Manípulo
Ornamento litúrgico de las mismas características y color que la estola, pero mucho más corto que se sujetaba, con un fiador, en el antebrado izquierdo sobre la manga del alba.
Era la insignia propia de los subdiáconos que la recibían en el momento de su ordenación, aunque su uso era común a presbíteros, diáconos y subdiáconos.
Su origen arranca del pequeño paño o pañuelo utilizado entre los romanos para enjugarse el sudor. Más tarde, este pañuelo se convirtió en señal de distinción y su uso era expresión de autoridad.
Así fue recogido en la tradición eclesiástica, una vez perdida su primitiva función. Su utilización quedaba restringida a la celebración de la Santa Misa. En la actualidad, el uso es facultativo y, prácticamente, ha quedado relegado.
Al ponerse el manípulo, el sacerdote recitaba la siguiente oración: «Merezca, Señor, llevar el manípulo del llanto y del dolor, para poder recibir con alegría el premio de mis trabajos». Es, por lo tanto, un símbolo de penitencia y, en este sentido, evoca las ataduras que le pusieron a Cristo, tras ser azotado en la Columna.
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