Obras de misericordia
Según enseñanza del Papa San Juan Pablo II en su Encíclica Dives in misericordia, sobre la Misericordia Divina, Cristo no sólo habló de ella y la explicó usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, Él mismo la encarna y personifica. Él es, en cierto sentido, la Misericordia.
Para el Papa, la mentalidad contemporánea parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la idea misma de la misericordia. Frente a la esperanza en un futuro mejor del hombre sobre la tierra se ciernen indudables amenazas que nos obligan a volver la mirada al misterio de Dios, Padre de la misericordia, y a la intercesión de María, la que de manera singular y excepcional ha experimentado, como nadie, la misericordia y, también de manera excepcional, ha hecho posible con el sacrificio de su corazón la propia participación en la revelación de la misericordia divina.
El hombre está invitado a sumarse, dentro de sus posibilidades, a ese empeño de hacer un mundo mejor, a través del mandamiento del amor. La Iglesia ha propuesto siempre actuaciones específicas que, conocidas con el nombre de obras de misericordia, hacen referencia a actitudes internas y acciones concretas a favor de determinadas personas.
Habitualmente se habla de las doce obras de misericordia que, a su vez, se dividen en espirituales y corporales.
Obras de misericordia espirituales:
Enseñar al que no sabe.
Dar buen consejo al que lo necesita
Corregir al que se equivoca
Perdonar las injurias
Consolar al triste
Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
Rogar a Dios por los vivos y difuntos.
Obras de misericordia corporales:
Dar de comer al hambriento
Dar de beber al sediento
Vestir al desnudo
Visitar a los enfermos
Asistir al preso y redimir al cautivo
Dar posada al peregrino
Sepultar a los muertos.
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