Oblato
Antiguamente se llamaba así a los fieles que, sin emitir los votos solemnes propios de una orden religiosa, se ofrecían a Dios compartiendo la vida de los religiosos, sin dejar de ser laicos.
También era muy frecuente que se confiara a los niños al cuidado de una comunidad para su formación y, en su caso, para que profesaran en ella al alcanzar la edad requerida.
En la Orden de San Benito era el laico que, vistiendo hábito, ejercía como sirviente en los monasterios.
Más tarde, algunas órdenes adoptaron esa denominación para sus miembros, aunque en este caso se trata de religiosos en el sentido estricto de la palabra, siendo más frecuente entre las congregaciones religiosas femeninas.
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