Diácono
Es el varón que, en virtud de un acto sacramental, llamado ordenación, conferido por el obispo, adquiere con carácter permanente e indeleble un grado de servicio que es el tercero, dentro del Sacramento del Orden, por el que participan, de una manera especial, en la misión y la gracia de Cristo.
Es cometido de los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios, sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la Caridad.
Los diáconos existen desde los inicios de la Iglesia, pues los primeros fueron ordenados por los propios Apóstoles y, el primer mártir cristiano, San Esteban, fue precisamente un diácono.
Entre las importantes funciones que tenían encomendadas figuraba la de recaudar y administrar los bienes de la Iglesia, socorriendo a los pobres, las viudas, los menesterosos y los que se encontraban encarcelados.
Durante mucho tiempo fue práctica habitual que el número de diáconos de cada iglesia particular no fuera superior a siete y, de esta costumbre, surgió la necesidad de crear subdiáconos para auxiliarles cuando las necesidades lo requerían. Sin embargo, está documentada le existencia de numerosos diáconos en determinadas iglesias que, en Constantinopla, por ejemplo, podían llegar a ser cien.
La ordenación de los diáconos se realiza mediante la imposición de manos del obispo y el rezo de la llamada oración consecratoria. Existen otros ritos complementarios entre los que destaca la entrega de los Santos Evangelios como signo de su misión. Para acceder a este grado era necesario, antes, haber recibido las llamadas órdenes menores y ser subdiácono. Tras las reformas efectuadas por San Pablo VI, a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, en la actualidad tan sólo se requiere haber recibido los ministerios previos del Lectorado y del Acolitado.
Por otra parte, se ha restablecido el diaconado permanente, además del previo a la ordenación presbiteral. El diaconado permanente puede ser conferido a hombres casados, especialmente comprometidos con la Iglesia universal y con su comunidad particular. Si el diácono permanente queda viudo, no puede volver a contraer matrimonio y si es ordenado siendo soltero, debe permanecer célibe.
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