Endemoniado
Dícese de la personas víctima de posesión diabólica, en virtud de la cual influye, por la acción del demonio, a través de formas sumamente llamativas.
La Iglesia siempre ha creído en la realidad de la posesión diabólica, entre otras razones porque de ella existen numerosos testimonios en el Nuevo Testamento, especialmente a través de los relatos que los Evangelios ofrecen de casos concretos en los que Jesucristo los expulsó de los cuerpos de sus víctimas, como muestra de su poder frente a Satanás, por lo que en modo alguno puede deducirse que fueran mera superchería.
Es cierto que la evolución de la ciencia médica ha podido establecer que muchos casos atribuidos a posesión diabólica eran expresión de enfermedades psiquiátricas, especialmente de la histeria, pero la Iglesia sigue manteniendo la figura del exorcista y el ritual de exorcismos para aquellos casos en los que, tras escuchar la opinión de los médicos, existan sospecha cierta de su existencia.
Entre las señales que son consideradas como indicios razonables figuran el expresarse en lenguas desconocidas hasta entonces por la víctima; el revelar cosas ocultas o acontecimientos futuros de los que no pudo tener conocimiento; las manifestaciones que se oponen a las leyes de la Naturaleza, como permanecer suspendido en el aire; o la respuesta desproporcionada al contacto con objetos bendecidos. Menos valor se concede, a pesar de su espectacularidad a otros signos como gritos, aullidos, o la demostración de una fuerza desproporcionada.
En castellano una de las acepciones de la palabra «energúmeno» es precisamente la de «endemoniado». Otra más común es la de persona furiosa o alborotada.
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