Oración fúnebre
Es un género de la Oratoria Sagrada que entronca con la tradición de los discursos panegíricos de la antigüedad y que alcanzó especial importancia durante el barroco cuando era encomendada a predicadores de prestigio para que la pronunciaran en los funerales que, con ocasión del fallecimiento de los reyes y otros personajes destacados, se celebraban en los principales templos de la monarquía, donde se instalaban grandes catafalcos cuyo diseño corría a cargo de los más importantes arquitectos del momento.
Con frecuencia la oración fúnebre estaba relacionada con el programa iconográfico del propio catafalco al que solía aludir el predicador.
En su estructura ocupaba un papel relevante la laudatio del difunto del que se relataban sus orígenes, los aspectos fundamentales de su vida y la ejemplaridad de su muerte, a partir de los cuales se extraían conclusiones de interés para la concurrencia, especialmente referidas a la fugacidad de la vida y al destino final de todos los hombres.
Fue habitual que estas oraciones se imprimieran conservándose numerosos testimonios de este género que, junto a una finalidad religiosa, contribuían a perpetuar el recuerdo de la persona desaparecida.
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