Oficio Divino
También denominado Liturgia de las Horas es un acto litúrgico que realiza una parte de la Iglesia en nombre del todo el resto y al que están obligado los sacerdotes, diáconos, miembros de institutos de vida consagrada y de sociedades de vida apostólica, aunque como expresa el Catecismo de la Iglesia Católica, también son invitados todos los fieles, con arreglo a sus circunstancias personales, dado que de esa forma se unen a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, por la oración de los salmos, la meditación de la Palabra de Dios, de los cánticos y de las bendiciones, a fin de ser asociados a su oración incesante y universal que da gloria al Padre e implora el don del Espíritu Santo sobre el mundo entero.
Para el rezo del Oficio Divino se dispone de una publicación oficial dividida en cuatro volúmenes con el contenido propio para cada tiempo litúrgico y cada día.
Fueron los monasterios benedictinos quienes, de acuerdo con su regla, comenzaron a practicar de forma habitual el rezo del Oficio Divino. Cada semana debían rezar los 150 salmos del Salterio. Lo hacía en el templo, toda la comunidad reunida, durante las llamadas horas mayores, pero en las restantes, bastaba que cada monje lo hiciera en el lugar en el que se encontrara al oír el toque de campana que las anunciaba.
Al surgir las órdenes mendicantes y debido a su mayor movilidad se introdujo el breviario, que era un compendio resumido de los rezos correspondientes a cada hora. El primero que tuvo carácter oficial fue el breviario de San Pío V, de 1568, aunque posteriormente se hicieron nuevas versiones, algunas muy recientes.
La forma actual del Oficio Divino fue introducida por el Papa San Pablo VI, mediante la Constitución Apostólica Laudis canticum promulgada el 1 de noviembre de 1970. El contenido de sus textos fue revisado a la luz de las directrices marcadas por el Concilio Vaticano II, a través de la Constitución sobre la Liturgia.
El Oficio Divino está dividido en: el Propio del Tiempo, con lecturas bíblicas y homilías; Solemnidades del Señor; Ordinario (cuando no hay una fiesta señalada); Salterio, con los salmos para las diferentes horas que sigue un ciclo de cuatro semanas; el Propio de los Santos, con secuencia de fiestas; los Oficios Comunes, para las Misas votivas; el Oficio de Difuntos; y un suplemento que contiene cánticos y lecturas de la Palabra para las vigilias, pequeñas oraciones de intercesión, e índices detallados
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