Irregularidad
Recibe este nombre el impedimento de carácter perpetuo por el que una persona se encuentra incapacitada para recibir lícitamente la ordenación como diácono o presbítero o ejercer esas órdenes recibidas ilícitamente. Se diferencia del impedimento simple por el carácter temporal de este último.
El Código de Derecho Canónico especifica entre esas causas el padecer alguna forma de amencia u otra enfermedad psíquica por la cual, según el parecer de los peritos, queda incapacitado para ejercer rectamente el ministerio; los que hayan cometido el delito de apostasía, herejía o cisma: quien haya atentado matrimonio, aunque sólo sea civil, estando impedido para contraerlo, bien por el propio vínculo matrimonial, o por el orden sagrado o por voto público perpetuo de castidad, bien porque lo hizo con una mujer ya unida en matrimonio válido o ligada por ese mismo voto; quien haya cometido homicidio voluntario o procurando el aborto, habiéndose verificado éste, así como todos aquellos que hubieran cooperado positivamente; quien dolosamente y de manera grave se mutiló a sí mismo o a otro, o haya intentado suicidarse; y quien haya realizado un acto de potestad de orden reservado a los obispos o presbíteros, sin haber recibido ese orden o estándole prohibido su ejercicio por una pena canónica declarada o impuesta.
Los fieles están obligados a manifestar al Ordinario o al párroco antes de la ordenación los impedimentos para la recepción de las órdenes de los que tengan noticia.
Hay otros impedimentos simples, que no se llaman irregularidades, dado que no tienen carácter perpetuo como el estar casado, aunque puede ser ordenado como diácono permanente; el desempeñar un cargo en la administración por el que debe rendir cuentas, hasta que cese en él; tampoco puede ser ordenado un neófito hasta pasado un tiempo en el que haya sido suficientemente probado.
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