Deísmo
Corriente filosófica que no debe ser confundida con el teísmo, aunque ambas palabras tienen un origen etimológico común.
Originalmente surgido en la Italia del Renacimiento y claramente opuesto al Cristianismo, se consolidó en Inglaterra y fue asumido por la Revolución Francesa, de la mano de Voltaire y Rousseau.
Aunque abarca diversas concepciones, con matices diferentes, tiene como idea fundamental la creencia en un ser superior, creador del mundo, pero desligado de su curso que se rige por unas leyes que no pueden ser alteradas por su intervención. No es un dios providente que se preocupe del hombre, que queda abandonado a su suerte, aunque sujeto a una moral natural.
Por consiguiente, rechazan la existencia de religiones y, en el caso concreto del Cristianismo, la capacidad de interpretar, a través de la Revelación, la Fe que le ha sido confiada. Tampoco acepta la inmortalidad del alma ni la vida futura y, por supuesto, rechazan los milagros y las profecías.
El deísta no es ateo, pues cree en un ser superior, cuya misión se ha limitado a la creación del universo y a dotar al hombre su mayor don, la capacidad de razonar.
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