Epístola
En sentido literal es una carta dirigida a una o varias personas. Con este mismo nombre era designada la lectura que, en la celebración de la Santa Misa precedía, antes del Concilio Vaticano II, al Evangelio.
El sacerdote efectuaba su lectura, a la derecha del altar, mientras que el Evangelio se leía a la izquierda. Conviene recordar que, hasta las reformas conciliares el altar estaba adosado al retablo y el celebrante oficiaba de espaldas a los fieles.
Debido a ello se hablaba de «lado de la Epístola» y «lado del Evangelio» a la hora de describir las capillas y retablos ubicados a derecha e izquierda de la nave central, siempre desde la perspectiva de un espectador situado a los pies de la iglesia.
Los textos utilizados en esta lectura procedían, en la mayor parte de los casos, de las Epístolas contenidas en el Nuevo Testamento, aunque también se utilizaban los Hechos de los Apóstoles o el Apocalipsis. Tras la Epístola se cantaba o leía, según el tiempo litúrgico el Gradual, seguido del Tracto o del Aleluya.
En la actualidad, se utiliza la denominación de Segunda Lectura para designar a la que se proclama en segundo lugar los domingos y festivos.
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