Unidad
Los hombres tienen unidad de origen (Act 7,26); por el primer pecado se perdió la unidad de destino (Rom 5,12); pero esta unidad histórica nos dice que si una vez por todas se perdieron y se dividieron por el pecado de Adán (1 Cor 15,2), también una vez por todas se reencontraron y se unieron en Jesucristo, salvador del mundo (Jn 11,50-52; 18,14; 2 Cor 5,14-15). Todos los creyentes (1 Cor 15,22-23), que en esperanza representan a la humanidad entera (por tanto, todos los hombres), por el Espíritu Santo son uno en Cristo (1 Cor 6,17) y entre sí (Jn 11,52; Rom 12,5; Gál 3,28). La división y el cisma son clara consecuencia del pecado (Rom 16,17; 1 Cor 11,18; 12,25; Gál 5,20). Jesús pide la unidad para sus discípulos (Jn 17,11); que tengan un mismo sentir, un solo corazón y una sola alma (Act 4,32); la pide para todos los hombres; una unidad que tiene como modelo la unidad perfecta de la Trinidad Augusta (Jn 17,21) y que es la garantía de la divinidad de la Iglesia y que se funda en la caridad como elemento visible de la unidad (Jn 13,35).
E. M. N.
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