Limosna
La palabra limosna procede del griego eleemosyne y éleos significa compasión o misericordia. El Catecismo de la Iglesia Católica incluye la limosna dada a los necesitados entre las obras de misericordia corporales que son aquellas acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades.
Aunque entre los Diez Mandamientos no hay ninguno que haga referencia expresa a la limosna, aunque las obras de misericordia, fruto de la enseñanza del propio Jesucristo, al hacer referencia al Juicio Final, establece el repertorio de aquellas acciones que, tanto desde el punto de vista material como del espiritual, responden a la obligación de atender las necesidades de nuestro prójimo y la Iglesia recomienda también la limosna como una práctica penitencial, porque la limosna es, ante todo, un bien interior que responde como factor indispensable a la conversión, junto con la oración y el ayuno.
Pero sólo puede ser entendida desde la perspectiva de la Caridad, pues como afirmaba San Pablo, aunque repartiera toda mi hacienda, si no hay caridad de nada me sirve. El propio Cristo reprochó públicamente a los que daban limosna por pura apariencia y resalto, a través del ejemplo de la viuda pobre el valor de compartir incluso aquello que es necesario para uno mismo.
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