Pan bendito
En determinadas fiestas religiosas, especialmente en las dedicadas a algunos santos señalados, es costumbre bendecir un pan especial que suele ser pan dulce, el cual se distribuye entre los fieles, al término de la celebración.
Esta costumbre guarda relación con la antigua bendición que se efectuaba en el Ofertorio del pan que habían llevado los asistentes para ser consagrado, junto con el vino. Como, frecuentemente, las ofrendas superaban la cantidad necesaria para la celebración, lo que no iba a utilizarse se bendecía y, con el nombre de euologia, se repartía.
El pan bendito actual se diferencia de la eulogia en el hecho de que no tiene relación directa con la celebración eucarística.
En cualquier caso, se trata de un sacramental que la Iglesia ha mantenido. Los fieles lo llevan a casa para su consumo y, en determinadas ocasiones, suele ser considerado beneficioso para ciertas enfermedades. Este el caso del que se reparte en la fiesta de San Blas, protector de las enfermedades de garganta. O el de San Antón que se llegó a hacer ingerir a los animales de labranza.
La Iglesia al bendecirlo ruega para que quienes lo coman puedan recibir la salud, tanto física como espiritual: «ut omnes ex eo gustantes inde corporis et animae percipant sanitatem». En algunos lugares, este pan recibía el nombre de pan lustral.
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