Mantilla
Prenda femenina de cabeza que, hasta que entró en vigor el nuevo Código de Derecho Canónico, era obligatoria para todas las mujeres al entrar en un templo. El fundamento de esta costumbre era la doctrina expresada por San Pablo en la I Carta a los Corintios, en la que dedicaba un apartado específico a tratar de esta cuestión.
Vino a sustituir al antiguo velo que utilizaban y que caía por la espalda. La mantilla solo cubría la cabeza, aunque también hay otras de mayor tamaño que se llevan con peineta en determinadas ocasiones. Aunque el uso de la mantilla de pequeño tamaño ha caído en desuso, la mayor se sigue empleando durante la Semana Santa y en ceremonias relevantes como las bodas.
Ha sido considerada una prenda típicamente española y, aunque podía estar confeccionada en tul, era mucho más frecuente que lo fueran en blonda, con ricos encajes que, en ocasiones son auténticas piezas de artesanía.
En el protocolo vaticano se exigía que la llevaran las mujeres en las audiencias papales. Siempre en color negro, salvo que por privilegio se pudiera utilizar la blanca. Fue la reina de España la primera en obtenerlo, por concesión del Papa Pío VII. Luego se amplió a otras soberanas católicas como la emperatriz de Austria-Hungría, y las reinas de Francia, Baviera, Bélgica, Italia, Portugal y Polonia, así como a las Grandes Duquesas de Luxemburgo y Lituania. El privilegio comprendía también a las consortes de los monarcas.
Actualmente, muchos de esos reinos han desaparecido, pero siguen haciendo uso del privilegio las reinas de España y Bélgica; la Gran Duquesa de Luxemburgo; y curiosamente algunas esposas de los pretendientes al trono de Francia. Sin embargo, el protocolo de la Santa Sede ya no es tan estricto, al menos en lo que se refiere al color de los trajes, pero parece que se sigue utilizando la mantilla en muchas ocasiones.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.