Cabildo
Cuerpo o comunidad de eclesiásticos capitulares de una catedral o colegiata. Al frente del mismo había un deán o presidente y lo integraban cinco dignidades: El propio deán, arcipreste, arcediano, chantre y maestrescuela; cuatro canónigos de oficio: lectoral, penitenciario, magistral y doctoral; un número de canónigos de oposición o de gracia, de acuerdo con las constituciones de cada templo; y el número establecido de beneficiados. El cabildo podía nombrar, entre sus miembros, una serie de oficiales con misiones específicas: tesorero, secretario y sacristán. Otros cargos existentes, de acuerdo con los usos de cada lugar, los de custodio, primicerio, portero, salmista, hospitalario, limosnero, camarlengo y apuntador o semanero.
En los primeros tiempos se daba el nombre de cabildo a todo el conjunto de presbíteros de cada diócesis. Pero, en su acepción común, cobra forma a partir del siglo IX cuando para reformar la vida del clero se establece que los canónigos adopten la forma de vida regular, aunque no llegó a consolidarse este propósito hasta el siglo XI.
Poco a poco, los canónigos regulares se fueron transformando en seculares, abandonando la vida comunitaria.
La finalidad primordial del cabildo era la de garantizar el culto solemne en las catedrales y colegiatas, así como el rezo del Oficio Divino. Sin embargo, tenían otras competencias muy importantes como la de asesorar al obispo en cuestiones administrativas, disciplinarias y doctrinales, constituyendo, de hecho, una especie de senado del prelado.
Los cambios introducidos tras el Concilio Vaticano II han modificado, de forma sustancial, sus atribuciones que han quedado reducidas a las de sus funciones litúrgicas específicas, siendo reemplazados en las otras por el colegio de consultores.
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