Decreto de Graciano
Con este nombre se conoce al primer intento de poner orden en la legislación eclesiástica, recopilando las distintas normas jurídicas, hasta entonces promulgadas.
Fue llevado a cabo, entre 1140 y 1142, por el monje camaldulense Franciscus Gracianus, de origen toscano y del que se conocen datos biográficos imprecisos, pero cuya obra estaba llamada a tener una enorme repercusión.
Se trata del gigantesco esfuerzo realizado, en el monasterio de San Félix de Bolonia, para ordenar la enorme cantidad de cánones existentes algunos opuestos entre sí.
El Decreto de Graciano tuvo una gran transcendencia en su época. Por una lado, facilitaba el acceso a la legislación eclesiástica; pero, al mismo tiempo, confería personalidad propia al Derecho Canónico, de manera que el monje Graciano está considerado, en gran medida, como el creador del mismo y, desde luego, su figura, junto a la de Irnerio en el Derecho Civil, dotó a Bolonia del enorme prestigio que ha seguido teniendo en el ámbito jurídico.
Conviene señalar que el Decreto no fue promulgado por ningún pontífice y, por lo tanto, no fue un texto oficial de la Iglesia. Su finalidad era la de facilitar el conocimiento y la enseñanza del Derecho Canónico y, como tal, formó parte del Corpus Iuris Canonici que se enseñaba en las universidades.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.