Letanías Lauretanas
Reciben este nombre porque comenzaron a rezarse, en el siglo XVI, en el Santuario de Ntra. Sra. de Loreto. Aprobadas por el Papa Sixto V en 1587, fueron imitadas en otros lugares, hasta que el Papa Clemente VIII dispuso que únicamente se rezaran las Letanías de los Santos y las lauretanas que los dominicos habían difundido por todo el mundo.
Están constituidas por una serie de invocaciones dirigidas a la Virgen, que, como señala la Iglesia, al sucederse de manera uniforme, crean un flujo de oración caracterizado por una insistente alabanza y súplica.
Las letanías lauretanas se han mantenido, desde entonces, prácticamente inalteradas, salvo las adiciones ordenadas por algún Pontífice con motivo de alguna declaración dogmática o acontecimiento singular.
León XIII añadió el «Reina del Santo Rosario» y «Madre del Buen Consejo»; Benedicto XV el «Reina de la Paz» en momentos muy difíciles»; Pío IX, el «Reina concebida sin pecado original, tras la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción; Pío XII, el «Reina Asunta al Cielo» tras definir dogmáticamente la Asunción de la Virgen; San Pablo VI, el «Madre de la Iglesia» y «Rosa Mística». Finalmente, San Juan Pablo II incorporó el «Reina de las Familias» como expresión de su preocupación por este ámbito pastoral.
Tras el Concilio Vaticano II se incorporaron también las Letanías para el rito de coronación de una imagen, y han surgido otras, aunque la Iglesia sigue insistiendo en la conveniencia de mantener la redacción original de las más difundidas.
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