Abogado del diablo
Es la denominación con la que popularmente se conocía al promotor de la fe, una persona clave en los procesos de beatificación y canonización, en los que actuaba como procurador fiscal, objetando las pruebas presentadas por el abogado defensor de la causa, con el fin de que todo se desarrollase dentro de la más estricta ortodoxia.
Su actuación le hacía aparecer, ante los ojos del vulgo, como una persona que pugnaba por impedir la resolución favorable de la causa y de ahí esta denominación.
Tras la promulgación de la Constitución Apostólica Divinus Perfectionis Magister por la que San Juan Pablo II vino a modificar, el 25 de enero de 1983, la legislación relativa a los procesos de canonización, se mantiene la figura del promotor de la fe, aunque sus misiones han quedado reducidas a presidir el congreso de los teólogos de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, en el que tiene voto, a preparar una relación de dicha reunión, y a asistir a la Congregación de los padres cardenales y obispos como experto, pero sin voto.
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