evangélico, que la Iglesia conmemora cada año a lo largo del Triduo Pascual, uno de los denominados tiempos fuertes litúrgicos.
La formulación de esta realidad histórica se expresa tanto en el Símbolo Niceno Constantinopolitano: «y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras»; como en el Símbolo de los Apóstoles: «padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos».
Por otra parte, el Catecismo de la Iglesia Católica dedica varios apartados a explicar la Pasión y la muerte redentora de Cristo, dentro del designio divino de la salvación.
Además de su conmemoración litúrgica en el Triduo Pascual, la Pasión es contemplada en otras devociones piadosas como los Misterios Dolorosos del Santo Rosario; el Via Crucis; o la meditación en torno a las Siete Palabras.
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