Obispo regionario
En la antigüedad era el obispo sin sede propia que era ordenado para predicar en aquellos lugares a los que era enviado por el Papa.
San Pío I (140-145) había sido consagrado obispo regionario por su predecesor el Papa San Higinio para que le ayudara como coadjutor en el gobierno de la Iglesia.
En el año 420, el Papa San Celestino ordenó como obispo regionario a San Germán de Auxerre, enviándole a predicar en la Bretaña inglesa.
Otro caso similiar es el de San Pirminio, español de nacimiento, que fue un gran predicador en Alemania, a comienzos del siglo VIII. Un poco anterior fue San Wiso, otro obispo regionario que evangelizó las tierras del Mosa.
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