Flores en la liturgia
El uso de flores en las celebraciones es algo habitual, en función de los diferentes tiempos litúrgicos.
El presbiterio se adorna todos los días, salvo durante la Cuaresma, aunque el domingo de Laetare, y en aquellas solemnidades y fiestas que coincidan con la misma, pueden colocarse. El Domingo de Pascua es cuando el empleo de las flores está más justificado y se colocan en mayor número del habitual.
En el Adviento, las flores pueden emplearse, aunque de forma moderada. En cambio no debe haber flores el Día de Difuntos, aunque en este caso la multiplicación de coronas y ofrendas florales de los allegados entra en contradicción con esa norma.
Las flores se deben colocar frente al altar y a ser posible nunca sobre el mismo. También se decoran los retablos, aprovechando las gradas que suele haber en ellos.
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