Óculo eucarístico
En las catedrales y colegiatas aragonesas, pero también en algunos templos conventuales, existió la tradición de reservar el Santísimo Sacramento en el denominado trasagrario, un camarín situado tras el altar mayor, al que se accedía por unas escaleras.
Ese camarín se abría a la nave, mediante un vano circular u ovalado, cerrado con un cristal, que era conocido con el nombre de óculo eucarístico, integrado y resaltado en la estructura del retablo.
En el trasagrario el Santísimo se guardaba en un sagrario, con la puerta del mismo abierta al interior del camarín, por lo que, a través del óculo, lo único que se percibía era el parpadeo de la lamparilla que hacía patente la presencia de la Eucaristía.
El óculo no cumplía las funciones de un expositor, debido entre otras razones a la altura en la que estaba situado, por lo que no fue infrecuente que el retablo contara, con óculo eucarístico y expositor.
Suele afirmarse que la existencia de estos óculos se debió a un privilegio concedido por el Papa Luna Benedicto XIII a las iglesias aragonesas. El primer retablo que incorporó un óculo eucarístico fue el de la Seo de Zaragoza, construido a mediados del siglo XV.
Fueron cayendo en desuso en el siglo XVIII y, en algunos casos, los óculos fueron tapados con algún panel decorativo o incluso reutilizados como nimbos de las imágenes titulares del retablo. Existen ejemplos en el que las mismas fueron levantadas para que su cabeza viniera a situarse en el centro del óculo.
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