Órdenes menores
El Concilio de Trento estableció, como paso previo a la ordenación sacerdotal, una gradación de ministerios que se iniciaban con las llamadas órdenes menores.
Eran cuatro y quienes las recibían eran denominados ostiario o portero, lector, exorcista y acólito. No eran ordenaciones sacramentales, sino consagraciones para ministerios específicos.
Además de representar etapas previas para la ordenación sacerdotal, el Concilio autorizó que, en aquellos lugares donde hubiera rentas suficientes para ello, se confirieran estas órdenes con carácter permanente.
Con la primera de ellas, el Ostiariado, se practicaba la tonsura clerical, el corte de una porción de pelo que simbolizaba el ingreso en el estado clerical. No se trataba de una cuestión baladí, pues todo tonsurado quedaba, automáticamente exento de la jurisdicción civil, quedando sometido a los tribunales eclesiásticos. Por lo tanto, hubo personas que se tonsuraban con este único propósito.
El Papa San Pablo VI por el Motu Proprio Ministeria quaedam suprimió definitivamente la tonsura, señalando que la incorporación al estado clerical quedaba vinculada al Diaconado.
Las que, hasta ese momento, se habían llamado «órdenes menores» pasarón a denominarse ministerios laicales, suprimiendo los de Ostiario y Exorcista, manteniendo los de Lector y Acólito, adaptándolos a las necesidades actuales, pudiendo ser conferidos a seglares, con carácter permanente y sin derecho a recibir sustentación o remuneración por parte de la Iglesia. Por su parte, los candidatos al Diaconado y al Sacerdocio deben recibir previamente esos ministerios, y ejercitarlos, por un tiempo conveniente, para prepararse menor a los futuros servicios de la Palabra y del Altar.
En la Iglesia Ortodoxa se mantienen las órdenes menores que son cuatro: portero, exorcista, acólito y subdiácono.
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