Orden de la Espuela de Oro
Estaba considerada la más antigua de las condecoraciones pontificias y la segunda en importancia, tras la Orden Suprema de Cristo.
Su origen está rodeado de leyenda, pues se ha llegado a afirmar que fue creada por el propio emperador Constantino y aprobada por el Papa San Silvestre.
En cualquier caso, fue la expresión del ideal romántico de la caballería medieval. Los que ingresaban en ella constituían la «Milicia Dorada», hombres escogidos entre las mejores familias de la nobleza. Todos se intitulaban «condes del palacio de Letrán» y, de hecho, así figuró en las Bulas de concesión hasta el siglo XIX. En su expresión moderna, fue Benedicto XIV el que, en 1747, reguló sus estatutos, estableciendo tres categorías.
Curiosamente, el 20 de octubre de 1841, el Papa Gregorio XVI que se preocupó mucho de estos aspectos la dotó de un nuevo reglamento. Cuando se lee, las referencias a la Orden de la Espuela de Oro están muy claras e, incluso, da por cierta la leyenda de su fundación. En estos nuevos estatutos se articula la Orden en tres clases y se establece el diseño de sus distintivos con la Cruz y la efigie de San Silvestre, el Papa fundador, así como los colores de su cinta. Sin embargo, la decisión de Gregorio XVI representó, de hecho, la creación de una nueva Orden, la conocida como «Orden Ecuestre de San Silvestre» que no sustituyó a la de la «Espuela de Oro», pues se siguieron otorgando ambas.
Entre las personas que han recibido la «Espuela de Oro» figuran músicos destacados, como Paganini que, por cierto, murió sin querer recibir los Sacramentos. El caso más conocido es el de Mozart, a quien Clemente XIV se la concedió tras la anécdota protagonizada por el genial músico que, en aquellos momentos, acababa de cumplir los 14 años. Se cuenta que visitando Roma con su padre, tuvo la oportunidad de escuchar el Miserere de Allegri, una obra que le gustó, por lo que pidió su partitura. Le respondieron que el propio Papa había prohibido facilitar copias, por considerala de uso exclusivo en la capilla pontificia e, incluso, amenazaba con la excomunión a quienes las facilitaran. El joven Mozart volvió a su pensión y, sin vacilar, transcribió lo que había escuchado, nota por nota, y se puso a interpretarla. Conocido este sorprendente hecho por Clemente XIV, quiso conocer al músico e impresionado por su capacidad, le concedió la «Espuela de Oro», una distinción que le ennoblecía, como hemos visto, pero que Mozart no valoró demasiado.
En España la tuvo, en su categoría de caballero, tras las reformas de Benedicto XIV, el marqués de Comillas. Entre los soberanos reinantes la poseía S.S.S. el Príncipe Rainiero de Mónaco, lo que demuestra que se seguía otorgando. Desde hace algunos años, no se concede, por causas que desconocemos.
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