Hiperdulía
Es el culto que la Iglesia tributa a la Virgen María. Se diferencia del de latría, referido a Dios, porque la naturaleza de este último es de adoración, mientras que el de la Virgen es de veneración, al igual que el de dulía que se tributa a los Santos, aunque en un grado superior (de ahí el prefijo híper), por su condición de Madre de Dios.
A lo largo de toda la historia de la Iglesia y, especialmente tras los concilios ecuménicos de Nicea y Efeso, la Virgen María ha sido objeto de especial veneración, cuyo carácter también mereció la atención del Concilio Vaticano II quien en la Constitución Lumen Gentium, señaló que es «del todo singular, aunque esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, considerados en el cristianismo los tres como personificaciones o prosopones del Uno y Único Dios, es decir la Santísima Trinidad, pero lo favorece muy poderosamente».
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